Domingo, 18 de octubre de 2015

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​

Queridos compañeros en Cristo:

Quiero traerles a diario, algo más que las palabras, porque tengo la posibilidad de llevarlos a vivir lo que ustedes verdaderamente son, no solo como individuos, sino también como humanidad.

Por eso insisto, una y otra vez, para que en cada momento de sus vidas, ofrezcan todo lo que hacen por la consciencia humana, sobre todo por todos aquellos que no conocen a Dios y que, independientemente de su clase social y de su situación física, viven en la ignorancia y en total ilusión.

Mis amados, cuando estuve en este mundo como José de Nazaret, en todo lo que hacía en Mi trabajo, en el descanso o en las liturgias diarias, la oración era siempre lo que movía Mi Casto Corazón y así, orando, ofrecía todo por los demás hermanos del mundo.

Trabajaba por los que no lo hacían; descansaba por los que no podían descansar; era verdadero y sencillo por los que no podían serlo. Y así era con todo. Entonces, fui descubriendo cómo amar las imperfecciones de los hombres. De esa forma, mientras trabajaba por alguien que no lo hacía, comencé a comprender porqué aquellos que no trabajaban estaban en esa situación, y en Mis intenciones, ofrecía siempre a Dios las dificultades de Mis hermanos.

Viendo la pureza de Su siervo que no oraba para sí mismo, pero sí para que el Reinado de Dios se expandiese por el mundo, el Señor comenzó a mostrar a los ojos de Mi Corazón, diferentes situaciones del planeta en lugares que en vida no había conocido, pero sabía de la realidad de todo lo que veía.

Dios Me concedió la Gracia de servir más profundamente y de tener la certeza que, en cada instante de Mi vida, Él podría interceder por algún alma. Fue de esa forma que fui aprendiendo el arte de interceder ante Dios, por las almas y por los seres de la naturaleza, los que nunca eran olvidados por Mi Corazón Castísimo.

Hoy les digo que el secreto para ser un intercesor ante Dios es que nunca pierdan la pureza de intención y no se crean nada, sino que sean solo un único siervo de Dios. En donde haya orgullo por alguna obra ofrecida a Dios, esa obra ya no alcanzará el Cielo.

Muchos creen que interceden por las almas cuando, en realidad, están perdiendo un tiempo precioso para orar con el corazón, para en lugar de esto, alimentar el propio orgullo y la vanidad.

Vengo para enseñarles a ser puros como los niños y a orar así como un pequeño niño ora a Dios: no hay vanidad en sus palabras ni tampoco orgullo, solo hay una unión pura con Dios. Los niños no buscan nada mientras oran, solo entregan sus oraciones. Esos son los verdaderos intercesores.

Mis queridos, quiero sí que sean intercesores entre Dios y las almas perdidas, pero antes que eso, deben encontrarse a sí mismos en la propia esencia de la pureza y de la humildad.

Vengo al mundo para darles esa posibilidad, pero no piensen que eso es imposible, solo únanse a Mi Espíritu de Amor, y cada vez que vean que no están orando con pureza y humildad, acuérdense de Mí y sean como niños caminando hacia el Corazón de Dios.

Los amo y les dejo la pureza de Mi Casto Corazón.

San José Castísimo