Sábado, 20 de febrero de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE MARÍA, ROSA DE LA PAZ Y MADRE DE LOS REFUGIADOS, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, PAYSANDÚ, URUGUAY, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN​​

Queridos hijos misioneros:

En estos últimos días en Turquía, que el fuego de sus oraciones se intensifique en la simple ofrenda de sus corazones por la conversión de los corazones dormidos.

Hijos Míos, Vuestra Madre Celeste recibirá en el Cielo la súplica y el amor de cada uno de ustedes para que así Yo, en Gloria y Piedad, pueda interceder por el mayor número de almas posible.

Mi Corazón se regocija porque ha visto el esfuerzo de todos los orantes y de los misioneros, para poder establecer en este mundo un tiempo mayor de paz.

Únanse verdaderamente y de corazón a corazón con cada uno de sus hermanos orantes, para que en los planos internos se establezca la gran red de luz y de amor que los unirá a todos por igual a través del impulso santo de Mi Espíritu Inmaculado.

Así como San José, el Obrero de Dios, se los ha pedido a cada uno de ustedes, recen por todo lo que hoy sucede en Medio Oriente; así permitirán que los Sagrados Corazones ayuden espiritualmente a las almas que no tienen escapatoria y que están presas en las manos de los enemigos.

Queridos hijos, cada una de esas almas, totalmente olvidadas y encarceladas en los lejanos desiertos de Siria, esperan que al menos alguien se acuerde de ellas y que recen para que, a pesar del martirio o de la decapitación, ellas puedan llegar pronto a encontrarse con Dios.

Esas almas son verdaderamente valientes ante sus enemigos, porque en el momento más culminante de sus vidas o de la muerte, ellas testimonian la presencia soberana de Cristo en sus corazones, y eso nadie lo puede quitar ni borrar de sus almas, porque Cristo en esos momentos también está muriendo nuevamente con cada uno de ellos para que los enemigos se puedan salvar algún día o al menos en el esperado día del Juicio Final.

Esto es una realidad que sucede todos los días y que no se detiene. Ahora, queridos hijos, ¿comprenden la importancia de orar de verdad?

Sepan entonces que las almas más olvidadas esperan las oraciones de todos los orantes. Seamos uno en este tiempo, uno en Cristo y uno en Dios, por la victoria del Reino de Adonai en el mundo.

¡Les agradezco por responder a Mi llamado!

Los despierta a la Verdad Superior,

Vuestra Madre María, Rosa de la Paz y Madre de los refugiados


Cuando Nuestra Señora terminó de transmitir Su mensaje diario, permaneció un tiempo en silencio hasta que abriendo los Cielos, comenzó a mostrarnos toda la Creación, desde la existencia de la Fuente Única, la presencia del Hijo, Jesucristo, pasando por cada uno de los Arcángeles, de las legiones angélicas, de los soles, de las estrellas y otros. Y en ese momento la Madre comenzó a transmitir la siguiente oración:

 

Oración universal de la Fe para la purificación planetaria

 Oración para ser recitada durante el ciclo de la purificación
  y del Armagedón de la humanidad, al menos una vez por día.

 

Confío en el Todopoderoso,
       porque Sus Manos de Misericordia se extienden hacia mí.

Confío en la presencia del Poderoso Hijo,
       porque Jesucristo, Nuestro Señor, nos redimirá.

Confío en la autoridad de Su Ministerio.

Confío en la divina predicación de Sus santas Palabras
       y, sobre todo, confío en la Omnipotencia de Su Amor crístico.

Confío en la omnipresencia del Espíritu Santo,
       porque Sus siete Dones pueden descender sobre todo el planeta.

Confío en el poder de Su Ciencia,
       porque nos revela todo el Universo.

Confío en la existencia de la Divina Sabiduría,
       porque guía día y noche a las Jerarquías y a las criaturas.

Confío en el Temor de Dios,
       porque sé que el Padre nunca permitirá que me separe de Él.

Confío en los siete Dones,
       porque son los rayos visibles en la manifestación de la Obra de Dios.

Confío en la Sagrada Fuente Femenina.

Confío en la soberanía universal de la Madre del Mundo.

Confío en la concepción y en la encarnación del Hijo
       que María, siempre Virgen, gestó en Su purísimo vientre.

Confío en el Reinado de la Paz y en la vivencia de todos los milagros
       que la Santísima Madre ha realizado en mí.

Confío en la verdad de Sus Palabras
       y en la manifestación sublime de Su santa maternidad.

Confío en Su Omnisciencia,
       porque Ella es la creadora de todas las obras de luz en el mundo.

Confío en el poder de Su Infinito Amor
       y en la intercesión de Su Consciencia por cada uno de nosotros.

Confío en la caridad de Su Guía y en la humildad de Sus Obras.

Confío en Su Autoridad Celestial,
       porque Ella convierte los corazones y salva las almas perdidas.

Confío en la existencia de todos los Arcángeles,
       porque ellos sirven a Nuestro Padre Dios.

Confío en los Comandos Celestiales y en todas las legiones de la luz,
       que llevan adelante el proyecto de redención de la humanidad.

Confío en el Arcángel Miguel,
       porque Él es nuestro protector durante las batallas.

Confío en el Arcángel Gabriel,
       porque Él es el Anunciador de la Palabra Divina
       y es el Juez de todos los ángeles caídos.

Confío en la magnitud del Arcángel Metatrón,
       porque Su Fuego Divino ilumina nuestros espíritus y guía nuestros caminos.

Confío en la divina ciencia del Arcángel Rafael,
       porque cura y sana todo lo creado.

Confío en la potestad del Arcángel Uriel,
       porque protege los mundos internos
       y fortalece nuestra unión esencial con el Creador.

Confío en la presencia del Ángel de la Guarda,
       porque obedientemente sirve y protege cada uno de nuestros pasos.

Confío en la oración perpetua que Su voz divina pronuncia.

Confío en la protección de Sus alas ante los embates del enemigo.

Confío en Su santa paciencia, en Su divino consuelo
       y en Su sagrado refugio que Él tiene para nosotros.

Sí, confío en que todo eso existe y nada temeré,
       porque soy un hijo de Dios y soy parte de Su Sagrada Obra Creadora.

Que el Altísimo se apiade de mí cuando no Le corresponda.

Que me dé fuerza y valentía para purificarme.

Que en la entrega, en la confianza y en la renuncia
       descubra la verdadera salida hacia la libertad interior.

Que se cumpla la Voluntad de mi Padre en esta sagrada humanidad.

Amén.