Lunes, 18 de julio de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​

Cuando San José llegó, nos mostró una imagen Suya, con más o menos, treinta años. Era de noche y caminaba solo en un monte, mirando hacia el Cielo estrellado y conversando con Dios. Pidió, entonces, que anotáramos lo que, en aquel tiempo, Él le decía al Padre en oración, y que ahora, nos permitía escuchar. Él oraba:
 

Señor, cúrame

Señor, cúrame, ingresando con la potencia de Tu Amor
       en todos mis átomos y moléculas.

Señor, cúrame, quemando con el fuego de Tu Santo Espíritu
       cada partícula de mi pequeño ser.

Señor, cúrame y disminuye mi alma a una verdadera nada,
       para que reconozca Tu Grandeza e infinita Majestad.

Señor, cúrame y muestra Tu Faz a mis ojos impuros,
       para que yo Te reconozca como el Padre, la Verdad y el Origen de todas las cosas.

Señor, cúrame y retira de mí lo que se cree separado de Ti.

Demuéstrame, ¡Oh Dios de toda la Creación!,
       que Tú estás en todas las cosas;
       estás por detrás de toda ilusión, escondido en la esencia de cada ser.

Señor, cúrame, vénceme y déjame rendido a Tus Pies.
       Que todo mi ser reconozca Tu Poder y se regocije en Ti eternamente.

Dios del Amor, Dios de la Verdad, Dios de la Pureza, Dios de la Alegría,
       Dios de los pobres y de los ricos, Dios de los sanos y de los enfermos,
       Dios del Cielo, de la Tierra y de todo el Universo,
       Dios del Cosmos, Dios de la Existencia, Dios de la Creación,
       cúrame, renuévame y haz que Te descubra tan dentro de mí, como a mí mismo.

Revélame, Señor, que Tú eres en todas las cosas y todas las cosas son en Ti.
       Revélate en unidad con Todo, y así, cúrame Señor.

Amén

 

La verdadera cura proviene de la rendición del corazón delante de Dios, del reconocimiento de Su Grandeza y de nuestra propia pequeñez delante de Él.

La cura, que debe nacer en el espíritu y tener su reflejo en la materia, no es nada más, hijos, que la desmitificación de la unidad y su vivencia absoluta.

Cuando comprendan la Presencia de Dios en todas las cosas, no habrá enfermedad ni en el cuerpo ni en el espíritu, que pueda abatirlos, porque cuando la consciencia vive la unidad con Dios, todas sus células son abarcadas por esa Presencia Divina y encuentran el Principio del Padre en sí mismos, disolviendo así todo desequilibrio, toda enfermedad, toda angustia y todo dolor.

Por eso, hoy les enseño a pedir la cura al Señor. No pidan la cura del cuerpo, de la mente ni de las emociones: pidan la cura de la separatividad, de la ignorancia, de la ilusión, y así, hijos, descubrirán que el espíritu sano es aquel que se une al Dios Vivo, que lo encuentra dentro de sí mismo, multiplicado en sus células, animando su cuerpo, permeando con Su Santidad, tanto la materia, como el espíritu.

Oren de corazón, oren como humanidad, porque está muy enferma; si ustedes -como células de este gran cuerpo humano- reconocen la unidad con Dios, poco a poco irán curando los males que aún atraviesan al mundo.

Yo los amo y les dejo Mi Bendición y Mi Paz, para que se curen, y así atraigan la cura para todo el planeta.

Su Padre y Curador,

San José Castísimo