Sábado, 19 de agosto de 2017

Aparición de San José, en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil, a la vidente Hermana Lucía de Jesús

Cuando el Niño Jesús era pequeño, María Santísima era una joven mujer, y Yo tuve que dejar

Sus Sagrados y Puros Corazones para estar al lado de Dios. Mi Corazón se angustiaba.

Mi vida siempre fue una vida de renuncias, desde el principio al fin; era de esa forma que Dios lapidaba Mi condición humana y manifestaba en Mi Ser, en toda Mi Conciencia, Su Propósito Divino.

Renunciar, hijos, nunca fue para mí una cosa simple. Mi Corazón, como cada corazón humano, estaba lleno de apegos, de voluntades, que poco a poco se fueron sublimando; pero fue en el último instante de Mi vida, cuando tuve que renunciar a estar con María y con Jesús, que finalmente pude entregar la voluntad humana y vivir la Voluntad de Dios.

Este es el impulso que les traigo para el último día de la novena que les estoy transmitiendo; porque para comenzar cada ciclo, es necesario renunciar al ciclo que pasó, entregando todo en las Manos de Dios, para que nada les pertenezca, a no ser la Gracia de estar en el vacío.

En este último día orarán al Padre en Mi Nombre, para que aprendan a renunciar y para que, así como Yo, den pasos seguros, porque estarán vacíos de sí y plenos de Dios:


Señor, así como le enseñaste a San José a renunciar,
hasta en el último instante de Su vida,
enséñanos a renunciar, enséñanos a entregar nuestras vidas
y danos la Gracia de estar en el vacío,
en la nada, que nos conduce a la plenitud de Tu Corazón.
Amén.


Hoy, vine por un pedido especial de Mi Hijo, porque Él honra a los corazones que son pequeños y simples. Vine hasta aquí, no sólo para hablarles una vez más; vine para imprimir en sus esencias el ejemplo de Mi vida, de Mi Casto Corazón, para que de esa forma aprendan a dar pasos seguros.

Hoy, vengo a invitarlos para entregar a los pies de este altar, todo orgullo y voluntad humana, para que comiencen este nuevo ciclo de una forma diferente, un poco más vacíos de sí. Porque en el Cielo son considerados soldados de Dios, un ejército que obra por la Paz y que se esfuerza, o que debería esforzarse todos los días, para que este propósito de la Paz se manifieste no solo en sus vidas, sino en todo el planeta.

Hijos, la Conciencia de este mundo, que es una Consciencia de perpetuo sacrificio, está agonizando. Su Espíritu ya no soporta a la Tierra, ya no sustenta el caos y el mal que luchan en medio de la humanidad.

Por eso, hoy vengo en nombre de esta Consciencia, en nombre de esta Sagrada Conciencia, de este espíritu de renuncia, de abnegación, que viene a depositar su experiencia en el planeta para que la humanidad aprenda cuál es la esencia del Plan de Dios para la Tierra. Todos aquellos que vinieron del cielo, de las estrellas, para aprender en este mundo, vinieron a vivir un aprendizaje de renuncia, de entrega, de servicio; para así equilibrar sus deudas y aprender a amar.

Aquellos que cumplieron este Propósito, vivieron y viven hasta hoy en plenitud, la entrega constante de sus corazones, de su evolución y muchas veces, hijos, renuncian incluso a la Voluntad de Dios para sus consciencias, para esperar que otros puedan dar pasos junto con ellos.

Hoy, quiero revelarles un misterio para que fortalezca sus vidas. No para que lo tomen con la misma indiferencia con que la humanidad vio pasar todas las revelaciones que el Universo le entregó.

Este planeta es muy antiguo y guarda en sí muchas historias, pero mucho más antiguo que él es el Universo y el Cosmos, que está sobre ustedes todo el tiempo.

Este Cosmos infinito, que surgió de la Consciencia Divina como una gran aspiración de Dios para renovarse, siguió su evolución. Dios creó los ángeles, los arcángeles, los soles, los planetas; creó las dimensiones que, poco a poco, lo separaban de Sus criaturas, no para que Él no estuviera con ellas, sino para que ellas se fortalecieran, cruzando un obstáculo trás otro, hasta regresar a la Consciencia Divina.

Y esas criaturas se multiplicaron; acompañadas por los ángeles y los arcángeles comenzaron a desarrollar su evolución. Los arcángeles eran respetados como verdaderos gobernantes del Universo, porque Ellos portaban el Pensamiento Divino, Su voluntad era la Voluntad de Dios. Ellos representaban la expresión más cercana del Creador, de Sus criaturas. De esta forma, eran amados y respetados por todos. Su verbo era una ley que se mantenía viva en el corazón de todas las criaturas.

Pero los seres del Universo, que sabían compartir el bien, pero a los que les faltaba algo, no conseguían cruzar las dimensiones para llegar al Corazón de Dios. Y el Creador manifestó un Proyecto Divino, que sería lleno de dificultades, pero que guardaría en sí un gran potencial para transformar toda la vida en la Tierra.

Este proyecto fue creado por un arcángel que se confundió con sus propias creaciones, hasta dejarse engañar por aquellas criaturas que se manifestaron para ser los obstáculos de la vida en la Tierra. Sus ojos ya no brillaban como la luz, pero aún así, muchas criaturas lo respetaban. Sus engaños, sus errores, llevaron a que muchos seres del Universo cometieran graves e irreparables errores que causaron heridas que llegaron hasta el Corazón de Dios. Pero el Proyecto de la Tierra no se detuvo, porque aún así, las criaturas que vivirían en la Tierra, guardaban un potencial de amor único, capaz de convertir hasta la más oscura de las criaturas y, de esa forma, traer de vuelta el brillo de los ojos de aquel Padre Creador tan amado del Universo, aquel arcángel soberano que, confundido por falsas leyes, cayó en engaños.

El Proyecto de la Tierra, hijos, aún es una esperanza en el Corazón de Dios, no sólo para que las almas vivan la Redención, sino para que aquellos que están en el Cosmos y que aún esperan poder cruzar las dimensiones para llegar al Corazón del Padre, puedan regresar.

Y un misterio mayor les revelo: estas criaturas, todas las criaturas que partieron del Corazón de Dios cuando se multiplicó en Tres, deben regresar no sólo para que Dios viva la Unidad, sino también para que el Creador se renueve a Sí mismo, Se supere en el Amor a través de Sus criaturas, que son partes vivas de Su Corazón, para que un día, una nueva evolución comience, basada en el amor que nació en la Tierra, que redimió la vida humana y la vida Universal, hasta renovar y superar al Corazón de Dios.

Muchos pueden pensar que este destino está distante, que esta realidad está muy lejos de sus vidas, pero Yo vengo a decirles, hijos Míos, que esta realidad comienza dentro de cada uno de ustedes cuando pueden trascender la condición humana, las dificultades tan pequeñas, el pensamiento mezquino que está siempre sobre ustedes mismos y que no los deja comprender que no están en esta Tierra sólo por la propia evolución, sino por una evolución divina porque son parte de la Consciencia de Dios y que están tan engañados y tan perdidos como aquel Padre Creador que se confundió en el Universo.

Hoy, vengo a abrir sus ojos, a pedido de Mi Hijo, para que despierten a una Verdad superior y ya no se engañen. Las prioridades de sus vidas deben ser otras, aunque sus pies tengan que tocar el suelo todos los días hasta el final de su evolución en la Tierra.

A través de ustedes, del verdadero despertar de sus corazones, la vida en la Tierra se transforma y ya no será esta pequeñez del día a día, la única razón de la existencia humana. No vinieron al mundo sólo para nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos, envejecer y morir. Este no es el sentido de la vida. No fue para esto que Dios creó a la humanidad.

Dejen despertar en sus esencias este potencial oculto que revela el verdadero sentido de la existencia humana. Dejen, hijos Míos, que ese Propósito convierta sus vidas y las transforme, no para que dejen de estudiar o trabajar, sino para que sean un motor de transformación en los lugares donde estudian, donde trabajan, donde viven. Que sean una semilla viva de este Propósito superior que, poco a poco, transforme a su alrededor para un día transformar a la vida en la Tierra y volverla sagrada.

Si no hay lluvia el río no se llena, los lagos se secan. Cada gota de lluvia es importante para que los ríos se renueven y los lagos crezcan y reflejen el Universo en la vida de la Tierra. Si ustedes piensan que son una pequeña gota en medio de la existencia humana, Yo les digo que eso es cierto: son una gota pequeña, simple, casi insignificante en medio de la humanidad; pero si sus corazones se llenan de la Gracia divina y se permiten formar parte de esa lluvia que proviene del Cosmos para renovar la vida en la Tierra, ahí sí, hijos Míos, esa gota tendrá sentido de existir y hará la diferencia, no sólo en la vida de este mundo, sino en todo el Universo.

Dejen que Mis palabras resuenen en sus corazones, porque hoy no hablo sólo a sus mentes, estoy despertando a sus espíritus. Estoy trayendo a cada uno de ellos hasta aquí, para que contemplen sus corazones y sientan lo que en este momento sienten.

¿Qué les demostrarán a estos espíritus en evolución? Sé que muchos no creen en Mis palabras y como no me pueden ver con los ojos físicos, muchos no creen que Yo estoy aquí. Pero, hoy, hijos, dejen que Mi Presencia se revele en el interior de sus corazones. Sientan Mis palabras como un rayo universal que desciende al mundo para transformarlos definitivamente. Y finalmente, dejen que sus espíritus en evolución sientan una esperanza, aunque sea por un instante, cuando sus corazones se abren para escuchar la Palabra de Dios en el eco de Sus Mensajeros.

Hoy, no vengo a concluir un ciclo con ustedes; vengo a comenzar un nuevo ciclo. Por eso, Mi verbo les abre las puertas hacia una nueva vida.

Cada uno de ustedes, hijos míos, deberá hacerse responsable de sus propios pasos para ingresar o no en esta puerta que les abro, que conduce al Universo, al Infinito, que conduce a los Reinos que se esconden en el interior de la Tierra, para que los reconozcan cuando ellos emerjan en la superficie, para que tengan sus corazones unidos a los corazones de las Jerarquías cuando Ellas se manifiesten ante los ojos de los hombres, porque muchos no comprenderán Mis palabras y no las recordarán cuando todo suceda. Pero ustedes, sí, deben recordar, deben mantener el corazón en paz y vivir el momento para el que vinieron a la Tierra, para el cual se prepararon hace tantos años, para lo cual Yo los preparé en el silencio de una instrucción persistente y casi invisible para la humanidad.

Sí, los tiempos se agudizan en el planeta, pero su atención no debe estar en el sufrimiento humano sino en todo lo que pueden hacer para reparar y equilibrar la vida de la humanidad.

De esta forma, aunque las almas sufran, aunque los Reinos padezcan, las esencias, hijos, podrán ser salvadas y tener una oportunidad a través de los méritos generados por sus corazones.

A pedido de Dios, ya no vendré todos los días a la Tierra. Pero, hasta que el Creador me permita, estaré con Mis hijos, Mis amigos y compañeros, en un intento constante de que vivan el despertar todos los viernes. De esta forma, hijos, Dios quiere enseñarles a valorar la enseñanza de los Mensajeros Divinos y comprender que, verdaderamente, los tiempos están cambiando y los soldados y compañeros de Cristo deben ser consecuentes con ese cambio.

Aunque no me vean todos los días, Yo estaré con ustedes, porque Mi casa no será sólo aquí, sino en todo el planeta. Mi Instrucción debe ampliarse para toda la humanidad. Si Mi Corazón se aparta aparentemente, no es un símbolo de abandono, sino un símbolo, hijos míos, de que ya crecieron lo suficiente para, poco a poco, ir liberando a los Mensajeros Divinos para que cumplan tareas mayores.

Durante este tiempo, crezcan, maduren sus corazones y generen méritos para un día poder conocer la verdadera historia de esta humanidad, que va mucho más allá de todo lo que les dije.

Hoy, nuevamente les entrego el Relicario de Mi Corazón como símbolo de Mi gratitud eterna por responder a Mi llamado.

Aunque muchos no crean, cuando Mi Hijo coloque los Pies sobre la Tierra, y Su Santa Madre también sea visible a los ojos humanos, Yo los acompañaré; y la Sagrada Familia, que un día fue el símbolo de la esperanza de la humanidad, volverá a mostrarse a los hombres con Corazones Divinos, Espíritus resplandecientes, que les mostrarán el camino y el tiempo definitivo de recomenzar.

Hoy, por una Gracia divina, no sólo el Corazón de Mi Hijo se manifestará en este pan y en este vino. Hoy, retiro de Mi pecho el Relicario de Mi Corazón y, a pedido de Dios, una vez más, Me vacío de todo por amor a la humanidad, por amor al Plan que el Creador tiene para esta Tierra y sobre todo, hijos, para que un día puedan imitar Mi ejemplo, puedan retornar al Padre y hacer de su evolución un triunfo que renueve y supere al Corazón de Dios.

Reciban esta Gracia de Mi Corazón que se multiplica. Extiendan sus manos hacia Mí. Y como un misterio infinito, así como consagro este pan y este vino, consagro sus almas, sus vidas y les pido que no sean los mismos. Que no se rindan al orgullo humano, a la pequeñez de sus personalidades. Que, finalmente, vivan la Voluntad de Dios para cada uno de ustedes.

Que Mi Corazón se multiplique, que toque no sólo sus manos, sino todo su ser, ingresando en sus esencias, retirando de ellas las capas de la ilusión, para que Dios se manifieste en su interior.

Lleven las manos al corazón, eleven el pan y el vino y oren Conmigo un Padre Nuestro en arameo, como Mi Hijo les enseñó hace tanto tiempo.

Les pido que pinten, de una forma muy sencilla, el Relicario de Mi Casto Corazón, para que en cada Centro Mariano, todos los viernes y especialmente los días 19 de cada mes, puedan contemplarlo y recordar que Él no está sólo ante ustedes, sino que en este día, Yo lo deposité en su interior para que Él los transforme poco a poco, hasta que puedan ser una expresión de la nueva humanidad.

Con estas palabras les agradezco, Me elevo a los Cielos, a los Reinos Sublimes, con el canto de los ángeles y de los arcángeles y en la divina esperanza de que puedan renovarse, renovar el Corazón de Dios, ser un aliento para el Corazón de Cristo, un triunfo para Su Madre Celestial y el símbolo de que valió la pena estar tanto tiempo entre los hombres, en el fin de los tiempos.

Les agradezco.

Canten. Y ofrezcan este momento por toda la humanidad, por los Reinos de la Naturaleza, por el espíritu del planeta y alivien también su corazón herido.

Yo los bendigo y los renuevo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

San José Castísimo