Sep

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Miércoles, 13 de septiembre de 2017

Aparición
APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN LA CIUDAD DE CARMO DA CACHOEIRA, MINAS GERAIS, BRASIL, A LOS VIDENTES FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN Y HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Hoy Mi Corazón se enciende de alegría por los más simples y por los más pobres; por el amor que brota de sus corazones al llamar a su Madre Celestial para que Ella, como una dulce Señora, venga al encuentro de Sus hijos.

Hoy vengo aquí por los que Me han llamado.

Nuevamente, queridos hijos, los vuelvo a congregar en el sagrado oratorio de Mi Inmaculado Corazón, en donde se puede vivir la experiencia divina, el encuentro con Dios y la manifestación de Su divino Propósito para cada una de sus consciencias.

Hoy vengo vestida de blanco, coronada por Mis hijos y con la luna a Mis pies, para anunciar al mundo que aún hay tiempo de poder arrepentirse.

Dios está sediento del amor de todas Sus criaturas, de la sinceridad de los corazones, de la verdad de todos los servidores, que pueden expresarla en estos tiempos.

Dios está con Sus Brazos abiertos, mostrando Su Corazón resplandeciente, indicando para todos que aún hay tiempo de poder ingresar en el Océano de Su Misericordia, para que sus deudas sean purificadas, para que sus almas sean curadas y solo puedan sentir, queridos hijos, algo que Yo siento todo el tiempo, que es estar en el regocijo de Dios; en unión con Su divina e insondable Fuente, en perpetua y perfecta comunión.

Para que todo esto sea posible y primero surja en sus vidas, deben seguir orando el Rosario todos los días, porque aún el anuncio que Yo hice en Fátima está latente.

Después de cien años, el mundo está en la mayor gravedad, en un gran caos que sumerge a muchas almas al infierno.

Yo les pido, queridos hijos, que con la misma sinceridad de sus corazones y el mismo calor de sus oraciones, hoy ofrecidas al Santo Creador, sigan formando grupos de oración, para que en esta ciudad y más allá de ella, existan columnas de luz, que serán depositadas por el Cielo y bajo el orden de Mi Inmaculado Corazón, a través de la obra de los santos ángeles.

Vengo a pedirles, queridos hijos, que sigan orando por el equilibrio del planeta y de su humanidad, que sus corazones no se cansen de proclamar la fe en Dios, ni tampoco de buscar la Iglesia, para que a través de la Eucaristía, todos los días de sus vidas estén en comunión con Mi amado Hijo.

Necesito, queridos hijos, que puedan tornar esta ciudad un Espejo de Mi Reino Celestial. Y eso comenzará primero en ustedes, viviendo buenas actitudes, reflejando buenos ejemplos, transformando sus vidas por el potentísimo caudal de la oración del corazón.

Yo les pido, queridos hijos, que sigan Mis pasos, los pasos que hoy les estoy indicando, para que Dios Me pueda permitir retornar aquí cuantas veces sea necesario y bajo el principio de Su divina Voluntad.

Necesito que sus corazones se sigan abriendo, para que Mis ángeles, los ángeles que hoy Me acompañan y que rodean a su Madre Celestial, puedan curar sus heridas más profundas y después de cada encuentro Conmigo, salgan de aquí renovados, con una esperanza fortalecida, con una fe inextinguible, con un amor desconocido, que finalmente los hará libres de este cautiverio del fin de los tiempos.

Hoy vengo a recoger especialmente sus oraciones para que más Gracias sean derramadas en el mundo, especialmente en aquellos rincones del mundo en donde, la humanidad entera aún no sabe lo que sucede. ¡Cuánto las almas sufren en silencio, por medio de la esclavitud y de la persecución!

Vengo a utilizar sus oraciones de este día, para poder cerrar más infiernos en este planeta; para que más almas, más semejantes a las de ustedes, puedan despertar y salir de esta ilusión que ciega al mundo.

Vengo a abrir los portales del Universo, para que no solo ustedes, sino más almas en el mundo entero, puedan sentir y escuchar la llamada de Dios para consagrar sus vidas al Infinito y hacer de este planeta un pueblo sagrado, así como fue el pueblo en el desierto, en compañía de Moisés.

Yo vengo a contemplar, por medio de Mis ojos maternales, la dulzura que brota hoy de sus corazones, la cálida oración que ennoblece sus espíritus y que vivifica sus almas ante la presencia de la Madre de Dios.

Hoy como nunca, Dios tiene Sus Oídos muy abiertos para escuchar las súplicas de Sus hijos. Algunos pronto alcanzarán las gracias que necesitan, pero otros deberán seguir orando todos los días, para poder alcanzar la Gracia Mayor de Dios. Porque la verdadera oración, que puede ser pronunciada por sus corazones, los liberará, los redimirá y podrán alcanzar la paz dando fin a la deuda humana, a todo pecado que hace de los corazones, corazones sufridores.

Yo vengo, queridos hijos, a instituir Mi Portal de Paz en el mundo y vengo a hacer de ustedes almas en constante renovación, corazones en adoración a Dios.

Quiero hacer Mi milagro en los más simples, para que den testimonio al mundo de la potencia del Amor de Dios cuando los corazones se abren y dejan que el Creador los transforme, no solo a través de Su Santa Sierva, sino también, hijos Míos, por medio de la oración y de la devoción de sus corazones.

Quiero construir aquí lo imposible, en un mundo de caos y de tantas guerras. Mis ojos contemplan situaciones que ustedes desconocen, que el mundo entero desconoce, y que aspiro a compartir con Mis hijos, aquellos que se abran para sentir Conmigo el dolor de este mundo.

Quiero hacer de este lugar, así como de sus casas y de sus corazones, cenáculos de reparación, para reparar el Corazón de Dios, tan ofendido y tan herido por las acciones de los hombres.

Hijos Míos, en esta noche comparto no sólo la alegría de Mi Santo Espíritu con sus pequeños corazones, sino que también les entrego una espina de Mi Corazón para que las reparen con sus constantes oraciones. Pues, en esta noche les digo que no se necesita mucho para reparar el Corazón de Dios. Cuando son simples, pero verdaderos, pueden abrir las puertas del Cielo y contemplar en su interior el Corazón del Padre, que se muestra a Sus hijos, cuando ellos se abren para verlo.

Vengo, en esta noche, a revelarles un misterio celestial: el misterio de la reparación, para que aprendan, hijos Míos, que al transformar sus vidas, no sólo están transformando sus familias y trayendo un poco más de paz para sus hogares, para sus amigos. De esta forma, hijos, cuando transforman sus espíritus y sus corazones, cuando oran todos los días junto Conmigo, están reparando el Corazón de Dios por faltas que desconocen, están generando méritos para que muchas almas perdidas encuentren la salida de la oscuridad en la cual viven, estando en este mundo y más allá de él.

Hijos míos, quiero construir el triunfo de Dios en sus corazones para que, a partir de ustedes, este triunfo se extienda al mundo. Sólo necesito que me digan “sí” y que oren verdaderamente, transformando las prioridades de sus vidas, teniendo consciencia, hijos, de aquellas acciones que no construyen el Plan de Dios en este mundo, sino que, al contrario, destruyen la gracia de sus espíritus, la gracia que Yo les entrego, una y otra vez, cuando vengo del Cielo a su encuentro.

No pierdan, hijos Míos, todo lo que Yo les entregué y todo lo que aún les entregaré, viniendo a este mundo. Sino que construyan, día y noche, con sus oraciones, con sus acciones, con la transformación de sus vidas, una Gracia Mayor para todo este planeta. El planeta está en guerra, está en una agonía permanente, que muchos no perciben porque solo ven sus pequeños sufrimientos y solo buscan su felicidad vana.

Hoy, hijos Míos, quiero que conozcan una felicidad mayor, que transciende todo lo que los colma con las cosas de este mundo. Vengo a entregarles la alegría celestial, que está más allá de todo sufrimiento humano y que inclusive se encuentra a través del sacrificio y del esfuerzo constante.

Quiero que conozcan, hijos, la alegría de estar en Mi Inmaculado Corazón y de compartir Conmigo todas las bendiciones del Cielo, para que las lleven a sus hermanos, a los que están a su lado y a aquellos que están en el mundo, en lugares remotos y desconocidos.

Vengan Conmigo, hijos Míos, trascendiendo las fronteras entre las naciones, por medio de la oración de sus corazones, para que el mundo encuentre un mayor tiempo de paz, a través de sus vidas.

¿Será mucho lo que Yo les pido, que oren todos los días un Misterio del Rosario, uniendo los espejos de sus corazones a Mi Inmaculado Corazón? Oren Conmigo, hijos, y vean sus vidas ser transformadas por la Gracia de Mi Espíritu, por la presencia de Mi Inmaculado Corazón.

Ustedes forman parte de la historia de Mi vida, la que Yo escribo día a día, por medio de la conversión de su corazón y del despertar perpetuo a una oración renovadora, una oración que trae la fe y la esperanza que tanto necesita el mundo.

Y les vuelvo a decir, queridos hijos, que debo llegar nuevamente a los Estados Unidos; aún Mi tarea con esa nación no está finalizada y será posible, por su colaboración y su unión Conmigo que Yo volveré a triunfar en los corazones más despiertos y, sobre todo, en los corazones que se apartaron de Dios por obra de Mi enemigo.

Vengo a construir en ustedes la importancia de unirse a todas las razas y culturas, para que juntos, queridos hijos, atendamos a esta emergencia planetaria, que es responsabilidad de cada uno de ustedes.

Yo Soy su Mediadora, la Pacificadora, la Madre que consuela a las almas y a los corazones.

Hoy vengo con una bendición especial para los que se consagrarán como nuevos Hijos de María. Que ahora se aproximen a Mi altar para que Yo pueda bendecirlos a todos.

Rezaré al Padre Eterno por ustedes:

“Señor de las Alturas, Omnipotencia máxima, 
que te espejas y estás vivo en todos los universos, 
como en todas las estrellas, 
participa con nosotros de este momento. 
Escucha la voz de Tu Sierva fiel:
Haz descender Tu Reino Celestial, 
transmuta y purifica a las almas
y vivifícalas con el Fuego de Tu divino Espíritu, 
a fin de que se establezca, Padre Eterno, 
Tu Proyecto original en la humanidad, 
en todos los que hoy se redimen 
a los pies de Tu Sierva Celestial. 
Amén”.

Yo los consagro, queridos hijos, y les pido que a partir de hoy formen parte de Mi ejército de Luz, de Mis soldados de la oración, de Mis guerreros de la Misericordia, para que lleven al mundo, el alivio que él necesita y la esperanza que han perdido muchas almas en estos tiempos críticos.

Hoy vuelvo a ser coronada como Madre y Señora de esta ciudad. El próximo paso será, queridos hijos, que desde la plaza de esta ciudad hasta este lugar, realicemos una procesión en honor al Inmaculado Corazón de María en el próximo encuentro, a fin de que Yo pueda, queridos hijos, llevar muchas más almas, millones de almas, hacia Mi Corazón y desde Mi Corazón, al Reino Celestial.

Que así sea.

Yo los bendigo y maternalmente les agradezco, por una vez más haber respondido a Mi llamado.

He podido hacer muchas cosas en el mundo y concretar aquí, en la Tierra, por medio de este encuentro, la Sagrada Voluntad de Dios.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Sean Mi Paz en el mundo para que más corazones se enciendan en la Misericordia del Creador.

Hasta luego, queridos hijos.

Sep

25

Lunes, 25 de septiembre de 2017

Aparición
Aparición de la Virgen María, en el Centro Mariano del Niño Rey, Rio de Janeiro, Brasil, a la vidente Hermana Lucía de Jesús

He aquí, hijos míos, Mi sagrada Flor de la Redención. Sus pétalos están formados por las esencias más simples, pequeñas y puras en su origen.

He aquí, Mi santa Flor de la Redención, que se expresa en los más pequeños, pero también en los adultos, que aceptan convertir su pasado y dejar que Dios diseñe para su futuro un camino de paz y de reconciliación.

He aquí, su Santa Madre Celestial, invisible a los ojos humanos, y tan palpable para los corazones que se abren para sentir Mi Presencia.

Sientan hijos, que Yo estoy aquí, como estuve en Nazaret.

Hoy, vengo a colocarlos en Mi regazo, para entregarles un abrazo de luz y, de esa forma, transformar sus destinos, purificar el pasado, y devolver a sus almas la alegría y la esperanza.

Vengo por los corazones que aún sufren, sin comprender la grandeza de su sufrimiento.

Vengo por las almas valientes, que a pesar de ser tan pequeñas, pudieron traer sus espíritus hasta aquí, para estar hoy a Mis pies; almas que claman por la Redención, por la oportunidad de transformar y de convertir su pasado y su futuro.

Hoy, hijos, Yo los invito a que formen parte de Mi Rosa de la Redención, a través del servicio, de la caridad crística, del amor incondicional.

Hoy, vengo para pedirles que ayuden a que esta, Mi Rosa, se multiplique a través de sus oraciones y también de sus acciones.

Quiero que ayuden a este Centro Mariano a florecer. Que el mundo conozca la Obra de su Madre Celestial en este lugar y los milagros que Dios realiza aquí, en el corazón humano y en la esencia de los Reinos de la Naturaleza.

Quiero que el mundo conozca este lugar, no para engrandecerlo, sino para ayudarlo, para que la humanidad perciba que hay una esperanza para este mundo en tinieblas. Hay una esperanza para cada corazón, desde el más pequeño al más grande, no importa su edad, su origen o su pasado.

Este Centro Mariano es como Mi Inmaculado Corazón, siempre dispuesto a acoger a aquellos que se disponen a ser otros, por amor de sus hermanos, por amor de Dios y también por su propio esfuerzo.

Quiero ver florecer Mi Rosa de la Redención, para que inspire a muchos otros corazones para abrirse en este final de los tiempos. Que de oriente a occidente, los niños del mundo sepan que aquí oran por ellos.

Quiero que sus ejemplos, hijos, sean como una luz para los corazones pequeños que están en tinieblas, por la injusticia y por el desamor.

Quiero que aquí abran las puertas al Corazón de Dios, y que vivan el milagro de Su Presencia todos los días, que se silencien para escuchar Su Corazón, que se abran para compartir con Él Su dolor, que se regocijen en Su alegría celestial, que se colmen de Su Misericordia.

Esta es la misión de este Centro Mariano: estar pleno en el Corazón de Dios. Aquí, El Shadai, hizo Su Morada, para que lo encuentren en la oración y en el servicio; para que suban al monte para conversar con Dios, como en los tiempos pasados; para que proclamen Su Gracia y Su Misericordia, y que Su Cruz Azul anuncie la redención de cada alma que aquí llega y de otros que llegarán cuando ella esté encendida, visible a los ojos del mundo.

Mis Centros Marianos, hijos, no son solo casas, campanarios, fuentes en la superficie de la Tierra, ellos son los pilares que su Madre Divina está construyendo, para que este mundo tenga una oportunidad de redención. Ellos son los pilares de un Templo Sagrado que debe construirse en la Tierra, para ser la morada de la Nueva Humanidad.

Por eso les pido que Me ayuden a manifestar estos Centros Marianos, a darlos a conocer al mundo, para que las almas que más lo necesiten puedan encontrarme.

Hay muchos hijos Míos que no Me conocen y que necesitan Mi Presencia; ellos están cerca y están lejos, y necesitan conocerme; y eso será, hijos Míos, a través de cada uno de ustedes que deben convertirse en Mis brazos y Mis pies en este tiempo de transición.

Sientan la Consciencia de Dios que observa sus espíritus, a través de la puerta que hoy abro al Cielo.

Sientan Su Compasión y Su Misericordia, que de una manera tan dulce los libera del pasado, los transmuta y los redime, para que sean dignos de una nueva vida.

Sientan el agua que brota de la Fuente Divina, el agua espiritual, llena de Dios, que viene hoy a lavarlos, purificarlos y bautizarlos con Su Santo Espíritu, para que esta casa comience a cumplir con su misión; y ustedes, hijos Míos, sean soldados de Mi Corazón, sean guerreros de la Misericordia de Cristo, del Niño Rey, para que Su Plan se cumpla.

Derramo sobre el agua de esta fuente el Agua que brota del Cielo, para que sea una sola; con sus espíritus, sus faltas y su pasado, para que, renovados por Mí, puedan hoy renacer.

Sean Mis pies e caminen por el mundo llevando Mi Presencia.

Sean Mis manos y obren Conmigo por la paz.

Sean parte de Mi Inmaculado Corazón y solo sientan y vivan como Yo siento y como Yo vivo en Mi Reino.

Sean una prolongación de Mi Mente Divina y solo manifiesten el Pensamiento de Dios para este mundo.

Oren con las cuentas de Mi Rosario, dejen que Mis manos se unan a las suyas, para que Yo les enseñe a ser incansables en la oración. De esta forma, descubrirán la esencia de este ejercicio tan simple.

Ahora, que vengan hasta aquí los nuevos hijos de María.

Hijos, quiero que se unan en oración por los niños de este mundo y que den vida a esta casa por medio de sus oraciones. Supliquen a Dios por Su Misericordia y dejen que sus espejos se enciendan cada día más, en unión al Espejo de Mi Corazón, para reflejar la paz y la esperanza en este mundo.

Les dejo la misión de anunciar Mi Presencia en este lugar, de orar por los niños del mundo, por los Reinos de la Naturaleza, y proteger por la eternidad a esta Mi Arca de Paz.

Cuando sientan que están perdiendo las fuerzas, vengan hasta aquí y oren Conmigo, recuerden esta Fuente que Yo les traje y laven nuevamente sus rostros, sus pies y sus manos; para que dejen su voluntad, su mirada y su pensamiento humano, y vuelvan a unirse a Mí.

la Mirada de Dios sobre ustedes y Su Agua de Vida que desciende sobre sus espíritus, sus almas y sus corazones; que los lava y los purifica; Yo los bendigo y los consagro, para que sean dignos de ser llamados hijos de María.

Ahora, preparen con alegría este bautismo que Yo instituiré, la renovación de estas primeras almas, de miles que aquí serán lavadas por el Santo Espíritu de Dios.

Escuchen lo que les digo, porque esta misión comienza aquí y será eterna, hasta que se manifieste la Nueva Tierra y este suelo vuelva a ser sagrado.

Con Mis ojos de amor los observaré y los bendeciré, y en Presencia de mi Hijo, los bautizaré.

Hoy, les agradezco infinitamente y les pido, una vez más, hijos, que me ayuden a manifestar este Centro Mariano, para honra y gloria de Dios, y para la redención de esta humanidad y de este planeta.

Los bendeciré con la señal de la Cruz, pero aún no me iré. Quiero escucharlos cantar, quiero verlos renovándose con el Agua de Vida, quiero ver a sus espíritus retornando a la Luz y a sus almas ser liberadas del pasado; porque así, hijos, muchas otras almas en el mundo, que ustedes desconocen, recibirán los méritos de esta liberación y podrán dar nuevos pasos en sus caminos.

Con el pequeño Niño Jesús en Mis brazos, dejo que Él extienda las Manos, Sus pequeñísimas Manos, y los bendiga junto Conmigo.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Que vengan hasta aquí los jóvenes y Me canten una vez más, este que para Mí será el Himno del Centro Mariano del Niño Rey, la música que Me cantaron al comienzo y que inspira a Mi Corazón para transformar sus vidas en verdaderos instrumentos de Dios.

Les agradezco.

Quiénes somos

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Fundada en diciembre de 2012, a pedido de la Virgen María, Asociación María, Madre de la Divina Concepción es una asociación religiosa, sin vínculos con ninguna religión institucionalizada, de carácter filosófico-espiritual, ecuménico, humanitario, benéfico, cultural, que ampara a todas las actividades indicadas a través de la instrucción transmitida por Cristo Jesús, la Virgen María y San José. Leer más

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