Sábado, 16 de enero de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​

Estábamos realizando una tarea grupal con todos los miembros de la Comunidad Fraternidad, en Uruguay, en donde vivimos, y concluimos la jornada de trabajo con la recepción del mensaje diario de San José. A pesar de haber llegado del Medio Oriente, de un campo de refugiados, San José nos transmitió un mensaje dirigido especialmente a las Comunidades-Luz, pero que como Él mismo explicó, puede servir para todos aquellos que se consideran servidores de Dios y consagrados a Su Plan. Que todos los que lean este mensaje practiquen estas palabras, adaptándolas a sus propias vidas. Este fue un pedido de San José.


      La fraternidad es algo que debería caracterizar este mundo, un atributo que todos los seres de la Tierra deberían portar en su interior, para que se volviese el punto de partida para la vivencia del amor crístico. Para dar sus vidas por sus amigos, primero deberán aprender a ser fraternos.

Existen seres que consiguen ser fraternos por la naturaleza de sus propios espíritus, pero otros deberán transpirar mucho su propio ego, en un arduo trabajo de trascendencia de los pareceres propios, voluntades y necesidades; deberán vivir una verdadera renovación en lo que llaman prioridades en sus vidas.

La prioridad de los seres humanos encarnados en este mundo debería ser, en verdad, la vivencia perfecta del amor y de la unidad: de los unos con los otros, de cada uno con Dios y de todos con Él. Teniendo esto como única prioridad, todo lo demás debería adaptarse.

Si piensan que tienen alguna necesidad mayor que la de vivir la fraternidad y el amor, comiencen desde ya a meditar sobre la razón de sus vidas y el propósito de sus existencias en el mundo.

Busquen, por un instante, la razón por la cual se levantan todos los días. ¿Por qué trabajan, estudian, comen, beben, construyen casas, programan sus días, hacen planes? ¿Cuál es el verdadero sentido de todo eso?

¡Ustedes no deben pensar que la vida encierra su propósito en la simple necesidad de mantenerse vivos y cómodos en este mundo! ¿O sí?

Si el alma no encuentra un propósito superior por el cual levantarse todos los días, va perdiendo el interés por la vida.

Deben hacer de esta experiencia en la Tierra un acto permanente de renovación, de trascendencia, de superación, de libertad para amar en Dios. Libertad de sí mismos para donarse al prójimo sin límites y sin restricciones.

Todos piensan que viven por un propósito superior. Todos creen que están en el mundo para aprender el amor, pero cuando están delante del alimento en la mesa, intentan tomar rápidamente lo mejor para sí. Si ven que el otro necesita de ayuda, fingen que no están viendo. Si van para alguna tarea grupal, rápidamente buscan aquella que más les gusta, no aquella que más necesitan. ¿No será que existe otro hermano que necesitaría, más que ustedes, colocar sus pies en la tierra y cuidar una flor, mientras ustedes podrían hacer alguna otra tarea dentro de la casa?

Aquellos que viven en las comunidades saben lo que digo. Pido perdón a los que no comprenderán Mis palabras y Me tomo un tiempo para instruir aquellas almas, tan amadas por Dios, que decidieron entregar sus vidas para el cumplimiento de Sus Planes y que deben reflexionar si realmente lo están haciendo.

Estas palabras servirán para todos aquellos que se consideran servidores del Plan y consagrados a Dios, porque deben llevarlas a su propio día a día y hacerlos meditar sobre sí mismos, nunca sobre el otro. Entonces, piensen verdaderamente: ¿están aquí para servir al Plan o para vivir su propia transformación y nada más?

Desde que hablamos de cristos del nuevo tiempo, ¿algunos de ustedes ya están trabajando por la cristificación de otros o piensan solo en la posibilidad de ser ustedes mismos estos cristos? Deben percibir que, aun siendo este un propósito superior, están pensando en sí mismos.

Si necesitan estar solos y alguien necesita de su presencia, ¿fingirán que no ven? Si quieren dormir temprano y hay otro que aún no terminó sus quehaceres, pensarán: ¿“mejor un ser cansado que dos”?

Queridos, les hablo como un padre, porque sé que sus almas quieren crecer y deben hacerlo. Los tiempos de definición ya no están tocando más en la puerta, porque ellos entraron en sus casas y están pidiendo a todos una vida verdaderamente espiritual.

Si la humanidad no da un paso rumbo a la verdadera fraternidad y al amor y si sigue entregada parcialmente a Dios, cuando se puede decir que entregó algo, jamás se cumplirá el Plan tal como el Señor espera que sea cumplido.

Dios calla y busca encontrarlos en la más profunda esencia de sus corazones. ¿Alguien Lo buscó? ¿Crearon condiciones para que sus hermanos puedan hacerlo?

Reflexionen si el verdadero propósito de sus almas es la vida del espíritu.

¿Quieren construir una isla de salvación y de rescate? Entonces, rescaten, mientras haya tiempo, su propia vida espiritual.

Los amo, y por eso, les digo todas estas cosas. Que cada uno las tome para sí.

Su Padre y Amigo, San José Castísimo