Jueves, 8 de octubre de 2015

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​​​

Queridos compañeros:

Quisiera recordarles que el mundo aún agoniza y padece por las acciones de la humanidad. Sin embargo, no les digo esto para martirizar sus consciencias y hacerles sufrir un mal que no conocen. Les digo estas cosas porque deben ser un poco más consecuentes con sus acciones, sus pensamientos, sus sentimientos y sus aspiraciones dado todo lo que reciben todos los días.

Muchos se olvidan frecuentemente de lo que sucede en el mundo y dejan que sus consciencias se pierdan en las distracciones del día a día y en sus pequeños problemas internos, que se vuelven grandes, pues tamaña es la atención que colocan en ellos.

Los seres, en su mayoría, no reconocen verdaderamente que estamos en tiempos apocalípticos. Hasta los que se consideran más conscientes necesitarán de un gran impacto en sus consciencias para saber que, en realidad, llegó el final de los tiempos para la humanidad actual.

Dios espera que aquellos que creen en Sus Mensajeros y que siguen Sus instrucciones estén más vigilantes que nunca y busquen, por sobre todas las cosas, manifestar en sí mismos el Propósito de Dios, en el cual confían.

Yo siempre les dije que necesitan ser valientes, pero muchos toman esas palabras con un entusiasmo meramente emocional y creen que serán valientes cuando estuvieren delante del caos, que se arrastra por el mundo con violencia. Pero lo que vengo a mostrarles es que ese mismo caos habita dentro de las criaturas del mundo en sus debidas proporciones y debe ser purificado y elevado por la transformación de la consciencia.

Poco valdrá que Mi Casto Corazón descienda todos los días al mundo y deposite, en los seres, una parte de los códigos que alcancé como José de Nazaret, si sus corazones no hicieren nada o casi nada para desarrollar esos códigos dentro de sí.

No quiero desalentarlos o desmerecer sus esfuerzos, pero deben reconocer que su distracción es muy grande y que aún se permiten, muchas veces, vivir los viejos patrones humanos, aún con todo el conocimiento que tienen de la actual situación planetaria.

Hoy, Mi Corazón paterno habla para los que aspiran a vivir la transformación y para los que no se sentirán heridos con lo que digo, también para impulsarlos a que maduren. Vengo en este tiempo definitivo para entregar lo mejor que hay en Dios, para aquellos que seguirán adelante.

Ya no tendrán treinta años más para seguir con un cambio lento y precario, pues lo que construyen dentro de sí mismos es lo que resultará en los años que llegarán y es lo que dictará los pasos que darán como consciencias en el futuro del planeta.

Yo les aseguro que nada quedará como está y que, con los que acepten seguir adelante, el Plan de Dios se cumplirá.

Los amo y les advierto. Los guío y los protejo siempre, principalmente de sí mismos.

Su Amado Padre e Instructor,

San José Castísimo