Domingo, 6 de diciembre de 2015

Mensajes mensuales
MENSAJE EXTRAORDINARIO DE CRISTO JESÚS GLORIFICADO, TRANSMITIDO DURANTE LA 29.ª MARATÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA, EN  EL CENTRO MARIANO DE AURORA, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Escuchen con atención en esta hora de Misericordia.

Mis caminos son sus caminos y si no están en Mi camino, nada concretarán. Dios desea instituir en el mundo la devoción a Mi Sagrado Corazón. Para que ese deseo se cumpla, necesito de testigos que hayan vivido a través de Mí, la experiencia de la redención y de la rehabilitación.

Desde el Cielo, deseo verlos a todos unidos todo el tiempo para que Mis Planes puedan descender y hacerse carne en la vida de los hombres a través de la experiencia del amor y del perdón.

El mundo está lejos de Dios porque quiso, porque se ha separado del Reino de Dios que una vez Nosotros trajimos para todos con la Buena Nueva. Por eso muchas almas desesperan y enloquecen en estos tiempos por haberse separado de Mi camino, del Camino de Dios, del Camino del Señor; por haber sustituido Mis Planes por los suyos, para cumplir la vaga voluntad humana. Sé que muchos no saben cómo hacer morir esa energía que corroe la esencia de las cosas y que los aparta de Mi Padre. Pero si sus corazones son humildes para pedir Mi ayuda, Yo se las daré, tanto de día como de noche y en los tiempos de tribulación cuando las cosas se volverán intensas dentro y fuera de los seres, así como se los dije en el día de ayer.

Hoy vengo a entregar Mis Palabras de otra forma y con otra energía, pues necesito disipar ciertos obstáculos que impiden que Mis Obras se realicen en este Planeta.

Muchos son parte de Mi iglesia, pero pocos son los verdaderos discípulos que cumplen los mandamientos de Moisés para no pecar. Pero como la esencia de la antigua instrucción se perdió a través de los tiempos, Yo le prometí a Mi Padre, antes del año 2013, que vendría aquí, a este perdido lugar, para dar Mi gran mensaje de salvación al mundo. Así como una vez lo hice en Kibeho, en donde muchos no creyeron y aún no creen, que el Hijo de Dios bendijo al corazón de Ruanda para impedir una catástrofe que fue el resultado de no haber escuchado al Corazón de Dios a través de Su Hijo Amado.

Yo no vengo aquí, en este tiempo, para profetizar esas cosas, pues la gran profecía de Juan, el apóstol, se está cumpliendo al pie de la letra. Dichosos serán aquellos que sepan leer entre líneas los símbolos y el mensaje.

He venido en todo este tiempo para prepararlos para algo desconocido que ni siquiera existe en sus memorias ni células. He venido a congregarlos en el nombre del amor y de la verdad para que, a pesar de las dificultades y de las pruebas no dejen de confiar en Mi Corazón. Conocerán cosas desconocidas dentro de ustedes, pero les vuelvo a decir que no teman. Para que el agua sucia sea pura, cristalina y limpia, ella debe purificarse. Yo les traigo esa Agua de Vida que proviene de Mi insondable Misericordia Espiritual para remediar todos sus males y los males del mundo, que deterioran a toda la humanidad.

He venido a traer esperanza a lo que parece no tenerla. He venido a traer la Paz para aquellos que no la tienen. Sin estos atributos no será posible cruzar el umbral hacia la nueva humanidad.

Las desgracias siguen sucediendo en este mundo y nadie las detiene. ¡Hay de aquellos que tienen el poder para esas cosas y no lo hacen porque están lejos de Dios y de Su Ley! Cuántas almas inocentes mueren día a día en esta balanza de desequilibrio, de injusticia y de falta de fraternidad.

Si Yo vengo aquí, a este país, como una vez fue profetizado en las cartas de madre Esmeralda, es porque Yo le revelé que aquí existía la semilla para dar nuevos frutos en almas congregadas para la redención y la transformación de la humanidad. No crean que viven la transformación por ustedes mismos, sino por este planeta que decae y decae.

Dios necesita nuevamente congregar a Sus antiguos pueblos, como fue en el desierto, para una vez más comenzar a realizar Su Proyecto con otro estado divino, con otra consciencia. Por eso deben estar limpios por dentro y por fuera para que Mis energías sutiles se puedan expresar en las consciencias que dijeron “sí” a la redención y al llamado por la paz.

Hoy no puedo prometer, compañeros, que todo el mundo se salvará, que toda la humanidad será rescatada por las corrientes poderosas de las Jerarquías. Lo intentaremos hasta el final, pero vuestra parte en este planeta, es importante. No solo para aquellos que hoy escuchan o que ya Me han escuchado, sino para aquellos que, aún dormidos, no tienen consciencia de su misión espiritual, la cual descubrirán de la noche a la mañana.

Si Me han ofendido, no se perturben. El Hijo de Dios conoció en este planeta la terrible condición humana, que lleva al deterioro del Propósito Divino, a la marginación de la vida, a la precariedad del espíritu. Por eso los ángeles Me enviaron aquí para encarnar entre ustedes y salvarlos. No por Mis Obras, sino por las Obras de Mi Padre, que descienden como luces sobre el mundo a través de los tiempos. Si el propio Dios, encarnado en Su Hijo, no hubiera sido martirizado, flagelado y crucificado el Proyecto se hubiera perdido. Pero ahora, en estos tiempos, el riesgo es mayor, y muchos no creen que eso sea así.

Cuando la Ley descienda, todos deberán estar seguros de lo que hacen y estar conscientes de sus obras. Porque cuando cese el tiempo de Mi Divina Misericordia, la última trompeta sonará y esparcirá la fuerza del viento sobre los cuatro puntos de la Tierra para que los mares se levanten y la Tierra trague a los injustos. No habrá nadie que lo pueda detener. El pecado es más grande que el propio pecador, y la sangre inocente tiene su valor, al igual que la Sangre del Cordero que murió por ustedes. Los mismos repiten los mismos pecados una y otra vez y aún no se redimen porque no lo aceptan.

Sus mentes no deberán emitir juicios, ni siquiera sentimientos de crítica. Cada cual vivirá su tiempo de purificación, pues así Dios lo necesita para cumplir Sus Obras en este Universo. La humanidad ya podría ser confederada, pero no lo quiso y se desvió de Dios y de Su Corazón.

Dejo para todos Mi sentimiento y un gran cambio en la consciencia antes de que todo suceda. Dejo para todos la bendición de los dones llamados Sacramentos, que infunden en las almas la renovación y la fe, y la unión con el Eterno, con Adonai.

No dejen de remar dentro de Mi barca. No dejen que ninguno de sus hermanos se ahogue por no poder remar. No pierdan de vista a sus semejantes que son parte de Mi Proyecto. Pero no insistan en aquellos que no quieren cambiar por propia voluntad, Yo Me encargaré, pues es parte de Mi responsabilidad que todo sea justo y misericordioso.

En verdad les digo, compañeros, que no todos tienen consciencia de lo que sucede en el planeta, pues no están sufriendo como otros sufren y padecen, día a día. Ofrezcan a Dios lo mejor de ustedes todo el tiempo. Agraden Su Corazón con pequeños esfuerzos para ir conquistando la entrega y así poder ingresar en el camino de la humildad y de la paz.

Vengo en estos tres meses a Aurora para anunciar nuevos tiempos que ya dejarán de ser preparatorios para ser tiempos definitivos. Tiempos de obras decisivas de parte de Mis congregados. Muchos se unirán a este trabajo cuando ustedes cambien de verdad. Al menos, no dejen de intentarlo para que las puertas a la redención estén abiertas para todos los que deban llegar a Mis Núcleos de Amor.

Comprendan, compañeros, que los tiempos ya cambiaron y que es hora de implorar al Creador. No solo sean bienaventurados, sino también constantes, mansos y pacificadores.

Vengo aquí para demostrarles que no los he abandonado. Aunque Mi Obra tiene un tiempo con ustedes, todo deberá continuar hasta que al menos uno alcance Mi Proyecto.

Adonai, Padre Eterno, Te imploro por este mundo extendiendo Mis Brazos sobre todos, entregando Mis Manos para que las tomen fuerte y caminen a Mi lado. No dejes de mirar con misericordia a Tus hijos más pequeños. Observa, Adonai, con esperanza, todo lo que has creado a Tu Santa Imagen y Voluntad.

Llévame, Adonai, hacia aquellos que no Me quieren, que no Me escuchan ni Me aceptan. Llévame, Adonai, a través de Tus hijos, como una chispa de esperanza para los corazones oscurecidos.

Muestra Tu Poder, Adonai, en la belleza de Tus Reinos de la Naturaleza. Haz que Tus almas y Tus criaturas vivan en la unión perfecta con la Creación. Perdónalos, Adonai, por sus pecados. Y resucítalos en espíritu todos los días de Tu Existencia, en el Corazón de Tu Universo y de Tu Paz.

Adonai, cree que es posible en Tu infinito Propósito, que los que Me escuchan lo conseguirán. Al menos para que la Tierra cumpla su promesa de redención.

Te ofrezco, Adonai, las súplicas que llegaron en estos días a Mi Corazón. Te ofrezco, Adonai, las humillaciones, las renuncias y las pruebas, como el testimonio de una gran conversión de la humanidad.

No llores, Padre Mío, por lo que ves de este mundo. Calma Tu Corazón con el Mío, para que brote del Tuyo la Piedad infinita que transforma la vida y las consciencias.

Adonai, nunca dejes de abrir en esta raza, en este planeta, Tu Manantial de Paz. Amén

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Cristo Jesús Glorificado