Sábado, 19 de marzo de 2016

Aparición de San José y de la Virgen María en el Centro Mariano de Figueira, Minas Gerais, Brasil, a los videntes Fray Elías del Sagrado Corazón y Hermana Lucía de Jesús

La Voz de San José:

Que la presencia de la Sagrada Familia prepare cada uno de sus corazones para un nuevo tiempo.

Hoy, en presencia de su Madre Santísima y de Nuestro amado Hijo Jesús, depositamos en sus corazones aquel amor profundo que pudimos vivir como Sagrada Familia. Todo aquel que se abra para recibir esta dádiva la recibirá, porque no vinimos al mundo solo para hacer una experiencia. No vinimos al mundo solo para que nuestra historia se plasmara en un papel o en los éteres de este planeta.

Venimos al mundo, hijos, para dejar un ejemplo, un camino, una guía para cada corazón humano. Venimos al mundo para demostrarle, no sólo a la humanidad, sino a todo el Universo, la perfección del Plan de Dios.

Hoy, Mi Mensaje diario será un único Mensaje con el Mensaje de María, porque les hablaremos trayendo a sus corazones aquello que necesitan para que se preparen, en verdad, para recibir a Cristo. Porque esa es nuestra Misión: preparar el corazón humano para la llegada del verdadero Rey. Así como preparamos Su llegada al mundo, Su nacimiento, así también preparamos Su retorno.

Por eso, Dios nos pide que sigamos viniendo a este planeta, cada día, para instruir al corazón humano. En Jerusalén, nuestro silencio era el que instruía los corazones, porque el nacimiento de Cristo también era un misterio para nosotros. Muchos sabían que algo acontecía en esa Familia tan misteriosa, pero no sabían exactamente qué, porque para la mente humana no es posible concebir la grandiosa Gracia de que Dios mismo se manifieste entre los hombres. Eso acontece, hijos, porque ustedes no se reconocen verdaderamente como Creación de Dios, porque creen que están distantes de Aquel que los creó, cuando, en realidad, Él está dentro de cada uno de ustedes. Si descubriesen su unidad con el Creador, esta unidad absoluta, única en todo el Universo, no les sería difícil creer que Él viene a su encuentro por medio de Sus Mensajeros y que Él retornará, volverá resplandeciente en las vestes de Su Hijo.

Para que comprendan verdaderamente los misterios de la Sagrada Familia, para comprender nuestra vida en este planeta y también nuestra Presencia aquí, en estos tiempos, deben aprender a unirse a Dios, porque es solo con el corazón unido al Corazón del Creador que estos misterios les serán comprensibles, no con la mente, sino con el corazón. Es el corazón el que comprende sin saber explicar ¿cómo?; él no tiene una teoría, solo sabe.

Quisiera sacarlos de esta tercera dimensión, de este pensamiento siempre tan humano y de esa forma de vivir siempre tan humana. Por eso, les hablamos de cosas celestiales, divinas, porque ya llegó la hora de retornar. Y si no comienzan a amar el Cielo, a amar la Vida Superior, ¿cómo ella podrá volverse una realidad en este mundo?

Los Cielos descenderán a la Tierra en el momento justo, correcto, para la humanidad; pero antes de que esto suceda, deben llegar a sus corazones y a sus esencias. Para eso les pedimos tanto que oren, que sirvan, que aprendan a amar, porque es el amor el que se desarrolla en sus corazones, a diario, el que les permitirá encontrar a Dios, Su Universo, Su Conocimiento, Su Sabiduría.

Yo también tuve una mente humana, un corazón humano, tampoco fui capaz de comprender muchas verdades, hasta que Dios Me enseñó a amar. Y, delante de la grandeza de ese Amor, que vi nacer en Mi Corazón, no había teoría, no había pensamiento que pudiera vencerlo. No había duda que retirara ese Amor de Mi Casto Corazón. Es a eso a lo que los llamamos, en este tiempo: a vivir ese Amor absoluto.

En los próximos días, estarán delante de Cristo, que es la representación del propio Amor para toda la Creación Divina. ¿Se dejarán amar por Él? ¿Comprenderán lo Sagrado, lo Majestuoso, que es ese encuentro con Cristo? Cuando tuve a Jesús en Mis brazos, en Su nacimiento, no cabía dentro de Mi ¿cómo Dios podría colocarse en los brazos de un hombre? Ese niño Dios creció, entregó su vida por amor a todos, se entregó en los brazos de aquellos que lo odiaban y se dejó martirizar y crucificar, por la grandeza de Su Amor. Es ese mismo Dios el que retorna al mundo, y que por siete días, estará delante de ustedes. Es ese mismo Dios el que los invita a anunciar Su Presencia, a ser testigos de Su Misericordia, multiplicadores de Su Gracia, porque Él no aspira a quedarse dentro de este salón, Él no aspira a llegar solo a este lugar.

Dios quiere vivir en cada corazón humano, quiere llegar a aquellos que no lo han conocido, porque han temido a Su Amor; quiere hacer valer Su Sacrificio, ese que se perpetúa a lo largo de los siglos, a través de la victoria de sus corazones.

Por eso, no teman seguirlo, no teman dejarse conducir por Él, no teman rendirse delante de Él. Por eso, escuchen Nuestras Palabras: si no creían en Nuestra Instrucción en Jerusalén, si no creían que era Dios dentro de aquel Niño, ahora tienen la oportunidad de responder a Su llamado celestial, de hacer crecer su propia fe y, esta vez, a ser dignos de llamarse Sus compañeros.

Ahora, escuchen a su Madre Santísima.


La Voz de María:

Mi silencio es compartido por San José y por el pequeño Niño, porque en la humildad del espíritu nace la fuerza de los valientes y la convicción de los semejantes, para seguir, a pesar de todo, el Plan de Dios y Su máxima Obra.

Hoy estamos aquí como la Sagrada Familia, que ardientemente espera que todos ustedes así lo sean, en poco tiempo. Una familia espiritual por la paz, que infunda los nuevos patrones de la Vida Universal y del Evangelio.

Estoy aquí, gestando en Mi Vientre Purísimo este momento, que es único para todos. Felices de aquellos hijos Míos que lo sepan aprovechar y no pierdan tiempo, para abrazar la oportunidad que el Cielo les entrega, a través de este momento y de la venida gloriosa de Mi Hijo a un mundo tan caótico, lleno de dolor, de sufrimiento y de negación.

Venimos a despertar en ustedes el verdadero sentido de la vida, de la hermandad y de la confraternidad con todo el Universo. Las bases para eso ya están sembradas en sus corazones y en sus almas; solo bastará, hijos Míos, que definitivamente se animen a dar el último paso, para que Mi Hijo encuentre un camino seguro, a través de Su segundo retorno a la humanidad.

En esta Sagrada Semana, su divinidad debe estar en la Divinidad de Cristo; su corazón, en Su Corazón Ardiente y Amante; su condición humana, en el océano de Su Misericordia, en donde las llamas ardientes de Su Fuego Misericordioso abrazarán a aquellos que se animen a aceptarlo incondicionalmente, y sin apremios.

Quisiera que ese Fuego de Cristo, durante siete días, los transformara, porque ya no podemos esperar, hijos Míos. Dios necesita que los colaboradores del Plan estén disponibles, para que la Sagrada Familia pueda retirarse al Universo y prepararse para ese gran momento del retorno de Cristo, en Su Gloria y en Su Gracia.

Mientras tanto, queridos hijos, ustedes abrazarán con amor la cruz que Dios les entregó. Ustedes se esforzarán por vivir todo por sus semejantes y por sus hermanos. Y en esta transición planetaria, acompañarán en el amor y en la oración, a todos los que no pueden levantarse del suelo, por su propia purificación.

Pero como Soy su Madre bondadosa, y San José también es bondadoso en Su Misericordia infinita, como también en Su Gracia lo es Mi Hijo, no los abandonaremos.

Si Nosotros estamos aquí, en esta hora y en este tiempo, es porque son llamados a vivir la transición, junto a la humanidad y a todos los Reinos de la Naturaleza, que esperarán de su parte, como siempre lo han hecho, un auxilio interior y exterior, una caridad fraterna, que se multiplique con amor, en todos los corazones.

Delante de los siete Coros que hoy nos acompañan y cantan la Gloria de Dios para todos los Universos y realidades sublimes, que hoy sus corazones se fundan con Nuestros Sagrados Corazones, en una sola familia espiritual; y que este paso que son invitados a dar en esta Sagrada Semana, en compañía de la Pasión de Jesús, sea evidente, sea su íntimo testimonio de que, en verdad, aman a Cristo por encima de todo, y que siempre estarán abiertos a recibir, con humildad, todo lo que los hará crecer en el nombre de Dios.


La Voz de San José:

Que en este día, en que sus corazones agradecen a Dios todo por estar en presencia de la Sagrada Familia y porque Mi voz resuena en el mundo hace ya tres años, sus corazones reflexionen profundamente sobre todas las enseñanzas que recibieron y todas las bendiciones que le fueron entregadas.

Estas bendiciones, hijos, no pueden permanecer en sus corazones: deben irradiarse al mundo entero. Quisiera que la presencia de la Sagrada Familia, en este lugar, fuera conocida por muchos; porque aquí, así como en cada Centro Mariano fundado por el Inmaculado Corazón de María, estamos construyendo una Obra única, para preparar los corazones para un tiempo de caos. Tiempo en el cual no podrán perder la paz, la fe y la esperanza de ver nacer una nueva humanidad en este mundo.

Pero, para esto, necesitan esforzarse, necesitan transformarse, dar sus pasos rumbo a este arquetipo perfecto, que el Creador pensó para cada uno de ustedes.

Es por medio de esta Obra, hijos, que les extendemos las manos para que coloquen en nuestros brazos sus viejas vestiduras, vestiduras que representan su faz no redimida, que representan los errores del pasado, errores que cometieron mucho más allá de esta vida, manchas que traen en el alma para curar y perdonar en este tiempo.

Es por eso que hoy les pediré que esta Obra de los Mensajeros Divinos, que comienza a plasmarse en el papel, por medio de cada libro que manifiestan con nuestras palabras, pueda llegar a los cuatro rincones de este mundo, pueda traducirse para muchos idiomas, además del inglés, del español, del portugués. Que el idioma del corazón pueda llegar a cada nación de este mundo. Para eso, convoco a todos los que nos escuchan a que despierten y a que colaboren, porque pueden no comprender por qué les pedimos estas cosas ahora, pero en el futuro, les aseguro que podrán comprenderlo.

No venimos para causarles temor o aprehensión sobre un futuro incierto, venimos para despertar su fe y para que recuerden cada una de estas palabras, cuando piensen que esa fe ya no vive dentro de sí.

Quisiera, hijos, que un día, en este altar, así como en lo alto de la colina, estuvieran pintadas las imágenes de los tres Sagrados Corazones. Que también Mi Faz, la que revelé el primer día de los mensajes diarios, pueda pintarse y difundirse por el mundo, no por Mí, sino por lo que representará para el corazón humano y por el impulso que el Creador enviará por medio de ella. Que también la imagen de María, Rosa de la Paz, pueda ser pintada, para que Su Pureza llegue a los cuatro rincones de este planeta, y que todo ser viviente reconozca que su Madre Celestial entregó hasta Su Esencia, por amor a la humanidad y a los Reinos de la Naturaleza.

Que, por medio de esas imágenes, como de nuestras palabras, todos los corazones sientan que tanto en este lugar, como en cada Centro Mariano, el Creador entregó lo mejor de Sí para la redención de la humanidad.

Que la nueva raza, la que surgirá a partir de su redención, pueda saber, conocer, que el Amor de Dios se manifestó en este lugar y en este planeta.

Que el Creador, hasta el final, no desistió de la humanidad, y por más que los errores crecieran, las atrocidades y las guerras fueran infinitas, Su Sagrado Corazón aún derramaba más Gracias, enviaba aún más bendiciones al mundo por medio de Sus Mensajeros Divinos, Sus Ángeles y Arcángeles, los santos, los bienaventurados, para, de todas las formas, guiar al corazón humano.

A veces, hijos, el resultado de esta Obra no podrá ser visto por sus corazones, pero, aún así, deben colaborar para que ella se manifieste, porque es parte de su redención, y del despertar de sus consciencias, que puedan actuar en este Plan de Dios en estos tiempos.


La Voz de María:

Queridos hijos, a través de la unión casta de los tres Sagrados Corazones, traigan aquí la oferta del pan y del vino para la Consagración, para el establecimiento de la paz.


Frei Elías del Sagrado Corazón:

Oraremos ahora esta oración, que María nos transmitió, que es una oración que los tres Sagrados Corazones realizan juntos, por la concreción del Plan Divino en las almas y por el despertar de todos los corazones.


Gracia Sublime de Dios,
desciende en los corazones
para que las almas despierten
a la Vida Mayor.


La Voz de María:

Cuando Jesús era niño, enseñó a la Sagrada Familia, en Nazareth, a Su amado Padre San José, las bases de Su Sacerdocio Espiritual, porque el Arcángel Gabriel inspiraba toda la obra de esa Sagrada Familia, que vino al mundo para concretar la redención de las almas y la salvación de todos los espíritus caídos.

San José fue la primera Consciencia que aprendió sobre la Santa Comunión con Dios y con Su Espíritu Divino. Por eso hoy, Él consagrará, en nombre de la Sagrada Familia y de todas las familias del mundo, que deben cada día más, unificarse en el amor, en la hermandad y en el perdón. Consagrará esta Comunión por todos los jóvenes y niños, adultos, mujeres, ancianos y enfermos, que están en la soledad del corazón humano y que deben reencontrar en este Ministerio del Santo Sacramento, a Cristo, Nuestro Señor.

Nos elevamos al Cielo, con la ofrenda de sus corazones y almas, para que las Gracias se multipliquen en aquellos que más las necesitan.

Les agradecemos por haber respondido a nuestro llamado y a nuestra convocatoria celestial, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Escuchemos el cántico de la Sagrada Familia.