Lunes, 19 de marzo de 2018

Aparición de San José, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil, a la vidente Hermana Lucía de Jesús

Si quieren ser probados, transformados en aquello que Dios espera de ustedes, Él los probará; pero Él les entregará todo, para que cada prueba tenga su gracia, sus méritos y su razón de existir.

Yo no solo fui probado por Dios. Recibí de Él el mayor tesoro de Su Creación, que fue Su Hijo y Su Sierva, La que me enseñó a ser incansable, así como hoy se los enseña a cada uno de ustedes.

Ella también Me enseñó del amor, así como hoy se los enseña a ustedes. Abrió Mi Corazón para una verdad que Yo desconocía, a pesar de que sabía que Dios me preparaba para alguna cosa desde el inicio de Mi vida en este mundo.

Dios los probará, purificará sus consciencias y hará emerger en ustedes ese tan esperado y nuevo hombre por el cual claman todos los días en sus oraciones.

También clamé por un hombre nuevo, porque no me sentía digno de hacer parte de esta familia tan sagrada, divina, en esta Tierra.

Pero aprendí, hijos, que la dignidad humana no proviene de su condición, no proviene de lo que el hombre construyó en esta Tierra. Eso no es ser un ser humano.

El ser humano es aquel profetizado en las Escrituras: barro que parte de Dios, profundamente semejante a Su Corazón, a Su Fuente Divina. Es eso lo que, poco a poco, Yo les vengo a dar a conocer.

Hoy humildemente les revelo Mi Faz, para que también me puedan ver, así como Yo quiero expresarme al mundo en estos tiempos.

No vengo para ser adorado.

Esta imagen existe para que unan sus corazones al Mío. Para que reconozcan ese momento, en el cual Mi imperfección quedó de lado, para dar lugar a la Perfección de Dios.

Esta imagen existe para que comprendan la esencia de la existencia humana, y el camino que deben seguir en este final de los tiempos.

Yo no soy el Camino, la Verdad y la Vida. Yo estoy en el Camino, en la Verdad y en la Vida. Me siento parte del Corazón de Mi Hijo, porque Su Misericordia Me abrió las puertas para que ingresara en Su Corazón.

Esta misma Misericordia se presenta en sus vidas. Este mismo camino, esta misma verdad. Esta misma vida, que trasciende la vida en este mundo, también está aquí, disponible para sus corazones, para sus espíritus, para su condición humana.

Esta imagen representa lo que es imposible: el momento en que este báculo seco, muerto, floreció.

Así también es la humanidad: parece estar muerta, seca; pero en verdad, hijos, semillas únicas de flores que todavía se desconocen en el Universo se guardan dentro de ustedes, para que florezcan en una verdad que ya no debe ser desconocida.

Que esta imagen sea el agua derramada sobre las semillas de sus corazones, para que delante de ella florezca la verdad y cada uno de ustedes conozca su verdadero ser.

Que este relicario, así, pequeño y simple delante de la Grandeza de la Creación, sea el símbolo, hijos, del tesoro que se guarda dentro de cada uno de ustedes.

Hoy traigo los patrones de una nueva vida que, en verdad, es aquella que Dios pensó desde el principio.

Hoy el Creador los observa con regocijo, con profunda alegría, porque podrá despertar Sus Dones en el interior de aquellos que le dicen: “sí”.

Su Corazón se extiende al mundo a través del humilde relicario de Mi Casto Corazón.

Esta madera se dejó transformar. A pesar de sus imperfecciones, dio la vida a algo perfecto, a una vida nueva, que resucitará a aquellos que murieron, aunque caminen sobre la Tierra, porque sus espíritus están vacíos y sus vidas no tienen sentido.

Del mundo entero vendrán a contemplar este relicario, porque sus gracias hablarán a través del testimonio de transformación de los seres. Y aquello que parecía imposible, se manifestará.

El Creador Me concedió la gracia de colocar parte de Mi Corazón en este pequeño relicario, porque todo los que Yo recibí pertenece a Dios pertenece.

Y hoy Él quiere entregarlo a los hombres, a Sus hijos, para crear un puente con Su Divino Corazón.

El Creador me entregó parte del Corazón de María, parte del Corazón de Jesús, para que Yo trascendiera Mi condición humana, creciera en espíritu, manifestara Su Voluntad, multiplicara Sus Gracias; y hoy pudiera estar aquí, uniendo esas tres partes en un Corazón único, que en verdad es Su Corazón, que hoy se guarda como un tesoro en este pequeño relicario. Crean en esto.

Crean que este corazón es un puente para el Corazón de Dios y oren delante de él por el mundo, por la paz, por el fin de las guerras, por la unión de las religiones, por la comprensión entre las culturas, por el respeto entre los seres, por el amor.

Oren para que los niños de todo el planeta cumplan su misión en estos tiempos y no pierdan su pureza.

Recojan de este sagrado relicario la pureza de Mi Corazón, para que ella llegue hasta aquellos que por algún motivo la perdieron.

Dejen que el servicio se multiplique a través de la oración sincera. El Padre les agradecerá.

Les pediré ahora que, por un instante, vuelvan a cantar esta pequeña canción, que con mucha alegría Me prepararon para honrar el relicario de Mi Corazón.

Si cantaran con amor, demostrarán al mundo y a Dios que comprendieron la grandeza de la gracia que Él les concede a través de la intercesión de Mi Casto Corazón.

Así como las pruebas de este mundo serán desconocidas, las gracias también lo serán.

Así como no creerán en las atrocidades que verán en esta Tierra, también será ilimitada la grandeza de Dios que se expresa entre los hombres.

Por eso no piensen que es mucho si el Padre quiere colocar Su Corazón en un pequeño relicario en esta Tierra. A través de la intercesión de Mi Casto Corazón dejen que Dios exprese Su grandeza, porque Él puede todas las cosas, así como pudo entregar a Su Hijo en una Cruz en el calvario de este mundo.

Canten y dejen que las puertas se abran hasta el Corazón de Dios, de María y de Cristo; porque Yo Soy una pequeña parte de cada uno de ellos y, es con esos rayos que provienen de Sus Sagrados Corazones, que completo esta gracia que hoy le entrego al mundo.

Escucho muchas mentes que a veces piensan: “¿Cómo es posible que la grandeza de Dios se coloque en cosas materiales, como imágenes, como este relicario?” ¿A caso dudan que Dios esté en todas las cosas?

A veces los ayudo con cosas bien simples, diarias; no por esas cosas en sí, sino porque aprendí con el Niño Jesús a transformar esta vida material y a despertar la fe con los pequeños servicios, con las pequeñas cosas. Él abría Mi Corazón cuando me ayudaba en la carpintería. Él, que era un niño, Me enseñaba a ser carpintero cuando parecía que era Yo quien le estaba enseñando a Él.

De la misma forma, Yo vengo al mundo a traerles estas gracias enseñándoles cosas materiales. Estando en su día a día voy transformando sus vidas,  como Cristo y María Santísima transformaron la Mía.

Quién sabe si un día, hijos, en la nueva humanidad, ustedes están ayudando a otros que estarán aprendiendo sobre la vida, sobre la renovación de la Consciencia Divina.

Y recordarán este momento, cuando eran niños pequeños en la evolución humana y Yo tenía que venir al mundo para enseñarles estas cosas.

En la simplicidad de Mi Corazón se guarda una grandeza, que es la misma grandeza que se esconde dentro de ustedes.

Déjense guiar por Mis palabras simples. Déjense guiar por Mi silencio, así como Yo lo hacía con María Santísima.

Hoy les traigo la memoria de Mi vida como San José Castísimo, para colocarla tanto en este relicario, como en esta imagen. Y en la multiplicación de ella en todos los hogares del mundo, la misma gracia que les concedo, la multiplicaré cada vez que multipliquen esta imagen.

Crean en esto.

Hoy les hice comprender con el sol y con la lluvia, que necesito que amplíen Mi Casa. Espero que hayan entendido Mi mensaje.

Quiero que en ella entren muchos más de los que son hoy; porque ellos llegarán hasta aquí como peregrinos, y necesitarán ser acogidos.

Ellos transformarán sus vidas tanto como Yo las transformé.

Algún día, entre ellos, Yo también llegaré. Espero Me acojan como hoy los acogí.

Den gracias a Dios por enviar al mundo a Sus Mensajeros. No sean como la humanidad de mi tiempo, en que la mayoría no comprendía la gracia que estaba recibiendo.

Y la indiferencia humana fue tan grande, que hoy el mundo está como está: dormido.

Déjense tornar nuevos apóstoles, renovados en su fe. En una fe que se construye en el silencio, en lo invisible. Una fe profundamente espiritual, cuyo único milagro es la transformación de la consciencia.

Les agradezco por expresar la devoción a Mi Corazón. Que esta devoción se transforme en una fuente de redención y de salvación para las almas que hoy son retiradas de los abismos de este mundo, aunque nadie lo vea.

Guarden en sus corazones el pequeño Relicario de Mi Casto Corazón; una gracia que nace de la gratitud que Yo siento por ustedes estar aquí y por escucharme en los cuatro puntos de este mundo.

Reciban esta gracia con fe, porque la gratitud de Mi Espíritu me une a Dios, y esta gracia que Yo les entrego la recibí de Su Corazón.

Guarden en su interior Mis palabras, así como todos los impulsos que hoy les traje. Y como si no fuera suficiente, les concedo algo mayor: la Comunión y unión con Cristo por la intercesión sacerdotal de Mi Espíritu.

Vamos a orar juntos el Padre Nuestro en arameo, ofreciendo al Padre no solo estos elementos, sino cada una de las gracias que hoy les entregó.

Padre Nuestro en Arameo.

Por la intercesión sacerdotal de Mi Casto Corazón, que los ángeles de la Presencia vengan hasta aquí para convertir estos elementos, frutos de la tierra y del trabajo de los hombres. La verdadera perfección del corazón humano en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

Que a través de sus espíritus la paz llegue a este mundo. Con eso les agradezco por estar aquí, por escuchar Mi voz, por tornar viva Mi presencia.

Yo los bendigo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Multipliquen estas gracias al mundo y canten para que Yo me eleve a los Cielos; y que el relicario de Mi Corazón se expanda tanto que no quepa en la tierra y llegue a los cuatro puntos de este Universo.

Les agradezco.