Viernes, 21 de mayo de 2021

Apariciones extraordinarias
APARICIÓN EXTRAORDINARIA DE LA VIRGEN MARÍA, ROSA DE LA PAZ, EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, PAYSANDÚ, URUGUAY, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Cantemos “Ave, Ave María”.

 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Reparen el Corazón de la Madre de Dios, gravemente ultrajado por las indiferencias del mundo, por todos los que no socorren a los que sufren y padecen adversidades.

Hijos Míos, reparen el Corazón de la Madre de Dios, gravemente ofendido por las acciones del mundo, por la falta de consciencia y de discernimiento.

Hoy, reparen el Corazón de la Madre de Dios, para que Dios les pueda conceder Su Misericordia y Su Paz.

Con especial atención y cuidado, he acompañado los últimos acontecimientos del mundo; especialmente he tenido en Mi Corazón, bajo la protección y el resguardo de Mi Divino Espíritu, a los niños en la guerra, a los niños en los océanos.

Con la consciencia que ha adquirido la humanidad, a través de los tiempos, es muy grave que sucedan estas cosas en este tiempo. Por eso, hoy, Mi mirada y Mis ojos están dirigidos hacia el suelo, para que puedan comprender la Faz de la Madre de Dios, la Madre de los refugiados y de los agobiados.

Por un momento, colóquense en la oportunidad de poder servir, por medio de la oración, ante todos estos acontecimientos que necesitan de la especial atención de Mis hijos, en este momento planetario.

Dios ya no quiere pensar en la Justicia, sino quiere que vivan en Su Misericordia, para que dejen de sufrir y de padecer lo que cada uno decide por sí mismo o por las grandes naciones.

En este momento, Mi Hijo se prepara para poder retornar, para poder colocar un orden universal, espiritual e interno, ante todo lo que sucede en el mundo y ante todo lo que muchos desconocen y no pueden ver.

Reparando el Corazón de la Madre de Dios, también repararán el Corazón del amado Hijo, sensiblemente herido por las ofensas del mundo y también por la indiferencia.  

Este es el momento en el que todos deben comprenderse como hermanos, y esto va más allá de la religión o de las propias creencias.

La hermandad es parte de un orden universal. Si la humanidad no vive este orden, el planeta no dejará de sufrir; porque hasta que los corazones no vivan las Leyes, es decir los Mandamientos, faltará mucho la paz.  

El universo guarda muchos tesoros y muchas dádivas, y espera que su humanidad sea partícipe de todas esas Gracias.

Cuando Mi Hijo retorne, Él comenzará a trabajar en las situaciones más desconocidas por ustedes, en aquello en lo que no podrían creer que Mi Hijo, el Cristo, pudiera intervenir pero también redimir y reconciliar.

Es en la consciencia de cada uno de Mis hijos en donde se debe vivir el gran cambio, para que las situaciones que hoy suceden en el mundo no sucedan más y se ayuden mutuamente como hermanos, sabiendo que en el fin de los tiempos todos necesitarán de ayuda, porque no importará cuánto tengan o cuánto posean, si son ricos o si son pobres, eso no le importará a Dios.

Mi Hijo retornará para volver a reerguir al pueblo de Israel, aquel pueblo que hoy está presente en todo el planeta y que algún día deberá ser una única tribu, que vuelva a vivir y a reintegrar en su consciencia los atributos del Proyecto Divino de Dios, para dar así continuidad a la Nueva Tierra.

Pensarán, hijos Míos, que eso será imposible, pero hoy se los digo y se los revelo porque soy la Portavoz y la Mensajera de Dios.

El Corazón del Padre aguarda pacientemente el cambio de Sus hijos, la gran lección de vida que hoy muchos ya deberían vivir, sobre todo aquellos que siguen al cristianismo, el camino de Mi Hijo. Esa lección es que se amen los unos a los otros de una forma que aún no comprenden ni viven.

Pero una llave importante para cada uno de ustedes es que ese amor, por más que sea humano e imperfecto, sea un amor que se pueda sublimar y trascender a través de la consagración de sus vidas, a través del servicio de sus vidas, a través de una confianza absoluta de que ustedes y sus hermanos pueden unirse mutuamente, más allá de las diferencias.

Mi Corazón Inmaculado hoy se abre para ser reparado por el amor y la caricia de Sus hijos; porque este es el Corazón que sufre por la humanidad, que sufre hoy por los refugiados y exiliados del mundo entero, por los sin tierra, por los esclavizados y explotados, por los desabrigados y desamparados.

Yo soy la Madre de los que son descartados, ofendidos y repudiados, no solo por su miseria o por su pobreza, sino también de forma espiritual son rechazados con gran indiferencia e impunidad.

¿Quién, en este tiempo, entregará sus manos, completamente en donación y en servicio, para dejar de vivir la indiferencia mundial y donarse como Mi Hijo se ha donado a ustedes por entero?

¿Quién entregará sus pies para que Mi Hijo pueda pisar fuerte a través de sus vidas y almas por los caminos de este mundo?, llevando Su Amor y Su Palabra, Su Consuelo y Su Caridad, a pesar de lo que cueste, aun dando sus vidas por la reparación de Mi Inmaculado Corazón, para que así la Creación sea reparada de todo lo que el mundo realiza en este momento, por el alto grado de ignorancia y de indiferencia.

Yo los llamo a ser consoladores de Mi Espíritu materno. Que también puedan ser Mis brazos que acogen, que aceptan, que comprenden y, sobre todo, que aman al prójimo, más allá de todo. 

Ustedes, hijos Míos, no tienen ningún impedimento para poder amar. Si aman, así como Yo lo necesito, el mundo se convertirá, aunque esto cueste mucho; porque sobre la superficie de la Tierra habrá espíritus valientes, estrellas redimidas que brillarán en los abismos de este mundo para traer la Luz y la Paz.

Quiero que sigan trabajando, en lo que resta de este mes de mayo, por la reconsagración de sus vidas a Mi Inmaculado Corazón. Porque esto, en este momento, es lo que justifica ampliamente todos los errores que comete el mundo por medio de las guerras, de las crisis humanitarias, de la indiferencia y del descarte de los que sufren, de los que no tienen nada.

Es así que a ustedes, que están a Mi lado por una Gracia desconocida que aún no comprenden, los invito a vivir en mayor profundidad, no solo practicando el Amor de Dios, sino también los invito a vivir y los llamo a vivir la gratitud, para que nunca se olviden que siempre fueron premiados por los tesoros del Cielo, por medio de la Presencia de San José, de Su Madre Celeste y del Sagrado Corazón de Jesús.

Les pido que no pierdan la esperanza. Cuando la cruz se vuelve más pesada es cuando la victoria puede ser muy grande.

Imiten a Mi Hijo, en todo lo que puedan. Sean generosos, misericordiosos y podrán amar al semejante, así como ustedes quisieran que los amen. Este es el momento de practicar la fraternidad humana y de que sus vidas sean el ejemplo de las Palabras de Cristo.

Que Nuestros Mensajes salgan de las mentes e ingresen en sus corazones; porque allí es donde se realizará, ocultamente, la Obra Divina.

Y de tiempo en tiempo, confirmarán que Yo siempre he estado aquí, no solo por ustedes, sino también por el mundo entero, como hoy estoy aquí, por todo el planeta.

Dios Me ha pedido, y hoy se los pido a ustedes, que por motivo de este mes mariano, en el que aún muchísimas almas necesitan ingresar en Mi Inmaculado Corazón, vuelva a ser celebrada la Eucaristía, no solo para reparar el Corazón de la Madre de Dios, sino también celebraremos la Luz de la Eucaristía para que el divino e insondable discernimiento inspire a los gobernantes del mundo, para que establezcan la paz y la asistencia inmediata a todos los refugiados del mundo, a fin de que se reintegren los atributos espirituales de la familia humana; para que las familias exiliadas y desplazadas tengan la Gracia de reconstruir sus vidas completamente.

Por eso hoy, los tres ángeles que acompañan a la Madre de Dios, en representación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, recibirán su ofertorio, su más sincera oferta interior para que todo sea reparado y el mundo reciba un tiempo más de paz, a fin de que el gran cambio de la consciencia se pueda dar.

Celebraré junto a ustedes y por sus hermanos del mundo en nombre de Mi amado Hijo.

 

Fray Elías del Sagrado Corazón de Jesús:

De lo más profundo de nuestro corazón, ante la presencia del Inmaculado Corazón de María, que es la causa de nuestra alegría y renovación constante, ofrezcamos este Sacramento del Altar, consagrando estos elementos que se convertirán en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, a fin de que la Fuente de Su Gracia y de Su Misericordia desciendan a la humanidad y, especialmente, a todos los refugiados del mundo.

Señora de la Luz, Madre de la Divina Misericordia, Espejo de Justicia y de Sabiduría, Fuente insondable de Amor y de Gracia, haznos partícipes y merecedores de este ministerio, a través del Sacramento de la Eucaristía, para que Tus divinos y sagrados atributos, que brotan como una llama de Amor de Tu Inmaculado Corazón, nos fortalezcan y nos comprometan cada día más a servir a Tu Hijo, por la humanidad. Amén.

En la noche que Jesús iba a ser entregado, Él reunió a Sus apóstoles en el Cenáculo y se ofreció sin condiciones por cada uno de nosotros.

Fue así, que Él tomó el pan, lo elevó y se lo ofreció al Padre Eterno para que fuera convertido en Su Cuerpo. Luego de esta transustanciación, Jesús lo partió y se lo ofreció a Sus compañeros, diciéndoles: "Tomen y coman, porque este es Mi Cuerpo que será entregado por ustedes para el perdón de los pecados".

Te alabamos, Señor, y te bendecimos.
Te alabamos, Señor, y te bendecimos.

Te alabamos, Señor, y te bendecimos.
Amén.

Antes de terminar la cena, Nuestro Señor tomó el Cáliz entre Sus Manos y también se lo ofreció al Padre para que el Cáliz fuera transubstanciado en Su preciosa y divina Sangre. Enseguida, Nuestro Señor, se lo ofreció a Sus apóstoles, como hoy nos lo ofrece a cada uno de nosotros, diciéndonos: "Tomen y beban, porque este es el Cáliz de Mi Sangre, Sangre de la nueva y eterna Alianza, que será derramada por su Señor para la remisión de todas las faltas. Hagan esto en memoria Mía, hasta que Yo retorne al mundo".

Te alabamos, Señor, y te bendecimos.
Te alabamos, Señor, y te bendecimos.
Te alabamos, Señor, y te bendecimos.

Amén.

El Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bienaventurados los que hoy se sirven de este Sacramento espiritual para volver a vivir en el Corazón del Rey.

Unidos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, rezamos juntos la oración que Jesús nos enseñó. Y, en este momento, unidos como un solo corazón y una sola mente, realizamos por medio de esta oración del Padre Nuestro, nuestro acto de reparación al Inmaculado Corazón de María y por todos los refugiados del mundo para que la Luz, el Amor y la Paz del Sagrado Corazón de Jesús colme a las almas que más lo necesitan.

Oración: Padre Nuestro.

Que la Paz, el Amor y la Misericordia de Nuestro Señor, Jesucristo, y del Inmaculado Corazón de María desciendan al planeta.

"Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra Tuya bastará para sanarme.
Amén".

Con amor y reverencia a todos los Cristos internos de nuestros hermanos, anunciamos a través de tres campanadas, la Comunión Espiritual de todas las almas del mundo seguidoras de Cristo.

Mi Dios, yo creo en Ti,
yo Te adoro, yo Te espero y yo Te amo; 

y Te pido perdón por los que no creen en Ti,
no Te adoran, no Te esperan y no Te aman.

Amén.

Sintamos en nuestro corazón la Comunión con Cristo, y así unidos a Él, en espíritu y en amor, renovamos nuestros votos de servicio, de consagración y de entrega por la victoria de Su Cruz y el triunfo del Inmaculado Corazón de María.

 

Queridos hijos, Yo les dejo Mi Paz, para que la Paz abunde en la Tierra y, sobre todo, en los corazones que más necesitan del espíritu de Mi Paz para reafirmar su compromiso con Dios y con Su Plan de Amor.

Yo les agradezco por haber respondido a Mi llamado.

Los amo y los bendigo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Fray Elías del Sagrado Corazón de Jesús:

A pedido de la Madre Divina, nos recogemos a través de una canción inspirada por Santa Teresa de Jesús, para que ella también sea nuestro modelo en el ejemplo del servicio y de la perseverancia, de la absoluta fe en nuestro Redentor.

Cantaremos con devoción: "Nada te turbe".

Gracias a todos.