MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN LA CIUDAD DE SAN LEOPOLDO, RÍO GRANDE DO SUL, BRASIL, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​

Cuando los Cielos anuncian la última hora de salvación para un planeta, las almas que en él habitan tienen dos opciones para seguir: entregarse al abismo en el mundo y negar la perfección que existe en su interior o vencer definitivamente las dudas y los miedos que les impiden estar plenas en su misión espiritual.

Comprendan que las trompetas que suenan en lo más alto del Cielo anuncian la hora para que ustedes dejen de lado la mediocridad y comiencen a ser colmados completamente por el Espíritu de Dios.

En cada instante de sus vidas, deben recordar que ya es el momento de dar un salto en la vida del espíritu.

Vivan cada día como si fuese el último, como si estuviesen delante de la última oportunidad de perdonar, de reconciliarse con el prójimo, de prestar aquel servicio que nunca pudieron realizar, de renunciar a aquellos vanos placeres y gustos que siempre estuvieron en sus vidas como pequeños impedimentos y que hoy se volvieron grandes, porque no les permitieron llegar a la meta de sus consciencias.

Ha llegado la hora de asumir la vida universal, con plena consciencia de que están en la escuela de la cristificación para todo el Universo. Y que vivan consecuentes con la oportunidad que les entregamos.

Por un instante, piensen que están en un momento culminante de sus vidas. Piensen que, en el Cosmos infinito, la Creación espera que retornen con la experiencia del Cristo Vivo en sus propios espíritus.

El Universo aguarda que Su Rey Universal provenga de una raza que pueda cambiar completamente la Creación de Dios y permita que todas las criaturas que no tuvieron la oportunidad de estar en este mundo vivan los códigos crísticos de amor y de unidad.

Ustedes vinieron a este planeta para aprender a vivir, no para sí sino para el prójimo. Esta es la esencia del aprendizaje en la Tierra: todo entregar y todo padecer por la evolución y por el crecimiento de los demás. Y sin embargo, hasta ahora, solo dejaron crecer el orgullo y el egoísmo traídos del Universo y que solo les permiten actuar nada más que para sí mismos.

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​​​

Busca en tu interior la verdadera unión que hay con Cristo, y por intermedio de Él, con Dios. El Señor ya estuvo delante de ti muchas veces; algunas de ellas pudiste sentirlo, otras no, pero Él dejó dentro de ti la semilla del árbol de la cristificación, para que seas semejante al Cristo que nació en Su Hijo.

Tu alma sufre y siente soledad, porque aún no reconoció la Omnipresencia Divina e ignora la Presencia de Dios y de Su Hijo en todo y en todos. Para ti, la Omnipresencia aún es una teoría que aunque conoces, no vives plenamente.

Cristo no estuvo delante de ti y partió; Cristo te iluminó con un rayo más intenso de Su Luz Solar, y pudiste sentirlo, pero Su claridad ilumina todas las cosas, por dentro y por fuera, todo el tiempo.

Ya es tiempo que te reconozcas unido a Cristo, unido a Dios, porque también de ti deberá nacer parte del Proyecto de Dios, que no buscará de los hombres nada menos que los Cristos del nuevo tiempo.

Contempla al Señor en la Eucaristía, como también dentro de ti. Contémplalo frente a los ojos de tu corazón en una Aparición o escondido en todas las cosas, encuéntralo.

Que la paz y la unidad con Cristo sea una realidad para el corazón humano.

San José Castísimo, este que se unió a Cristo y a Dios por toda la eternidad

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​​​

Queridos compañeros:

Quiero decirles, en este día, en relación con las palabras que vengo pronunciando en estos últimos tiempos, que si les instruyo sobre tales cosas es porque confío en el potencial de todos los corazones que Me escuchan, independientemente de la vida que llevan y del grado de consagración en el que se encuentran.

Mi Casto Corazón fue enviado al mundo para acompañar a María Santísima en el despertar de los 144 mil, que deben preparar el retorno de Cristo y reconocerlo entre los hombres. Es por eso que Nuestra presencia es puramente espiritual y toca los espíritus de aquellos que se comprometieron con Dios en el principio de todo este proyecto humano.

Mis amados, los 144 mil son aquellos espíritus que fueron enviados a la Tierra para vivir la redención y para ayudar al proyecto humano y que se comprometieron a vivir en sí los códigos dejados por Cristo.

No piensen que Jesús vino a la Tierra para ser el único Cristo existente en la Creación de Dios. Él vino para ser el Camino que toda la humanidad debería recorrer; la Verdad que cada ser de este mundo debería amar y seguir; y la Vida Crística que se manifestó en Jesús, pero que debe manifestarse también en todos aquellos que se disponen a hacer de sí mismos la manifestación del proyecto de Dios y volver vida, en la propia carne, los principios universales y crísticos dejados por el Hijo del Hombre.

Mis amados, llegó el momento de asumir el verdadero papel en el Plan de Dios. Y esto se alcanza cuando pueden salir de las mezquindades de la vida material, y así salir de sí mismos, para tener como prioridad en sus vidas lo que realmente importa que es el amor y el perdón, la redención y la unidad con Dios, y en consecuencia, con toda Su Creación.

Los 144 mil deben ser la punta de la lanza que abre el camino para la nueva humanidad, el ejemplo a seguir para los que están ciegos, palpando el aire delante de sí. Los 144 mil deben ser la mano extendida para los hombres y para los Reinos de la Naturaleza; deben ser la representación de la propia humanidad, elevando el planeta para la manifestación de la verdad.

Piensen sobre esto y sientan Mis palabras en el corazón, pues ellas deben impulsarlos a diario, para que al menos, aspiren a no ser más los mismos, y así, vivan lo que les enseño.

Su Amado Padre y Consejero,

San José Castísimo

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS​​

Cuando el corazón humano emite para el Creador un verdadero impulso de amor, todo el Universo respiran un aliento de esperanza por el mundo y la Creación de Dios se motiva a seguir ayudando a la humanidad; a seguir, con la confianza en la manifestación de una raza de Cristos.

El potencial de amor en sus corazones es sumamente desconocido por todos, y aún un pequeño impulso que provenga de él, trasciende las leyes y la justicia y hace descender nuevamente para el planeta el manantial de la Divina Misericordia.

Mientras su Madre María intenta despertarlos para una realidad planetaria y universal, por Su condición de Gobernanta de los Espejos de todo el Cosmos, Mi Casto Corazón intenta llegar a lo profundo de su universo interior, ayudándolos a descubrir lo que son en realidad, desenmascarando los falsos aspectos que encubren el alma y mostrándoles el potencial del espíritu.

Todas las Palabras de Dios, emitidas por medio de Sus Mensajeros, tienen una sola función: despertar la esencia del Amor Crístico en el corazón humano, como receptáculo universal de ese Amor.

Ustedes necesitan, en este tiempo, estar ante determinadas situaciones que se repitieron tanto en el Universo como en la Tierra, de manera que puedan actuar con la potencia del amor y así, revertir y redimir las acciones de un pasado distante de la Creación de Dios, que fue distorsionada.

Nada está separado en la Divina red de la Creación Universal. Todos los aprendizajes serán por el bien de todas las criaturas, de acuerdo con el grado que les corresponda.

Ante la actual situación planetaria, aférrense al amor y no al temor; aférrense al perdón y no al rencor; aférrense a la compasión y no al rechazo; aférrense al Plan de Dios. 

Nunca olviden que la humanidad como un todo deberá alcanzar la redención. Ayúdense unos a los otros.

Que la Paz y la Bendición de Dios se hagan presentes en sus vidas.

Su Padre y Compañero,

San José Castísimo

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Asociación religiosa cristiana y ecuménica que tiene por finalidad difundir el mensaje universal de amor y de paz que Cristo Jesús, la Virgen María y San José transmiten a los monjes de la Orden Gracia Misericordia, estimulando el crecimiento espiritual a través de la oración y del servicio altruista.

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