Jueves, 30 de junio de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​

Para que la Vida divina encuentre en tu corazón una puerta para ingresar en la humanidad, debes tener como prioridad la manifestación de esa vida.

Cuando eres consciente que lo más importante es la unión con Dios, lo haces a cada instante y no necesitas estar encerrado en una capilla para eso, porque existen muchas formas de unirse al Padre y una de ellas es siendo Su operario y construyendo en el mundo Su Obra, para que no solo tú, hijo, sino muchos otros, se unan a Él.

No necesitarías perder la oportunidad de contemplar el Corazón de Dios y de estar perfectamente unido a Él; pero en tanto tus obras aún sean para ti, estas te separarán de Dios, y aunque creas que lo haces para Él, no conseguirás encontrar esa unión en tu labor.

La profundidad de la consciencia de cada uno solo es conocido por sí mismo y, si buscas dentro de ti, sabrás si tu intención es construir algo para Dios o si estás buscando engrandecerte a ti mismo y recibir los méritos por la materialización de dichas obras que ayudas a manifestar.

¿Por qué Santa Teresa de Jesús alcanzaba la contemplación, si tantos días y tantas horas se ocupaba de fundaciones, de construcciones, de formar consagrados, de contactos con la sociedad?

Porque ella sabía que lo que estaba haciendo no tenía otra finalidad, sino la de manifestar una obra que permitiera la unión del corazón humano con Dios.

¿Cómo podría el padre Pío contemplar, si estaba tan ocupado con confesiones, con administrar la construcción de un hospital, con el dolor que le causaban las llagas de su cuerpo y también las llagas de su corazón, causadas por la incomprensión de los hombres?

Porque él sabía que todo lo que hacía no tenía otra finalidad, sino expandir un reinado divino cuyo rey no era él, era Cristo.

Hijo, si quisieras crecer como alma, como consciencia y como siervo de Dios y si quisieras ser un verdadero instrumento de Dios y constructor de Su Obra en el mundo, olvida desde ya los méritos que quisieras para ti.

Si estás haciendo alguna cosa y en el fondo te gratificas por manifestarla, medita y pide misericordia por tu ignorancia y por querer ser reconocido por una obra que no es tuya. En cada instante, medita en tus intenciones y todo lo que hagas, hazlo para Dios y no para ti.

Si en tus actividades ejercitas lo que te digo y en todo estuvieras buscando agradar al Señor y crear condiciones para que la humanidad tenga una forma de unirse a Él, cuando llegue el momento de orar, no te costará tanto encontrar al Padre, porque en ningún momento te apartaste de Él.

Así, hijo, tu vida dejará de ser un eterno caer y levantar, un eterno distanciarse y aproximarse de Dios, y cada día, en cada liturgia, tendrás la oportunidad de unirte aún más con Él.

En tus manos está la posibilidad de evolucionar y de alzar vuelo a mundos sublimes o permanecer en ti mismo, con los méritos ilusorios de una obra que no es tuya.

Te digo estas cosas por el crecimiento interior de la humanidad y su unión con Dios.

Te dejo Mi bendición.

San José Castísimo