Lunes, 4 de julio de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​

Miseria mayor que la miseria de la materia es la de la falta de compasión y de unidad entre los hombres.

Carecer de lo necesario es consecuencia de una carencia aún mayor; de una carencia que no es individual, sino que es humana: la carencia de amor en los corazones.

Ser pobre y miserable físicamente, hijos, no es el mayor de los males. Ser pobre de virtudes y miserable en el espíritu, es lo que le impide al hombre repartir el pan para el cuerpo. En donde no hay compasión, no hay igualdad. En donde hay indiferencia, no puede haber fraternidad ni equilibrio.

No permanezcan indignados con la miseria inhumana en que viven sus hermanos, si aún les falta la compasión y la fraternidad, y con eso colaboran con el crecimiento de la indiferencia y de la desigualdad social en que ustedes viven hoy como civilización.

Hijos, que haya más acción y menos emoción en sus vidas. Que estén más listos para actuar y que no se dejen envolver por sentimientos que no hacen crecer el espíritu. Si estuvieran delante de la miseria de sus hermanos, no les den solo un pan; más allá del pan, denles también su propia vida, ofreciendo su transformación en reparación de la carencia que hay en la consciencia humana y que resulta en esa miseria que ven plasmada en la materia.

Amen, sientan al prójimo por la compasión, sean fraternos, venzan la indiferencia, venzan el egoísmo, ríndanse a la fraternidad y borren de sus consciencias el miedo a carecer de algo en el futuro; ese miedo que hace que guarden todo para sí mismos. Son esos códigos, hijos, los que, cuando son depositados en la consciencia humana, hacen la diferencia.

¿Por qué reclaman tanto de los sistemas de gobierno y se indignan con la miseria social, si nada hacen para que la consciencia humana sea otra, e inclusive, alimentan los viejos patrones que la mantienen en ese punto de involución?

Es hora de crecer y de forma muy neutra dar los pasos, comprendiendo el punto en que se encuentran y esforzándose todos los días para que la humanidad reciba nuevos Principios divinos.

No busquen virtudes para sí, para afirmar la miseria ajena y resaltarse a sí mismos; busquen ser virtuosos, para que la humanidad entera lo sea. Y es de esa forma, hijos, que alcanzarán las verdaderas virtudes.

Sirvan y sientan en el corazón el pesar por la miseria material e interior de sus hermanos, pero no permanezcan allí. Cambien, crezcan, alcen vuelo y lleven consigo cada corazón humano.

La meta no es solo su propia santificación: la meta es la conversión de toda la humanidad y la cristificación de una raza entera, que sea capaz de amar al prójimo como a sí mismo y a Dios por sobre todas las cosas.

Que la Paz y la Unidad estén en sus corazones.

San José Castísimo