Martes, 16 de agosto de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Hijos, muchas veces el crecimiento humano es difícil y doloroso. Cruzar tantas etapas de maduración física, emocional y mental, requiere el esfuerzo y el empeño de quien las vive.

El crecimiento espiritual es semejante al crecimiento humano: los seres viven diferentes ciclos evolutivos que demandan de sus consciencias una madurez cada vez más profunda y consolidada.

En la vida humana física, el ser que crece va asumiendo cada vez más su papel en la sociedad y se responsabiliza por su propia sustentación y por la construcción de su futuro. En la vida espiritual, el ser que crece y madura va asumiendo su responsabilidad ante el Plan de Dios y se reconoce responsable, no solo por su propia evolución sino también por la evolución de toda la humanidad, del planeta y en consecuencia del Universo.

Este último ciclo del despertar de los nuevos soles marca el umbral entre el viejo y el nuevo hombre. Será hora, hijos, de cruzar espiritualmente ese umbral y de enfrentar los cambios que ocasionará en sus vidas; enfrentar los obstáculos y las resistencias impuestos por ustedes mismos a esa maduración, así como lo hace un joven que está en transición hacia la vida adulta y muchas veces se resiste a dar ese paso.

Muchos quieren vivir la vida espiritual y aspiran a conocer la verdad sobre sí mismos, sobre este mundo y sobre muchos otros; pero lo que deben comprender ahora, hijos, es que ese paso en la vida espiritual, que les permitirá conocer la verdad sobre toda la Existencia, genera un compromiso que exige cierto esfuerzo y transformación.

Este punto se asemeja al de muchos jóvenes que quieren vivir solos, tener la casa propia y el empleo propio, pero que no comprenden que esa vida independiente les requerirá un crecimiento mental y emocional inmediato.

No correspondería que consciencias con determinado grado de instrucción no tuvieran el mismo grado de compromiso consciente con el Plan de Dios. Esta, hijos, es la Ley de los universos, de la vida y de la Creación.

Para que nuevos mundos se revelen frente a sus ojos, deberán madurar espiritualmente. Y como ahora, el cambio de los tiempos es inmediato y la verdad surge hasta para los que no la quieren ver, la condición propia del planeta exigirá a todos un crecimiento espiritual inmediato y concreto.

Este crecimiento no es más que una transformación verdadera en la consciencia, una respuesta al Creador, con ejemplos diarios de que comprenden los tiempos que viven y la propia responsabilidad en el Plan de Dios.

Hijos, les digo estas cosas porque ya estamos en la última hora y no leerán más tantas hojas de instrucciones como antes, porque todo ya fue dicho y es hora de practicar.

Por el crecimiento espiritual de la humanidad,

San José Castísimo