APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN ROMA, ITALIA, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, PARA EL ENCUENTRO DE ORACIÓN DEL DÍA 13

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Como Madre del Sepulcro, estoy a la espera de Mis hijos, de los que aún deberán resucitar en espíritu en este tiempo de transición, en el que las almas viven y enfrentan situaciones inesperadas e incomprensibles.

Por eso, con todas las santas mujeres, la Madre de Dios profundiza en Su oración perpetua, para pedirle al Hijo de Dios la Gracia de que conceda la resurrección espiritual a todos los que la necesitan, especialmente a aquellos hijos Míos que salieron del Camino de Cristo.

Pero esto también es un misterio para toda la mente humana, porque solo Dios sabe el momento y la hora en que sucederá, el concederles a Mis hijos del mundo la resurrección espiritual.

Hoy, en este día especial para su Madre Celeste, un día especial para todos los seguidores de Cristo, vengo peregrinando con ustedes a Roma, realizando el mismo camino que su Madre Celeste realizó con las santas mujeres y José de Arimatea, trayendo las Reliquias Sagradas de Cristo a toda Europa y al mundo entero.

Y en este camino de peregrinación espiritual e interior, su Madre Celeste vuelve a encender los Centros Internos que rige la Jerarquía Espiritual desde el principio, desde que al mundo le fueron concedidos tener presentes los Centros Internos de la Jerarquía en la superficie de este planeta, a fin de que todas las almas, en su diversidad y en sus caminos, encuentren a través de los Centros Internos el impulso que necesitan para vivir la redención.

Por esa razón, hoy estamos aquí, y todo se vuelve a transformar, para que el universo aproveche cada momento vivido para concederles a las almas, que aún no han resucitado espiritualmente, la Gracia de la liberación.

Y, después de todo el itinerario vivido en Tierra Santa, una peregrinación interna hacia las Reliquias y Lugares Santos de Mi Hijo, su Madre Celeste vuelve a acompañar al mundo a través de esta Obra, donando los códigos crísticos del amor y de la redención a las almas para que todas tengan, una vez más, la oportunidad de la redención.

Quiero que, por un momento, contemplen todas las etapas que vivieron en Tierra Santa, porque esto será volcado como una Gracia en la consciencia de la humanidad.

Ustedes, Mis hijos amados, son parte de este Proyecto de la humanidad en la superficie, y cuando un alma de Cristo da un paso en dirección hacia Él, toda la humanidad recibe ese impulso, por más que no lo merezca.

¿Hasta dónde llega la infinidad del Amor de Dios, que su Madre, incansable y eterna, sigue caminando junto a Sus hijos, junto al sagrado pueblo de Israel, hoy expandido por todo el planeta y que debe ser preparado imperiosamente para el Retorno de Cristo?

Pero, para estar ante ese gran momento de la llegada de Mi Hijo, necesitan esos códigos crísticos para poder comprender ese acontecimiento.

Nadie podría estar ante el Retorno de Cristo como algo común o pasajero. Por eso, a través de Mi Hijo, Yo vengo a ofrecerle al mundo los códigos de las Sagradas Reliquias del Redentor que, en estos últimos días, a través de la Sagrada Semana, fueron altamente expuestos a nivel espiritual e interno para las almas.

Por esa razón, Yo estoy aquí. Y hoy, a través de Israel y de Italia, creo un puente de Luz entre lo sagrado y el apostolado; porque de todos los que contemplan las Sagradas Reliquias de Cristo en Tierra Santa, puede nacer el impulso de la vida apostólica y misionera para que los códigos de Cristo sean compartidos con la humanidad.

Queridos hijos, Roma ha sido la sede de muchos acontecimientos históricos. Aquí estuvo el sucesor de Mi Hijo, San Pedro, y en este lugar él vivió su gran entrega por Cristo.

Como una buena Madre, Yo oré por ese momento y aun en Mi peregrinación con las Reliquias Sagradas junto con las santas mujeres y con José de Arimatea, estuvimos aquí con San Pedro para alentarlo y para que pudiera llevar adelante esa gran tarea que Mi Hijo le había encomendado, de abrir las puertas del Cielo para todos los corazones a través de la vida crística, a través del servicio y del amor por los demás. Y esto se cumplió, así como estaba previsto por Cristo.

Y ahora, Yo estoy aquí para completar ese momento con ustedes, aspirando a que en esta Sagrada Semana sus corazones hayan vivido una experiencia interior que enriquezca y fortalezca su camino espiritual para que, a partir de este nuevo ciclo que comenzará después de la Semana Santa, sus caminos estén más maduros y definidos.

Porque aún Cristo espera que ustedes lo puedan acompañar para sostener la cruz planetaria, y esto, queridos hijos, no es algo simbólico, sino profundamente espiritual y verdadero. Así, Él podrá saber cuándo podrá retornar, porque necesita que Sus apóstoles y seguidores estén prontos.

¿Quién lo acompañará cuando Él esté aquí, en el planeta, en todo lo que el Maestro hará en ese momento? Esto no es nada imaginario ni tampoco es una fantasía, Mis queridos hijos.

El Rey del Universo tocará con Sus Pies este suelo del planeta, volverá a reunir a las tribus de Israel, expandidas por todo el planeta, y las llamará para que se vuelvan a encontrar con Él, porque Su Voz será más que un trueno y Su Llamado resonará más que en este universo material. Y Él les preguntará:

"Compañeros, ¿qué han hecho con todo lo que Yo les di?”.

Y así, se volverá a cumplir la Profecía de Cristo a través de las parábolas que Él les enseñó a todos.

¿Estarán prontos para responderle en ese momento?

Ahora, podrán comprender la importancia de la preparación interior y de la sintonía; porque, así como fue dicho por el propio Señor, Mi Amado Hijo, no avisará el día ni la hora en que Él llegará, aparecerá de una forma antes nunca vista y Sus señales serán contundentes y no tenues.

Aquellos que nunca creyeron en Él, podrán creer y todo será desenmascarado, porque se volverá a cumplir Su Ley de que no quedará piedra sobre piedra; y ese momento necesitará ser sostenido por todos, especialmente por aquellos que se han definido como Sus apóstoles y discípulos, los apóstoles y discípulos del fin de estos tiempos.

Por eso, Él Me envía aquí, a Roma; y así los envía a ustedes como Él envió a los apóstoles a varias regiones del planeta para dar testimonio de Su Amor, a través del ejemplo y no tanto a través de las palabras; para dar testimonio de Su Verdad, a través del ejemplo de su transformación y no tanto de sus apariencias; para dar testimonio de Su Camino, a través de su fe y no de su fanatismo.

El camino que Mi Hijo les indica a todos es muy claro y libre de segundas intenciones. El apostolado del fin de estos tiempos es también algo único, porque es el apostolado de la transición del final de los tiempos, de un antes y un después bien marcados en toda la consciencia de la humanidad.

Yo quería traerles este Mensaje a todos Mis amados hijos, porque vengo a cerrar todo lo que ha pasado en esta última Sagrada Semana.

El Plan de la Jerarquía está sobre la mesa. Él ya ha sido equilibradamente dividido. Ahora, ¿quién tomará la parte que le corresponde y será esa pieza fundamental que la Jerarquía necesita?, para que, en este tiempo del Plan de Rescate, la Jerarquía Espiritual pueda llevar adelante sus operaciones y todo lo que aún está previsto que suceda más allá del caos del planeta, más allá de los conflictos o de los enfrentamientos entre las naciones y los pueblos, más allá de toda situación conocida o desconocida.

Esta es la hora de concretar el compromiso y de que los apóstoles de Cristo, que apelan seguir Su Camino hasta el final, dejen de permanecer en la periferia para concentrarse en el centro del Propósito de Dios.

Sé que lo que estoy diciendo no puede abarcar a todas sus consciencias; por eso, debo rezar perpetuamente para que estén bien despiertos. Eso es lo que Me ha pedido Mi Hijo imperiosamente, para que, en cada nueva etapa, puedan vivir lo que Cristo les ofrece por Amor.   

Quisiera terminar este Mensaje, Mis queridos hijos, agradeciéndoles a todos los que oraron por la Misión en Israel y también a los que seguirán orando por la Misión en Turquía.

Medio Oriente necesita urgentemente que las puertas de la Misericordia estén abiertas sobre esa región. Sigamos orando, queridos hijos, por todo lo que la Jerarquía necesita materializar en esa región del planeta.

Así, Mis amados, podrán confirmar, en este momento y en este ciclo, hasta dónde ha llegado la Obra de la Jerarquía, desde el surgimiento de la Comunidad-Luz Figueira hasta el presente.

Les agradezco a aquellos que siguen adelante en la fe y que aspiran todos los días a beber un poco más de la Fuente del Amor de Mi Hijo, para aprender a atravesar estos tiempos desconocidos y difíciles, para aprender a superarse en el amor.

En nombre de Mi Hijo, como Madre y Señora de Israel, les agradezco por todo lo que ha sucedido; porque las centellas de Luz de los Retiros Internos de Cristo hoy se mantienen encendidas en Medio Oriente por el esfuerzo de los apóstoles de Cristo, por todos los que se animan a decirle sí.

¡Les agradezco por responder a Mi llamado!

Quien los bendice y los ama,

María, Rosa de la Paz


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.