MENSAJE PARA LA APARICIÓN EXTRAORDINARIA EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, MINAS GERAIS, BRASIL, TRANSMITIDO POR LA SANTÍSIMA SEÑORA DE FIGUEIRA AL VIDENTE FRAY ELÍAS

Queridos hijos:

Hoy un rayo de cura que proviene del Cielo se derrama en Gloria sobre los corazones que claman por liberación. Hoy una Gracia Divina y Reparadora se vierte sobre las almas que tanto buscan la cura del corazón. Hoy en alegría y gozo la Señora de la Figueira retorna a Su Santa Casa, para consagrar en el mundo la primera casa que acogerá a los más enfermos de alma y de corazón para que Mis Consagrados, servidores del servicio y de la cura, ayuden a aliviar el sufrimiento.

El Señor concedió la Gracia de abrir para el mundo una Fuente de cura espiritual que brota desde este Centro Sagrado, y en toda esta obra Mi Inmaculado Corazón intercede para velar por los buenos corazones.

Hoy un nuevo Portal Divino se abre sobre la Sagrada Casa Hermano Pío. Ella lleva este bendito nombre para que tanto los servidores como los que serán curados imiten el camino de la humildad del corazón de San Pío; será la humildad que permitirá que la humanidad enferma espiritualmente se pueda curar.

El Cielo hoy reúne a Sus Ángeles y estos celebran el surgimiento de esta Sagrada Morada, la que luchará día y noche para que los corazones más sufrientes se alivien y sientan Mi Paz.

Por eso, Yo los encomiendo a la protección, al amparo y la guía de San Pío, fiel servidor de Dios; el que entre Sus manos llevó grabadas las señales de la Pasión de Mi Hijo.

Queridos hijos de la fructífera Figueira, ya es momento de que los frutos maduros sean cosechados del Árbol de la Sabiduría, para que las almas que no han alcanzado la liberación de sí mismas encuentren el auxilio que necesitan.

La Señora de la Figueira les anuncia hoy esta especial consagración; el Cielo espera que esta Sagrada Casa cure el espíritu de los enfermos y de los heridos de corazón, pues el mundo de la ciencia ha olvidado que la verdadera cura comienza en el alma de cada ser.

MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, PAYSANDÚ, URUGUAY, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Que la oración sea tu primer pensamiento, antes de comenzar cada nuevo día. Piensa en Dios, en Su Plan, en Su Voluntad y, en un diálogo simple con el Creador, agradece al Padre por cada nueva oportunidad de aprender sobre el amor. 

Entonces, hijo, ora por este mundo y por sus Reinos; ora por las almas y por toda la vida que en ellos habita. 

Ora por la consciencia del planeta y por aquellos que silenciosamente sustentan este mundo, en niveles aún invisibles para tus ojos. 

Ora por el propósito de cada ser, por el propósito de este planeta y de todo el Universo, aunque él te sea desconocido.

Ora por el Plan de Dios, no solo para tu vida, sino para toda la vida, mucho más allá de la Tierra.

Comprende que, así como este mundo, todos los otros fueron creados con un Propósito Divino y ora para que todos encuentren esta Voluntad Mayor.

Ora por el retorno de Cristo a la Tierra, para que todos los seres estén preparados para mirar a los Ojos del Señor y reconocerlo y que así se arrepientan de sus faltas y alcancen la redención.

Ora por aquellos que deben acompañar a Cristo en Su segunda venida a este mundo, para que todos estén despiertos y que sus compromisos con el Señor estén vivos.

Ora por la nueva vida y ora por el nuevo hombre, para que todos los seres sean capaces de dejarse vencer y rendirse delante de Dios, para que una nueva vida emerja de sí mismos. 

Lo más importante de tu vida, hijo, es la oración.

Ora sinceramente y ora verdaderamente. Profundiza en tu vida espiritual. Así, no te debilitarán las dificultades ni te asombrarán las verdades, y dentro de ti todo te será revelado y tu mundo interior estará pronto para todos los ciclos, dispuesto a todo lo que llegará. 

Tienes Mi bendición para eso.

Tu Padre y Amigo,

San José Castísimo

Quiénes somos

Asociación María
Asociación religiosa cristiana y ecuménica que tiene por finalidad difundir el mensaje universal de amor y de paz que Cristo Jesús, la Virgen María y San José transmiten a los monjes de la Orden Gracia Misericordia, estimulando el crecimiento espiritual a través de la oración y del servicio altruista.

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