Martes, 25 de noviembre de 2014

Mensajes mensuales
MENSAJE PARA LA APARICIÓN MENSUAL EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES, ARGENTINA, TRANSMITIDO POR MARÍA, MADRE DE DIOS DE LA MISERICORDIA, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Que el Poder de Dios descienda a la Tierra para que las almas sean liberadas de las presiones de la vida material.

Que el supremo Don del Amor de Dios encarne, como verbo y energía, en todas las esencias que se rehabilitan mediante el perdón y la oración.

Que los reinos de oscuridad se disipen de la faz del planeta para que las corrientes del Amor Divino, que vienen en auxilio de la humanidad, hagan restablecer la misión espiritual de cada criatura.

Que hoy los Portales del Cielo se abran para que descienda el poder de la cura y la nueva Aurora encienda nuevamente los corazones heridos a través de la reconciliación mayor.

Que la inocencia original de las almas pueda volver a despertar para que el espíritu de la Hermandad guíe el propósito de los autoconvocados.

Hoy se escucha la Voz de la Mensajera de Dios en el universo, porque el Plan y el infinito aspiran vivir en lo profundo de los corazones que fueron llamados.

Se elevan al Cielo todas las torres espirituales que han caído y el sol del universo alumbra los caminos de los que dieron el gran “sí” a Dios. Los reyes del Cielo se congregan y celebran la eterna comunión redentora con Jesucristo, el Señor y Maestro del Amor.

Nadie en este mundo dejará de escuchar el llamado, porque la fuerza del amor de Dios promueve la unión inquebrantable de las almas con el Reino Superior.

Alégrense los que reencontraron el camino que una vez perdieron, porque la Portavoz del Cielo los convoca a la rehabilitación. Así, suelten de vuestros seres las riendas y las amarras del pasado para que surja, entre los corazones, el espíritu de la paz.

Recojo en Mi Corazón todas vuestras necesidades. Dios contempla la pureza de los justos y la misericordia de los buenos. Ya es hora de abrazar la oportunidad y de no retroceder.

El Corazón del Gran Maestro los llama a la unidad mayor, porque la vida suprema debe gestarse en los seres redimidos.

Sostengan en vuestras manos la llama divina que los alumbra, y no dejen de mirar el firmamento que los acompaña.

Sean portadores del mensaje reparador y liberador, sean estrellas que forman parte del nuevo universo de Dios, alaben al Padre como lo hacen los ángeles en el Cielo y serán dignos de recibir las Gracias universales.

Reconstruyan con la oración a la humanidad y ya no se separen por las apariencias. Reconozcan la Voz que viene del universo, la mano que acaricia vuestros rostros, el manto que los protege de todo mal, los ojos que los contemplan con bondad y amor, la sonrisa divina que los alienta a seguir adelante y el abrazo maternal que los acoge.

Sientan en vuestras vidas el Reino de Mi Paz, la calma que los penetra, la serenidad que los tranquiliza, el destello luminoso de Mi Corazón. Sean Mis soldados y ayuden a redimir este amado planeta que sufre. Acepten Mi convocatoria y profesen, por medio de la oración, el amor a Dios.

No dejen de mirarme, ni de escucharme, Yo Soy la misma madre y mujer que gestó a Jesús, el Salvador, y ahora soy vuestra Madre de la Esperanza.

Es hora de cerrar el infierno de este mundo para que Cristo pueda retornar pronto. En vuestras manos está el poder para vuestra transformación, en vuestras manos y corazones puede nacer el manantial de la oración del corazón.

Reciban Mi llamado con alegría y regocijo. Canten a Dios todos los días, así aliviarán Su flagelado Corazón de amor.

Estoy con ustedes en el silencio como en la alegría, estoy con ustedes en la cura como en la enfermedad. Purifíquense a tiempo y reciban Mi amor maternal.

Deseo que de Buenos Aires, Mar del Plata, Bahía Blanca y Viedma surjan renovados grupos carismáticos de oración, que representen la Ley de la cura para la humanidad. Eso lo conseguirán a través de vuestra unión interna.

Les agradezco a todos Mis hijos de Argentina y del mundo por haber respondido a Mi maternal llamado.

Los bendice y los cura vuestra Madre María, Madre de Dios de la Misericordia

Paz en la Tierra