Miércoles, 2 de septiembre de 2015

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​

Ingresa en la plenitud de Dios, que existe en tu corazón y jamás pierdas la esperanza de alcanzar Su Propósito.

Cuando estuve sobre la Tierra como José de Nazaret, el caos de Mi época y la ignorancia de los que Me rodeaban Me llevaron a buscar con mayor asiduidad el Espíritu Divino. En Mi búsqueda comprendí que debería ser el motor para la elevación y transformación de todos los que vivían Conmigo.

Era la propia fe que habitaba en Mi interior la que, por sí sola, tocaba los corazones de los hombres y los llevaba a preguntarse internamente cuál era el misterio que se vivía en aquella familia y si no era el mismo Dios en persona, que estaba entre Ellos.

Sepan que ese mismo Dios se encuentra entre ustedes, y deben anunciar esta gracia, en el silencio de su transformación y en la vivencia de los sagrados atributos que el Señor infundió en sus consciencias.

Que todas las almas que se aproximen a sus seres sean impulsadas a buscar lo Divino, y aunque aún no conozcan muy bien el foco de su búsqueda, sientan que ella los conduce hacia lo Alto, hacia el Universo, hacia el Infinito.

Como grupo, viven hoy una de las mayores gracias que ya se entregaron a la humanidad.

El espíritu del amor debe hacerse carne en cada uno de los que acompañan a los Mensajeros Divinos. De esta forma, ese amor se expandirá por toda la humanidad.

Cada paso que dan, día a día, deben ofrecerlo a Dios, conscientes de que muchas esencias dependen de este despertar y del camino evolutivo que ustedes están recorriendo.

Beban de la Fuente de las Palabras Divinas de Cristo y colmen sus seres de la certeza de que Él es quien las pronuncia. Déjense moldear y madurar por los impulsos espirituales de María y consagren, poco a poco, toda la consciencia al Divino. Profundicen en la simplicidad de Mis palabras y hagan de ellas un manual para la vida sobre la Tierra.

Sean más simpes de corazón y nunca se cansen de buscar el espíritu de simplicidad. Solamente de esa forma es que cruzarán los Portales Celestiales con la humildad de un niño.

No pierdan la fe y confíen en la imprevisibilidad del corazón humano. Busquen el potencial que desconocen de sí mismos y, en oración y reflexión, develen los misterios del propio mundo interior.

Les dejo Mi Paz.

San José, su Padre y Guardián para estos tiempos