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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
En el final de estos tiempos, estaré con Mi Corazón expuesto y Mi Mano de Luz extendida hacia quien la quiera tomar; así como lo hizo Pedro, cuando por falta de fe casi se ahoga en las aguas e, implorando por Mi Nombre, Yo lo ayudé y ayudé también a los demás apóstoles para que no tuvieran miedo, sino tuvieran fe en Mí.
Yo vengo, en este momento, bajo esta tempestad que están cruzando, en la que la barca parece ir a la deriva, en la que el planeta parece naufragar.
Yo vengo una vez más en la gran confusión de la noche, en la perturbación de las mentes, en la falta de sosiego de los corazones, para traer lo que les he prometido: la Luz de Dios y Su Amor Mayor que sostiene y vuelve a erguir a las almas para elevarlas a Dios, hasta Su Reino, hasta Su más Preciosa Morada.
Este es el momento en el que cada alma y cada corazón están ante su propio mar y océano desconocidos y deben caminar sobre las aguas a través de su propia convicción y fe, sin temerle a lo desconocido o a lo que no pueden controlar, para poder ser guiados por la fuerza de la fe y la luz inextinguible del Amor que Yo les irradio a los Míos, para que se animen a cruzar lo desconocido, lo que no es palpable, lo que no está bajo ningún control o poder.
Es así que Yo los invito, en este último día, a que se decidan a caminar sobre las aguas, con la experiencia de su propio caminar y de sus propios pasos, siguiendo las huellas de Luz que Yo dejo marcadas sobre los caminos y sobre los océanos, para que sus consciencias se fundan en la Presencia de Dios Padre, sabiendo que después de este aprendizaje en la Tierra, llegará el Paraíso que fue prometido desde el comienzo de Adán y Eva.
Así se volverán a unir los tiempos, los planos y las dimensiones, no existirá duda ni confusión, porque la claridad de Dios llegará a través de Su Sabiduría Divina, para dar entendimiento a los corazones que hayan perseverado en la fe.
Y cuando llegue esa hora y ese momento, momentos previos a Mi Retorno, todos los que hayan perseverado hasta el final Conmigo, comprenderán la razón y el motivo de haber vivido lo que vivieron, de haber experimentado lo que experimentaron, aun aquellas situaciones o los aprendizajes que les parecían incomprensibles o inaceptables.
Porque detrás de cada momento está el Amor de Dios, Su más silencioso y eterno Amor que sostiene al alma que se entrega a Él en confianza, que da vida a la consciencia y al espíritu a través de Su Divino Espíritu y que no permite que el alma que confía en Dios, a través de Su Hijo, se pierda en los abismos del planeta.
Pero algunos ya están caminando sobre las aguas y, de forma semejante y anónima, han padecido lo mismo que padeció Pedro, el apóstol: han dudado de su propia fe.
Pero Yo he venido aquí una vez más, de una forma inesperada y sorprendente, a enseñarles y sobre todo a entregarles Mi Amor, que es lo único que tengo y es lo único que quiero legarles y entregarles; porque desde el principio de la Creación de Dios, sus almas y esencias, y las esencias y almas de sus hermanos y hermanas en el mundo, llegaron con un tesoro precioso e interno para ser manifestado, que ustedes conocen como talentos.
Hagan brillar ese talento que existe en cada uno, busquen dentro de ustedes la revelación de ese talento de Dios.
No entren más en los conflictos o en las discusiones, en los juicios de valor o en las críticas; porque en verdad, en verdad les digo que están perdiendo el tiempo, el tiempo precioso, que es para Mí, en este ciclo final del planeta; porque como les dije en el propio Evangelio, Yo regresaré al mundo sin avisar y sin anunciarlo, porque el anuncio y el aviso ya fueron hechos desde los primeros tiempos.
¿Cómo estará su propia actitud ante ese gran acontecimiento?
¿En qué punto se encontrará su propio talento interior, que deberá ser ofrecido al Padre Celestial durante la hora marcada del Retorno de Cristo a la Tierra?
Quiero que vuelvan a mirar hacia adentro de ustedes de verdad; no sus miserias, sino sus tesoros que son los propios tesoros de Dios.
Cada uno tiene el don de Su Luz en su corazón, no dejen que ese don y esa Luz se apaguen, sino que esa Luz del interior de Dios resplandezca en ustedes.
Denle valor a lo que es espiritual, superior y evolutivo, tomando como base primera la Ley del Amor y de la Verdad.
Hoy, no responderé a más preguntas, pero llevo en Mi Corazón sus inquietudes e intenciones.
Sin embargo, vengo a responderles algo a todos, algo que ya saben, pero que necesitan imperiosamente recordar; de esto dependerá la continuación de Mi Obra en la Tierra, principalmente a través de sus corazones y vidas; porque los quiero a todos en la dimensión de Mi Amor Crístico, sin excepción.
Quiero darles la gran respuesta y decirles que se amen los unos a los otros, así como Yo los amo en este momento. Y para que ese amor que da vida y nutre el espíritu se haga presente, cure las heridas y reconcilie a los seres, es necesario vivir el perdón.
Quisiera que, a partir de hoy y por los tiempos que vendrán, cuando se den el saludo de la paz, que sea verdadero; así como Yo siempre les daré Mi Paz, no Me cierren la puerta a esto.
Por eso, Mi Corazón hoy está expuesto a ustedes y al mundo, y Mi Mano de Luz se extiende a cada uno de ustedes para poder tocarlos; para que, en este momento, reciban Mi Unción Espiritual.
Recíbanla.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Y así, lleven en ustedes el signo de Mi salvación: la poderosa Cruz del Redentor, a la cual los infiernos le temen y no hay mal que pueda soportarlo o resistirlo; porque el signo de Mi Cruz es la señal del Amor Vivo de Dios por las almas, por todos los pecadores.
Sus pecados hoy sean perdonados para que vuelvan a renacer en Cristo, por Cristo, su Señor, en honor a Su gloria y a Su Reino, por amor a Nuestro Padre-Madre Creador.
Por eso, salgan de esta Sagrada Semana con el corazón lleno del Amor de Dios, pero también con sus corazones vacíos, libres de cualquier incomprensión o de cualquier juicio, aferrándose al Amor de Mi Corazón Misericordioso y confiando en la promesa de Mi esperado Retorno, que no está lejos.
Pero cuando Yo vuelva, golpearé a sus puertas, los llamaré en sus casas, volveré a tocar sus corazones para recordarles que, el Señor, su Dios, que no es de Justicia, sino de Misericordia y de Amor, ha retornado.
Abre las puertas de tu corazón para que el Señor, tu Dios, vuelva a entrar en la esencia de tu ser y seas parte de la filiación eterna, recibiendo en júbilo y alegría el Retorno de Cristo; porque el mal ya no existirá, porque triunfará la Luz de Dios eterna e invencible, la Luz que proviene del Corazón del Padre, de Su centro regente de Amor, bálsamo inagotable para las almas, renovación y júbilo para los corazones, ennoblecimiento de los espíritus que creen y viven la Palabra de Cristo.
Cuando se amen los unos a los otros de verdad, en verdad les digo que finalmente serán libres de ustedes mismos y ya no sentirán el peso del cautiverio, de la dualidad o aun de la duda, porque quién cree en el Señor, su Dios, Rey del Universo, no perecerá, aunque parezca que las aguas lo ahoguen, que la tormenta lo golpee, que los vientos impetuosos lo derriben o que cualquier situación quiera disolver el Amor de Cristo.
Vean el ejemplo de San Pablo que, en su gran conversión y redención, de un miserable hombre fue convertido en un nuevo Cristo, nadie pudo retirarle el Amor de Cristo de su corazón.
¿Será que ustedes serán capaces de impedir que Mi Amor, el Amor de Cristo, su Señor y Redentor, se disuelva de sus corazones?
En estos doce años de Sagradas Semanas, les he entregado todo y un poco más, pero llegará el tiempo en el que ustedes mismos deberán dar cuenta a Dios y al universo, así como toda la humanidad; porque llegará el tiempo de que se decidan a ser Mis testigos, que el amor está primero en todo, primero en ustedes mismos y después en los demás; porque deben vivir en la nobleza de Mi Amor y en la Gracia soberana de Mi Espíritu que vengo a compartir con los Míos y con toda la humanidad.
Ya fue todo dicho, está todo consumado, ahora solo dependerá de ustedes y de cumplir Mi Voluntad.
Les agradezco a los que no le temen al Amor de Mi Corazón, a los que dicen sí, aun en las batallas, a los que están a los pies de la cruz como guerreros de la oración y de la Misericordia.
Que se eleven al Cielo todos los corazones.
Que las almas reciban la grandeza del Amor de Dios.
Que los hijos e hijas del Padre sean ungidos por Su Espíritu, para que la fuerza y el poder de la Gracia les conceda la superación y la concreción de la Voluntad de Cristo de ser Cristos del Nuevo Tiempo.
Que la paz colme los espacios y renueve todas las formas, especialmente los corazones más endurecidos.
Mi Amor siempre estará aquí, si ustedes Me lo permiten. Eso es lo que espero.
Les agradezco a todos los que han llegado aquí desde muy lejos para escuchar la Palabra del Señor, así como la escucharon en el Monte de las Bienaventuranzas, en la multiplicación de los panes y de los peces, así como escucharon en la Cruz a Cristo decir: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Que se cumpla el tiempo esperado de los que renacerán bajo la Gracia de la resurrección, por intercesión de Mi Santísima Madre, la Virgen María, y del Casto y Puro Corazón de San José, hoy presentes como testigos de este momento, del legado de Amor que fue entregado en confianza para cada uno de ustedes.
Adonai,
Te doy gracias por permitirme
estar aquí una vez más,
con Tus hijos de la humanidad;
porque Tú Me has creado para esto,
para que Tu Amor infinito e invencible
viniera en auxilio de Tus hijos
y de Tus hijas de la Tierra,
para que todos, como pueblo de Dios,
reciban la Gracia de la comunión Contigo.
Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Fray Elías del Sagrado Corazón de Jesús:
El Maestro quiere deleitar Sus Oídos a través de una canción que todos cantan desde lo más profundo. Él quiere escuchar: “Tú eres el Rey”.
Y vamos, a través de esta canción, a acompañar la consagración de los postulantes a auxiliadores en gratitud a Cristo.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Hermana Lucía de Jesús:
Estamos ante la Sagrada Familia de Nazaret: Nuestra Señora, la Virgen María; San José y el pequeño Niño Jesús.
Escuchemos las Palabras de Nuestra Señora:
En una noche como esta, hijos Míos, cuando no había esperanza en el mundo, Nuestros Sagrados Corazones caminaban hacia Belén, guiados por los ángeles y por las luces del cielo, sustentados por la Consciencia Divina y por el Santo Espíritu de Dios.
Fue de esa forma que llegamos a la gruta de Belén, con el cuerpo cansado, que humanamente sería imposible soportar, pero que con el sostén de Dios y de Sus ángeles nos fue posible permanecer con fortaleza interior y, a través de ella, sustentar Nuestros Cuerpos.
En una noche como esta, la maldad y la confusión reinaban en el corazón de los hombres, así como reina en el corazón de muchos hombres en este día. Y por el mismo motivo que un día llegamos a Belén, hoy, llegamos aquí, a este simple lugar elegido por Dios para verter Su Cura sobre el mundo.
Vengo hasta aquí, hijos Míos, para decirles que no pierdan la esperanza. Nuestros Corazones oran incesantemente por el mundo, sobre todo por las almas que no le encuentran sentido a la vida. Por eso, que cada uno de ustedes sea como una llama viva que vuelva a encender la luz del mundo, así como el pequeño Niño Jesús lo hizo y, a través de Su oferta de vida, le concedió a la humanidad una nueva oportunidad.
Hoy, la humanidad necesita una nueva oportunidad. Por eso, hijos, ¿quién se ofrecerá para renovar el Amor de Dios y permitir que Cristo renazca en sus corazones?
Hermana Lucía de Jesús:
Escuchemos las Palabras de San José:
Hoy, estamos aquí por las almas peregrinas, por aquellos que tienen fe en Nuestra Sagrada Presencia.
Hoy, estamos aquí por las familias que viven en las guerras, por aquellas que ya no creen en el amor, que ya no creen en Dios; porque en sus corazones reina el dolor y un sufrimiento que jamás podrán comprender.
Hoy, estamos aquí, hijos, para que sigan orando por la paz; para que en sus familias reine la esperanza de superar los desafíos, las diferencias, las purificaciones; para que la unidad vuelva a reinar y para que, mucho más allá de todo lo que puedan vivir dentro de cada uno de ustedes, siempre exista la comprensión, el diálogo y sobre todo el amor.
Hoy, Nuestros Sagrados Corazones le traen una Gracia especial al mundo, un mundo que agoniza y que le clama a Dios para volver a sentir paz.
Así como un día estuvimos en Belén, en cuerpo y alma, clamando por el mundo, abriendo las puertas de este planeta a la llegada del Mesías; de la misma forma, hoy estamos aquí, abriendo en sus corazones un espacio donde pueden sentir la Presencia de Dios, donde Él puede reinar y puede hacerlos superar las adversidades de estos tiempos.
Hermana Lucía de Jesús:
Escuchemos a Nuestra Señora:
Queridos hijos, con el Niño Jesús en Mis Brazos, traigo hacia Mi Corazón a todos los niños del mundo y les pido que hagan lo mismo; que en esta noche no se olviden de los que agonizan, no se olviden de que están aquí para ser soldados de la paz, intercesores con Mi Inmaculado Corazón por todas las almas que sufren.
Muchos no tienen la Gracia de celebrar esta Navidad como hoy ustedes pueden celebrarla, muchos solo se sumergen en la tristeza, en el desamparo y en el desamor, y la oscuridad en la que están sus corazones es tan grande que ni siquiera, hijos Míos, consiguen clamarle a Dios.
Por eso, clamen por las almas, por las almas más perdidas. Y cuando aprendan a orar, cada vez más de corazón, cuando aprendan a ir más allá de ustedes mismos para ofrecer sus vidas por los que sufren; será entonces, hijos Míos, cuando comprenderán el Amor de Cristo, ese Amor que espera reinar en sus corazones como en todos los corazones humanos.
Hermana Lucía de Jesús:
Escuchamos al Pequeño Niño Jesús:
Oro por la paz, oro por la paz que se perdió de los corazones. Oro para que sean perseverantes y para que el Propósito Divino reine en los corazones y en las consciencias de todos los que se comprometieron Conmigo, así como Yo Me comprometí con la humanidad y hoy estoy aquí, ante sus corazones.
Les pido que no dejen de estar ante Mí para que Yo pueda fortalecerlos, para que Yo pueda sustentarlos y para que, a pesar de la cruz del mundo, sus corazones conozcan la fortaleza que Yo conocí. Dispóngase a esto y estén con el corazón pronto, así como Mi Corazón está pronto para retornar al mundo.
Hoy, la Sagrada Familia los bendice, así como bendice al planeta, que hoy tengo en Mis Manos. Les pido que estén en vigilia por las almas que se pierden en esta noche, por no comprender el sentido espiritual del Nacimiento del Señor.
Hermana Lucía de Jesús:
Escuchamos a Nuestra Señora:
Hijos Míos, Nuestros Sagrados Corazones retornarán a los Pies de Dios, adonde estábamos hasta este momento, en vigilia y en oración por toda la humanidad. Únanse a Nosotros para que la unidad entre sus corazones y el Corazón de Dios no se pierda.
Hoy, les dejamos Nuestras bendiciones y Nuestra Gracia.
Les agradezco por estar aquí, por responder a Mi llamado y por perseverar en la oración.
Reciban la Gracia de la Sagrada Familia, permitan que ella impregne a sus familias y ofrézcanla por todas las familias del mundo.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Sigan en paz y oren por la paz.
Les agradezco.
Hermana Lucía de Jesús:
Bien, hermanos, hoy antes de finalizar nuestro trabajo, vamos a hacer un pequeño relato a pedido de Nuestra Señora. La verdad es que no esperaba ese movimiento.
Cuando estábamos orando, durante el tercer misterio, comencé a tener una visión de diferentes lugares del planeta. La mayoría de ellos eran lugares que hoy están en guerra y, mientras estábamos orando, percibía que Nuestra Señora, con San José y el Niño Jesús caminaban por esos lugares.
Ellos estaban descalzos, con ropas muy simples, antiguas, así como la Sagrada Familia de Nazaret acostumbraba a vestir, como los judíos de dos mil años atrás.
Entonces, fuimos ofreciendo nuestras oraciones por esa tarea espiritual que Ellos estaban realizando, pero realmente no pensé que Ellos vendrían hasta aquí, porque en todas las Apariciones suceden muchas cosas durante las oraciones, que a veces percibimos y a veces no, pero que solo las comentamos cuando la Jerarquía Divina nos pide que lo hagamos. Entonces, realmente pensé que era una tarea espiritual que sucedería durante el trabajo de oración.
A medida que fuimos avanzando con las oraciones del Ave María, la Sagrada Familia iba pasando por diferentes lugares, cambiando de un espacio del planeta hacia otro, era como si Ellos fueran cruzando portales y dimensiones a lo largo del camino. En algunos de estos lugares era de noche, en otros era de día.
Mientras Ellos caminaban, los ángeles iban rescatando a las almas a través de portales de Luz que se abrían sobre la Sagrada Familia. Algunos lugares por donde Ellos pasaban no estaban en guerra, parecían ciudades normales. Ellos pasaban por adentro de las casas de las personas, pasaban por las calles, iban tocando a las almas que realmente no estaban celebrando la Navidad como el Nacimiento de Jesús, y lo que comprendíamos era como si Ellos colocaran dentro de esas almas un código de despertar.
Seguimos acompañando esas visiones durante la oración, y cuando estábamos en las últimas oraciones del cuarto misterio, un portal de Luz comenzó a abrirse sobre nosotros. Primero tenía una forma oval y, a través de él, percibimos diferentes dimensiones.
Primero comenzaron a aparecer varios ángeles, y uno de ellos vino a nuestro encuentro y nos preguntó si estábamos dispuestos a recibir a la Sagrada Familia. En ese momento, dijimos que sí y quedamos esperándola.
Cuando los hermanos comenzaron a cantar el Ave María, ese portal se amplió cada vez más, como si acontecieran diferentes explosiones de Luz, que encendían toda la carpa. Con los ojos cerrados, daba la sensación de que había un cortocircuito en la Luz, encendiendo y apagando rayos, hasta el momento en el que los ángeles nos pidieron que nos arrodilláramos. En ese momento, a partir de ese portal, apareció una estrella de seis puntas en tres dimensiones, que comenzó pequeña y terminó grande, como si nos abrazara a todos dentro de ella. Eso sucedió semejante a una explosión.
La estrella venía con un punto de Luz e de repente creció y nos abrazó, pero fue en un segundo. Cuando ella crecía, nos colocaba a todos adentro de una realidad espiritual, donde una energía de Gracia comenzaba a trabajar con nuestras consciencias.
Luego de esa explosión de Luz, la Sagrada Familia empezó a llegar hasta aquí. Primero, Ellos se acercaban como esferas de Luz, después como siluetas de Luz, hasta que iban apareciendo cada vez con más detalles, como la Sagrada Familia de Nazaret.
San José y Nuestra Señora estaban tomados de las Manos, y nuestra Madre Divina sostenía a Jesús, que parecía tener de 3 a 4 años.
Cuando Ellos comenzaron a hablar, la primera cosa que nuestra Madre Divina nos dijo fue que les dijéramos a todos que estábamos ante la Presencia de la Sagrada Familia. Mientras cada uno de Ellos iba hablando con nosotros, yo percibía que situaciones internas de diferentes familias del mundo comenzaban a recibir cura.
Al mismo tiempo que Ellos hablaban, no sé explicarlo muy bien, pero era como si salieran de adentro de las consciencias diferentes energías que estimulaban los conflictos, los desacuerdos; energías que muchas veces nosotros estamos purificando y que, en nuestra relación diaria como familia, nos impiden comprender al otro o vuelven difícil la convivencia. Era así como yo lo comprendía.
Entonces, esas energías comenzaban a salir y nuestras almas recibían la Gracia de una comprensión mayor. Como nos mostraba Nuestra Señora, esa Gracia venía para que pudiéramos fomentar el diálogo, para que pudiéramos comprender mejor al prójimo y para que, en nuestras relaciones familiares, pudiéramos ver al otro como realmente es y no como aparenta ser o como él está en ese momento de tantas purificaciones.
Y eso sucedía con nosotros aquí, pero también con diferentes familias del mundo que escuchaban a Nuestra Señora y con familias que no estaban acompañando esta transmisión, pero que internamente se unían a la Sagrada Familia en este momento.
Es algo un poco difícil de explicar, porque eran imágenes y comprensiones internas que la Jerarquía Divina nos entregaba a medida que iba conversando con nosotros.
Por último, a través de ese portal de la Sagrada Familia, descendía sobre nosotros una energía en forma de Paloma de Luz que representaba una Gracia, que cada uno de nosotros va a descubrir a medida que comience a vivirla, una Gracia que la Sagrada Familia nos traía en esta noche de Navidad.
Después que Ellos terminaron de hablar, nuestra Madre Divina, San José y el Niño Jesús nos dijeron que Ellos serían breves, porque Ellos estaban en oración a los Pies de Dios, intercediendo por diferentes situaciones del planeta.
Madre María Shimani de Montserrat:
No es mi tarea en esta vida transmitir las cosas que vemos, pero para confirmar un poco la experiencia de la Hermana Lucía, hoy, la Madre Divina me solicitó que hiciera una explicación breve de lo que yo había visto.
Cuando nos sentamos aquí, para comenzar la tarea, yo miré a la Hermana Lucía y le dije: “Tenemos que estar atentos”; porque en un momento tan importante como este, la Navidad, la Jerarquía siempre trae paz y algo especial para las almas, más allá de todo lo que sucede aquí en la superficie.
Por eso, estuvimos bien atentos durante toda la oración y los cánticos. Y cuando Piedad comenzó a cantar, creo que ya en el segundo párrafo del “Ave María”, ella colocó la voz de una forma que atravesó la carpa y se unió a una Luz que venía del fondo de la carpa. Una gran explosión de Luz invadió toda la carpa y la energía de Aurora, o sea toda Aurora, se encendió en Luz; es como si toda la energía, toda la consciencia de Aurora, se abriera como grandes portales y algo muy fuerte sucedió en el mundo interno de todos nosotros. En ese momento, sentimos la Voz de Nuestra Señora que dijo: “Prepárense, que estamos llegando”.
Entonces, cuando la Hermana Lucía tomó el almohadón, comenzamos a sentir muchas cosas. Mientras los Mensajeros hablaban, muchas escenas de la guerra comenzaron a aparecer, entre ellas, apareció la imagen de un niño que tendría 10 años, por su fisonomía me pareció que era árabe; él lloraba a los gritos desesperadamente y nosotros comprendimos que el dolor que sentía esa criatura representaba al dolor de todos los niños de la guerra.
Y, María me explicaba que solo el regazo de una madre, un abrazo materno fuerte, lo podría calmar; y que todos deberíamos abrazar a los niños de la guerra y llevarlos a nuestro interior, a nuestro corazón, para poder calmar el dolor que le queda a la niñez de esta humanidad.
Yo entendí que ese consuelo, ese amor que solo la maternidad y la paternidad pueden dar era lo que Ellos nos invitaban a ofrecer.
Porque en realidad, aquí entre nosotros, en esta celebración que estamos viviendo, en esta paz, no estamos realmente comprendiendo lo que está pasando, y a veces no es por mala voluntad de parte nuestra, sino que ese es un dolor que todavía no conocemos.
Entonces, esforcémonos en nuestras oraciones y en el consuelo que este amor humano, que nosotros sentimos, puede darles a todos los niños de la guerra.
Nos volveremos a encontrar el 31 de diciembre. Estaremos todos juntos para despedir este año, con la intención de que las cosas que suceden en el mundo se alivien, se calmen, que los hombres y mujeres de este mundo reflexionen, que todos reflexionemos sobre lo que estamos viviendo y podamos colaborar para que este mundo pueda recibir a Nuestro Señor con alegría y gratitud.
¡Muchas gracias a todos!
Esperamos que todos tengan una noche de paz y nos encontramos en el Corazón de Dios.
Asociación María
Fundada en diciembre de 2012, a pedido de la Virgen María, Asociación María, Madre de la Divina Concepción es una asociación religiosa, sin vínculos con ninguna religión institucionalizada, de carácter filosófico-espiritual, ecuménico, humanitario, benéfico, cultural, que ampara a todas las actividades indicadas a través de la instrucción transmitida por Cristo Jesús, la Virgen María y San José. Leer más