Domingo, 6 de diciembre de 2015

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​​​​​​​

Clamar por paz y misericordia es el primer paso para la transformación de la consciencia.

Primero la mente ora, y poco a poco, comienza a escuchar el corazón. Entonces, el alma respira aliviada por encontrar, finalmente, un motivo para estar con su atención en el mundo.

Oración tras oración, la mente va aprendiendo a vivir en quietud y da espacio para que el corazón también comande el día a día. En ese momento, al ver cómo actúa el corazón, la mente ya no puede orar y pedir la paz si no fuere pacífica en sus acciones y en sus pensamientos. Aquí viene el segundo paso de la transformación consciente.

La mente y la personalidad toman gusto por la santidad y ellas mismas quieren conducir los pasos de la transformación para ser las mejores, las primeras en la santidad. El corazón observa y cuando puede, con paciencia, susurra a la personalidad y a la mente que, en verdad, el camino de la transformación es largo y el resultado de ella solo Dios lo conoce. Poco a poco y con amor, el corazón que vive también en la consciencia, explica cuestiones sobre las virtudes y los dones y le enseña a la mente qué es la humildad.

El tercer paso de la transformación sucede cuando el ser descubre que no es perfecto y que aún le falta caminar mucho para alcanzar al menos una virtud. Este paso es definitivo, porque aquí el ser se depara con la desesperanza y con la fuerte necesidad de dejar todo el esfuerzo de lado y rendirse de una vez al mundo, ya que el Cielo le es tan inalcanzable.

El cuarto paso es cuando el corazón da a conocer, a la mente y a la personalidad, la misericordia, aclarando cuestiones sobre la perseverancia y la persistencia en el camino, aunque él sea infinito. Dios, que es puro Amor y Misericordia, se valdrá de la perseverancia de Sus hijos para un día lanzarlos a la santidad.

El quinto paso de la transformación es cuando la mente comprende la esencia de las virtudes espirituales y las ama. Comienza entonces su rendición, juntamente con la personalidad, para fundirse al propósito del corazón que es la puerta del alma. Aquí, la mente y la personalidad sufren mucho, pero ya aceptan lo que viven, porque se abrieron a la superación de sí mismas.

El sexto paso es cuando la mente se vuelve una con el corazón y la personalidad se vuelve una con el vehículo del alma. Ya no hay conflictos entre la vida del espíritu y la vida en la materia, en lo que se refiere a las resistencias a la transformación. Aquí, el ser tiene que seguir esforzándose y perseverando, pero su consciencia ya recibe los impulsos de los mundos superiores y fluye con la Voluntad de Dios.

El séptimo paso es el primero de un nuevo ciclo, cuando la voluntad del ser se funde con la Voluntad de Dios, y ahora, el ser no luchará consigo mismo, pero sí con el mundo para hacer triunfar el Reino Celestial en la Tierra.

Cuando le hablo sobre estos pasos, no es simplemente para que se encuentren en uno de ellos. Es solo para que la consciencia tenga una esperanza que, a pesar de su imperfección, está en el camino de la transformación y dando los pasos uno por uno, con amor y paciencia, podrá hacer de su espíritu y de su esencia un triunfo de Dios, una conquista de Cristo.

Paz y fe en el corazón de todos los servidores y consagrados al Plan.

Les agradezco, siempre,

San José Castísimo