Domingo, 3 de julio de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​

Hijos,

Cada misión les traerá un nuevo aprendizaje y una nueva forma de comprender la vida.

La verdadera razón de la existencia del grupo de misioneros no es tanto el servicio material que prestan pero sí el acto de ir en dirección a la necesidad del prójimo, para curar las raíces de los males que los colocaron en esa condición de necesitados.

Lo más importante es que actúen con el corazón y la experiencia, que depositan en la consciencia humana, de ese aprendizaje de servicio.

Con sus hermanos indígenas, aprendieron la mansedumbre; mansedumbre que trasciende la realidad material en que ellos viven.

Estos sus hermanos tenían todo, porque estaban unidos a todas las cosas, a toda la vida, al Creador, y todo les fue quitado, porque perdieron casi toda su posibilidad de expresarse y en muchos casos, ya no tienen un vehículo para unirse a Dios, o sea, un ambiente natural, preservado y armonioso; solo tienen su propio mundo interior.

La consciencia indígena, a pesar de todo, no deja de enseñar alguna cosa al corazón humano; pues en este tiempo, hijos, aún sin poder expresarse como pueblo, como cultura y como esencia, ellos están colocando en la consciencia de la humanidad como un todo, los principios de la perseverancia, de la fortaleza y de la paz, independientemente del estado en que se encuentra el mundo alrededor.

No les digo, con esto, que sus hermanos no sufren con el estado de degeneración del planeta, porque el pesar de esos corazones y lo que cargan como dolor en la esencia indígena no son comprensibles para el hombre moderno de hoy.

Lo que les digo es que la paz en su interior –a pesar del sufrimiento, de la miseria y de la opresión– es algo que permanece. La lucha por no ser corrompidos por las fuerzas de hoy es constante y dura para todos, pero ellos no perdieron la fe en permanecer como pueblo en la Tierra, e inclusive, en poder volver un día a los orígenes y recobrar la pureza que están perdiendo.

Aprendan de esa fe, para que, cuando llegue la hora de reconstruir la Tierra, ustedes no pierdan la paz ni la certeza de ser capaces de mantenerse en pie y de recobrar la semejanza con Dios, la que perdieron, por tantos desvíos.

Les dejo Mi Paz y Mis votos para que nuevas misiones puedan surgir. Que despierten aquellos que se comprometieron con el servicio y con la vivencia de la caridad crística.

Su Padre y Compañero en las misiones,

San José Castísimo