MENSAJE DIARIO DE CRISTO JESÚS GLORIFICADO, TRANSMITIDO DURANTE EL VIAJE DESDE CHICAGO, ESTADOS UNIDOS, HACIA TORONTO, CANADÁ, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Bases ardientes de una vida comunitaria y grupal - Parte VII

En una comunidad debe existir espíritu de unidad y de pacificación para que, en ese camino, cada miembro pueda hacer florecer lo mejor que tiene de sí, para aportarlo al camino de la construcción evolutiva.

La comunidad se conforma como una familia espiritual diversa, como un espejo del original Proyecto de Dios para los pueblos sagrados.

En esa diversidad se deben trascender las creencias y las formas de cómo llevar adelante una comunidad, así se evitarán desencuentros entre sus miembros.

Los valores antes detallados, que debe vivir la comunidad, formarán en las consciencias la gestación de nuevos atributos para que, en ese camino de formación y de aprendizaje, las almas comiencen a percibir no solo sus virtudes, sino también la Gracia que las atrajo para comenzar a vivir una vida diferente que permita aplicar valores hasta en lo cotidiano; pero, principalmente, que la consciencia sea colmada de valores espirituales que, con el tiempo, atraerán la neutralidad y la paciencia, lo que mostrará lo maravilloso de cada ser.

La familia espiritual, que es una comunidad, alcanzará la unidad inquebrantable a través de la consideración por aquel que se transforma e intenta vivir todos los días algo nuevo y profundamente evolutivo.

Los miembros de la comunidad son los hermanos internos de aquella alma que se está transformando lentamente o que también puede dar un salto en su proceso de redención.

La Hermandad es el arquetipo espiritual que la comunidad deberá alcanzar para que, algún día, pueda ser consciente de estar cumpliendo las Aspiraciones de Dios.

¡Les agradezco por guardar Mis Palabras en el corazón!

Los bendice,

Su Maestro y Señor, Cristo Jesús

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Bases ardientes de una vida comunitaria y grupal - Parte VI

En la vida grupal no solo debe gobernar el espíritu de la comunidad, que es lo que la fortalece, sino que también es necesario cuidar de la unidad entre los miembros.

Esa unidad neutraliza las diferencias e incluso los sentimientos diversos. La unidad de la comunidad debe ser construida por amor a Dios, para que en ese movimiento de unidad las consciencias aprendan a reconocer lo mejor de sí.

Sin la unidad de Dios presente no es posible llevar adelante la tarea principal de la comunidad, y sin la unidad no es posible atraer hacia sus miembros el espíritu que los unifica y que los concibe como seres en igualdad y en armonía. 

Por eso, la comunidad, a través de la compasión, debe conseguir trascender las diferencias o los posibles errores que puedan surgir. No significa ser omisos, sino que significa ser justos, equitativos y neutros. 

Esta es la gran llave para construir en la comunidad el espíritu de la paz, así como lo vivieron los pueblos originarios desde la naturaleza de sus orígenes y desde sus culturas.

El proyecto de las comunidades debe estar colmado de principios que eleven a todas las consciencias y que, esos principios, construyan lo nuevo, todo lo que, de ciclo en ciclo, se pueda renovar y ampliar.

La comunidad debe practicar la solidaridad continua para que sus miembros nunca se olviden de la necesidad del otro, para que la humildad prevalezca por encima del poder o del gobierno que creen tener. 

En síntesis, la comunidad solo puede existir estando todo el tiempo en el Corazón de Dios, y en Sus manos constituir su principio y meta para los cuales fue creada.

El vacío espiritual de una comunidad evitará alimentar las expectativas y solidificará el poder del servicio altruista entre sus miembros.

En ese ejercicio permanente, la comunidad estará absuelta de pruebas innecesarias y podrá tener prontitud y ánimo para vivir en donación por los demás, cualquiera sea su servicio.

¡Les agradezco por guardar Mis Palabras en el corazón!

Los bendice,

Su Maestro y Señor, Cristo Jesús

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Bases ardientes de una vida comunitaria y grupal – Parte V

Solo el amor verdadero, que brota de un corazón humilde y puro, lo hará entender y comprender el significado y la razón interna por los cuales la vida de una comunidad es importantísima para Dios como parte de Su Proyecto.

Teniendo un corazón humilde, se es capaz de atravesar los umbrales de ideas propias o de momentos de ilusión que una consciencia podría estar viviendo.

En síntesis, el amor es capaz de abrir las puertas a la sabiduría, es capaz de superar el error, e incluso el dolor escondido.

La comunidad no solo debe expresar su propia vida, debe ser también un espacio futuro en el que germinen nuevas semillas, que son las almas que llegan para despertar el sentido de la vida interior y a la posibilidad de demostrar sus virtudes y talentos.

Es así que la comunidad se vuelve un espacio rico en virtudes y talentos, y todos esos impulsos de construcción y de dinámica diaria elevan la consciencia de los miembros de la comunidad haciéndoles percibir, más allá de las necesidades, la esencia fundamental de cada etapa de aprendizaje que se presenta.

La comunidad es un lugar para aprender y no para distorsionar los nuevos patrones de conducta. No hablo de rigidez extrema ni de militarismo humano, me refiero a la posibilidad de pasar de lo común de la humanidad hacia lo inusual, lo que no es cotidiano ni tampoco inmóvil.

En ese sentido, la comunidad puede expresar diferentes escuelas, que ayudarán a sus miembros para que ellos aprendan a participar de lo que es espiritual e interno y, así, podrán percibir los niveles superiores para saber interpretar las señales de las estrellas, que son los símbolos de los aprendizajes y de las experiencias que la propia comunidad podrá vivir y, así, comprender lo que se aprende en cada ciclo, para que ese ciclo se pueda renovar y ampliar la consciencia de todos. 

La comunidad es un espacio en donde las almas podrán percibir en qué nivel se encuentran y cómo seguir avanzando a través de su espontáneo despertar. 

¡Les agradezco por guardar Mis Palabras en el corazón!

Los bendice,

Su Maestro y Señor, Cristo Jesús

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Bases ardientes de la vida comunitaria y grupal – Parte IV

La comunidad representa una flor en el Corazón del Maestro, porque dentro de esa flor está la vida activa y servicial de las almas que reflejan la devoción y el amor espontáneo de servir a Dios.

Así, alrededor de Mi Corazón, existen otras flores que representan otras comunidades en el mundo que, por medio de una obra de servicio altruista, sirven a las almas más necesitadas.

Por la presencia de cada una de las flores en Mi Corazón, Yo regreso al mundo para volver a construir, en estos tiempos, el nuevo pueblo de Israel, para que ese pueblo, que estará integrado por la diversidad de almas provenientes de diferentes naciones, pueda formar una de las más importantes Aspiraciones de Dios. 

Por esa razón, su Redentor lleva sobre Su Corazón a las doce comunidades, que son las doce flores que representan a las doce nuevas tribus o pueblos que, extendidos por toda la Tierra y a través de sus culturas, formarán la nueva familia de Israel después de la transición de la Tierra. Y, así, darán continuidad y valor a lo que el Padre Celestial pensó desde el principio.

Pero todo esto es una ardiente Aspiración del Corazón de Cristo, y por ese motivo su Señor regresa al mundo para llevar adelante esta tarea de preparación de los mundos internos, a la que fueron llamados a participar y construir en el plano físico, esta ardiente Aspiración de Dios.

Este es el tiempo de que las almas sepan que una comunidad no es solo un ritmo material. La Comunidad de Dios tiene un ritmo interno, y ese ritmo la lleva a vivir sus aprendizajes y enseñanzas conforme lo espera el Universo.

La comunidad puede atraer su propia luz o apartar su propia luz, según la consciencia de todos sus miembros. Eso hará que la comunidad se vuelva o no, un símbolo que represente lo sagrado de Dios.

¡Les agradezco por guardar Mis Palabras en el corazón!

Los bendice, 

Su Maestro y Señor, Cristo Jesús

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Bases ardientes de la vida comunitaria y grupal – Parte III

Todos los que llegan a la vida de la comunidad, en esencia, son atraídos por la propia Jerarquía Espiritual. Esto significa que esas almas tienen un compromiso interno con el Plan Divino de la Creación.

Pero este compromiso no es igualitario, es decir que cada compromiso del autoconvocado representa un ciclo en el que la consciencia es invitada a vivir dentro de la escuela que la representa en su camino evolutivo.

Ese compromiso, del posible miembro de una comunidad, está basado en su fe ardiente y en su consciencia que irá madurando a medida que las condiciones de esa experiencia sean favorables y que el ámbito de esa vivencia grupal integre a todos los elementos posibles para que la consciencia, que recién llega, pueda atravesar su transición interior, espiritual y física.

En ese sentido, la Jerarquía representa a los impulsos de la comunidad a través de su contraparte material y física. Es decir, todo lo que está en la materia también debe evolucionar y alcanzar un grado de correspondencia cada vez mayor.

Para eso, cada autoconvocado es colocado, según su sentir, en una tarea, en la tarea que le resuene por afinidad y sintonía para que, así, comience a vivir la escuela de madurez que le está siendo ofrecida.

Pero, atención: las tareas o las responsabilidades en una comunidad no son estáticas ni tampoco se pueden apropiar.

El espíritu del servicio altruista e incondicional les permite a sus miembros percibir que el ciclo de las tareas puede cambiar o ser modificado.

La finalidad es ampliar el ámbito material hacia algo puramente espiritual y así poder comprender, desde el corazón, que todo tiene un tiempo y un ciclo.

Las tareas comunitarias forjan o despiertan el esfuerzo constante del discípulo, pero también forjan o despiertan la oportunidad de la trascendencia interior.

Es importante percibir que dentro de una comunidad la tarea no es el epicentro de la vida espiritual, pero es una de las piezas que hace funcionar la Ley del Ritmo y del Orden hasta en el ámbito material.

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Bases ardientes de una vida comunitaria y grupal - Parte II

El espíritu de una comunidad es la luz que ilumina su vida para siempre, siguiendo los principios propuestos por la Jerarquía y permitiendo que esos principios se amplíen según la necesidad de los tiempos y de los ciclos.

Para que el espíritu de la comunidad sea inmortal, sus miembros deben haber alcanzado la trascendencia de lo que es terrenal y vulnerable.

Las bases de la comunidad, detalladas en el mensaje anterior, representan ese soporte fundamental e inalterable para que se cumpla el designio o el propósito de esa comunidad, sabiendo que es importante la presencia de la Ley de la Jerarquía, porque en esa Ley, los miembros de la comunidad sabrán estar orientados todo el tiempo y, a su vez, esa Ley los ayudará a basar sus vidas en lo que es evolutivo y moral.

En este sentido, el centro de la comunidad es su espíritu que acoge a todos los que llegan y los hace partícipes de todos los impulsos representados en la experiencia de la vida grupal y del camino constante del servicio.

Mediante la Ley de la Jerarquía, la comunidad nunca estará desamparada, no sentirá soledad ni abandono espiritual. Al contrario, la Ley de la Jerarquía les aportará a sus miembros lo que sus miembros y simpatizantes necesitan aprender con el fin de crecer interiormente en su nivel de donación, de servicio y de entrega.

En simples palabras, el espíritu de la comunidad evita el ámbito de las apariencias, de la presencia de irresponsabilidades y, sobre todo, establece el amor, el que alimenta a las consciencias para que, con confianza, se animen a dar los pasos internos que necesitan dar.

En la comunidad se vive y se practica la consciencia, y esa consciencia permite alcanzar otros niveles más amplios de comprensión de lo que significa el propósito de esa comunidad y de la participación activa de todos sus miembros.

Así, el espíritu de la comunidad no se personaliza ni tampoco se individualiza en una persona. Todos son posibles instrumentos, y también pueden ser captadores de los sagrados impulsos de la Jerarquía.

¡Les agradezco por guardar Mis Palabras en el corazón!

Los bendice,

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Bases ardientes de una vida comunitaria y grupal - Parte I

Existen principios éticos y sobre todo espirituales, para que las bases de una vida comunitaria y grupal se puedan sostener, interna y materialmente, y así se evite correr riesgos de desafíos o decaimientos que dificulten la sustentación de un principio fundamental de una comunidad.

Para que el hilo de luz espiritual e interno, que alimenta esencialmente a las almas que conforman una comunidad, se pueda mantener estable y sin oscilaciones, es necesario cumplir y vivir algunos requisitos, para que esa vida grupal esté todo el tiempo impulsada al servicio de la renovación de su consciencia, que une en común unidad a todos sus miembros.

Para eso:

  • el criterio, 
  • el sentido común,
  • la ausencia de ideas personales,
  • el equilibrio,
  • la armonía,
  • la ética interna y externa,
  • la solidaridad,
  • el servicio incondicional,
  • el dinamismo,
  • la neutralidad,
  • la compasión,
  • el sentido de referencia,
  • la Ley de Jerarquía,
  • el entendimiento,
  • el ecumenismo universal y
  • el desapego,

son vertientes y caminos que harán reflejar en qué punto y estado interno se encuentra una vida grupal, para poder mantener y cumplir las aspiraciones de lo Alto.

Mantener y llevar adelante una comunidad no es solo algo material y todo el esfuerzo diario que eso significa es, principalmente, no perder el sentido del propósito y de la perspectiva por la cual se formó, sobre todo cuando la comunidad o las comunidades fueron impulsadas por la propia Jerarquía.

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Fundada en diciembre de 2012, a pedido de la Virgen María, Asociación María, Madre de la Divina Concepción es una asociación religiosa, sin vínculos con ninguna religión institucionalizada, de carácter filosófico-espiritual, ecuménico, humanitario, benéfico, cultural, que ampara a todas las actividades indicadas a través de la instrucción transmitida por Cristo Jesús, la Virgen María y San José. Leer más

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