Viernes, 4 de marzo de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ,TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, A ​ LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Hermana Lucía de Jesús: Estaba terminando de orar el Devocionario de San José y, antes de que Él apareciera, comencé a sentir un fuerte dolor en el corazón, algo que me quitaba la respiración y poco a poco iba perdiendo las fuerzas, pero no sabía lo que estaba sucediendo. Cuando Él fue aproximándose, ese dolor se intensificó. Era algo que me perturbaba no solo física sino también internamente, pues sentía una tristeza que no cabía dentro de mí y ya no podía orar ni pensar en nada.

San José solo me observaba y Me dijo que estaba haciéndome sentir un poco el dolor de Dios por la negación de un alma, para que pudiera comprender mejor lo que siente el Creador al observar el mundo, y para que mis oraciones pudieran profundizarse, como también la comprensión de que la negación de las almas para con Dios es algo más que la acción de una personalidad; es algo profundamente espiritual que hace padecer al Corazón de Dios. Él decía: “Eso es lo que Dios siente por un alma. Imagina lo que sentirá por todas las almas que lo niegan en el mundo entero”.

San José explicó que yo no vivía esa experiencia solo por mí,sino por todos los seres orantes del mundo que deben profundizasu contacto con Dios. Por eso, Él me pidió que hiciera este relato al transcribir el mensaje.Como no lograba escribir ni moverme, San José esperó en silencio alrededor de veinte minutos. Después, me pidió que, así como me sentía, escribiera el mensaje diario porque sería breve. Y dijo:

Hijo:
Siente en tu corazón el dolor de Dios, que no es de este mundo y que no se asemeja a nada de lo que puedas sentir naturalmente como ser humano.

Recibe con gratitud esta ofrenda y aprende así, en una pequeña medida, lo que siente el Creador con los desvíos de las almas de este mundo.

Aprende, hijo, con el dolor de Dios en tu corazón, a orar con verdadero amor, a clamar con verdadero temor de Dios, a invocar Su Misericordia, no solamente para aliviar a las criaturas de esta Tierra, sino, sobre todo, para que un Señor tan bondadoso y tan perfecto no tenga que padecer los dolores que le causan Sus hijos por la constante negación e indiferencia.

Si por el dolor que una única alma le causa al Corazón del Padre ya te falta el aire y sientes que perderás la vida, comprenderás entonces, hijo, cuánto padece el Creador por todas las almas del mundo.

Solo te pido que te ofrezcas a ti mismo para reparar la negación del mundo. Que tú no seas indiferente ante Dios. Ama como debes amar y entrega la vida sin condiciones. Aunque tu entrega te parezca poca o insignificante, podrás ayudar en el equilibrio que genera la salvación de muchas almas.

Lo que te hago sentir, que quede impreso en estas palabras y, más que conceptos e ideas, que la humanidad pueda recibir una experiencia.

Tu padre y amigo,

San José Castísimo