Mar

31

Sábado, 31 de marzo de 2018

Sagrada Semana
Aparición de Cristo Jesús durante la Sagrada Semana, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil; mensaje transmitido al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Que la Luz de Mi Corazón y de Mi Espíritu esté presente en ustedes.

Que esta Luz perdure a través de los tiempos y de las formas.

Que esta Luz penetre en lo que es corrupto para poder transformarlo. Y así, la materia sea transfigurada por la Luz Glorificada de su Maestro y Señor.

Que sus almas recuperen la alegría de vivir en Dios, porque ha llegado el Sábado de Gloria, en donde su Maestro está reunido con ustedes en compañía de las santas mujeres de Jerusalén, hoy bienaventuradas en el Universo.

De nuevo, hoy llamo a Mis hijas, las que me sirven en Mi ceremonia. Llamo a las Auxiliadoras de la Divina Misericordia, para que en este Sábado de Gloria estén a los Pies de su Señor; Quien hoy muestra las Llagas de Su Costado, de Sus Manos y de Sus Pies, transfiguradas por Su Túnica de Luz; que en el resplandor de Su Espíritu y en compañía de las santas mujeres viene a renovar este Misterio de la Luz de Dios en todas las esencias del mundo, a pesar de sus errores y de sus pecados.

Hoy, su Maestro y Señor está trabajando con los infiernos de este mundo. Este es el motivo de encender las velas, en representación de la Obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Que las Madres de la Orden también vengan aquí porque son Mis santas mujeres. Que aproximen la ofrenda del aceite que han traído para su Maestro y Señor.

Y ahora, quiero que todas las almas se aproximen a Mí en espíritu, para reverenciar este glorificado momento, en donde el Hijo de Dios, resucitado y transfigurado, viene a sumergirse en los abismos de la Tierra, para rescatar a las esencias del mundo y hacerlas dignas ante el Señor.

Están delante de la Consciencia Divina de Cristo, y aunque esto no sea completamente comprendido, es un Misterio que está siendo revelado a partir de este día y después de todos los hechos sucedidos como de todos los méritos alcanzados por su Maestro y Señor, hace más de dos mil años atrás.

Están ante un acontecimiento nuevo, están ante la Divinidad de Cristo, que es la Luz de Dios para el mundo y para las almas. Esta es la Luz que nunca se apagará en los que creen en Mí, porque a pesar de lo que vivan o de lo que atraviesen, la Luz de la Divinidad de Cristo los resucitará en Espíritu para traerlos a la nueva vida.

El Sagrado Cuerpo del Señor ya no está reposando en el Sepulcro. Ahora Él camina por el mundo con toda Su Consciencia y Divinidad, a fin de buscar la Luz de los nuevos Cristos, de los que testimoniarán Mi Presencia en el fin de estos tiempos y se unirán como hermanos en sagrada comunidad a pesar de sus creencias, de sus religiones o de sus nacionalidades.

Este es el momento, compañeros míos, de que ante la Divinidad poderosa de Cristo, manifestada como la Luz del Padre Eterno, todos ustedes sean Uno en Mí, para que Yo Sea en ustedes, en profunda igualdad. Este es un misterio que la humanidad hasta los tiempos de hoy no ha conocido

Hoy se cumple una de las tantas promesas, reveladas por los ángeles de Dios en el Huerto de Getsemaní durante Mi difícil agonía. Esto fue lo que me alentó a seguir adelante:entregar Mi Ser y toda Mi Consciencia por ustedes, a pesar de los padecimientos y de todas las pruebas vividas a través de todos los tiempos, en todos los ministerios de la Iglesia y de sus generaciones, a pesar de todas las ofensas recibidas y de las flagelaciones vividas en Mi Corazón Espiritual.

Hoy están ante la Divinidad de Cristo, que es uno de los grandes Misterios de Dios que viene a ayudar al mundo para poder rescatarlo; a fin de que existan nuevas comunidades Luz, colmadas de seres crísticos que vivan la paz y sean ejemplo del bien y de la hermandad, para que los tesoros del Padre sean concedidos a todas las almas, independientemente de su despertar y de su amor.

Hoy, vigilen junto a las santas mujeres y adoren la Divinidad de Cristo, presente y manifestada en la Fuente Espiritual en donde todo se redime, todo se transforma, porque las almas confían en el Sagrado Corazón de Jesús.

Ante la Divinidad de Cristo, que los ilumina y los hace partícipes de la comunión eterna, entreguen ahora su divinidad a su Maestro y Señor; para que Ella sea elevada en ofrenda y en revelación de este Sagrado Misterio de Amor, presente en todos los Tabernáculos de la Tierra.

Están ante el Sagrario Luminoso de Cristo, delante de la Esencia Primordial de Dios, manifestada en la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Hoy, el Universo se une a la Tierra a pesar de los errores, y la Luz de la Divinidad de Cristo penetra en la Tierra, llegando a los más profundos abismos de la consciencia humana para reparar las faltas graves y perdonar los graves cometidos realizados por todas las almas que se apartaron de su luz interior.

Hoy están ante la Divinidad de Cristo que ha Resucitado en Gloria, y la llama profunda del Amor de Dios se expande en los corazones de este mundo a fin de que despierten a su realidad interior, a su verdadera esencia.

Hoy no hay nada que impida este acontecimiento porque delante de la Divinidad de Cristo, sus corazones se abren como nuevos Tabernáculos para que sean depositarios de la Luz del Señor, que viene a santificar sus vidas en un profundo Misterio de Consagración.

Repitamos:


Yo acepto, Señor, Tu Divinidad y Espíritu

para que Tu Obra se realice en el Planeta, Amén. (x8)


Y ahora sientan cómo Mi Divinidad desciende a sus almas y el gozo del Espíritu de Dios se instala en sus seres, fortaleciendo esta comunión con el Altísimo y con toda la Vida Suprema.

No pierdan la esperanza. No pierdan la alegría. Nunca dejen de sonreír a pesar de sus pruebas, miserias o dificultades. Afirmen sus vidas en la Sagrada Divinidad de Cristo para que la Tierra sea repoblada por el sagrado Espíritu de la Paz, por la sagrada Fuente Femenina que a todo nutre y cuida, que a todo protege y resguarda en sus sagrados brazos maternales.

Así como Yo le entregué Mi Madre a Juan, hoy les entrego a Mi poderosa Madre, para que Ella cuide de su Divinidad, de todas las esencias que en estos tiempos deben caminar en dirección a Cristo, para ser un solo Ser y una sola Consciencia.

Adoren, como las santas mujeres hoy presentes, este momento, para que todo sea luminosamente transformado, así como la Sagrada Divinidad de Cristo lo espera en todas las almas participantes de Su Iglesia Celestial.

Ofrezcamos ahora, compañeros, ante esta Sagrada Divinidad del Señor, el Misterio más importante de todos los tiempos: la Eucaristía, para que sus cuerpos más materiales comulguen de la Divinidad de Cristo.

Que las Madres de esta Orden eleven el óleo hacia el Señor, para que su Maestro lo bendiga.


Adonai, Padre Altísimo, Amor inconmensurable e infinito, que has testimoniado Tu Presencia incondicional por intermedio de Tu Hijo, que Te entregaste en Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad para todo este planeta y esta humanidad.

Que una chispa de Tu Espíritu, Fuente de Tu Divinidad Inmaterial, consagre estos aceites, a fin de que Mis hijas y Madres unjan a sus hijos cuando estén enfermos de forma física o espiritual. Para que sus almas sean curadas, las llagas sean cicatrizadas y se establezca, Amado Señor, el Reino Infinito de Tu Amor, por todos los méritos que He alcanzado, por todos los padecimientos que He sufrido, por la Resurrección de Tu Hijo.

En Tu Nombre, Amado Señor, Yo bendigo este elemento, fruto de los árboles y de Tu Creación. En Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Incienso y agua.

Padre Nuestro…

Nos ponemos de pie para esta consagración.

Que esta agua renueve el compromiso de la maternidad y de la alianza con cada hijo, porque a pesar de que puedan existir padecimientos, pruebas o desafíos; Mi Divinidad siempre las fortalecerá en este sagrado desafío de cuidar y de proteger a sus semejantes.

Que hoy la Señora del Universo las bendiga, Fuente Sagrada Femenina de lo Inmaculado y Maternal.

Alabado seas, Señor, por los que hoy serán sacramentados.

Alabado seas, Señor, por los que hoy serán bautizados y encenderán en sí mismos la Divinidad de Cristo; reconociendo en su interior el compromiso, la vivencia de la Divina Voluntad de Dios. Que por intermedio de estas almas que hoy recibirán el Sacramento, tanto en el Bautismo como en la Eucaristía, muchas más almas sean iluminadas por el ofrecimiento de Tu Hijo ante la Fuente Sagrada de Su Divinidad, que todo lo repara y todo lo cura.

Que el Señor bendiga esta agua como Fuente de renovación y de limpieza del pasado, para que despierten los frutos llamados “Talentos de Dios” en aquellos que hoy participan de Tu Comunión interna por intermedio de Tu Hijo. Amén.

El Cordero de Dios ha sido inmolado y ahora está vivo. Dichosos serán los que comulguen de Él en esta Sagrada Cena. En Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Hijas, Yo las bendigo como a las santas mujeres de Jerusalén, para que tengan fuerza interior para poder seguirme y siempre recuerden que esperaré por su respuesta ante Mi Sagrado Llamado.

Y ahora, todos descenderemos a los pies de este altar para que ustedes respondan, compañeros, a un pedido especial que hoy hace su Maestro, ante el Misterio de Su Divinidad que hoy es revelada profundamente a sus almas, y así, se puede volver a vivir la comunión con Dios.

Los esperaré mientras se preparan en oración, para que por intermedio de esta canción, que hoy he escogido especialmente, más divinidades despierten en las almas que deben salir de la ilusión del mundo para encontrar la vida eterna.

Vamos en peregrinación.

Las auxiliadoras pueden estar aquí, a los pies del palco.

Todos Me siguen.

Ahora, las auxiliadoras van a dar tres pasos hacia atrás y allí se van a colocar las Madres.

Y ahora, compañeros, que están formados como deseo, entonarán esa canción para que la Divinidad de Cristo pueda ser expandida por todo el planeta desde este Centro Mariano, para todas las almas y los corazones del mundo.

No temerán por lo que podrán sentir. Si Yo estoy presente nada les sucederá, solo podrán sentir la alegría de servirme.

Les agradezco por estar Conmigo en Mi Divinidad.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mar

29

Jueves, 29 de marzo de 2018

Sagrada Semana
Aparición de Cristo Jesús durante la Sagrada Semana, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil; mensaje transmitido al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

He aquí el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo celebrando este momento con la humanidad y con todos los pueblos de la Tierra.

He aquí Quien ha dado origen a lo creado.

He aquí el Hijo que padeció por ustedes.

He aquí el Espíritu Santo que descendió en Pentecostés para traer al mundo la Gracia de Dios.

Están delante del Misterio de los Cielos, de la revelación de la Santísima Trinidad presente en sus tres personas, para testimoniar al mundo que aún se debe cumplir la Voluntad de Dios, hasta el fin de los días.

Escuchen ahora la Voz del Padre:

Yo Soy el principio y Soy el fin. Quien vive en Mi, Yo vivo en él y nunca, nada le faltará.

Pido al mundo que escuche la Voz del Padre y que la haga propia en sí mismo para que germinen las semillas de Su Reino.

Queridos hijos de Mi Creación, no olviden el Propósito. Todo tiene una finalidad para Mí y a ustedes les restará cumplir Mis designios, para que toda la Creación los bendiga y haga de este tiempo un tiempo de Justicia, en el que todo deberá ser reparado.

Escuchen la Voz de Aquel que dio origen a todo y que nace de una Fuente Inmaterial, la que esparce rayos por todo lo creado, para que las Virtudes divinas se cumplan en todos los planos y en todas sus manifestaciones.

He venido junto a Mi Hijo para revivir este momento, en donde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se hacen pequeños en la Eucaristía y se dan a las almas, infinitamente.

Que el mundo corrija sus caminos para ser merecedor de la Misericordia del Altísimo.

Que recapaciten las consciencias y asuman la misión que han venido a cumplir en esta Tierra, porque así el Plan descenderá y no quedará solamente en los Universos Superiores. Ustedes deben ser testigos, hijos Míos, de este Plan. Y eso, primero comenzará en ustedes, con la transformación de sus vidas, con la consagración de sus almas, con la elevación de sus espíritus.

Así como vine a Moisés, hoy vengo a ustedes, para reunir a Mis tribus sagradas en los cuatro puntos de la Tierra y prepararlas para el gran momento del retorno de Mi Hijo.

Que las almas sean dignas de este momento y que reciban al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como una bendición, para que este planeta cuente con sucesores del Proyecto de Dios, porque aún es necesario que Mis designios se cumplan en todas las razas y en todos los pueblos. Aún tengo designios importantes para las almas, para todo lo que debe cumplirse en este mundo. Vivan este momento como el último y háganlo parte de sí, en esta Comunión Trina con el Único.

Queridos compañeros, Mi Padre quisiera decirles muchas cosas más. El mundo debe escuchar, y no temerle a la Verdad, porque aún hay tiempo para convertirse y realizar en la vida de cada ser el principio del Propósito de Dios.

Sientan la insondable Presencia del Espíritu Santo y cómo el Santo Espíritu emana Su infinita realidad haciendo a las almas partícipes de esta Comunión Trina. Hoy, no solamente el Hijo se entrega al mundo, sino también el Padre y el Espíritu Santo.

Sabemos que nadie comprenderá lo que esto significa, porque así como en este día todo sucede en el Cielo, también todo sucede en la Tierra. Y uniendo los tiempos de Dios se establece una condición especial en el espíritu, en la mente y en los cuerpos.

Tienen que saber que núcleos más profundos están siendo trabajados, porque mientras el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están aquí, el mundo entero estará siendo ayudado para su proceso de redención en los próximos tiempos.

Hoy, el Hijo Amado ha venido con el Padre y el Espíritu Santo, para volver a instituir Su Legado en la Tierra, y de esa forma, renovar los tiempos y las consciencias con el sagrado oficio de la Eucaristía.

Benditos sean los que revivan hoy la Pasión de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar, porque de año en año más almas despiertan y la ignorancia humana se va debilitando, porque reina el Amor de Dios y Su Presencia en los corazones.

Quisiera, detrás de los sacerdotes, a todas las madres de esta Orden. A los pies de este escenario, a todos los consagrados del monasterio. Después de los consagrados, a los adoradores y por último a las auxiliadoras de Mi Divina Misericordia.

Vengo, en este día, a expandir definitivamente Mi Obra en el mundo. Sé que tampoco sabrán lo que eso significa, porque es muy inmadura. Solo coloquen Mis designios en sus corazones para que su Maestro pueda obrar en este tiempo y en la humanidad.

Quisiera que todas las madres tuvieran una vela encendida para estar en vigilia Conmigo, en este momento.

Hemos llegado a un momento definitivo en la humanidad en este Jueves Santo, pero también llegamos al comienzo de un nuevo tiempo, en donde todo se desatará.

Quisiera ahora a los sacerdotes alrededor de esta mesa.

Dos vasijas de agua, dos jarras y dos paños.

Hoy, el Hijo se ofrece de nuevo ante el Padre y el Espíritu Santo en este Sacrificio y viene a testimoniar, nuevamente, el legado de Su Pasión por intermedio de este ejercicio espiritual, en donde las almas aquí presentes y las almas del mundo participarán de este Sacramento Espiritual.

Incienso.

Bendeciremos esta mesa así como Dios lo manda, de esta forma, los ángeles transustanciarán los elementos y las consciencias que estén abiertas para recibirlo.

Quien no pudiera estar de pie se puede sentar, pues descenderá una potente energía.

Padre del Amor y de la Misericordia, que hoy estás presente junto a Tu Hijo y Tus hijos en la sagrada compañía del Espíritu Santo. Bendice este momento y este lugar, así como a todos los que participan de este momento, dando honor y gloria a Tu Presencia Infinita, como un acto de reparación, de reconciliación y de perdón por todos los pecados del mundo cometidos hasta el presente.

Que Tus Manos, Padre, santifiquen todo lo que has creado, a imagen y semejanza de Tu Amor. Y que esta agua derramada hoy, eleve a las consciencias en profunda comunión con la donación de Mi humilde Corazón. Amén.

Aceite.

Hoy, el Señor bendice el aceite con el cual será ungido espiritualmente por Sus hijos, para que las Llagas del Señor sean cicatrizadas después de Su profunda agonía y martirio, antes de que Él resucite, el Domingo de Pascua. Será ungido por Sus hijos como un símbolo de expiación.

Hoy, Mis discípulos Me ofrecen el agua con la cual su Maestro y Pastor lavará Sus Manos para esta cena, a fin de que se borren los pecados en todo el mundo, para que triunfe el Amor de Dios.

Mientras el Señor se lava, también repara y alivia sus corazones, trae la paz y la alegría de servir y encomienda a Sus discípulos al Reino de Dios; y trae la cura para el alma, el gozo de vivir en Mí y de estar junto a Mí en este propósito.

Llegó el momento del Sacrificio del Hijo del Hombre, cuando Él se hace presente en el pan y en el vino, testimoniando así el Universo de Su Amor por todas las criaturas de Su Padre.

En aquel tiempo y antes de ser entregado Me reuní con los Míos; tomé el pan, lo elevé a Dios y di gracias. Y descendió la Santísima Trinidad. Lo partí y lo volví a colocar en la cesta. Les dije a los apóstoles: “Tomen y coman todos de Él, porque este es Mi Cuerpo que será entregado por ustedes, para el perdón de los pecados”.

Acabada la Comunión con Mi Cuerpo, su Redentor tomó el Cáliz, lo elevó, dio gracias a Dios y dijo: “Tomen y beban todos de Él, porque este es el Cáliz de Mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por su Maestro y Señor en expiación de las faltas”. Y mirándoles a los ojos les dije: “Hagan esto en Mi memoria hasta el fin de los días, hasta que Yo retorne al mundo por segunda vez. Tomen y beban del Cáliz de la santidad”.

Que la preciosa Sangre los lave y que el Espíritu del sagrado cordero los colme, para que no sientan que algo les falta, sino que estén colmados del Espíritu de Dios.

Y así, el Señor sella esta Eucaristía entre hermanos y consciencias al servicio de Dios.

Repitan ahora la oración del ángel de la Paz:


Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo,
Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo,
presente en todos los Sagrarios de la Tierra
en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias
con que Él es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón
y del Inmaculado Corazón de María,
os pido la conversión de los pobres pecadores.
Amén.

Hoy, el Señor lleva en Su Corazón la oferta de Sus hijos.

El Padre recoge en este momento, el amor de Sus criaturas, haciendo solemne este legado que el Cordero de Dios les entregó, en memoria por todos Sus méritos, por todos Sus padecimientos, haciendo triunfar la poderosa Sangre de Jesús y la sublime Eucaristía en los corazones del mundo.

Hoy quiero que celebren esta Cena, no como una agonía, sino como una victoria, porque Su Señor ya padeció por ustedes. Él ha resucitado y viene a dar testimonio de Amor al mundo.

Mientras los ángeles aquí, están presentes, que sus voces se eleven en alabanza y en gloria, haciendo vivo este recogimiento en unión al Sagrado Corazón, como una sola voz.

Para este día he escogido una canción que atrae hacia la Tierra las Gracias de Dios, como una lluvia incesante. Me refiero a “Lluvias de Amor”.

Pongámonos de pie, para que sea el Padre quien sienta el amor de Sus hijos y para que Su confianza esté nuevamente en este planeta.

Yo los bendigo en esta noche de paz, en este día de júbilo, en esta tarde de misericordia.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos pueden tomarse de las manos.

Mar

28

Miércoles, 28 de marzo de 2018

Sagrada Semana
Aparición de Cristo Jesús durante la Sagrada Semana, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil; mensaje transmitido al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Y ahora que he venido a tu encuentro, recuesta tu cabeza sobre Mi Pecho y siente toda la paz que Yo te puedo brindar en este tiempo, una paz que nadie más te puede dar, ni entregar.

Siente ahora Mi Corazón vivo, que pulsa interiormente cerca de tus oídos. Este es el Corazón que ha padecido por el mundo y por la humanidad.

Es el Corazón que ha derramado Su Sangre por las almas para el perdón de las faltas y que aún lo sigue haciendo por todos sus compañeros y por sus enemigos.

Pero hoy no pienses, amado Mío, qué es lo que estás sufriendo o lo que podrías sufrir. Piensa en Mí, únete a Mi Consciencia y siente Mi abrazo paternal, porque Yo cuido de todas Mis ovejas, una a una, y nunca Me olvido de nadie.

Entrégate a Mí, y ríndete, como tantas veces te lo pido.

No temas por lo que vendrá sino por lo que no está sucediendo en tu vida.

Ahora, refugia tu alma debajo de los Rayos de Mi Corazón y siente el soplo del Espíritu actuando en cada momento, en cada respiración, así como en cada palabra.

Yo puedo restaurar todas las cosas. Yo puedo suplir todas las cosas, porque no soy Yo quien lo hace, es Mi Padre que está en los Cielos, es Él quien obra, quien realiza y quien manifiesta la Voluntad Superior.

Deja para atrás lo que no comprendes, lo que no aceptas o lo que no entiendes.

Confía en este Amor que Yo te estoy donando, porque es un Amor que debe realizarse en ti para que el Plan de Dios se realice en la Tierra.

Recuéstate como Juan, el apóstol, sobre Mi Pecho y siente los dolores y las agonías de tu Señor, en el silencio y en la calma.

Dios no ofrece sufrimiento a las almas, son las almas que buscan el sufrimiento, porque en el Reino de los Cielos, desde donde hoy provengo, no existe el dolor ni la culpa. Alégrate por estar recostando tu cabeza sobre el Pecho de tu Maestro.

Sé que no lo comprenderás todo de una sola vez, pero eso no importa para tu Señor. Lo que importa es que lo vivas plenamente, unido a Mí, en espíritu y en esencia.

No confirmes tus pecados, no afirmes tus errores, eleva tu corazón y colócalo dentro del Mío, para que Yo lo pueda transformar y pulir como las manos del alfarero. Y así estarás en perfecta libertad y en profunda calma y de la noche a la mañana no sabrás qué es lo que te ha sucedido, porque todo se habrá transformado tal cual Yo lo he pensado, según los designios de Dios.

Recibe el Amor de Mi Corazón como un bálsamo y ríndete. Mi Corazón no te hará mal, Mi Corazón no te hará daño. Mi Amor es bien y es pacificación para las almas.

Sírvete de todo lo que Yo te puedo donar y confía, porque todo está marcado, todo tiene su hora y su tiempo.

Así como tú estás hoy sobre Mi Pecho sintiendo el fuego de Mi Corazón y la suavidad de Mi Alma, la acción de Mi Divinidad y de Mi Espíritu, quisiera que muchos más imitaran este ejemplo de unión con el Señor.

Calma tu corazón de toda angustia y acepta lo que te entrego, porque todo tiene un fin mayor y un propósito que aún estarás por descubrir, algún día.

Deja para atrás lo que has padecido, lo que no has entendido, sumérgete en el océano de Mi Luz y todo se disipará, porque quien confía en su Maestro, confía en Dios, Todopoderoso. Y su vida, día a día, paso a paso, con esfuerzo y sacrificio, se volverá libre.

Yo quiero de tu alma un nuevo ser que sea parte de una nueva humanidad, consciente y despierta, responsable y digna con la Creación.

Hay tantos tesoros en el Cielo, querida alma, que tengo para revelar; Mis Manos están llenas de designios y aún no los puedo derramar sobre el mundo porque no encuentro lugar ni refugio en la humanidad entera.

Pero si tú, valiente Mío, hoy das el paso por muchos más, algún día muchos más reconocerán Mi Nombre y Mi Gloria, y la harán digna en sus vidas para que así triunfe el Amor de Dios.

Ahora, abrázame y siente el calor de Mi Espíritu, siente la protección de Mis Brazos y la respiración de Mi Cuerpo como un soplo renovador que a todo santifica y que a todo renueva.

No hay nada que se pueda perder. Todo es transformado según Mi Voluntad.

Conviértete en una de las santas mujeres de Jerusalén, o tan semejante al apóstol Juan, en total entrega y abnegación.

Todo lo que vives, alma Mía, tiene un motivo y un significado para Dios, no hay nada que esté fuera de su lugar, todo tiene un sentido y un tiempo para realizarse. Sea en el bien, o lejos de él.

Pero Yo quiero que hoy sientas el latir de Mi Corazón manso, de un Amor inexplicable y redentor, que ansía por las almas buenas y dignas, que cumplan la Voluntad de Dios en este tiempo de difíciles pruebas.

Abrázame fuerte y siente Mi consuelo que es intransferible e inmediato. Deja que Yo te nutra con Mi Paz y con la llama de Mi Fe, que es la que me trae al mundo para buscar a los que he llamado por su nombre para que Me acompañaran en esta era y en este ciclo, en donde el mundo vivirá su mayor desafío de todos los tiempos y de todas las eras. No podré decirles lo contrario.

Almas Mías, es hora de vivir Mi Plan y de no esperar más tiempo.

A veces su Señor y Maestro necesita sentir el calor del amor de Sus hijos para poder seguir adelante. Por más que Yo esté en el Cielo no significa que no sienta como un ser humano, porque como ser humano estuve entre ustedes, para que me pudieran vivir y comprender.

Así estarán abrazando a su Padre Celestial, que también necesita de consuelo, al ver las ofensas y los agravios del mundo.

¡Cuánto el Amor puede hacer en los corazones que se deciden a vivirlo plenamente, el Amor que viene de lo alto y que puede brotar de los corazones haciendo nacer Nuevos Cristos!

Quiero que hoy Me ofrezcan su abrazo porque lo necesito, así como ustedes necesitan de Mí para seguir caminando por este sendero, el más difícil de todos los tiempos, el que ninguna otra humanidad vivió, en ninguna otra época.

Ustedes vinieron aquí, almas Mías, por un propósito y un designio mayor que conocerán algún día.

Pero hoy no necesito que comprendan Mis misterios, sino que sientan la agonía de su Señor y el pedido de consuelo a los corazones valientes.

Ahora, siente cómo Yo te cubro con Mi Manto, aquel manto que fue rasgado por las manos de Mis enemigos durante la Pasión y que cubrió Mi Cuerpo llagado de heridas y de ofensas.

Estas son las Llagas que Yo vivo por el mundo y quiero compartirlas con Mis servidores, con los que se han dispuesto a seguirme incondicionalmente.

Yo quiero ofrecerles Mis sacrificios y Mis dolores, porque quien padece con su Señor, padece con Dios, y el Amor que nunca acaba, todo lo transforma, hasta lo más impenetrable. Que Mis Llagas sean motivo de su santificación, de su persistencia y de su renuncia.

Porque Yo tengo un plan precioso para cada uno de Mis servidores que debe cumplirse en esta hora aguda del planeta, en donde todo se precipita, hora tras hora.

Por eso consagro hijas e hijos, para tener ejércitos sobre la Tierra que estén firmes en Mí, a pesar de lo que suceda.

No tengo nada más para dar, solo el Amor de Mi Corazón, que es el que Me ha traído hasta aquí, a través de los tiempos y de las generaciones.

Amor que testimonia la presencia del Cuerpo y de la Sangre de Cristo para la reparación de las faltas y de todos los cometidos que no están en la Ley de Dios. Les vuelvo a decir, almas Mías, que necesito aún más de sus corazones abiertos para que Yo pueda ingresar con Mi Consciencia en los recintos más profundos de sus almas, en donde el Reino de Dios debe realizarse, para que el mundo y la humanidad aún existan.

Por eso en este miércoles santo de recogimiento y oración, no solo les pido sus oraciones, sino también su abrazo, para que el espíritu consolador pueda estar presente y las almas se animen a decir ‘sí’, cada día más.

Hoy les traigo el momento más sagrado de Mi vida, que fue la antesala de la última Cena. Les vengo a hablar con el mismo amor con el cual Me dirigí a Mi santa Madre y a las mujeres de Jerusalén, así como a Mis apóstoles. Es este Amor irrestricto e infinito el que nunca acaba, porque parte y nace de la Fuente de Dios para Sus criaturas.

Ustedes necesitan, finalmente, ser como Yo y superarme, porque Yo vengo aquí para que hagan cosas más grandes que las que Yo hice algún día. Eso demostrará ante el Universo que es posible una Nueva Humanidad, que estará arrepentida y pedirá perdón por todo lo realizado, que no tendrá vergüenza de confesar sus faltas y estará abierta a recibir la Misericordia de Dios, que es inextinguible y eterna.

Quiero que vivan en el gozo de Mi Amor Celestial y tú, pequeña alma, que estás aprendiendo a amarme, no lo dejes de hacer. Anímate a cruzar los umbrales de la resistencia humana, porque Yo te ayudaré a ser verdaderamente libre de ti para siempre.

No dejes de sentir el Amor que hoy emana Mi Corazón y vivifícalo como si fuera la última vez, porque lo que Yo vengo a dar hoy no podré darlo nuevamente; ya se está cumpliendo el tiempo y la hora definitiva se aproxima.

No quiero coronarte con flores, sino con espinas, para que Me puedas superar en el Amor, sabiendo que el ser humano es un ser impredecible en todo este Universo, así como Yo lo fui, testimoniando Mi Pasión, Muerte y Resurrección.

Yo ofrezco la gloria y el honor para los que se han decidido estar a Mi lado, pero también ofrezco Mi dolor y Mi agonía para los que se han confirmado ante Mí en esta tarde de Gracia eterna.

Y ahora, devuelvo tu alma al centro de tu ser, en donde existe el Templo sagrado del Amor, que siempre debe estar encendido por la luz del Espíritu Santo.

Y Mi Corazón se recoge para ofrecerse nuevamente a otras almas en el mundo, que también Me necesitan.

Benditos sean los que recibieron Mis Palabras con gratitud, porque lo comprenderán todo en el próximo tiempo. Y cuando Yo ya no este aquí entre ustedes, en poco tiempo, conocerán profundamente todo lo que he querido hacer en este lugar y en esta casa, y principalmente, en ustedes.

Porque deberé aparecer en otros lugares del mundo que también Me necesitan, que también tienen sed de Mi Palabra y de Mi Verbo y sobre todo, del Amor de Dios.

Con esa solemnidad que intento construir en sus corazones a través de este encuentro, quiero que hoy se dignifiquen ante Nuestro Padre Celestial, asumiendo este compromiso Conmigo hasta el fin de los días, sabiendo que todo lo que vivirán será una gran escuela para el alma y el espíritu.

Solo necesito que den su amor al mundo, no importando quién sea, no importando su creencia o religión, su pobreza o su riqueza, su enfermedad o su salud.

Quiero que amen como Yo los amo, porque la prueba que llega al mundo será muy dura. Y no todos soportarán ese momento. Por eso, los fortalezco en este tiempo y por medio de Mi servicio incondicional a las almas les doy Mi Cuerpo y Mi Sangre para que puedan sobrevivir, así como su Maestro sobrevivió en cada paso de la Cruz, y de Su Agonía.

No es hora de estar divididos, distanciados, ni indiferentes. Coloquen sus corazones dentro del Mío y todo pasará. Porque lo que Yo deseo del mundo es muy grande y eso podrá suceder cuando retorne por segunda vez. Ofrezcamos entonces, almas Mías, este momento a nuestro Dios Todopoderoso, El que ha permitido nuevamente, en este día, esta Gracia espiritual para un mundo infiel. Pero el Amor siempre superará todas estas cosas. Todo será cumplido como Dios lo ha pensado.

Incienso.

Nos podemos poner de pie para la bendición de estos elementos.

Yo los llamé aquí porque nunca Me olvidé de ustedes y porque todo tiene un tiempo para Dios y para el Universo (*)

Al igual que estos elementos sagrados que están a los pies de su Maestro y Señor, hoy también ofreceré sus consciencias a Dios para que Él pueda cumplir Sus designios en ustedes.

El Señor Todopoderoso, nuestro Padre Eterno que está en los Cielos, bendiga con Su más infinita Luz y Sabiduría.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Gracias por abrazarme de verdad.

Hoy he escogido una canción que testimonia la Obra de la Madre Celestial, de cómo cada alma de esta Tierra, al igual que María Santísima, puede responder al llamado de Dios cuando Él lo realiza.

Hoy escogí voces tan complementarias, una de la otra, para que puedan ofrecer a Mi Corazón esta respuesta de las almas, este ofrecimiento que los corazones han realizado a Mi Espíritu.

 

(*) Cristo llama dos personas al palco.

Mar

27

Martes, 27 de marzo de 2018

Sagrada Semana
Aparición de Cristo Jesús durante la Sagrada Semana, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil; mensaje transmitido al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

¿Qué harán con todo lo que Yo les he dado? ¿Qué lugar tendrá en sus vidas? ¿Quién justificará lo que ha recibido en el momento más agudo, cuando todo suceda? Así como vengo con Mi Misericordia, también debo venir con la Justicia.

Que sus corazones no se perturben, que la Ley corrija la vida y que sus personas no interfieran en la transformación. Acepten las correcciones que vienen del Universo y lo que el Universo coloca en sus caminos para que aprendan a madurar en el bien y en la justicia.

Todo lo que viene del Cielo nunca será desperdiciado, porque lo necesitarán para los próximos tiempos que llegarán.

Así como les doy a conocer lo profundo de Mi Amor, en este tiempo vengo al mundo para dar a conocer la Justicia, de la que nadie escapará. Mientras tanto, vivan la penitencia del corazón para que la Sabiduría de Mi Padre los permee completamente y estén a la altura de todo lo que Yo les pido, sin poder decir después que nunca lo escucharon. Porque aquí, Yo vengo por todos y por el mundo, por los justos y los injustos, por los que son verdaderos y por los que se aprovechan de Mi Presencia.

Pero todo Yo lo puedo ver. Ni la más mínima célula de sus cuerpos se puede esconder ante Mi Presencia. Ningún pensamiento puede quedar guardado ante los Ojos del Hijo de Dios.

Necesito que aprendan a vivir la transparencia, para que las cosas que sucederán en el mundo no los confundan y no sean llevados, como tantos otros, por su propia arrogancia y poder.

Yo les dije una vez que los quiero fríos o calientes. No necesito a los tibios de corazón. Mi Amor también es Justicia. Mi severidad también es Amor. Porque, ¿quién más dará la vida por ustedes en este tiempo sino su Maestro y Señor, que está en los Cielos; que estando sentado a la derecha de Dios Todopoderoso, desciende en esta Semana del Cielo para hablar con ustedes? Nada es por acaso, compañeros, y si hoy están aquí, es porque sus almas lo han llamado, más allá de sus personas.

Aprendan a percibir la realidad de este tiempo en su interior. Es hora de que las aguas ya no estén divididas. Yo quiero de todos los hijos de Mi Padre una sola corriente de Luz, porque cuando Yo ya no esté más aquí para hablarles, deberán tener como recurso espiritual Mis Tesoros, impregnados por cada una de Mis Palabras, que los vienen a libertar, a retirarlos del error y de la cadena constante del sufrimiento.

Todo lo que Yo les doy es Amor, por más que sea severo. No vengo a hablar en términos medios. El mundo está agonizando y su humanidad también. Los errores de la humanidad se acumulan como granos en un granero. ¿Quién cargará con todo ese peso? ¿El Hijo de Dios deberá retornar para cargar una segunda Cruz? Yo ya les mostré, compañeros, el camino de la transformación y de la verdadera corrección.

Yo vengo a buscar de ustedes la bondad de sus almas y la transparencia de sus espíritus. Aprendan a trascender lo que no pertenece a la Luz y lo que no pertenece a Mi Reino.

Aprendan a morir para sí mismos, para que sus hermanos que están muertos puedan nacer en espíritu. Es hora de darlo todo por Mí y no esperar para hacerlo. Es hora de vivir la cooperación por el Plan Mayor, porque si esta asistencia de Nuestros Sagrados Corazones no estuviera sucediendo en este momento, el mundo ya estaría perdido, aunque no lo parezca.

Abran sus ojos para ver el Rayo de la Justicia de Mi Corazón. Es hora de construir las bases en la honestidad, en la comunidad y en el bien. Es hora de hacer florecer los designios de Dios y de hacerlos vivos en sus corazones. No podrán esperar treinta años más para vivir un gran cambio, porque ya no hay tiempo, compañeros, ya no hay tiempo.

Limpien con la luz de la oración la indiferencia de sus corazones, para que la fraternidad pueda prevalecer por encima de todo. Sus vidas ya se han transformado, pero aún falta mucho más. No podré decirles lo contrario, porque el Señor Jesús nunca miente.

Es hora de que coloquen el Propósito de Dios en el centro de sus corazones y que no sean arrastrados todo el tiempo a la tensión, porque ya son conscientes de lo que es necesario y justo y mientras eso no suceda, no podré profundizar Mi Obra en ustedes, ni tampoco en el mundo. Y les pregunto: ¿Quién cargará con esa responsabilidad?

A Mis apóstoles Yo les pedí que dejaran sus familias y hogares, sus labores y sus compromisos, para seguir un plan que era desconocido por sus mentes, el cual debería manifestarse en la superficie con la Pasión de vuestro Señor.

Ahora, en este tiempo, Yo les pido cosas más grandes pero muy determinantes. No podré realizar Mi Obra con vacilaciones. Necesito que la firmeza que construye Mi Corazón en ustedes sea permanente y que la hagan perdurar por Amor a Dios y a su Divina Presencia.

¿Acaso piensan que no estoy diciendo la verdad? Les pregunto: ¿Acaso piensan que no estoy diciendo la verdad? En el Reino de Dios existe el Amor, pero también la Justicia. Sin la Justicia de Dios, Su Reino no se puede realizar en este, ni en otro mundo. Las Leyes de Dios están para enderezar a los corazones y llevarlos a la verdadera vida para encontrar el sentido del Propósito.

Es hora que mediten en todo lo que están haciendo, porque no hay tiempo para perderse en cosas superficiales. Deben tener su atención en el objetivo y en la meta, en las demoras y en los avances del Plan. Así estarán construyendo lo que Yo necesito y no serán lentos para caminar, porque mientras Yo les hablo aquí, sobre esto, muchas cosas suceden en el mundo y son muy graves. Almas más miserables necesitan de la presencia y del Amor de Su Señor, pero para que todo eso sea posible, compañeros, Yo necesito de la verdad de ustedes, no solo de su verdad Conmigo, sino con la Obra, con sus hermanos, con el día a día, porque en las pequeñas cosas mostrarán la verdad.

Yo no les pido que sean perfectos, resplandecientes o magníficos. Yo les pido, les suplico su sinceridad ante todo lo que viven y lo que hacen, así no estarán perdidos como lo están tantos otros y darán pasos seguros en la evolución, en el caminar de la fe y de la consagración.

Todo lo que Yo les he entregado a través de estos últimos tiempos, deberá ser testimoniado en el día del gran Juicio Universal. Los grandes Arcángeles les preguntarán ¿qué es lo que han hecho con Mis Tesoros y cómo ellos fueron cultivados en sus espíritus? llevando adelante la consciencia de lo que eso significa.

Ahora no dejen sus corazones tristes. Es hora de ver la realidad con determinación. No puedo ofrecerles un jardín de rosas porque no lo hay. La realidad planetaria está aguda y difícil, y cada vez más cristianos se decepcionan de Mi Iglesia, la que fundó Pedro en este Planeta. Y aún más se decepcionan por sus sucesores: sacerdotes y religiosos; y la fe se apaga.

Yo escogí venir aquí, a pedido de Mi Padre, para hacer reencender en el mundo la llama de Amor del Corazón, en una fortaleza inquebrantable y en una fe inextinguible que pueda superar todos los tiempos y todas las pruebas, todas las crueldades humanas y todos los agravios.

Necesito que sean simples y la simplicidad de sus vidas se alcanzará con la verdad, que puedan mirarse a sí mismos sin temor, sabiendo que son seres en transformación y en redención y que están recibiendo esta dádiva divina para alcanzar el despertar.

Por eso extiendo Mis Manos hacia ustedes, les muestro la Faz de Mi Sagrado Corazón y les pido que se tomen fuerte de Mis Manos, sintiendo Mi Presencia espiritual y divina y que puedan escuchar Mis Palabras con regocijo y amor, porque así su transformación será rápida y no estarán en el viejo patrón de la humanidad, sino que tendrán sus corazones abiertos para escucharme, para escuchar la súplica que hoy emite Mi Sagrado Corazón para el mundo.

Acepten Mi Amor que todo lo transforma, acepten la Justicia de Dios que todo lo corrige y alégrense por ser conscientes de esto y no estar tan hipnotizados como está el mundo, lejos de Dios, apartados del amor y de la unidad entre hermanos.

Mi Obra no es solo asumida para recibir Gracias. Mi Obra es asumida para poder cumplirla y llevarla adelante, con actos de renuncia, de penitencia, de servicio y de sacrificio, de donación permanente y absoluta. Por algo que ha de venir del Universo al mundo y que deberá manifestarse después del Armagedón.

Mientras tanto, compañeros, sean valientes. Vivan su transformación interior. Tienen la fuerza de Mi Amor Misericordioso para hacerlo. Tienen Mi Presencia durante estos ocho días para vivirlo. ¿Qué más necesitan para poder concretarlo?

Si el Hijo de Dios desciende de lo Alto, del lado de su Padre Celestial, para hablarle al mundo claramente y sin murmuraciones, no quiero verlos indiferentes, porque eso acongoja a Mi Corazón. Los quiero ver dando el “sí” a Mi Justicia, viviendo lo que deben vivir en este tiempo, sabiendo que el Espíritu de Dios los colmará cuando su vida sea justa y fraterna. Nada les faltará. En verdad, todo les fue dado y un poco más.

No retrocedan. Avancen, como avanza su Maestro y Señor en este tiempo. Es urgente la redención de las almas, la cristificación de los corazones, la elevación de la consciencia y la conversión de este planeta; para que vean cuánto Yo los amo y que Mi Amor es infinito y transparente, que trae sabiduría y entendimiento a los corazones.

Vengo nuevamente a sacramentarlos para que sus personas no se incomoden, para que el amor de sus corazones sea lo que prevalezca en este momento, confiando en lo que es inmaterial e invisible pero que viene desde el Universo Espiritual de Dios para hablarles en forma de Persona Divina.

Vengo a bautizarlos con el Agua del Espíritu, en este día especial, en donde sus consciencias viven el primer paso de la verdad de sí, sin que Mi enemigo interfiera en nada, porque cuando Yo estoy presente él se paraliza y sus obras son derrotadas, las obras que él imprime, que él ejecuta en los corazones.

Pero Mi Justicia también viene a disipar todo eso, porque lo justo debe ser justo y no manipulado ni transgredido, por eso deben vivir siempre la Ley primera que es el Amor, para que aprendan a ser justos y dignos, en este tiempo difícil en donde todo es ofrecido. Cosas inimaginables son ofertadas, para que las almas se distraigan y salgan de su camino, perdiendo su evolución.

Como muchos que hoy están aquí, han sido rescatados, pero otros que hoy no están aquí se han perdido.

Mi Amor nunca será tibio. Él es un Fuego que viene a encenderlo todo, en la igualdad y en la justicia, en el bien y en la hermandad.

El Padre Me ha dado la Soberanía de Su Reino, para poder llevar esta Obra adelante en este tiempo, no solo con ustedes sino también con el mundo, yendo al encuentro de los más sufridos, como Peregrino y Pastor de las almas, entre las naciones del mundo y entre los pueblos.

Espero haber sido claro y que sus mundos internos hayan acogido Mi Palabra, más allá de sus mentes. Vibren en Mi Corazón y todo estará dicho.

El Espíritu Santo hoy actúa a través de Mi Boca, para que la Verdad de Dios siga prevaleciendo entre los hombres y sobre todo entre hermanos, para que la verdadera Justicia, que viene del Universo y no de los hombres, sea constituida en este planeta y en este tiempo, como una de las Leyes del Armagedón.

Recuerden este mensaje y todo lo que hoy les he dicho, para la verdadera transformación de sus vidas. Vean este mensaje cuantas veces sea necesario y que no pase como tantas otras, o esté perdido en las bibliotecas.

Recuerden que Mi Palabra no se desperdicia, porque Mi Palabra viene a realizarse con muchos sentidos, con infinitos propósitos, con innumerables obras.

Cada uno recoge en su interior lo que necesita y que Mis Palabras sean Semillas de Luz en su interior para que se cumpla, finalmente, Mi Voluntad.

Yo no soy el Juez del Apocalipsis, Soy el Gran Señor, el Redentor del Mundo, el Gobernante de este Universo Celestial después de Mi Padre, en la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Quien les habla es la Voz de Dios a través de Su Hijo, así como la Voz de Dios una vez le habló al pueblo de Israel y al mismo Moisés en el desierto.

Se vuelven a cumplir las profecías de los profetas, antes de que todo suceda. Los rebaños están siendo agrupados, de diferentes escuelas y lugares, con diferentes enseñanzas y experiencias, para que todos se unifiquen en la Iglesia Celestial del Señor por intermedio del Poder de Mi Sagrado Corazón, en la Esencia del Amor y de la Unidad Divina.

Incienso.

Yo les hablo con la bondad de Mi Corazón.

Hoy Mi Rostro no está serio, Mi Corazón está en paz, porque la Justicia también es paz, y la paz obra en todo.

Señor, concede a las almas el don de Tu Sabiduría, para que los corazones de Tus criaturas estén abiertos a la Luz de Tu Verdad y de Tu santa Justicia. Amén.

Agua.

Que el agua expulse lo que es corrupto y eleve lo que es incorrupto, en esencia, en el espíritu inmaterial de cada ser.

En Mi Congregación los reúno para la elevación de la Consciencia Planetaria, para que la Misericordia de Dios cada día sea más profunda en todas las criaturas que fueron creadas a imagen y semejanza de Dios.

Por medio de los Sacramentos, su Maestro y Señor renueva la Vida, despierta virtudes y talentos en las almas, a fin de que ellas puedan realizar la Voluntad de Dios y salir de esta vida con un propósito cumplido, rumbo a la Fuente Primordial.

Cada virtud es un don que Yo despierto en los corazones. Son parte de Mis ejércitos los innumerables dones que Yo despierto en los corazones. Estos dones que provienen del Espíritu Santo y que renuevan la vida en la superficie de la Tierra, hoy son testimoniados a través de los Sacramentos que en humildad son concedidos a los corazones.

Quien vive el sacramento no solo vive una renovación, sino que ingresa dentro de un Misterio desconocido que proviene de la Fuente de Dios, del Principio que dio origen a todo, antes de que existieran las criaturas en la Tierra.

Este Misterio es derramado a través de cada Sacramento y un Principio de la Energía Divina actúa por medio de los que lo ofrecen y también por medio de aquellos que lo reciben, así se establece una comunión profunda y espiritual con el Principio Primordial de la Fuente, que es el Amor renovador que trae la cura y el alivio a los corazones, el perdón de sus pecados y la absolución de sus faltas por intermedio de la acción poderosa del Santo Espíritu.

En esta tarde, el Dios de la Misericordia y de la Justicia Divina, concede a los que hoy recibirán este Sacramento, esta Gracia especial, a fin de que sirva para los próximos pasos de sus vidas, para la próxima caminata en el sagrado infinito del Universo.

Abriendo las puertas de Mi Iglesia Celestial, colocando Mis Manos hacia lo alto, para que Nuestro Creador Me Escuche:

Sagrado Padre del Amor, deposita Tu Corriente Divina en este Elemento que Tú has concedido por intermedio del Agua, para que las almas sean bañadas con Tu Espíritu y ellas sean aliviadas de todos sus sufrimientos.

Te pido, Sagrado Señor, que no mires hoy los errores, sino la fe de las almas, la fe que constituye sobre esta Tierra Mi Iglesia Celestial; y por el Sagrado Sacerdocio que Tú Me has concedido, Adonai y por todos los méritos alcanzados durante Mi Pasión en la Tierra, que todas las faltas sean perdonadas y exista en los corazones el despertar de la consciencia interior, las que por Tu Nombre, Padre, las llevará a concretar Tu Plan en este Planeta.

Que el Espíritu Santo conceda esta Gracia en la efusión con Tu Divinidad y que los Ángeles que siempre Te alaban perpetuamente transustancien este elemento surgido de las entrañas de la Tierra y que forma parte de la vida de los hombres, que concede la cura, la purificación y la redención.

Que Tu Sagrado Don de la Misericordia, Adonai, se funda en esta agua, creando así una esencia viva, una vibración divina cuando ella sea derramada sobre aquellos que la reciban.

Y así, Padre, nuevamente, por la Obra infinita de Tu Misericordia y por Tu insondable Piedad, Tú concederás la paz y el perdón a los que reciban este sacramento.

Sagrado Espíritu de Dios, Sagrada Llama de la Vida Divina, hazte presente en este momento, para que Reine Tu Amor y Tu Gloria para siempre.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. (x3)

Y ahora que son bendecidos, bendigan a sus hermanos. Dense un saludo de paz.

Hoy la ofrenda es ofrecida al Don de la Reconciliación, para que este siempre reine en el mundo, especialmente en los corazones que deben alcanzar la vivencia del Amor.

Por eso les vuelvo a decir, como les dije hace más de dos mil años: “Coman todos de Él porque este es Mi Cuerpo, que fue entregado por los hombres para el perdón de los pecados. Tomen y beban de Mi Cáliz, porque esta es Mi Sangre, la Sangre de la Nueva Alianza que reinará entre los hombres hasta el retorno de su Redentor”.

Así queda instituida la sagrada Eucaristía, de la que se servirán los corazones para testimoniar en su interior la Presencia de Mi Amor Vivo, el que siempre deberá perdurar a través de los tiempos.

Fray Elías.

Ahora nos pondremos todos de pie y nos tomaremos las manos. A pedido de Cristo vamos hacer la oración que nuestro Maestro y Señor nos enseñó en el Monte de las Bienaventuranzas, la oración que trae el Reino de Dios a la Tierra y concede la Paz a los corazones.

Vamos hacer la oración en Portugués, Español, Arameo, y por último en Latín cuando el Señor lo indique.

Y ofrecerán estas oraciones por la humanidad, por la reconciliación de los pueblos y de las naciones, por el fin de las guerras, de las persecuciones y del hambre, para que despierte la Consciencia de la Fraternidad en la humanidad, de la igualdad y del equilibrio, a fin de que se cumpla la Justicia Divina, en donde todos puedan vivir el bien.

Padre Nuestro...

Quiero que afirmen en sus vidas una canción que hoy he escogido, la cual se llama “La razón de Mi existir”. En esta canción se revela la confirmación del discípulo de Cristo y la aspiración verdadera de vivir la nueva vida, una vida en el Reino de Dios bajo Sus designios y Su divina Voluntad.

Concediendo la paz y la reconciliación para el mundo, Yo los bendigo, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Les agradezco por escucharme de corazón.

Mar

26

Lunes, 26 de marzo de 2018

Sagrada Semana
APARICIÓN DE CRISTO JESÚS GLORIFICADO DURANTE LA SAGRADA SEMANA, DÍA 2, EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, MINAS GERAIS, BRASIL, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Oración: Padre Nuestro (en portugués).

Yo les doy la Paz.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Preciosa Sangre es derramada por los inocentes, pero una fortaleza inquebrantable se construye en los que adoran a Mi Eucarístico Corazón. Es un misterio aún muy desconocido; es una ciencia universal muy inexplicable; es una alquimia diferente que se da entre el adorador y la Adoración. Aún están por conocerlo, pero esto es parte del ministerio de Mi Sacerdocio.

Cuando las almas Me adoran, adoran a Dios, que es Aquel que merece toda Gloria; pero Yo también adoro a las almas que se unen a Mí en la esencia de su corazón.

He aquí la Sangre que lo ha dado todo, hasta la última gota; la Sangre de la libertad y de la redención; la Sangre del Cordero de Dios que puso fin al cautiverio de la consciencia humana y del planeta.

En aquellos que adoran a Mi Corazón Eucarístico se encuentra el Poder de la Sangre de Jesús, misteriosamente escondido en las profundas entrañas del pan que es transustanciado en la celebración eucarística.

Pero hoy honraremos a la Sangre que fue derramada por el Cordero de Dios para liberar los pecados del mundo, porque el Cuerpo y la Sangre de Cristo son una sola cosa, una sola Esencia y una sola Vida que se funde espiritualmente en las almas que comulgan de Él.

La Sangre que es bebida por los hombres y que proviene del Cordero de Dios, es preciosamente honrada por el Padre, porque es la justificación verdadera para la redención de los hombres. Es la Sangre que quita el pecado del mundo y todo lo convierte. La Sangre que ha sido entregada por Amor a los hombres para la reparación de los ultrajes, de las indiferencias y de todas las culpas. Es la Sangre que libera el corazón. Es la Sangre que da vida nueva a todas las cosas.

Agua.

Con esta Sangre, Yo lavo a las almas y enciendo a los corazones en su propósito divino a fin de que se liberen de sus manchas más profundas y reciban la Gracia de la reparación de Dios.

Esta es la Sangre que da vida a las esencias y que recupera lo que está perdido. Es la Sangre que trae la Paz y que establece en el mundo el triunfo del Creador sobre la Tierra, por encima de las fuerzas del caos y de la maldición.

Ahora que ustedes ya comulgaron con los Códigos Divinos de Mi Sangre, he podido establecer en sus corazones la eterna ceremonia del amor, que es construida y vivificada por todos los que adoran a Mi Eucarístico Corazón.

Hoy, quisiera dar mención especial a este ejercicio y a qué es lo que sucede en los planos internos de la vida cuando un alma se postra a los pies del Santísimo del Altar; muchas miserias son disueltas, faltas son perdonadas, curas inexplicables son concedidas y, sobre todo, emerge del corazón adorador la fuerza de Mi Amor para que pueda seguir adelante, adorando por un planeta que sufre, por una humanidad que se enferma y también por los Reinos que sufren las consecuencias de estos tiempos.

La Adoración, en el Cielo, es toda para Dios; porque es el testimonio verídico de la Pasión, Muerte y Resurrección de Su amado Hijo, testimoniado por intermedio de la Sagrada Eucaristía y elevada a los Altares de Dios, como el mayor triunfo de la humanidad de Jesús en este planeta.

Por eso, todos los que se colocan delante del Altísimo, de tiempo en tiempo, viven una renovación, un proceso de cura y de redención, y puertas internas se abren para que las almas las puedan cruzar y encontrar la esencia de su misión espiritual y de su propósito divino para esta vida.

El Santísimo del Altar es la representación del Dios vivo en la Tierra, por intermedio del Cuerpo Eucarístico de Cristo. Pero si a esto se le suma la corriente amorosa de los adoradores, muchos más atributos podrán ser concedidos al mundo y a las almas, sobre todo, a aquellas almas que desesperan y no encuentran la paz.

Los adoradores de Mi Cuerpo Eucarístico son parte de Mi Corazón, en su constitución como cuerpo místico, pero también son parte de Mis Manos y de Mis Pies para que Yo pueda llegar y auxiliar a los que más lo necesitan. Cada nueva Adoración que realizan, no es igual a la anterior, es un paso para poder profundizar en la vida espiritual y en la entrega, en el propósito verdadero de ser embajadores de la Paz y de Mi Divina Misericordia.

Del Santísimo Cuerpo de Cristo que es adorado parte el Soplo del Espíritu para las almas; y los impulsos del Cielo llegan a la Tierra cada vez que un alma adoradora se coloca ante Mi Cuerpo Eucarístico para que, tan solamente en el silencio y en la paz, encuentren la nueva vida y la redención.

Los adoradores representan a los peregrinos que se elevan al Cielo para encontrarse con el Señor y fundirse en la Comunión de Su Iglesia Celestial. Por eso, alégrense por los que hoy serán consagrados, porque muchos más serán consagrados por el poder de la preciosa Sangre de Jesús y de Su Divino Cuerpo Eucarístico, gravemente ultrajado en estos tiempos por la indiferencia de los hombres y por las calumnias.

Cada momento de adoración es un momento de reparación y todo, todo se renueva. No hay nada que quede sin resolverse en aquel que adora a Mi precioso Cuerpo Eucarístico porque, en verdad, fortalece su unión interna con Mi Sagrado e Insondable Corazón, que da vida a todas las cosas, que resucita a todo lo que está muerto y que trae la Paz.

Comencemos con esta ceremonia de nuevos postulantes a la Iglesia Celestial del Señor, para que representen en esta Tierra a los pacificadores del Redentor.

Escucharemos Pater Noster. Pueden subir aquí los adoradores, los que se consagrarán.

Incienso.

Mientras Mi Iglesia Celestial se abre al mundo, que los autoconvocados se coloquen de pie para entrar dentro de Mi Consciencia Celestial y junto con los ángeles y arcángeles celebrar, una vez más, el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús.

Señor bendice este ministerio, el cual hoy vivifica a las almas para gloria y honor de Tu Nombre.

Y hoy les vuelvo a repetir:

“Tomen y coman todos de Él, porque este es Mi Cuerpo, que es entregado por los hombres para el perdón de los pecados”.

“Tomen y beban de Mi Cáliz, el Cáliz de la Nueva Alianza, que concibe en los corazones la eterna paz”.

Colóquense de pie los adoradores para recibir la Comunión.

Inspiramos.

Llegó el momento más importante de sus vidas, que es estar por algunos segundos ante Mi Cuerpo Eucarístico, para que el mundo sea reparado y cosas inexplicables sean perdonadas por su ofrenda a Mi Sagrado Corazón.

Vamos a arrodillarnos.

Amado Padre del Universo recibe la ofrenda de estas almas, que solo buscan vivenciar la grandeza del Universo de Tu Amor y el propósito de Tu Existencia a fin de que se cumpla en todo lo que Tú creaste Tu sabia Voluntad.

Hoy te ofrecemos, Padre, esta simple Adoración como un acto de unión profunda Contigo y junto a los ángeles elevamos esta intención hasta los pies de Tu Altar. Amén.

Que todo propósito contrario sea desestabilizado. Que la cura profunda se alcance en las almas. Que los espíritus reunidos en Tu nombre, Señor, vivifiquen la Paz; porque Tú te has hecho tan pequeño y semejante que has llamado a Tu pueblo para que volviera a honrarte y glorificarte por los siglos de los siglos y así se llevara adelante Tu Proyecto en cada partícula que Tú has creado, a la cual le has dado la vida para que pudiera experimentar el Amor y la Unidad.

Eres tan infinito Señor, que te hiciste un hombre simple y humilde. Encarnaste en este mundo a través de Tu Amado Hijo para volver a recordarle a los hombres y a todo este planeta que Tu Amor siempre triunfará y que en el Amor se alcanzará la libertad del espíritu y la realización del alma en esta humanidad.

Mientras los ángeles y las almas adoran Mi Cuerpo, Señor, que al mundo le sea concedido un tiempo de paz, para que las almas tengan tiempo de despertar y de vivir la reconciliación con Tu Ser. Y ante Mi Iglesia Celestial y ante los coros angélicos, hoy celebramos una vez más, Señor, Tu triunfo en los corazones que se han abierto a la existencia de Tu Amor y de Tu Voluntad.

Entonaremos, junto con los ángeles, el Kodoish melódico, elevando al Cielo esta ofrenda de amor y de perdón por todos los que no están aquí y por los que deberían estar aquí y no lo están.

Como un solo corazón y una sola voz, compañeros, cantaré hoy junto con ustedes, la alabanza al Todopoderoso, a Aquel que nos ha creado por medio de un gran y desconocido misterio de Amor.

Cantemos: Ehie, Asher Ehie. YO SOY EL QUE SOY, juntos.

Una vez más.

Alabado seas, Señor, por permitirme estar con Tus hijos, glorificar Tu Nombre y toda Tu infinita Existencia.

Alabado seas, Señor, porque Tú has permitido el ingreso de las almas dentro de Mi Gran Iglesia Celestial, en donde se perpetuarán los códigos y los méritos de Mi Amor en los corazones que han confiado en Mi Divina Presencia.

Y así, Yo los consagro y los bendigo como Adoradores de Mi Cuerpo Eucarístico. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Hoy me iré al Cielo escuchando una alabanza del Pueblo de Dios, una canción que aproxima los ángeles a los hombres, que trae el Universo a la Tierra y que permite la Gracia por encima de todo error.

La canción que he escogido se llama “Aleluya”, la que preciosamente el Brasil entona con amor al Padre Creador.

Les agradezco y sigan adelante.

Podemos ponernos de pie.

Mar

25

Domingo, 25 de marzo de 2018

Sagrada Semana
Aparición de Cristo Jesús durante la Sagrada Semana, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil; mensaje transmitido al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

He venido en Gloria para encontrarme con los Míos, y antes de entrar en este día en Jerusalén, los he colocado a Mis Pies para que lavaran sus manos en representación de todos los que aún deben seguir purificando sus vidas, para que algún día entren en el Reino de Dios.

Pero hoy no vengo a hablar de su mortalidad, sino de la inmortalidad de su espíritu, que es lo que retornará a la Fuente de Dios, libre de la materia, de toda corrupción y perturbación.

Vengo por medio de esta Gracia que el Todopoderoso está concediendo al mundo, a elevar sus espíritus y almas hacia dentro de Mi Iglesia Celestial, en donde todos estos días será celebrada la gran Comunión con Mi Corazón, con Mi Alma y Mi Divinidad.

También vengo por los que más sufren, por los que aún deben testimoniar Mi Nombre en el mundo aunque sean perseguidos o martirizados. Porque para que todo el mundo crea que Yo estoy regresando, al igual que los primeros cristianos después de Mi Ascensión, alguien deberá sacrificar su vida por Mí.

No importa cómo sea ni quién sea, todo ya está escrito en el Libro Sagrado de Dios. Por eso los animo durante todo el tiempo a la consagración de la vida y del espíritu porque así, estarán preparados, compañeros, para enfrentar el fin de los tiempos.

Lo más importante para Mí es lo que sucede en sus esencias, en lo que ellas pueden concebir, gestar y realizar a partir del Plan de Dios. A partir de allí todo se realiza, todo se puede concretar y materializar. No se aferren a las cuestiones materiales de la vida, porque la materia morirá y volverá a ser polvo. Cultiven en esta vida material la ciencia del espíritu inmaterial, aquel espíritu que está dentro de ustedes y que llevará al Universo una gran experiencia de amor y de redención.

Porque después de que todo suceda, después del Armagedón, aún después de que Yo haya retornado al mundo, serán recogidos en el Universo todos los tesoros espirituales, todos los pasos espirituales, cada meta alcanzada, por cada discípulo Mío, para ser depositada en la Gran Fuente del Amor y de la Renovación, desde donde resurgirá el Gran Espíritu de Dios totalmente transfigurado y transformado, Aquel que gestará la Nueva Humanidad a nivel del espíritu y de la consciencia.

Por más de que les hable en este momento de cosas abstractas, hagan memoria y recuerden Mis Palabras.

Yo vengo a realizar a través de ustedes una obra inexplicable que está absolutamente llena del Amor de Dios y totalmente colmada de la Divina Misericordia del Creador.

En este primer día, a las puertas de Jerusalén, en donde Me encuentro con los Míos, pero también con Mis enemigos de estos tiempos, vengo a invitarlos a que acompañen a su Maestro y Señor durante esta Sagrada Semana, a dar los pasos en la consciencia y en el espíritu, a fin de que se establezcan los designios de Dios en cada uno de ustedes como en todo este planeta. Que así sea.

No vengo a hablarles con palabras tibias. Después de varios encuentros, compañeros Míos, en donde sus corazones fueron agraciados y sus vidas fueron bendecidas, ha llegado el momento, compañeros, de que Me acompañen para separar la paja del trigo. Primero, eso comenzará en ustedes, dentro de su mundo interior y de sus vidas. Pero no teman, Yo no vengo a ser un juez, sino su Salvador y Redentor.

Bienaventurados son ustedes que, a través de los años y de los tiempos, han creído en Mi Palabra. Pero ahora vengo a pedirles y a suplicarles por el gran momento de su transparencia interior, lo que los hará cristalinos a los ojos de sus semejantes y verdaderos ante las fuerzas del caos en el mundo. Así serán Mis columnas espirituales sobre la Tierra y podrán quebrar los grandes sepulcros del mundo, en donde muchas almas aún están presas en la perdición y en el caos.

Llegó el momento, queridos compañeros, de ir de dos en dos por el mundo a predicar Mi Palabra, a testimoniar Mi ejemplo por medio de sus vidas cristificadas y transformadas por el fuego de Mi Amor Superior.

Deseo, en este día y en los días que vendrán, poder recoger de sus almas el sagrado talento que Dios les entregó para que Yo pueda manifestar en este último tiempo Mi Obra planetaria, aquella que viene descendiendo desde el Universo Superior hacia la Tierra.

Pero Mi Voluntad se cumplirá así como Mi Padre lo ha pedido y no como ustedes lo han pensado. Por eso los necesito verdaderos y abiertos de corazón para que no solo salgan de aquí bendecidos y agraciados nuevamente, sino definidos con su compromiso personal ante el Creador, a fin de que los Sagrados Tesoros de Cielo, las perlas más preciosas del Universo, la Sagradas Herramientas del Creador, estén en sus manos para definir este tiempo y sobre todo este planeta y esta humanidad, que ya están próximos al umbral de la gran decisión, del gran Juicio Universal.

Por eso vengo en gloria y alegría abriendo Mis Brazos y extendiendo Mis Manos hacia ustedes, para que se tomen fuerte de Mí, y a pesar de sus caídas, se vuelvan a levantar. Porque así como Yo resucité a los muertos, tengo la autoridad en este tiempo final de resucitar sus espíritus.

¡Ay! de aquel que quiera entrometerse con Mis compañeros, porque conocerá la Sagrada Justicia de Dios y deberá vigilar durante toda su existencia en oración y arrepentimiento, para concebir en su corazón el perdón de Dios.

Lo que Yo vengo a entregar en sus corazones es inextinguible, eterno, infinito y duradero. Yo les traigo la Vida del Espíritu, la Ciencia del Amor y la Sabiduría interior de Dios, para que la almas la vivan y sean en este tiempo los testigos de la Biblia.

Hoy no muestro Mis llagas de dolor por el mundo, sino Mis heridas de Luz que han sido transformadas por las oraciones de los bienaventurados, de todos los que aspiran, a pesar de su sufrimiento y dolor, a vivir en Mi eterno Corazón.

Hoy no lloro por la humanidad, sino por los que alegran Mi Corazón por su persistencia y constancia, por su amor sincero, por su comunión con Mi Eucarístico Corazón, por vivir la vida sacramental y por ser parte de este pedacito de Mi Proyecto que hoy desciende a la Tierra, y se aproxima a las almas para que conozcan finalmente el Reino de Dios.

Con el gozo de Mi Espíritu vengo a vivificarlos, con el Fuego de Mi Corazón vengo a encenderlos, con la Luz de Mi Espíritu vengo a santificarlos y así, absolverlos de todas la faltas cometidas hasta los días de hoy, para que sean parte del Paraíso, después de este mundo, al final de esta vida.


Alabado seas, Señor, porque Tú concibes la vida.

Alabado seas, Señor, porque Tú perdonas todo error y sumerges a las almas en la Fuente de Tu Misericordia, en donde todo es reparado y absolutamente redimido, siguiendo los principios de Tu Divina Voluntad.

Alabado seas, Señor, por todo lo que creaste y por todo lo que aún crearás en este mundo y en los otros, para que toda Tu Creación viva, finalmente, en el Universo de Tu Amor, en donde todo será iluminado, trascendido y perdonado por la Llama Viva de Tu Unidad.

Alabado seas, Señor, por los que has colocado a Mis Pies para que escuchen Mi Palabra que es Fuente de Tu Palabra Viva, soplo de Tu Espíritu y elevación de la consciencia.

Alabado seas, Señor, por Tu insondable Misericordia, que disipa las dudas, que perdona las faltas y que concibe en los corazones la vida eterna.


¡Cuántas almas se unen a Mí en este día afirmando y confirmando su compromiso con Mi Glorificado Corazón para que en el próximo mundo, en la Nueva Tierra, se realice finalmente, el Plan del Creador!

¡Cuántas almas que vinieron del Universo a la Tierra, que hoy vuelvo a congregar por medio de esta alianza con Mi Sacratísimo Corazón y con Mi Divina Consciencia! Que estas almas, en nombre de muchas más, conciban en el mundo la gracia de vivir en Dios, la alegría de servirlo en plenitud, en santidad.


Señor, Tú eres el Corazón de toda la Vida. Eres Quien pulsa en el interior de Tus hijos, para que todas Tus criaturas vivan en el Universo de Tu Amor, a fin de sentirse parte de Tu Sagrada Creación.


Mientras todo es bendecido, todo es reparado y la nueva Gracia desciende en los corazones que creen en ella.

El incienso representa la elevación del espíritu inmaterial, de aquel espíritu que se entrega a Dios en donación absoluta y no teme a nada, sino que se entrega a la Creación en infinita confianza.

Ahora sí, la alianza de Mi Corazón con todas las almas que lo han aspirado, ya está pronta y esto es motivo de alegría para Mi Corazón, para la Vida eterna.

Que vengan aquí las auxiliadoras para celebrar junto a Su Esposo la comunión interna, antes de que su Maestro entre en Jerusalén para vivir Su agonía, que espero compartir con los que la acepten para que sea aliviada.

Pueden colocarse alrededor para estar cerca de su Señor, en este día en donde la alianza con el Cielo y la Tierra se establece y entre las almas y Dios.

Hoy Mi hija Amerisa representará a Mi Madre María y ustedes serán las mujeres de Jerusalén que estuvieron a los Pies de su Redentor, en Betania. Yo oficiaré este momento por ustedes y por el mundo a fin de que permanezca guardado en sus esencias este recuerdo, que les ayudará en el próximo tiempo, en la Nueva Tierra.

Y le di a Mi Madre el Santo Grial, para que fuera la Portadora de los Códigos Divinos de Mi Sangre e infundiera el poder de Mi Sangre en el mundo y de Mi Espíritu Redentor por donde Ella pasara.

Yo sostuve el pan, el que entregaría como Mi Cuerpo Espiritual y Místico a las santas mujeres, a fin de que vivieran la consagración con el Creador.


Hoy elevamos, Todopoderoso, esta ofrenda que es el testimonio inextinguible del Amor del Creador por intermedio de la Presencia de Su Divino Hijo. Siembra y deposita en estos elementos los Rayos poderosos de Tu Fuente Superior, a fin de que las almas sacien su sed, enciendan sus corazones en la alegría eterna de estar viviendo en Ti y por Ti. Amén.


Primero les doy Mi Cuerpo y Mi Sangre antes de la alianza, porque esta es la primera alianza con Mi Corazón y Mi Consciencia. Celebren este momento con alegría. Y quisiera que hoy cuando Yo parta de aquí, pudiera volver a escuchar su voz, porque sus voces hoy fueron una sola voz en la unidad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Me agrada estar aquí, con los que son consecuentes Conmigo, con los que viven Mi mensaje y realizan Mi Obra en esta parte del mundo. Una Obra que es intangible, desconocida e infinita para toda la Creación.

Por eso las hago comulgar con Mi Cuerpo y con Mi Sangre, porque así, estoy haciendo comulgar a toda la humanidad de Mis Códigos de vida, de reparación y de cura para este planeta. Algo que nunca se extinguirá sino que perdurará a través de los tiempos cuando cada comunión sea simplemente verdadera (*)

Ahora que he completado Mi Voluntad, Me retiro de aquí en paz, sabiendo que en las almas buenas florecerán los talentos de Dios, los sagrados tesoros que darán la oportunidad de concebir en los espíritus, la Eternidad.

Yo las bendigo y bendigo a todos los presentes en perfecta Comunión con la Creación, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Vayan en paz y den testimonio de Mi Palabra en el mundo, por medio de su ejemplo de conversión y de redención, y de un servicio amoroso por los que más sufren.

Ahora sí, consagradas a Mí, en la alianza perfecta con Mi Corazón, deleitaré Mi Corazón escuchando sus voces, afirmando nuevamente el himno de su consagración.

Les agradezco.

(*) Cristo llama a todas las auxiliadoras, cada una por su nombre.

Mar

24

Sábado, 24 de marzo de 2018

Sagrada Semana
Aparición de Cristo Jesús durante la Sagrada Semana, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil; mensaje transmitido al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Bienaventurados los que creen en Mí porque por más que no Me hayan visto, han creído. Y esto tiene un precio incalculable para el tiempo final, para el gran día del Juicio Final.

Vengo con todos Mis Ángeles y Santos a dar honra y honor, gloria y exaltación a Aquel que todo lo creó.

Vengo como Su discípulo, pero también como Su siervo.

Mientras las puertas del Universo se abren para testimoniar en la Tierra, el triunfo de la Luz poderosa de Emmanuel, las tinieblas se movilizan y son derrotadas.

Yo Soy el gran apaciguador contra las fuerzas del mal, pero también Soy el triunfador ante las tinieblas, porque aquel que llama a Dios a través de Mi Corazón, con sinceridad y lealtad, no perecerá.

Podrán haber terremotos, los mares podrán subir, el fuerte viento podrá soplar y destruir todo lo que toca, pero aquel que cree en Mí y en su corazón hace fiel Mi Palabra, no perecerá. Porque Yo le daré la potestad de vencer al enemigo por medio de la fuerza y del poder del Amor, por intermedio de la Unidad, que es inquebrantable en las esencias que viven en Dios.

En esta Sagrada Semana que comienza, que no será igual a la anterior, en donde sus corazones y vidas vivirán una gran definición ante el Altísimo, un antes y un después sucederá. Y una nueva historia se escribirá en el Libro Sagrado de los Cielos.

Que el triunfo de los fieles se establezca. Que los tibios sientan calor en su corazón, para vivir dentro de Mi Fuego Universal y formar parte de Mis ejércitos del fin de los tiempos.

Mientras hablo, las Puertas del Universo aún se abren, como fue en la esplendorosa Aurora, para que la Divinidad del Padre descienda a la Tierra a través de los Coros Celestiales y de los ángeles servidores de Dios, que hoy detienen las tinieblas porque desciende Aquel que nos creó a Su imagen y semejanza, Aquel que siempre dio origen a la poderosa Fuente del Amor y de la Verdad.

Hoy vengo coronado por las flores de Mis discípulos y a Mis Pies recibo las ofrendas de los que han dado testimonio de Mi Amor en el mundo. Por eso, este acontecimiento no es usual.

Yo vengo a reunir a los que he convocado en otros tiempos, a los que vendrían en esta Era para testimoniar el retorno de Cristo en las naciones del mundo y en todos los pueblos y rincones de la Tierra.

De aquí deberán salir los nuevos Cristos, redimidos por Mi Amor, santificados por Mi Consciencia, elevados por Mi Espíritu, porque deberán ser los humildes entre los más humildes, los simples entre los más simples, los verdaderos entre los mentirosos.

Mi Ley deberá ser parte de sus vidas en este nuevo ciclo. Por eso he escogido para esta Sagrada Semana un número incalculable de tesoros celestiales, diría de Gracias inexplicables, para ser derramadas en sus espíritus, que se preparan para enfrentar el último ciclo de este agudo y durísimo Armagedón.

Pero Yo los quiero libres de sí mismos, para que Yo los pueda vaciar completamente y llenarlos con el Amor Sabiduría de Dios, que está siendo necesario en el mundo, sobre todo en los que más sufren, en los que padecen el error y el horror de las guerras.

Necesito que difundan Mi Divina Misericordia para que la Paz de Dios se pueda establecer. Cada Cruz bendecida en algún punto de la Tierra significa, compañeros, el retorno del Reino de Dios a la humanidad, como fue en el pasado con el pueblo que guió Moisés hasta lo alto del Monte Sinaí, en donde fueron recibidas las Leyes de la evolución y del despertar; lo que ustedes llaman “Sagrados Mandamientos”.

Por medio de Mi Amor Universal y Crístico, vengo a renovar todos los tiempos, a unir todas las leyes y todos los principios, por medio de la poderosa intercesión de Nuestro Padre Emmanuel, que hoy se hace presente desde Su Reino Celestial, contemplando a la Tierra y a esta parte de la humanidad reunida en Mi nombre, que viene a reconfirmar con su simple “sí”, el triunfo de Mi Sagrado Corazón en todas las esencias, como en todas las naciones, por intermedio de todos los orantes, devotos, consagrados y adoradores, como también a través de los más simples, de aquellos corazones silenciosos, que son imperceptibles y no se muestran al mundo.

Demos entonces comienzo, compañeros, a la gran ceremonia de la consagración, llamando a los nombres de Dios, a las claves sagradas, que traen para la Tierra el conocimiento y la renovación de los espíritus y, sobre todo, el establecimiento de la Ley del Amor.

Encendemos la Cruz.

Cantemos como una sola voz, compañeros y como un solo corazón, para que el Reino de Dios descienda a la Tierra.

(Elementos para bendecir...)

Mientras el corazón arde en el Amor de Dios, que el compromiso se encienda en sus almas y que sea revivido el reencuentro con el Creador, con todo lo que existe dentro de Su Universo Celestial y que da motivo a la vida y a la regeneración de la consciencia.

Que sea elevado hasta los Tronos del Padre esta simple ofrenda de la Sagrada Cruz de Emmanuel, a fin de que más espíritus en el mundo encuentren la redención y la paz, el despertar de su consciencia crística y la elevación de sus espíritus, en absoluta rendición a los Pies del Todopoderoso.

Mientras los ángeles de la Guarda se postran ante el Creador, que ahora sus corazones sean elevados en ofrenda hasta el Reino de Dios, para que, desde Su Divina Fuente de Gracia, de Cura y de Reparación, los poderosos e invencibles Rayos de Emmanuel desciendan a la Tierra, y el planeta y el Universo se unan en perfecta comunión, como un acto de reconciliación y de cura para las almas.

He venido en compañía del Arcángel Metatrón, quién bendecirá esta cruz en nombre de Nuestro Padre-Madre Creador. Venido directamente de la Fuente Primordial, derramará el Agua espiritual de vida, para que esta cruz sea bendecida y sea el símbolo del rescate universal de las esencias perdidas y caídas en los abismos de la Tierra, a fin de que por un instante, tan solo por un segundo, esta humanidad sienta en su interior el llamado del Creador.

Invocaremos Su Nombre. Llamaremos por Su Presencia, por la Presencia de Dios en el Nombre Sagrado de Emmanuel.

Alabado seas, Señor del Universo por todo lo que Tú creaste, para hacer vivificar en Tus criaturas el Amor del Creador.

Bendice Señor este momento, este lugar y todos los que se congregan alrededor de Tu Luz invencible, de Tu resplandecer y de Tu Fuego azul, a fin de que las esencias reencuentren el camino de la vida, la vida que los llevará a unirse en estos tiempos, a Tu Corazón, en donde encontrarán refugio, consuelo y cura.

Que las almas se eleven en ofrenda. Que los corazones se regocijen y se alegren, porque el Todopoderoso, Emmanuel, viene al encuentro a través de Su Amado Hijo y de todas Sus criaturas en la Tierra, de todos los que afirman la fe en su interior.

Bendeciremos este momento con los elementos y esta Sagrada Cruz, que a partir de este momento infundirá al mundo la Luz espiritual de Emmanuel. Y aquel corazón que aquí se postre, en arrepentimiento y entrega, será elevado por los brazos del Padre a Su Reino de Amor.

Señor, bendice esta agua, para que se esparza como luz espiritual, de redención y de cura, por medio de esta cruz, a los cuatro puntos de la Tierra.

Cristo pide orar el Padre Nuestro en portugués, en español,en arameo y en latín.

En esta mesa ofrecida por los peregrinos de la fe y los devotos del Amor de Dios, durante toda esta semana bendecida y sagrada por el Altísimo, será ofrecida la Comunión de la reconciliación y de la cura interior, para que los corazones estén prontos para todo lo que vivirán en los próximos tiempos, sirviéndose de este Sacramento, con todo el poder que él tiene, con toda la gracia que él concibe, con todo lo que él trae para la vida espiritual de cada corazón.

Sea entonces elevado este Sacramento a los pies del Altar de Dios y bajo la bendición de San Metatrón Arcángel y por intercesión de Sus ejércitos de Luz, de los Resplandecientes, sean instituido en este pan y en este vino, los códigos de la Pasión de Jesús, de Su muerte y de Su Resurrección, a fin de que los corazones reciban la asistencia que necesitan para enfrentar estos tiempos, por medio de la fe, de la confianza, de la convicción en Dios.

Por eso, después de dos mil años , su Maestro y Redentor celebra sobre esta colina, como lo fue en lo alto del Monte Calvario, la gloria de Su Pasión, de Su muerte y de Su Resurrección, venciendo nuevamente a aquel que causa el dolor, la angustia y la desesperación en los corazones de la Tierra, triunfando el Cuerpo de Cristo y la preciosa Sangre del Rey Universal.

Señor, hazte presente en todo lo que existe. Vibra con Tu Principio de Amor en cada corazón. Transforma todo lo que tocas y por medio de este Sacramento, reenciende la fe y el compromiso en Tus criaturas, a fin de que se cumpla Tu Voluntad.

Que en esta cena, en el recogimiento interior, las almas encuentren la esperanza y la alegría de servirte eternamente, sin ningún miedo, sin ninguna culpa, renovados por Tu Fuego de Amor y por Tu Luz de esperanza. Amén.

Y ahora que esta Cruz les servirá de escudo y de protección y Brasil recibe como don espiritual la protección de Emmanuel, que esta Cruz sea venerada como el triunfo del Reino de Dios en esta parte del planeta.

Que los que más necesitan de la Luz de Dios puedan llegar aquí para que también sean renovados, como ustedes hoy son renovados, en esta comunión interna con Mi Espíritu.

Sientan ahora esta Luz de Emmanuel en su interior y cómo se refleja en ustedes el Espejo de Su Amor, de Su Luz y de Su Unidad, renovando todo lo que existe y todo lo que fue creado por Su Divino Pensamiento.

A las puertas de esta Sagrada Semana y en este momento de unión con Dios, realicen internamente ante Mi Sagrado Corazón, la petición, lo que tanto aspiran que se realice en sus vidas después de estos sagrados encuentros con Mi Corazón Glorificado. Los escucho interiormente.


Que se cumpla el advenimiento de la nueva raza.

Que la humanidad pueda expresar su arquetipo.

Que la palabra sea viva y construya Tu templo.

Que se expanda en nosotros Tu misterio

y que se revele al mundo la verdadera existencia

para que podamos reunirnos en Tu Nombre

y glorificar la perfecta Unidad.

Amén. (x2)


Mientras las estrellas del Cosmos registran este acontecimiento, que sus corazones, vidas y consciencias hagan memoria de este momento, a fin de que esta experiencia de amor retorne a sus orígenes algún día.

Sean consciencias renovadas por los Dones de Dios y que este momento solo sea una Gracia, no solo para sus vidas, sino también para el mundo.

Agradezcamos a Dios por este momento. Porque hoy, si sucede esto aquí, es porque es Su Voluntad. Una Voluntad infinita y desconocida por el mundo, que viene a traer a la Tierra la Verdad.

Que se eleven sus corazones en este ejercicio de reconciliación para que muchas más almas reciban lo que necesitan y el Espíritu Consolador de Dios ingrese en todas las esencias, a fin de que reine Su Paz.

Yo los bendigo y los dejo con la Luz de Emmanuel para que siempre esté presente en sus caminos, afirmando Su Divina Voluntad y la concreción de Su Proyecto.

Que este símbolo de Redención y de Luz se plasme en sus vidas y en todo el planeta.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén (x3)

Les agradezco por estar hoy Conmigo y por estar Conmigo en los próximos días que vendrán, en perfecta unión y comunión con la vida.

Les agradezco.

Quiénes somos

Asociación María
Fundada en diciembre de 2012, a pedido de la Virgen María, Asociación María, Madre de la Divina Concepción es una asociación religiosa, sin vínculos con ninguna religión institucionalizada, de carácter filosófico-espiritual, ecuménico, humanitario, benéfico, cultural, que ampara a todas las actividades indicadas a través de la instrucción transmitida por Cristo Jesús, la Virgen María y San José. Leer más

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