Viernes, 6 de noviembre de 2015

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Hoy, día en que están orando mundialmente y clamando por la energía de la Misericordia de Cristo para el planeta, quiero ayudarlos en el camino de la oración.

Queridos:

El peso del mundo se volverá cada vez mayor interna, mental y emocionalmente, en especial para aquellos que intentan recorrer el camino evolutivo.

En los días actuales del planeta, ser una consciencia orante es remar contra una gran corriente de inercia, distracciones y búsqueda del placer y de la gratificación. Por eso, aún más en este tiempo de intensa purificación interior para todos, deberán estar atentos a lo que les diré.

A lo largo de toda la existencia humana, todos los códigos que el hombre generó en la búsqueda del poder, del placer, de la gratificación, con la competitividad, la vanidad, la ira…, fueron impregnando la consciencia humana en su totalidad, incluso, llegando hasta lo profundo de la consciencia celular de muchos  seres, de aquellos que nunca vivieron una experiencia de buscar lo sagrado, lo evolutivo, lo puro.

En diferentes proporciones, esas energías, llamadas capitales, están dentro de todos los seres de la Tierra porque están dentro de la consciencia humana y, en ciertas partes del mundo, algunas de esas energías controlan completamente las consciencias.

¿Por qué les digo estas cosas? Porque, aunque no lo parezca, las pequeñas y grandes distracciones durante los momentos de oración, los pensamientos y deseos recurrentes contrarios al camino evolutivo, todos los impulsos que no consiguen controlar en sí mismos y que están siempre llevándolos en el sentido contrario a lo que intentan construir, todo eso tiene raíz en la consciencia humana; y esas raíces no son tan fáciles de extirpar como parece, aunque no sea algo imposible. 

Deben comenzar cambiando sus intereses más profundos. Por ejemplo: durante la oración observen hacia dónde los conduce la mente y qué es más importante para ella que el acto de orar. Con mucha paz y armonía, busquen las raíces de esas cosas para que se puedan ir transformando. Piensen en el motivo de sus distracciones y, enseguida, piensen en Medio Oriente, en África, en los niños, en los jóvenes y en los adultos que padecen en el mundo entero. Pregúntense entonces: ¿Qué es más importante para mí, las distracciones u orar para revertir esas situaciones del planeta?

Y hagan así con todo. Conversen consigo mismos. Cuando estén delante de un deseo que no los lleva por un camino evolutivo, pregúntense: ¿Qué es más importante para mí, eso o
cumplir la Voluntad de Dios?

No tengan miedo de las respuestas porque, aunque no sean las que esperan, ellas podrán revelar para la consciencia lo que está en su abismo interior más profundo, para que así puedan limpiar y purificar lo que les impide cumplir con perfección los Planes de Dios.

Revisen queridos, en su interior, sus prioridades, deseos y aspiraciones.

Pregúntense, en cuanto oran: ¿Por qué estoy orando? Y si la mente les responde: para que otros me vean orar. Entonces díganle a ella: ahora voy a orar por el planeta.

Así, transfórmense con paz, amor y alegría, pero no dejen de dar cada día un pequeño paso.

Mi Casto Corazón les habla de una forma simple y clara, porque necesito que comprendan definitivamente y den los pasos que Dios espera de todos, pues ya no hay más tiempo.

Yo los amo y los guío a la transformación de la vida.

San José Castísimo