MENSAJE DIARIO DE CRISTO JESÚS GLORIFICADO, TRANSMITIDO EN EL NÚCLEO-LUZ SAGRADO CIELO, BELO HORIZONTE, MINAS GERAIS, BRASIL, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Compañeros:

A San Camilo de Lelis, Yo le enseñe a llevar amor y caridad a los más enfermos. 

Hoy, Yo les enseño lo mismo a fin de que el amor esté presente en los servidores y colaboradores de los Núcleos de Servicio.

Que él pueda llegar a todas las almas que encontrarán en este momento agudo de la humanidad. Aún muchas almas necesitan de ese amor que Yo les entrego a ustedes, en cada nuevo encuentro, para que la vida y el corazón de los que sufren sea aliviada.

Este es el tiempo de dar alivio espiritual, mental y material. Ya no es tiempo de reclamar ni de juzgar, es tiempo de llevar el Amor Mayor al mundo enfermo y sufrido. 

Por eso, San Camilo siguió fielmente Mis inspiraciones internas, hasta que de San Camilo y de su obra de servicio por los enfermos nació la Cruz Roja, la que hasta los días de hoy impulsa a millones de almas al servicio por los más necesitados.

San Camilo de Lelis tenía en su interior ciertas reglas y llaves espirituales, las cuales les ayudarán a ustedes en el momento de acoger y de dar amor a los que sufren en este tiempo por enfermedades diversas e inexplicables.

San Camilo sentía en su corazón que el amor debería estar siempre primero, antes que la acción, porque así la acción de caridad y de servicio sería colmada del Amor Mayor y allí se establecería la Ley de la Cura interna.

San Camilo sentía que para servir abnegadamente, primero uno debería donarse completamente, sin colocar requisitos ni condiciones en el momento de presentarse al servicio.

San Camilo sentía que para ayudar espiritualmente al que estaba enfermo y sufriendo, el servidor debería entrar en el sufrimiento del otro para poder comprender a gran escala lo que el semejante estaba viviendo.

Y por último, lo fundamental para San Camilo era ver en el otro a Cristo vivo, al Cristo que sufre y agoniza por la indiferencia e ignorancia humana.

Eso era lo que impulsaba a San Camilo a vivir enteramente por los demás, más allá de los límites.