Jun

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Martes, 6 de junio de 2017

Maratón de la Divina Misericordia
Aparición de Cristo Jesús durante la 47.ª Maratón de la Divina Misericordia, en la ciudad de Asís, Italia, al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Fray Elías del Sagrado Corazón:

Estamos viendo a Nuestro Señor, vestido con una túnica color lila. Y en el centro de Su Pecho aparece la bandera de Venezuela. Pero hay un detalle importante en esa bandera, que es lo que Nuestro Señor está mostrando: tiene estrellas que brillan, así como brilla Su Pecho. Nuestro Señor está muy para dentro de Sí, meditando, en silencio.

Y sobre esa túnica lila tiene una vestimenta sacerdotal, como si fuera todo bordado, desde Sus Hombros hasta Sus Pies. Él toma con Su Mano derecha un cáliz y con la otra, una pequeña cruz. Sus Ojos son de color celeste y Su Rostro casi pálido, rodeado por una luz dorada. Detrás de Él hay un cielo, tan profundo, como infinito.

Él me dice que está sobre el Monte Ávila, en el punto más alto de Caracas. Y no está solo. Está acompañado por filas de ángeles regentes, que Lo circundan y que también Lo contemplan.


Mi Silencio es hoy para los inocentes. Mi Presencia sobre ese monte, es para los que Me buscan y que no han perdido en sí mismos su esencia divina. Por eso estoy allí, como también Estoy aquí, en esta tierra tan apreciada por Mí.

Es así que hoy estoy en dos lugares al mismo tiempo, porque Mi Padre Me lo ha pedido, a través de Su Omnipresencia.

Mientras estoy aquí, disuelvo todo aquello que genera el mal, como es: el caos y la desesperación, la falta de fe, la carencia de confianza y la pérdida del amor.

Hoy ruego por aquellos que ruegan a Mi Corazón, porque sé que es justo que esa súplica y ese pedido sea respondido por vuestro Señor.

Con el semblante que hoy les muestro, semejante al que tuve en la agonía del Huerto Getsemaní, Yo les quiero representar, a través de este símbolo, que es importante mantener la serenidad, la calma y la neutralidad; virtudes que Mi enemigo no conoce, porque cuando esas virtudes están presentes en las consciencias, Mi adversario se siente perdido. Es como si no tuviera el suelo debajo de sus pies.

La virtud de la serenidad construye cosas positivas. Es como una herramienta invisible, al igual que la oración, que trabaja de forma potente sobre las estructuras negativas y las disuelve poco a poco, hasta que el mal se trague a sí mismo. En ese sentido, no hay batalla, no hay guerra, ni tampoco oposición.

La calma es otra herramienta importante, que desvanece las ideas que se oponen al Plan de Dios.

La neutralidad es otra herramienta que mantiene todo en equilibrio y no permite que la consciencia se involucre con nada externo. La neutralidad es muy semejante a la paz. No es difícil alcanzarla. Es necesario buscarla, porque cuanto más neutros, todo lo que no sea luz se disolverá y encontrarán la fuerza interior para llevar adelante Mis Obras: la obra de la redención de las almas, de la conversión de los corazones y de todo lo que es necesario que alcance la Luz de Dios.

Vengo así para proteger a las esencias en su camino de transformación. Por eso cuento a las esencias una a una, para que puedan ser contempladas por Mi Padre, en el esfuerzo que las esencias hacen para vivir Mi Camino Crístico.

Por eso, sobre ese monte Ávila, en lo más alto de Caracas, Vengo para construir nuevas bases, que no serán vistas pronto. Así podrán ser contempladas por todos los que oran a Mi Corazón.

No puede haber voluntad humana que perdure más que la Voluntad de Mi Padre. Ella caerá por su propio peso, porque es una voluntad que no tiene amor, ni siquiera compasión, ni misericordia.

De esta forma vengo a demostrar, que así como estoy aquí, estoy con los que Me necesitan, con todos los que lloran pidiendo a Dios Su Intercesión.

Las huestes que hoy Me acompañan, serán enviados por su Señor hacia la nación de Venezuela, para que comiencen a trabajar en la operación rescate. Es algo que no verán en el plano físico, pero confíen en que algo estará sucediendo.

No se queden en lo superficial. Eleven cada vez más sus consciencias, por todos los que no la podrán elevar, porque están sumergidos en el sufrimiento y en la agonía. Vengo a aliviar esos estados, que forman parte de la condición humana, de la propia deuda que debe pagar la humanidad.

No se desconcentren. Estoy haciendo algo arriesgado por los que más necesitan de Dios. Mantengan esa serenidad que les pido y estarán muy lejos de las realidades del caos.

Quisiera que todos los que Me escuchan, en sus hogares y grupos de oración, asumieran junto a su Señor, una ayuda humanitaria más grande, por todo ese pueblo. No solo hablo de algo material, sino también de algo espiritual: que se ofrezcan a compartir, Conmigo, lo que pocos comparten Conmigo: su silencio y oración.

Todos los que se unen durante la adversidad, siempre vencerán, porque en la unidad entre corazones y almas, existe el amor, la confianza y la esperanza en el Creador. No teman, porque en el aparente horror, Mi Sagrado Corazón triunfará.

Hoy dedico este momento, junto a los ángeles del Señor, por Mis hijos de Venezuela, por todos aquellos que en esa nación, aún no Me han alcanzado, no Me han sentido o no Me han podido vivir en su interior, por el miedo, por la dificultad, por el sufrimiento, por la enfermedad.

Venezuela es un pueblo de esperanza. Venezuela es un pueblo de alegría. En ese pueblo existe la Nueva Humanidad. Venezuela es una nación de hermandad, porque ella es regida por la Madre del Cielo y por todos Sus coros, que descienden a ayudar a las almas que sufren.

Hoy libero el sufrimiento, en representación de muchos más. Hoy libero la tristeza de los que ven a su alrededor todo lo que causa el dolor.

Venezuela siempre estará viva, porque Dios así lo desea. Venezuela siempre será un pueblo de igualdad, de equidad y de esperanza.

Felices serán los que creen en Mí, porque nunca perderán la paz y serán instrumentos que irradiarán al mundo, el amor que el mundo tanto necesita.

Hoy quiero que cantemos por Venezuela, Siria, Turquía, Brasil, Egipto y por todos los que esperan que alguien ore por ellos, así como ellos oran por los que desconocen.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, bendigan a Venezuela y a todos los que claman al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por la Paz. Amén.


Santifica Señor, todo lo que Tus hijos Te ofrecen y que surge de los corazones que claman por una igualdad para estos tiempos.

Que los rostros de Mis hijos, que hoy son colocados a los pies de Mi Altar, sonrían al Universo, porque su libertad está próxima. Y San Miguel Arcángel dejará su espada de liberación en Venezuela. Que así sea.


Hoy sus corazones estarán más aliviados. Encontrarán en ustedes lo que tanto buscan, hace tiempo.

El Señor bendiga las intenciones de los que aman la Justicia Divina, suprema e infinita. Amén.

Que su pueblo sea ungido por la redención y así, encuentre la Paz.

Que en esta Cena que hoy celebro con ustedes, todos se alegren, que se viva la cura del corazón. Que Mi Sangre hoy, los lave. Que Mi Cuerpo hoy, los fortalezca. Que todos sientan en su interior, la gran oportunidad de amar, más allá de sus vidas y de sus consciencias.

Cantemos junto a los ángeles.

Hoy uniremos los pueblos, las culturas de todos los que buscan la paz y la esperanza para estos tiempos. Invito también, compañeros, a que todos los que Me escuchan, imiten este ejemplo de hermandad.

Cantemos. Por Venezuela. Por Siria. Por Brasil. Por todo el Planeta. Aleluya.

El Amor de Dios siempre vencerá, porque es un Amor que crece, que se cultiva y se regenera en todos los que creen en él.

Que la Fuente de este Amor misericordioso llegue a los seres de todo el planeta, especialmente a los que más los necesitan. Que este Amor traiga la esperanza, la unidad y la alegría de estar en Dios, eternamente. Amén.

Yo los bendigo, por la autoridad que Me ha concedido Mi Padre, especialmente a Venezuela, regenerando en ese pueblo la alegría y la esperanza de seguir confiando en Dios, hasta el fin de los días, hasta que Yo retorne al mundo, por una segunda vez. Que así sea.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Quiero, mientras Me elevo, que sigan cantando, para que esta súplica sea colocada en el Corazón de Dios. Amén.

Jun

05

Lunes, 5 de junio de 2017

Maratón de la Divina Misericordia
Aparición de Cristo Jesús durante la 47.ª Maratón de la Divina Misericordia, en la ciudad de Asís, Italia, al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Oremos.


Escucha Padre la voz de Tus criaturas, de todos los seres de buena voluntad y de bien.

Escucha Padre la voz de Tus hijos, de todos los que guardan Tu Divina Esperanza; de todos los que aspiran encontrar Tu Voluntad, Tu Amor y Tu Gracia.

Padre amado, desciende ahora sobre Tus criaturas; que todo sea permeado por Tu Luz, para que el sufrimiento se transforme en alegría; para que el error se transforme en liberación; para que los pecados se transformen en salvación y que todos encuentren el Gran Portal hacia Tu Paz.

¡Oh, Padre amado!, hoy Me postro ante Ti, en la compañía luminosa de San Francisco, porque Él Me ha pedido que orara por la humanidad. Y hoy Me uno a Su Corazón santo que demostró, en tiempos pasados, el amor por la Creación y la vida. Y así, que cada esencia sea restaurada por Tu Amor. Que se desvanezcan las injurias. Que resplandezca Tu Misericordia y que se abran los corazones, que están cerrados a la esencia de Tu Divino Amor.

¡Oh, Padre amado!, cuánto Tú has dado por todas Tus criaturas. Cuánto Te has donado por cada esencia creada. Cuánto, Tú Padre, has manifestado a través de los Reinos de la Naturaleza. Que el Reino Mineral sea acogido por el corazón humano. Que el Reino Vegetal sea alabado por los hombres de la superficie de la Tierra. Que el Reino Animal sea rescatado y curado por las manos que se donan a servirlo incondicionalmente.

Que ya nadie más muera sobre esta Tierra. Que ya nadie más sufra la indiferencia. Que ya nadie más pierda la oportunidad de amar y de encontrar Tu Reino, Tu Reino Celestial.

Que todo el mal generado entre los pueblos, entre las naciones y hacia los Reinos de la Naturaleza, sea restaurado por Tu infinita Misericordia.

Que se abran los ojos, Señor, de los que aún no Te quieren ver. Que se abran los corazones que se distanciaron de Ti, por las acciones de los hombres en todas las religiones. Que ya no existan intermediarios; que todos puedan ser Tus verdaderos instrumentos de la Paz.

¡Oh, Señor amado!, Padre de la Creación y de la hermosura, desciende Tus estrellas de Gloria sobre una humanidad perdida.

Hoy Mi Corazón derrama la Sangre de Su Amor para que todo sea lavado, purificado y se vuelva digno, para así encontrar Tu Amor.

¡Oh, Padre de los Universos!, que las almas puedan mirar a los cielos, a las estrellas, al Sol y a la Luna, para contemplar la Luz de Tu Amor. Que cada corazón sienta como Tú, Padre del Amor, todo lo renuevas, todo lo regeneras, todo lo transformas, porque todo a Ti Te pertenece, Padre, en el Cielo y en la Tierra, en el firmamento como en la tierra, en los océanos, en los continentes, en todo lo que Tú has creado. Siempre a Ti pertenecerá.

Y así, aparta, Señor, a Tus criaturas de las influencias del mal. Que esta raza, que está a las puertas de su gran definición, no pierda la unión con Tu Esencia.

Hoy, San Francisco, Tu hijo; hoy, Tu esposa, Santa Clara, imploran a Ti, amado Señor, por una Gracia mayor, incomprensible e inconcebible para los hombres de superficie. Pero Tú, Señor, que lo puedes todo, Tú que eres la misma Voluntad que expresó el amor, la grandeza y la Creación, concibe en Tus criaturas el principio de Tu Compasión, para que las almas encuentren el camino de salida hacia la Redención.

Hoy, con San Francisco y Santa Clara, elevo las estrellas caídas, que cayeron en los abismos, que apagaron su luz interior y que perdieron la llama de Tu Fe. Derramo y coloco esas estrellas sobre el manto de Tu Madre, porque Ella es Quien concibe la vida, la gracia y la oportunidad para todos Tus seres, en Su purísimo y divino vientre. Ella es Quien gesta en Sí la nueva humanidad. Ella es Quien concede la Misericordia de Tu Corazón, para que Tus criaturas contemplen Tu Santa Faz.

Es así que con San Francisco y Santa Clara, rodeados por Tu omnipresencia y omnipotencia, pedimos a Ti, Señor Altísimo, que separes, que apartes y que distancies a la humanidad del Rayo de Tu Justicia, porque Tú, Padre, Me has enviado para que Tus hijos, que son imperfectos, imitaran Mi camino, con el fin de manifestar los Nuevos Cristos.

Hoy vengo aquí, a esta tierra de Asís, para reconsagrarla a Tu Creación, a la hermana Pobreza, a la hermana Humildad, al hermano Sol y a la hermana Luna, como a todo lo que existe en Tus Universos mayores.

Que todo sea iluminado por Tu bondadosa Mano. Que Tú, Padre, Amor puro e infinito, señales a Tus hijos con la cruz de la libertad vivida por Tu Unigénito, cargada por Mis Espaldas para la redención de la humanidad.

Que los Reinos de la Naturaleza sean alabados. Que todo el mal generado por la ignorancia de Tus hijos en los Reinos de Tu Creación, sea disipado, para que encarne en todos Tu Amor y Tu Compasión.

Hoy le pedimos al hermano Sol, que no deje de brillar en este mundo; que sus rayos penetren en lo más profundo de los corazones más endurecidos. Que la hermana Luna ilumine los caminos de tribulación que muchos hoy viven en estos tiempos, para que todos puedan contemplar cuán grande es Tu Amor, escrito en el firmamento, en las estrellas, en todo el Universo.

Hoy con San Francisco y Santa Clara, unidos en la Santísima Trinidad, Te ofrecemos Señor esta oración, como la súplica de los que aman Tu Creación, Tus Reinos creados a imagen y semejanza, tesoros de Tu infinito Amor.

Ofrecemos Señor, esta comunión con la vida, con la vida eterna, con lo que es real, vivo y resplandeciente.

Que todos sientan Tu Presencia. Que todos despierten al universo de Tu Paz, de Tu Unidad, para siempre.


Ofrezcamos por los Reinos que no son contemplados, en presencia de San Francisco y Santa Clara, este cántico que ahora están tocando, que es una oración de aquellos que son verdaderos hijos de Dios, y que aman a la Creación y a los Reinos de la Naturaleza.

Hoy Mi Corazón se abrirá como tabernáculo para recibir de todas las criaturas esta oración, desde cualquier parte del mundo, desde cualquier corazón que se una en este momento, al Amor del Creador.

Coloco Mi Mano izquierda sobre el Corazón, elevo Mi Mano derecha sobre el mundo, para bendecirlo con todo el Amor de Dios y así, recibo de sus voces la súplica de esta oración.

Los escucho.

Que en el Cuerpo y en la Sangre encuentren el fruto de su salvación y que ese fruto, basado en el Amor, en la Unidad y en la Misericordia de Dios, llegue a todas las almas del mundo.

Que así sea.

Y ahora pidan interiormente a San Francisco y a Santa Clara, lo que ustedes necesitan y todo lo que necesitan sus hermanos, más que ustedes mismos. Pidan con sinceridad, que estos santos recibirán en Sus corazones sus súplicas. Pidan, y todo será realizado. Pidan por la humanidad. Pidan por los Reinos de la Naturaleza, gravemente ofendidos por esta raza de superficie. Pidan que se pueda concebir el amor, el perdón y la reconciliación entre la Creación y los hombres, para que así se establezcan los mil años de paz.

Coloquen sus manos en señal de oración.

Oraremos el Padrenuestro lentamente, como si lo pronunciaran por primera vez, para que Su Reino descienda y el mal sea extirpado de la humanidad.

Ahora lleven las manos sobre el corazón, para que Yo los pueda bendecir por aquellos que nos son bendecidos y que se olvidan que Mi Corazón es el gran tesoro del Amor infinito para toda la humanidad y para los Reinos de la Naturaleza.

Elevando Mi Mano derecha hacia lo Alto, en señal de bendición y de protección, Yo concedo el perdón a los Reinos Menores ultrajados por esta humanidad de superficie e imploro al Santo Padre, Señor de las Alturas y de la Creación, que tenga Misericordia por aquellos que han caído y han lastimado Su Creación Divina.

Que la Luz, la Paz y el Bien reinen para siempre en los creyentes y en los que aspiran alcanzar algún día el Reino de Tu Amor. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Les agradezco por estar unidos a la Creación.

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