Miércoles, 19 de octubre de 2022

APARICIÓN DE SAN JOSÉ EN BRASILIA, DISTRITO FEDERAL, BRASIL, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La paz esté en este lugar, en esta nación y en el corazón de todos los seres.

Mientras la ignorancia impregna el corazón de los hombres, vengo al mundo para continuar llamándolos al despertar.

Mientras el caos se establece, dentro y fuera de los seres, vengo a llamarlos a vivir estados de paz.

Mientras la humanidad cierra los ojos para no ver la realidad del planeta, para no percibir los tiempos que vive y los pasos que debe dar; vengo a llamarlos, hijos, a que sean diferentes, a que comiencen a transformarse de adentro hacia afuera.

Vengo a llamarlos a que abran sus ojos, sus ojos físicos, los ojos de la consciencia, los ojos del corazón, para que puedan ver la realidad del mundo, más allá de las apariencias y de la superficialidad.

Recuerden que están en tiempos de Armagedón, un tiempo de purificación, de transición entre el viejo y el nuevo hombre.

Nada quedará como está. Cada aspecto de la consciencia humana será purificado y transformado para que una nueva realidad se establezca en el mundo, para que sean dignos de formar parte de una Confederación que camina rumbo al cumplimiento de la Voluntad Divina, que vive lo sagrado, el Amor, el Amor Crístico desconocido por la mayoría de seres, a pesar de ser aparentemente tan antiguo en este mundo.

Por eso, no se aferren al viejo hombre, no se aferren a lo que son, a lo que aparentan ser. No se apeguen tampoco a este mundo, porque él también pasará; cada uno, cada espacio de este planeta se transformará.

Por un momento, parecerá que el caos tomará posesión de todos los lugares, de todos los corazones, pero no será así, hijos, para aquellos que se dispongan a vivir la paz dentro de sí mismos. El Reino está en sus corazones; allí gobierna el Rey del Universo, allí se manifiesta Su Voluntad y nada sucederá en sus vidas que no sea Su Divina Voluntad.

A pesar del caos, de la confusión, del mal que impregna al mundo, Yo los llamo a vivir la paz; Yo los llamo a no entrar en conflictos los unos con los otros; Yo los llamo a respetarse, para que comprendan las Leyes que rigen los universos, para que permitan que esas mismas Leyes se manifiesten en la vida sobre la Tierra.

Cada vez más, la ignorancia domina a los corazones de los hombres y si no aprenden a mirar hacia dentro para encontrar Dios en el propio interior, también se perderán, hijos, en esta confusión que el adversario intenta instaurar en la humanidad, para que los padres se peleen con sus hijos, para que nación se levante contra nación, para que no haya paz en el interior de ningún ser.

Esta batalla espiritual se vence a través de la oración, de la transformación de la vida y de los patrones retrógrados de la humanidad. Esta batalla se vence a través del silencio ante la arrogancia, la humillación, la falta de amor y de fraternidad. Esta batalla se vence con ejemplos.

Donde haya desamor, que sus corazones puedan ir más allá y manifestar amor.

Donde haya ignorancia, arrogancia, indiferencia, que sus corazones manifiesten fraternidad, sabiduría y silencio.

El planeta no escapará de su purificación. Mientras caminan en el calvario de estos tiempos, no piensen que el Plan de Dios fracasó, porque él no se manifestó como ustedes esperaban. Así como Cristo fue capaz de ver más allá, aun en la Cruz, sean capaces de ver más allá en el calvario de estos tiempos y, en cada oportunidad de sacrificio, renueven el Amor de Dios en sus corazones. En cada aparente derrota de la vida, decreten dentro de ustedes el establecimiento de la Voluntad de Dios y hagan de cada aprendizaje la oportunidad de renovar el amor, para fortalecer la consciencia, para transformar la condición humana y ser nuevo.

No tengan voluntades mayores que la Voluntad Divina. No tengan ideas mejores que el Pensamiento de Dios. Mediten, reflexionen, sientan en sus corazones cada paso que deben dar y confíen que, en la trayectoria con la cruz de estos tiempos, el triunfo se vive de adentro hacia afuera.

No es la realidad del planeta la que dicta el triunfo de Dios en sus vidas; no es lo que aparentan vivir; no es lo que el mundo ve, sino lo que Dios ve; solo Él ve, dentro de ustedes.

Muchas veces, hijos, ni siquiera ustedes mismos percibirán que Dios está triunfando en su interior, y Su Voluntad, poco a poco, se manifiesta en los que perseveran; Su Amor, poco a poco, crece en los que son persistentes, en los que miran al mundo y que, a pesar de lo que ven, no desisten, así como Cristo no desistió ante la condición humana.

No había nada más retrógrado, grosero, que la humanidad de dos mil años atrás. Aun así, el Redentor colocó Sus Ojos sobre el mundo, sobre los imperfectos e hizo de ellos Sus compañeros; así como hoy, Él espera renovar todas las cosas. Sus Ojos continúan puestos sobre la Tierra, traspasando la imperfección humana y encontrando la esencia de los seres, oculta en su interior, la esencia de cada uno de ustedes, llamada a imitar a Cristo, a vivir el Amor Crístico.

Levanten su voz para orar. Solo levántense a sí mismos si estuvieran en la cruz, en la cruz de estos tiempos, que no significa sufrimiento, sino superación, superación de las superficialidades, superación de las apariencias para vivir un amor nuevo, que trasciende todas las cosas. 

Eso es estar en la cruz: ser capaz de mirar al prójimo y no fijarse en su apariencia, sino reconocer su corazón, su alma, la perfección divina escondida en su interior; alimentar en el otro lo mejor que hay en él, sus virtudes, sus dones, para que ellos crezcan. Que puedan mirar el sufrimiento del prójimo y no colocarlo en la balanza de su propio sufrimiento, sino ser capaces de vencer la indiferencia para extender las manos y servir. De eso se trata el nuevo hombre. 

Que sean capaces de escuchar. Que sean capaces de acoger. Que sean capaces de vencerse a sí mismos y no intentar prevalecer por encima de todos. De eso se trata el nuevo hombre.

Estoy aquí, hijos, para establecer en este lugar un Gobierno Espiritual, a través del descenso de la Voluntad Divina. Y que, por la apertura del corazón de cada uno de ustedes, este Gobierno y esta Voluntad puedan impregnar cada espacio de esta nación para que, más allá de las apariencias, la Voluntad de Dios triunfe de adentro hacia afuera en el corazón de los consecuentes. 

La manifestación del Plan de Dios no se trata de números, sino de la verdad. La transformación de la humanidad, hace dos mil años, aconteció con el sí de doce imperfectos hombres que aceptaron seguir los Pasos de Cristo, que aceptaron vivir Su Voluntad y, aunque no lo percibieran, aceptaron transformar su condición humana, multiplicar los discípulos, llevar la Buena Nueva, establecer la paz, vivir el sacrificio, la renuncia, la humillación, el vacío.

Hoy, ustedes son llamados a ser apóstoles, discípulos, compañeros, haciendo de sus propias vidas el prenuncio de una Nueva Humanidad. Para eso, vine hasta aquí, para llamarlos por el nombre y llevarlos hacia Cristo, para abrir el camino hacia el Señor, así como lo hice hace dos mil años.

Solo les advierto que sepan ver más allá de las apariencias, que sepan comprender que el triunfo sucede dentro de los seres y que no pierdan la esperanza, independientemente de lo que acontezca en los cuatro puntos de este mundo. 

Para que el Gobierno Celestial descienda hasta aquí, Yo los llamo a la oración, Yo los llamo a orar por la paz, a fortalecer el canal de Luz que abrimos en esta ciudad, en este estado, en este país, a través de sus oraciones.

Aquí establecimos un lugar sagrado, dedicado a los Reinos de la Naturaleza, un punto de Luz en el medio de la oscuridad. Yo los llamo, hijos, a fortalecer este lugar, para que sea la representación de toda consciencia brasilera, de sus Reinos, de su pueblo; para que, a través de la oración, permitan que las Leyes Superiores sean siempre las que conduzcan la manifestación de los acontecimientos. 

Brasil tiene un lugar especial en el Corazón de Dios, así como lo tiene cada nación. A partir del Rayo Amor-Sabiduría, el Creador espera renovar Su Amor en este lugar sagrado para todo el planeta. Cada nación guarda, en su interior, una Voluntad Divina; y la Voluntad del Padre es que una Nueva Humanidad pueda nacer del corazón de Brasil y de América del Sur, y se expanda por todo el planeta. 

¿Cómo acontecerá eso? A través de ustedes.

El nuevo hombre no se manifestará en otros que nacerán en el mundo, el nuevo hombre nace de la transformación de cada ser que hoy vive en el planeta. Esa transformación en Cristo debe suceder a través de ustedes. 

¿Quién se postulará para vivirla, para creer que Dios triunfa más allá de sus imperfecciones?

¿Quién ofertará su pequeñez para que Dios manifieste Su Grandeza?

¿Quién entregará la propia fuerza para que Dios manifieste Su Poder? 

¿Quién será capaz de creer en el Padre más que en sí mismo, así como lo hizo Cristo cuando cargó la Cruz? 

Él no creyó en Sí, sino en Aquel que lo enviaba. Esto es lo que son llamados a vivir hoy. No piensen en sus propias capacidades, no pretendan realizar el Plan de Dios con sus propias fuerzas, sino por el Don de la Fe. Confíen en la Voluntad Divina. 

Mediten en Mis Palabras, guárdenlas en el corazón, sientan y perciban a qué Dios los llama hoy.

Esto es todo lo que tengo para decirles. Les entrego Mi Paz, les entrego el Don de la Cura, de la Rehabilitación, de la Restauración, para que aquellos que vinieron a buscar, puedan recibir lo que le están pidiendo a Dios.

Que, a través de la oración y a través de la paz, sus células enfermas sean curadas; su consciencia sea curada de todo miedo, de todo dolor, de toda superficialidad, porque Dios los llama a algo mayor.

¿Para qué buscan la cura?

¿Por qué aspiran a continuar viviendo?

¿Qué harán de sus vidas si fueran curados?

Hagan valer la pena cada segundo en este mundo, dejen que Dios triunfe en ustedes. Tienen Mi bendición para esto.

Comulguen de Mi Paz y del Sacramento que les dejo para que Aquel que Me envía pueda ingresar en ustedes y manifestar Su Gracia en sus cuerpos.

Yo los bendigo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Les agradezco.