MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​

Queridos compañeros en Cristo:

Quisiera hablarles sobre la grandeza de la Creación y los misterios celestiales. Quisiera revelarles el amor que colma las estrellas y anima los universos, para que se vean fortalecidos y resguardados por un propósito mayor, para que cumplan con sus misiones en este final de ciclo en la Tierra.

Con Mis palabras, a cada día espero que sus consciencias alcancen un nivel de comprensión que trascienda los límites de la mente humana. Intento hacerles comprender la magnitud del Plan de Dios y cómo ese Plan no puede comenzar y terminar en la existencia de este mundo.

Sé que muchos necesitan de palabras simples para poder comprender mejor y comprometerse en la tarea de rescate de los Mensajeros Divinos. Muchos prefieren no creer en Nuestras palabras y en Nuestras presencias, cuando les revelamos algo que no comprenden y que no se ajusta a lo que ya conocen. Sin embargo, les pido que no intenten reducir la grandeza de Dios a la comprensión de la mente humana. No intenten comparar al Amor del Único con su misma capacidad de amar. Y no esperen que la Creación de Dios se restrinja a la existencia de este pequeño planeta cuando tan vasto es el Universo.

¿Para qué existirían tantas estrellas y galaxias si no es para que en ellas habiten las diferentes expresiones del Amor de Dios en Sus criaturas? ¿O acaso piensan que las estrellas en el cielo existen para que los hombres puedan contemplarlas desde la Tierra?

Mientras un gran cambio se precipita en el mundo, los Mensajeros Divinos intentarán elevar la comprensión y el conocimiento de la humanidad. Intentarán abrir los ojos del corazón humano para verdades que no se ven con los ojos materiales.

Esto será así porque solo la certeza de un propósito superior y de una vida superior que los ampara, les darán fuerzas para vivir los tiempos que llegarán. Sin una comprensión mayor acerca de los Planes de Dios, sus vidas perderán el sentido, así como ya lo perdieron para muchos jóvenes y adultos que no encuentran motivo para estar en este mundo.

Si estuvieran fortalecidos por la esperanza de una meta espiritual y divina, podrían perseverar y mantenerse firmes para superar los obstáculos con amor, perdón y valentía. Y, cuando sea el tiempo, podrán reconstruir el mundo con el debido coraje y con los principios del espíritu.

MENSAJE DIARIO EXTRAORDINARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​

La Paz puede ser una realidad en el mundo, así como ella es en el Reino de Dios, en donde Su Consciencia Suprema se expresa plenamente. Sin embargo, para que eso sea posible, es necesario que los seres humanos quieran estar con Dios, así como quieren aquellos que viven en Su Reino.

Cuando un ser aspira a estar permanentemente con Dios, lo busca en todas las cosas y espera encontrarlo en todo, en la certeza que el Creador depositó una parte de Su Consciencia en todo lo que creó.

Por eso, para que la paz se establezca, deben buscar y encontrar a Dios en todo y en todos, trascendiendo las influencias del mundo y todo lo que aparentan ser las personas que transitan por él.

Acuérdense permanentemente de la existencia del espíritu de cada ser y que para cada uno, el Creador tiene un plan perfecto, una idea y un pensamiento divino. Acuérdense que, dentro de cada consciencia, en lo más profundo, están los códigos que ella necesita para cumplir con su misión.

Hoy quiero revelarles un misterio del Reino de Dios, de Su Plan para la humanidad. Al crear a los seres humanos, Dios depositó en cada esencia un atributo divino, llamado Rayo Universal, que es una forma de expresión de Su Divino Espíritu, aquel que crea todas las cosas.

Los Rayos del Creador son responsables de conducir Su Creación a la perfección, pero en el caso de los seres humanos existe un secreto, una particularidad: la vivencia de la perfección en la humanidad depende de la expresión del amor, y esa perfección se activa no solo cuando un ser ama, sino también cuando él es amado.

El amor del que les hablo no es el amor que ustedes conocen, porque los seres humanos acostumbran amar lo que les conviene, lo que les agrada o lo que les causa alguna gratificación, pero ese no es el Amor de Dios.

El Amor de Dios es aquel que mira un ser y trasciende sus imperfecciones, encontrando así la verdad de la esencia de cada uno, y es eso lo que ama: ama la Voluntad de Dios para con Sus criaturas; ama la Perfección de Dios escondida en los seres; ama al Mismo Dios por intermedio de Sus criaturas.

No es imposible vivir este amor, pero para encontrar algo que está perdido en el otro, deben encontrar lo que está perdido en ustedes mismos, que es la posibilidad de amar verdaderamente.

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​​

Antes que la vida se manifestase en este mundo, ella ya se desarrollaba en muchos otros, en este y en otros Universos. Era la vida que expresaba la Consciencia de Dios en creaturas que evolucionaban para alcanzar un día el propósito de retornar a la semejanza perfecta con el Creador. Pero como ustedes pueden comprender, las creaturas en el Universo también están aprendiendo y cometieron muchos errores en las escuelas por las cuales pasaron para alcanzar su objetivo, sobre todo, en la gran escuela de la vida.

Este mundo, en el cual viven hoy, es un reflejo de lo que ya existe en el Universo desde hace eones de tiempo, una existencia que no se mide con el tiempo de este mundo.

Podrán preguntarse por qué desconocen esa vida o por qué la sienten tan distante de la realidad en que viven. Yo vengo para explicarles que, al principio, la idea de Dios era que ustedes no la recordasen, a no ser con la esencia del corazón.

Aquellos seres humanos que comenzasen a ingresar en el recinto de su propio corazón y se abriesen a la unidad con Dios, poco a poco recordarían la existencia del Universo y del gran Plan del Creador.

¿Por qué no lo recordarían antes? Porque, hasta entonces, no habrían desarrollado en el corazón el suficiente grado de amor ni la capacidad de perdonar, necesarios para curar todo lo que vivieron en el Universo.

Ahora, más de dos mil años después que el mundo viviera el ápice de la manifestación del amor, por medio de Cristo, de Su Familia y de Sus apóstoles y discípulos, la humanidad fue desarrollando silenciosamente ese potencial para amar, y por lo tanto, llegó el momento correcto de comenzar a despertar.

Sé que muchos sienten que no pueden perdonar ni siquiera las cosas de este mundo y que tampoco viven el amor verdadero en su interior. Pero Yo les digo que ese amor ya está en la consciencia humana, disponible para todos aquellos que lo busquen. Dentro de ustedes, ese amor es una semilla ya germinada, que encontrará suelo fértil por todo lo que recibieron en los últimos tiempos y que podrán colocar en práctica en los tiempos que vendrán.

Cristo sabía de la existencia de la vida más allá de este mundo, reconocía Su Misión y el Plan de Su Padre, porque era pleno el Amor de Su Corazón y la unidad con Dios era Su estado natural de consciencia.

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​

Al principio de la Creación de Dios, Él manifestó los Universos en el Cosmos Infinito, que eran la representación viva de Su Divina Consciencia.

Dentro del Cosmos, Dios reprodujo en todo los mismos principios de la creación, y de diferentes formas, representaba Su Consciencia Divina en todo lo que creaba. Creó los universos con los principios de Su Perfección. Creó las galaxias, los planetas, los seres conscientes, que eran el resultado vivo de la expresión de las esencias que provenían de Su Corazón.

Y en la vastedad del Cosmos creado por Dios en siete dimensiones que cohabitan y, en armonía, se auxilian mutuamente para alcanzar el mismo propósito evolutivo —volver a ser uno con Dios—, el Creador concibió los seres humanos.

Separó de las demás criaturas, en cuerpos materiales, espíritus antiguos, a los que confió el mayor proceso de transformación y de redención de Su Creación.

En un tiempo paralelo, diferente del tiempo y del espacio del resto de la Creación, Dios colocó lo que habría de más precioso, si alcanzase el resultado deseado y si el potencial de Su Proyecto se desarrollase en aquellas consciencias.

En ese mundo, el Creador reunió espíritus provenientes de todo el Cosmos. Consciencias con diferentes tipos de aprendizajes y con registros ocultos, tanto positivos como negativos. De todas ellas retiró su memoria cósmica, para que no supiesen quiénes eran, y así, pudiesen unir sus conocimientos y equilibrarse unas con otras, para alcanzar el propósito esperado.

El Señor envió al mundo, además de todos los espíritus que más necesitaban de redención, Consciencias Divinas, uniendo así dos opuestos y representando en este pequeño planeta la gran dualidad que existe en este Universo. De esa manera, entregó al mundo dos posibilidades: la de vivir un gran mal y la de vivir un bien.

En esta arriesgada experiencia divina, el Creador confió a la esencia de aquellas criaturas un Principio Divino, la unidad, que, activado en la esencia del amor, le permitiría a las consciencias vencer la dualidad del Universo y encontrar una manera de elevar toda Su Creación universal hacia un nuevo nivel de aprendizaje, un aprendizaje basado en la unidad con Dios, por medio del amor.

Cuando les pedimos oración, es para vencer las fuerzas que dentro y fuera de los seres causan el mal. Fuerzas que solo son vencidas con un gran bien, que es el amor.

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Aprendan a sentir en su propio corazón los dolores del mundo y a hacer suyo, el padecimiento del Sacratísimo Corazón de Dios.

Contemplen en sus corazones la Creación y todo lo que ella manifiesta, cómo se expresa en el universo. Contemplen la perfección y la armonía de la naturaleza, del sol, de los ciclos de la Tierra. Sientan en sus corazones el potencial de la Perfección Divina que está latente en su interior. Pregúntense todos los días ¿cuál es el camino para manifestar ese potencial?

Quisiera que en el corazón de los seres humanos el amor a la Creación Divina fuese mayor que el amor a la creación humana. Sin embargo, ustedes están mucho más aferrados a lo que proviene de sus propias ideas, que a lo que proviene del Pensamiento Divino.

Los seres humanos aprendieron a amar y a admirar lo que fue creado por su limitada mente y el orgullo adquirido fue tan grande, que quedaron presos de su propia pequeñez y mezquindad; no consiguieron amar algo superior, ni siquiera creer en su existencia.

Con  tristeza en Mi Corazón, les digo que muchos no se transforman porque no creen verdaderamente en la existencia de Dios, de su Plan, ni de Sus Mensajeros.

Las consciencias observan el caos y el mal avanzando en el mundo y prefieren pensar que siempre fue así, o se pierden en los pequeños problemas y en las preocupaciones de sus vidas para no percibir que la verdadera barca que se está hundiendo no solo es en el Medio Oriente, sino en el mundo entero.

Es la consciencia humana, Mis queridos, que se está sumergiendo cada vez más en lo profundo de la oscuridad. Y cuando los tiempos necesitan verlos despiertos y preparados, entregados y con fe en lo invisible, se están escondiendo de la verdad y profundizando más y más en la ilusión, para no percibir que el tiempo final ya llegó.

El Cielo siempre agradecerá sus oraciones, y con el poco esfuerzo de todos los seres, intentará retirar el peso de la balanza de la Justicia, que se inclina por la desaparición de la humanidad.

Ustedes, compañeros, son células vivas del Corazón de Dios. Por eso es tan grande Su tristeza por este mundo.

El proyecto del Creador es perfecto y ya todo les fue entregado para que puedan vivirlo. Sin embargo, ustedes necesitan decidirse y levantarse de la cama de la ilusión en la cual duermen todos los días, para actuar en favor de la humanidad.

Los amo. Por eso, les prevengo.  

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​

En la esencia de los seres humanos se encuentran todos los potenciales que podrán desarrollar al despertar al amor y a la fraternidad. La esencia es el tabernáculo de uno de los misterios más grandes de la Creación Universal. En ella se encuentra lo más perfecto que Dios creó, para que se desarrollase y manifestase más allá de este mundo, a favor de la evolución de todas las criaturas.

Este tesoro que habita dentro de cada uno de ustedes es silencioso, humilde, y jamás se mostrará, si no salen en su búsqueda.

Todo lo que necesitan para expresar con perfección lo que verdaderamente son, se encuentra dentro de cada uno. Lo que sucede es que siempre están muy ocupados en mostrar para el mundo algo que no son, y colocan todo su empeño para no salir un poco de ese lugar, para no perder las apariencias ya alcanzadas, el respeto que consiguieron y el ejemplo en que sus vidas se convirtieron.

Cada vez que intentan aparentar algo para agradar a los demás, más se apartan de lo que son en esencia. En tanto más conquistan buenas apariencias, tanto más se despreocupan de buscar lo que deben ser y que se encuentra en lo opuesto a lo que el ser humano aprendió a manifestar.

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​

Entra en comunión con los Reinos de la Naturaleza y aprende a amar la esencia de la Creación. Observa los Reinos y aprende cómo vivir permanentemente bajo las leyes sublimes de Dios, en perfecta armonía con el Creador.

En Su Plan Divino, el Creador concedió a cada expresión de Su Divina Faz, los Reinos del Planeta, un atributo para manifestar.

Comulga de la paz, de la armonía y de la belleza de las aguas. Comulga de la cura y liberación de los minerales.

Comulga de la elevación de los árboles y del constante espíritu de donación del Reino Vegetal, que en su humildad, entrega siempre lo mejor a Dios, sin importar cómo será tratado, cuidado o amado por los demás. El Reino Vegetal sabe de la Ley Divina de la donación de sí, a Dios, y a Su Plan Superior. Contempla ese Reino y descubre, por medio de él, el secreto del vacío de sí.

Contempla el Reino Animal y aprende del amor a la vida. Aprende a defender las Leyes de Dios, a cuidar del prójimo y a ser siempre fiel a aquel que amas plenamente. Aprende de la plenitud del Reino Animal, y con la misma naturalidad del corazón, sé guardián de la vida y de la Perfección de Dios.

Contempla en tu mundo interior a los ángeles y devas, que en lo invisible crean y recrean la belleza de este mundo manifestado. Aprende con ellos a manifestar la belleza en silencio, a obrar en secreto y a entregar lo mejor, sin necesidad que nadie sepa de su existencia.

Vive el sublime atributo de la humildad, que ángeles y devas expresan en el mundo.

Contempla los elementos y cómo se complementan entre sí. Descubre, entonces, cómo se comparte aquello que el otro necesita para expresarse. Sé como el viento, que permite la existencia del fuego y le da al prójimo todas las posibilidades de ser aquello, perfecto, que está latente en su interior.

Y aprendiendo de los Reinos de la Naturaleza, expresa lo que el ser humano tiene de más sublime: su posibilidad de aprender lo más bello de toda la Existencia y de vivirlo en sí, en la esencia del amor a la Creación.

Los amo y los aguardo, sencillos de corazón y mansos de espíritu, siempre dispuestos a observar la Creación y aprender. Siempre dispuestos a amar y a donar de sí lo que le falta al otro para alcanzar la perfección.

Su Amado Padre e Instructor, San José, Aprendiz y Siervo de los Reinos de la Creación

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

¿En dónde buscar la esencia de la humildad? En medio de la degeneración humana, ¿cómo encontrar la pureza y la simplicidad que Dios espera de Sus Criaturas?

Cuando decimos: “Sean humildes”, los corazones se preguntan: ¿Cómo?

La humildad nace del amor al prójimo y del amor a Dios; de la reverencia que surge a partir de este amor, porque el corazón que ama, reconoce lo sagrado y la esencia divina presente en cada cosa.

Los seres humanos perdieron la referencia de lo sagrado y vulgarizan la grandeza de la Creación, por la arrogancia y por la ignorancia que impregnó el corazón de los hombres.

Volver a lo sagrado es como incursionar en un universo que desconocen casi completamente y al intentar buscarlo y vivirlo, muchos sienten que están fantaseando o viviendo algo que no corresponde a su realidad en este mundo.

Sin embargo, hoy les digo, queridos compañeros, que sienten todo eso porque sus células están tan impregnadas de la oscuridad del mundo y esta humanidad está tan separada de Dios, que como ya les dije, este camino de transformación es para los valientes de espíritu.

Será necesario vencer al mundo y sobre todo, vencerse a sí mismos. Pidan a sus almas y a sus espíritus que les enseñen a vivir en lo sagrado y que los ayuden a encontrar el camino para vivir el atributo de la reverencia.

La humildad sólo se encuentra cuando la consciencia es capaz de reconocer la Presencia de Dios en cada ser y al sentir así, actuarán ofreciendo al prójimo siempre lo mejor. ¿Qué no merecerá Dios presente en el prójimo?

Como ejercicio de humildad, intenten encontrar al Creador en todas las cosas y en todo, descubran lo mejor: el mejor atributo que expresa un hermano, un reino de la naturaleza o cualquier expresión de la Creación.

No intenten buscar en el prójimo las miserias, para regocijarse de este modo de ser mejores que los demás. Busquen en el prójimo aquel atributo que aún no alcanzaron. Encuentren al Creador en Sus criaturas y ámenlas, como si tuviesen al mismo Dios delante de sus ojos. Sirvan a ese Dios, entréguenle lo mejor y haciendo esto, en la esencia de la simplicidad, encontrarán puertas abiertas para la humildad, para la reverencia y para el amor. Así, poco a poco, desterrarán del interior el viejo hombre, que sólo pretende que se establezca el propio reinado, la conquista de las ventajas y la seguridad de ser mejor que los demás.

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