Lunes, 29 de febrero de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL ÓMNIBUS ÁGUILA DE LUZ, DURANTE EL VIAJE ENTRE LAS CIUDADES DE SAN PABLO, Y CARMO DA CACHOEIRA, MINAS GERAIS, BRASIL, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

En las entrañas más profundas de Dios, en donde habitaba la pureza de su Divina Consciencia, reposaba un principio de vida, una molécula viva de la Consciencia Divina, proveniente de Adonaí. Como el Amor de Dios no podría permanecer en Él mismo, el Creador le dio vida a ese Principio Purísimo: creó una Consciencia Divina y Universal, que abarca algo más que un pequeño cuerpo o una consciencia material.

María es el Vientre Divino, es la Vida, es lo que hace nacer a las criaturas de todos los Reinos y las ampara durante toda su evolución.

María no vino de los hombres y ascendió a los Cielos; María descendió de los Cielos, y por Su Amor infinito, se hizo carne entre los hombres, para acompañar al Hijo de Dios.

María no es parte de la humanidad, la humanidad es parte de María.

Cuando el Creador pensó en el proyecto humano, un proyecto que viviría en sí un potente grado de amor, necesitaba de una Fuente Creadora pura, una Consciencia que emanara el Amor que los seres humanos necesitaban para desarrollarse. Fue así como los Ángeles y Arcángeles del Padre Celestial recurrieron a Aquel Principio puro de Dios, que era la propia energía maternal, de la pureza y del amor para crear, desde esa Fuente perfecta, los códigos que los seres humanos portarían en sí.

Como es en el Cielo, es en la Tierra. Para hacer nacer el Amor en la consciencia planetaria, así como había nacido en el Universo, el Creador manifestó en mente, cuerpo, alma y espíritu Su Divina Pureza. De ahí proviene la Madre de Dios, la Madre de Jesús.

María es la Gracia de Dios, es la Bondad manifestada en una Consciencia sublime.

María es Don Maternal que, aún después de haber ascendido a los Cielos, no deja de proyectarse entre los hombres; no deja de representar en el Universo, así como en la Tierra, un ejemplo para las criaturas materiales.

La que tuvieron delante de ustedes durante todos estos años es la Perfección de Dios manifestada en el Amor y en la Bondad maternal de María.

Queridos, les digo esto para que aprendan a estar delante de una Consciencia que, a pesar de Su Grandeza y Divinidad, a pesar de no caber dentro de una forma humana, sigue manifestándose entre los hombres, sigue expresando Su semejanza con las criaturas de la Tierra, sigue mostrando para todos el camino.

Su Amor es inalterable, Su Perfección es incorruptible, Su Paz es eterna, porque Ella espera que, algún día, ustedes acepten con alegría revivir en Su plena Paz.

Permítanse regresar a los brazos de Aquella que los creó como parte de Dios. Permítanse ser guiados por Aquella que proviene del Espíritu Santo del Creador y que manifiesta Sus Dones en todas las criaturas.

Mientras haya tiempo, hijos, ríndanse en los brazos de su Madre Celeste, y así como la Sagrada Familia, permítanse ser amados y conducidos por María. Su Amor les revelará muchos misterios y Su Pureza les abrirá las Puertas del Cielo.

Aquel que los ama y los entrega todos los días, en oración, al Inmaculado Corazón de María,

San José Castísimo