Martes, 2 de febrero de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DEL ESPÍRITU SANTO, CÓRDOBA, ARGENTINA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Hijo,

Descubre en el servicio el ennoblecimiento del alma y del espíritu, el nacimiento del amor universal, porque solo cuando la necesidad del prójimo trasciende las tuyas, es que puedes comprender un poco la esencia del verdadero amor, que viniste a aprender en este mundo.

Comprende que cuando sirves, no es solo el acto del servicio lo que libera a las almas de los infiernos de este mundo. Son el amor y la caridad fraterna que imprimes en tus actos, y la sinceridad con la que trasciendes tus miedos y tus limitaciones, para hacer algo que jamás pensaste hacer, lo que realmente une tus manos con las Manos del Creador y torna sagrado tu servicio.

Ve, sí, al encuentro de los más pobres, ve lejos, buscando en los abismos a los que necesitan de tu unión con Dios. Ve en donde los desamparados no conocen la esperanza, en donde los enfermos desconocen la fe, en donde los hambrientos no conocen la misericordia, en donde los pobres desconocen la riqueza que es vivir pleno en el Espíritu de Dios. Imprime todos esos atributos con el silencio de tu boca y en los actos sinceros de tus manos, en el pulsar profundo de tu corazón.

Coloca en el servicio la esperanza de que este mundo alcance la redención, de que las almas reconozcan la unidad y el amor.

No necesitas predicar, porque las palabras, en este tiempo, a veces son muy imperfectas. Opta por dar un ejemplo de pacificación, de fraternidad, de entrega abnegada.

Jamás esperes que sean agradecidos por el servicio que prestas. No esperes retornos, no busques resultados. Coloca en el suelo la semilla de un árbol que tal vez no verás crecer, pero confía en que dará sus frutos para los hambrientos en un tiempo futuro y hará sombra para que los cansados de tanto andar, encuentren en él un lugar de reposo.

Así como enciendes tu corazón en el servicio a los más pobres, también enciéndelo en el servicio a los que tienes al lado. Muchas veces te preocupas con las almas que se pierden a lo lejos, pero no ves a los que se están perdiendo por no encontrar en ti un poco de sustento, de apoyo, de compasión y de fraternidad.

Sé que quieres sanar el mundo, reconstruir la Tierra y no dejar que se hunda la barca de salvación para esta raza. Entonces, comienza por tu propia casa, por los Centros de Amor, por toda la vida a tu alrededor, porque aquel que aprende a amar, no ama de vez en cuando o solo a algunos pocos, a los más miserables.

El amor, hijo, cuando habita verdaderamente en el corazón humano, contempla toda la Creación; contempla a los semejantes y también a los Reinos de la Naturaleza; contempla a los pobres y a los ricos por igual. Porque la mayor carencia es la carencia de amor.

El amor no tiene cultura, no tiene religión, no tiene un idioma, no tiene una etnia. El amor que se propone vivir en este mundo es el mismo Amor del Corazón de Dios. Por eso, vive en ese amor y sé ese amor a cada instante, con todo y con todos, en el silencio de tus acciones, en la soledad de tu corazón, de la misma forma que entre las multitudes. Así, aprenderás que el mayor servicio que se vive en este mundo no es solo la caridad, es la cristificación.

Tu Padre y Compañero de siempre, Aquel que te conduce al Corazón de Cristo.

San José Castísimo