Domingo, 27 de diciembre de 2015

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​​​​​​​​​​​​​

Sé que las fuerzas que emergen de su interior, en purificación y transformación, a veces son tan fuertes que ciegan sus ojos para el amor y para el perdón.

Sé que después de eones de existencia alimentando orgullos y vanidades, poder y propiedad, es muy difícil para la consciencia en evolución decir “sí” a un aprendizaje de humildad, cuando él se precipita en sus vidas.

Muchos son los que dicen que quieren ser humildes como el Señor en Su pesebre de Belén, pero, delante de las pruebas que Dios envía, reaccionan y no solo no las aceptan con humildad, sino que también se ofenden profundamente y buscan una forma de atacar a aquellos que sirvieron, inconscientemente, de instrumentos para que Dios los probase, como siempre lo piden.

Comprendan, queridos compañeros en Cristo, que el Señor no puede permitir que todo se les entregue sin colocar en sus vidas las pruebas que consolidan el propósito crístico en su interior.

Después de recibir tantos impulsos del Cielo, cuando ustedes son menospreciados, humillados, calumniados o maltratados, según la comprensión de cada uno, simplemente reciban la oportunidad como dádiva celestial y sin miedo, dejen que las estructuras del orgullo caigan por tierra, frente a sus pies.

Sé que muchos perciben que no pasaron las pruebas que Dios les envió y que las resistentes estructuras del orgullo fueron mayores que su aspiración a la humildad, pero no importa, porque no les pedimos perfección sino persistencia.

Ahora, levántense del abismo de la ignorancia y reconozcan su propio aprendizaje; colóquense delante del Padre disponibles para nuevas enseñanzas y prosigan.

Quiero que comprendan algo de una vez y para siempre: la humanidad necesita de sus ejemplos de humildad, que son códigos que se extinguen de la consciencia humana, porque las reacciones y las contestaciones ya son muy conocidas por todos.

Cuando alguien los coloca delante de una situación de humillación, acéptenla con humildad, porque, independientemente de quién tenga la razón y si esa situación es justa o injusta, el Señor espera que Sus soldados bajen sus cabezas y venzan la batalla, derrumbando el orgullo y viviendo la humildad.

Acuérdense de lo que hoy les dije y estén atentos a las situaciones de la vida, porque si dicen “sí” al camino crístico, no pueden esperar otra cosa que no sea imitar a Aquel que fue humillado, rechazado y puesto en una cruz, para que aprendan a perdonar a la humanidad y para abrir el caudal de Su Infinita Misericordia para el mundo.

Los bendigo y los espero dispuestos a recomenzar sin miedo de equivocarse, porque solo con la experiencia del error y reconociendo sus propias fallas es que podrán ayudar y advertir a otros.

Los amo y los acompaño siempre, día a día, paso a paso.

San José Castísimo