Lunes, 16 de octubre de 2017

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE MARÍA, ROSA DE LA PAZ, TRANSMITIDO EN LA LOCALIDAD DE LOS COCOS, CÓRDOBA, ARGENTINA, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Hoy los llevo a todos en Mis Brazos, así como llevé a Jesús hasta el Templo. Hoy los entrego a Dios para que sus vidas sean purificadas, redimidas y colmadas por el Sagrado Espíritu del Creador.

En aquel tiempo de la Presentación de Jesús en el Templo, el Sagrado y Pequeño Hijo fue el mediador primordial para que a la humanidad le fuera reintegrada la filiación espiritual que había perdido por sus errores.

La Presentación de Jesús en el Templo significó el momento culminante en el que la humanidad, por intermedio de la Presencia del Divino Hijo, fue retirada de los grandes abismos en los cuales por diferentes circunstancias se había colocado.

Esa Presentación del Niño Jesús en el Templo también significó para su Madre Celeste el despojamiento de Su Hijo a fin de que, a partir de ese momento, Mi Materno Corazón se preparara para asumir a la humanidad hasta el fin de los tiempos.

En ese acontecimiento de la Presentación del Pequeño Niño Jesús, el Padre le concedió tanto a Su Primogénito como a Su Sierva incansable, la autoridad divina de la intercesión absoluta por todos los que Ellos pudieran pedir.

La entrega de Jesús en los Brazos del Padre Eterno representó para la humanidad la renovación de los Dones de la fe, de la confianza y de la unidad con la Fuente Divina.

La Presentación del Niño Jesús en el Templo fue el primer símbolo de la derrota y la destitución del paganismo de la época por la concepción del único y verdadero Dios, el Adonai.

Fue así que la Presentación del Niño en el Templo le dio al mundo la oportunidad de reconocernos hijos de Dios y que la filiación de cada ser pueda ser construida con dignidad.

Eso significa que el Niño Jesús fue presentado en el Templo para revelarle al mundo el Dios Misericordioso y Justo, y para revertir el concepto doctrinal de un Dios de intensa justicia y de irreprochable ley.

El Niño Jesús permitió restablecer en aquel tiempo la filiación entre las almas y Dios; a partir de allí, Él renovó los tiempos por medio de Su Sacrificio en los momentos siguientes a Su Pasión y Muerte.

Presentar al Divino Hijo en el Templo del Creador significó recordarle al mundo nuestro universo interior y la existencia que él guarda, a fin de aportar a esta humanidad las verdaderas virtudes divinas que Dios concibió en el origen de cada esencia, así como en el surgimiento espiritual de cada alma.

La Presentación de Jesús en el Templo permitió reconstruir en el plano espiritual de la consciencia humana ese templo interno que es transgredido por las propias acciones.

El Pequeño Jesús recuperó, del hombre de superficie, el principio de la filiación espiritual con el Creador y Su Fuente Purísima.

¡Les agradezco por responder a Mi llamado!

Los bendice,

Vuestra Madre María, Rosa de la Paz