Viernes, 29 de julio de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Hijos, la paciencia en la transformación y en la propia purificación es primordial. Recuerden que están ante una condición humana degradada desde hace siglos y ante códigos que emergen de sus consciencias para que sean transformados y que, inclusive, trascienden a la vida en la Tierra, pues tienen sus raíces en el Universo.

Siempre recuerden que Aquel que vino al mundo para darles un ejemplo, era el Hijo de Dios Vivo y tuvo que padecer los males de la Tierra y transmutar los atavismos de la humanidad para abrirles el camino.

La trascendencia de la materia humana de Jesús comenzó desde Su gestación hasta Su último suspiro en la cruz.Si el Dios Vivo trabajó durante cada instante de Su vida para poder culminar Su aprendizaje de amor, no esperen que con ustedes sea diferente. ¿Cómo quieren santificar sus cuerpos y sus almas si recién ahora están comenzando a comprender este camino?

El Hijo de Dios era consciente de la vida universal  y de sus misterios, era conocedor de todas las ciencias cósmicas, porque era Uno con Aquel que las creó; y aún así, para liberar el miedo de Su última célula y vivir el amor pleno en todos los niveles de Su Consciencia, tuvo que llegar a la cruz y perdonar todo lo que hasta allí había vivido. 

Hijos, aún les falta mucho para llegar a la perfección. No tengan prisa, tengan paciencia. Sin embargo, sean constantes y persistentes y no se acomoden al hecho de que la transformación les durará la vida entera.

Sí, la transformación absoluta les ocupará toda la vida, pero cada día deben alcanzar un nuevo escalón, para que al final de esta vida sean dignos de llegar a otros mundos y dimensiones celestiales que los aproximarán a Dios.

La transformación les llevará toda la vida porque la evolución es eterna y no porque estén siempre en el mismo lugar. Cada día deben dar un nuevo paso y lograr una nueva comprensión, basados en el esfuerzo permanente. No se preocupen si dan pasos mayores o menores, porque cada día y cada ciclo los llevarán a un nivel diferente.

Lo que en verdad importa es que no se detengan y que sean constantes.

Ábranse todos los días para que el Amor de Dios los transforme y remuevan un poco de sí mismos de sus propias consciencias para ceder un espacio al Amor y a la Presencia Divina.

Cada día, remuevan un objeto de sus moradas interiores para dar lugar al Morador Celestial que un día llegará. En algún momento, tendrán sus casas vacias y limpias para recibirlo.

Su Padre y Amigo de siempre,

San José Castísimo