MENSAJE PARA LA APARICIÓN DE MARÍA, ROSA DE LA PAZ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, PAYSANDÚ, URUGUAY, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Reina, Madre y Abogada vuestra

En las altas Esferas Celestiales, muy próximo a la Fuente del Padre Celestial, se encuentra un estado de Consciencia Divina en donde su Reina, Madre y Abogada vuestra, intercede por las causas imposibles.

A ese estado de consciencia, que es un Plano Espiritual y Divino en donde se encuentran las diferentes Jerarquías Angélicas que acompañan a su Madre Celeste en el proceso espiritual de la intercesión, también llegan los Ángeles de la Guarda de todas las almas del mundo. Ellos pueden presentarle al Padre Eterno los méritos alcanzados por las almas buenas a través del servicio, de la donación de sí, de la oración, de la transformación y de la redención de la consciencia. Pero también pueden presentar, silenciosamente, todo lo que no alcanzaron las almas que están perdidas y que aún no despertaron a la poderosa Luz de Dios.

Ante ese escenario, la Reina, Madre y Abogada vuestra, apela ante el Padre Eterno por una Gracia no merecida para alguna situación o causa que está fuera de la Ley. En ese momento, el Padre Celestial le concede a la Reina, Madre y Abogada vuestra, que exponga las razones de Su pedido e intención.

Es así que el Universo Celestial recibe de la Madre Divina la intención que fue manifestada y se procede a entregar un estado de Gracia no merecida, a través de la acción de la Misericordia Divina.

En esa hora, los ángeles reciben la orden del Único de liberar a una consciencia o situación del estado inferior de consciencia y, así, por intermedio de los méritos alcanzados por el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, el alma o la situación recibe la ayuda espiritual que necesita con urgencia.

Ese poderoso y desconocido estado de Gracia Divina permanece latente en el centro de luz de la esencia del alma que clamaba por ayuda, y así se establece la acción de la Ley de la Misericordia, del Perdón y de la Redención.

Ese estado de Gracia permanecerá en la consciencia el tiempo que la misma lo valore y lo reconozca, dentro de sí, por medio de una vida correcta, límpida, pura y simple conforme a lo enseñado en el Evangelio de Cristo.

Mientras tanto, en el Universo Celestial, la Madre Santísima recoge todas las oraciones, ofertas e intenciones que son elevadas por los propios ángeles hasta el Cielo. Y reuniendo todas las peticiones, la misma Virgen Santa las coloca, en una acción de pura humildad, a los Pies del Creador.

En ese momento intercede el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, para que el alma por la cual se interviene o la causa por la cual se apela reciba la unción espiritual de la Tercera y Divina Persona.

Así, en esa bendición que se concede, el alma o la situación por la cual se interviene es impulsada por la renovación y el perdón; y el Sacramento de la Reconciliación sucede entre el alma y el Universo Divino.

Su Reina, Madre y Abogada, al ver que se restablece la alianza con el Padre Eterno, procede a atender otras necesidades y urgencias, buscando que, más allá de todo, Sus hijos de la Tierra recuperen y vivan en el Amor de Dios.

¡Les agradezco por responder a Mi llamado!

Los bendice, 

Vuestra Madre María, Rosa de la Paz

MENSAJE DIARIO DE MARÍA, ROSA DE LA PAZ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE FIGUEIRA, MINAS GERAIS, BRASIL, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

La Rosa Mexicana...

He aquí la Rosa Mexicana, la Rosa que emana aromas de paz y de confraternidad.

He aquí la Rosa Mexicana, la Señora de los Pueblos que apareció en lo alto del Monte Tepeyac.

He aquí la Rosa Mexicana, la que trajo el mensaje de unión y de respeto entre los simples y los conquistadores.

He aquí la Rosa Mexicana, la Mujer mestiza con rasgos de una cultura sagrada y milenaria.

He aquí la Rosa Mexicana, la Madre del Sol y de todo el Universo, la Señora que se encendió como el Sol, envuelta en todos los astros y estrellas.

He aquí la Rosa Mexicana, la Virgen que le encomendó a Juan Diego que alzara una pequeña Iglesia para atraer hacia todas las razas el Reino de Dios.

He aquí la Rosa Mexicana, el Espejo de la Justicia y la Sierva incansable e incomparable al servicio de Sus hijos de la humanidad.

He aquí la Rosa Mexicana, la que es Abogada y Madre, mediadora e intercesora ante los casos imposibles.

He aquí la Rosa Mexicana, la Guadalupana, la Señora que bajó al Tepeyac para anunciar el tiempo de la paz y de la reconciliación entre los pueblos y las culturas.

He aquí la Rosa Mexicana, la Virgen que revela la cosmovisión, la Señora que trae la vida y la existencia del Universo a través de Su Manto de Luz.

He aquí la Virgen de Guadalupe, la Madre defensora de los pueblos humildes, la Sierva de los esclavos y de los condenados, la Madre que libera de las cadenas a los que quedaron prisioneros de espíritu.

He aquí la Rosa Mexicana, la Señora que trae el esplendor del Cielo reflejado en la tilma de Juan Diego como un mensaje universal, un impulso que, a través de los tiempos, despierta el interés por la revelación del misterio divino.

He aquí la Rosa Mexicana, la Señora que está más allá de toda filosofía y ciencia, la Madre que expresa Su Amor por todos Sus hijos, más allá de su raza, de su cultura o de su condición.

He aquí la Rosa Mexicana, la Madre que hoy es honrada y amada por todo el pueblo de México y del mundo, por todos los hijos de la Tierra que reconocen su filiación con lo Alto.

He aquí la Rosa Mexicana, la Madre que brilla como un Sol de amor en cada corazón devoto.

¡Les agradezco por responder a Mi llamado!

Los bendice,

Vuestra Madre María, Rosa de la Paz

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Asociación María
Fundada en diciembre de 2012, a pedido de la Virgen María, Asociación María, Madre de la Divina Concepción es una asociación religiosa, sin vínculos con ninguna religión institucionalizada, de carácter filosófico-espiritual, ecuménico, humanitario, benéfico, cultural, que ampara a todas las actividades indicadas a través de la instrucción transmitida por Cristo Jesús, la Virgen María y San José. Leer más

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