Sábado, 19 de septiembre de 2015

Mensajes mensuales
MENSAJE DIARIO EXTRAORDINARIO DE SAN JOSÉ CASTÍSIMO, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Queridos compañeros de Mi Casto Corazón:

No les cabrá repetir más que son tiempos de emergencia en el mundo.

Nuestras palabras necesitan llegar a todo el planeta. No podrá existir una sola alma que no conozca la Presencia de los Mensajeros de Dios en este lugar

Por esta razón, hoy les pido que difundan Nuestro llamado sin miedo, sin avergonzarse por proclamar la propia fe, sin temor a no ser aceptados ni recono­cidos por aquellos a quienes respetan y aman.

Solo coloquen en sus consciencias que todos necesitan desper­tar, que no habrá más tiempo para las ilusiones de la vida, por­que la oración será la única salida para la situación planetaria.

No piensen en lo que sentirán los seres, no se preocupen con lo que expresarán las mentes de las personas en el mundo; solo vislumbren la necesidad de las almas de reconciliarse con Dios, de orar y de unirse al Plan del Creador.

No importa la respuesta inmediata de las consciencias al entrar en contacto con Nuestras palabras. Lo que verdaderamente importa es que la semilla de la luz quedará sembrada dentro de los seres, y cuando llegue el momento de la necesidad real para ellos, tendrán a qué recurrir: se acordarán de aquellos valles en el Brasil y también de aquel refugio de paz entre los naranja­les; recordarán las montañas que guardan al Espíritu Santo de Dios y también de las que protegen el futuro de la humanidad con los códigos del Niño Jesús, para que sean depositados en los pequeños de este mundo.

Anuncien a sus familias que sus vidas no son más las mismas; anúncienlo a sus conocidos, anúncienlo a los desconocidos que necesitan paz. Anúncienlo a los ricos, anúncienlo a los pobres. Anúncienlo a los sanos y a los enfermos, a los jóvenes y a los ancianos.

Que el futuro del planeta encuentre la esencia de la paz en los corazones de los más jóvenes y que aquellos que partan de este mundo, los más ancianos, puedan llevar el descubrimiento del amor, a donde quiera que vayan después de esta vida.

Les hago este pedido porque las almas no pueden perder la oportunidad de vivenciar el amor, ya que para eso vinieron al mundo.

Que se cierren las puertas de los infiernos delante de la res­puesta orante de todos los corazones que despiertan a tiempo.

Que la Perfección de Dios, existente en el interior de todas las criaturas, no sea canjeada por las innumerables miserias capi­tales que el enemigo sembró en la consciencia humana.

Yo los llamo hoy para que sean verdaderos apóstoles de Cristo, sin temor ni vergüenza. Aunque parezcan locos, que sea la locura santa manifestada en sus corazones.

Que sus acciones de amor y fraternidad sean el testimonio de Nuestra Presencia en el mundo. Que su capacidad de perdonar y de reconciliarse con el prójimo sea la prueba, para los ojos humanos, de que Dios está entre los hombres, por intermedio de Sus Mensajeros.

Por eso, hoy y todos los días de sus vidas, vayan, sirvan, reconcí­liense con el prójimo, pidan perdón, sirvan a los que los odian, amen a los que los persiguen, tengan como prioridad la oración en sus vidas, como si fuese agua, sin la cual no pueden vivir.

Difundan, anuncien al mundo el Mensaje de Dios, de paz y de transformación, el llamado al despertar y a la redención, por medio de Sus Mensajeros. Algo habrá de repercutir en la consciencia humana, siempre y cuando sean verdaderos en todo lo que hacen.

Antes de proclamar con sus bocas, vivan con los sentidos, con las intenciones y con el corazón, todo aquello a lo cual aspiran a que los seres conozcan. Sean portadores de la paz y de la espe­ranza para este mundo que se pierde en la ilusión.

No permitamos que se extinga una parte del Corazón de Dios.

Yo los amo y los bendigo siempre, para que esta bendición se torne vida en todos los espacios de la consciencia humana.

San José Castísimo