Martes, 26 de enero de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL ÓMNIBUS ÁGUILA DE LUZ, DURANTE EL VIAJE DEL CENTRO MARIANO DE AURORA​​​ HASTA LA CIUDAD DE CÓRDOBA, ARGENTINA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​

Si hay algo que debe ser inmediatamente disipado del corazón humano es el miedo. El miedo es la ausencia de Dios, del amor, de la fe. El miedo nace y crece en el corazón de aquellos que se acomodaron en la condición humana y que aún no reconocieron que lo que debe cuidarse con esmero es solo la esencia más profunda del ser, los Principios Divinos que allí se encuentran. Aquel que siente miedo lo siente por no confiar en el amor.

Con sus acciones, deben fortalecer los principios de la fe, la certeza que algún día el amor hablará más alto en la consciencia humana, porque será tanta la necesidad de paz y de unidad, que todos se unirán con todos, en busca de un Único Dios.

El miedo con el cual viven los pueblos originarios es el miedo de perder su cultura, perder su espacio en la Tierra. Por no tener lo básico que necesitan para vivir, ellos sienten miedo de desaparecer como pueblo, así como desaparecieron tantos otros.

En la misión que ocurre en el Chaco, así como en todas las misiones que aún tendrán lugar con sus hermanos indígenas, deben fortalecer la fraternidad, dejarlos sentir que ustedes comprenden o que buscan comprender el papel espiritual de los pueblos originarios en la Tierra. Porque, más que las ayudas y cuidados básicos, encontrarán en sus hermanos, la necesidad de ser reconocidos con su cultura y sabiduría, como parte de esta civilización humana.

En lo profundo de esos corazones, más que el hambre o la miseria, pesan el abandono y la indiferencia por parte de la mayoría de los seres humanos. Es por eso que estamos dedicando estos mensajes no solamente para instruir a los misioneros, sino también para despertar espiritualmente a la humanidad y, sobre todo en este caso, a la Argentina. Así reconocerá el papel de la consciencia indígena, ya que su equilibrio depende de la pureza, de la simplicidad y de la sabiduría que los pueblos originarios mantienen en su interior.

Deben prestar cada servicio, grande o pequeño, siempre teniendo en cuenta mucho más el propósito espiritual que el acto físico. Físicamente encontrarán infinitas necesidades materiales, sociales, morales, carencias de cosas básicas para la supervivencia y, para suplir todas ellas, sería necesario un esfuerzo mucho mayor que el de algunos pocos días.

Y muchos pueden preguntarse: ¿cuál es la razón de hacer misiones tan rápidas, en las cuales no se suple ni un mínimo de la gran necesidad de esos pueblos?

Y Yo les respondo que aquellos que alcanzan a ver con sus ojos lo que sucede en el espíritu, y no solamente en la materia, saben que las necesidades espirituales se mueven con base en otras leyes y, a veces, una situación que espiritualmente es mucho más grave que una gran carencia material, se resuelve con un pequeño acto de amor verdadero.

Es por eso que, sí, les pediremos que lleven recursos materiales, pero que lo que verdaderamente le da sentido a una misión es la vivencia del amor, la capacidad de abrir las puertas para que Dios descienda y actúe por intermedio de sus manos.

Busquen ser verdaderos y no quieran ser héroes. Sean solo sencillos de corazón, ábranse para aprender, déjense curar de la propia indiferencia humana, del orgullo y del egoísmo. Es así que podrán llamarse misioneros, misioneros de espíritu, misioneros que sirven para cumplir la Voluntad de Dios.

Los amo y, por eso, les enseño a servir.

Su Padre y Amigo, Servidor de Dios Altísimo,

San José Castísimo