Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Aparición
Aparición de la Virgen María, en la ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina, al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Hijos:

Quisiera que más corazones escucharan Mi Voz como la escuchan sus corazones.

Quisiera que más hijos Míos retornen al Regazo de la Madre de Dios, así como ustedes retornan, día a día, en cada momento de oración y de profunda unión con Dios.

Hijos, Yo llamo al mundo a un gran cambio para que no sufra las consecuencias de sus propios desastres, de sus propias acciones, que los apartan del Corazón de Dios.

Hijos, ayuden a sus hermanos así como Yo los ayudo a ustedes en esta caminata de la vida rumbo al reencuentro del Corazón de Dios.

Hoy vengo del Cielo para pedir por el mundo, así como sus corazones lo han pedido a lo más íntimo de Mi Inmaculado Corazón.

Yo Soy su Estrella guía, la Madre del Universo y Madre del Mundo, la que clama junto a ustedes por esta humanidad y por este planeta; y si hoy estoy aquí, queridos hijos, es porque juntos, y en unión, estamos consiguiendo realizar el Plan de Dios. Aunque parezca que nada sucede, verán los frutos en poco tiempo.

Si su fe y su creencia fueran más grandes que todos los fenómenos o que todos los milagros, les aseguro, queridos hijos, que estarán en el camino correcto de la fe y de la Confianza de Dios.

Yo los invito, hijos Míos, a que por medio de la oración, día a día, penetren en lo desconocido, en aquello que no es material, que vibra y que vive en el Reino de Dios; porque el mundo necesita del Reino de Dios para poder sobrevivir, para poder cumplir la Voluntad del Padre.

Yo solo les pido, hijos, que no se cansen de seguir Mis pasos en esta larga peregrinación que su Madre Celeste realiza en esta Tierra.

Por sus oraciones y súplicas, hoy, Yo he podido traer aquí y, más aún, hasta el interior de este planeta, los grandes Tesoros de Dios que sustentan y apoyan a esta humanidad, y que hacen de esta superficie una posible Tierra Prometida.

Los invito a seguir los pasos de los antiguos Pueblos del Desierto, recordando los Mandamientos que una vez recibió Moisés, porque son reglas básicas para sus vidas, que siempre los llevarán por el camino correcto, en unidad a la Ley de Dios.

Los invito, queridos hijos, a vivir en sus corazones el Plan del Creador, porque así conocerán Sus Misterios, recibirán Sus Llaves y tendrán las puertas abiertas al gran Reino de Dios, a lo que siempre sus espíritus, aunque estén presentes en este planeta, deben aspirar poder alcanzar y vivir en estos tiempos.

Eso los formará, queridos hijos, como nuevos apóstoles, como mensajeros de la Palabra de Dios, como auxiliadores de la Misericordia de Mi Hijo.

Yo necesito que multipliquen y que repartan esta Gracia que hoy reciben, porque sé que muchas almas más la necesitan para poder seguir adelante en este tiempo final, viviendo y experimentando la transformación interior.

Yo deseo, queridos hijos, que sus vidas se transformen completamente, como se han transformado hoy, de una forma simple pero verdadera.

Los invito todos los días a que vivan esta escuela de oración y que enseñen a sus más allegados a pasar por la misma experiencia de amor. De esa forma, queridos hijos, sus problemas se disolverán, sus dudas se disiparán, su fe se fortalecerá y podrán estar cerca del Padre, entre Sus Brazos, como Él siempre los quiere tener, para que puedan vivir y sentir lo grandioso que es Su Amor y Su Gloria.

Por eso Mi Hijo también está aquí, en este planeta, auxiliándolo y asistiéndolo, y gran parte de la humanidad recibe Sus Prodigios y Sus Gracias para vivir, algún día, la Redención.

Yo les abro las puertas hacia un Conocimiento sagrado que nunca antes conocieron, porque es un conocimiento que viene del Cielo, que hace vivificar a las almas y las lleva a vivir el servicio de una forma incondicional y permanente.

En la elevación de sus almas y en la acción del servicio, queridos hijos, se abren las grandes puertas a la Divina Piedad, que sus propias manos y sus propios brazos, mediante el servicio y la caridad, pueden llevar a sus semejantes.

El mundo necesita curarse de muchas cosas y ustedes lo saben, hijos Míos; por eso, cada momento de oración es único para sus vidas y almas, y nuevos principios de amor y de hermandad se establecen en todas sus consciencias.

Hoy he traído aquí, y entre Mis Manos, el Sagrado Cáliz del Señor para que sea contemplado y reconocido por el mundo; no solo por los cristianos, sino también por los que no son cristianos y que no tienen la oportunidad, como ustedes, de conocer el gran Misterio de Amor que este Sagrado Cáliz del Señor guarda para el mundo entero.

Desde el momento de la Institución de la Eucaristía por Mi Amado Hijo, hasta los días de hoy, el Sagrado Cáliz del Señor es el gran símbolo de la Redención de las almas y también del compromiso que cada uno de ustedes, en estos tiempos críticos, son llamados a vivir con Él, en plenitud y en confianza, en fe y en unidad.

En el Sagrado Cáliz del Señor, queridos hijos, se guarda la esencia de la Vida de la Creación, por medio de la Sangre derramada por Cristo. Él trajo todos esos atributos para el mundo y esos mismos atributos se perpetúan a través de los tiempos y de los siglos.

Este Sagrado Cáliz no es solamente el símbolo de la expresión del Amor de Dios. Él es el Portal hacia lo nuevo, hacia la renovación y hacia la unión eterna con Jesucristo, Mi Amado Hijo.

Este es el compromiso, por medio del Sagrado Cáliz del Señor, que ustedes deben revivir todos los días, no solo por medio de la Eucaristía y de la Sangre de Cristo, sino también por medio de una unión interna y profunda que sus almas pueden vivir y establecer cuando solo están en oración y en adoración al Sagrado Corazón de Jesús.

Es así que Mi Amado Hijo siempre los impulsará al despertar.

En este tiempo Él proporciona a la humanidad Sus sagradas Herramientas para que la humanidad pueda cambiar y despertar hacia lo nuevo, salir del error milenario, de las acciones malignas, de todo lo que es superfluo y los separa de Dios, de su Divino Propósito.

En el Sagrado Cáliz del Señor, como en la Eucaristía, encontrarán el camino y la salida para los tiempos más difíciles, porque sus espíritus, sus almas, sus vidas y corazones, para poder estar aquí, en este tiempo final, necesitan del Sagrado Cáliz del Señor para beber de la Redención, todo el tiempo.

Por medio del Sagrado Cáliz del Señor, Mi Hijo instituyó, a través de la Eucaristía, la unión entre el Universo y la Tierra, entre las almas y Dios, renovando todos los tiempos y todas las formas.

Son invitados a vivir en adoración al Sagrado Cáliz del Señor para que Él los impulse a la cura profunda y a la restauración de la consciencia humana.

Por medio de este Sagrado Cáliz, Yo les traigo, en esta noche, la renovación de su compromiso con Cristo.

Él se dignó a entregarme este Sagrado Cáliz en las Puertas del Cielo para que Yo lo pudiera traer aquí y el mundo, y todo el Universo, lo pudieran contemplar.

También, este es el símbolo y la unión perfecta que traigo para los que hoy se consagrarán como Hijos de María, porque en el Sagrado Cáliz del Señor también se encuentra la reconciliación de sus espíritus con la Creación.

Quiero que demos honor y Gloria al Amado y Glorificado Redentor, porque Él es el Comandante de todas las cosas.

Él tiene entre Sus Manos el Cetro de Dios, aquel que traerá Consigo cuando Él retorne al mundo para poner fin al cautiverio humano, a la perdición de las almas y para volver a establecer el Reino de Dios entre las criaturas de este mundo.

Quiero que demos honra a Su Nombre porque Su poderoso Corazón, incansable e infinito, les ha traído la Gracia y la Redención por medio de Mi Inmaculado Corazón.

Que sus vidas hoy se alegren, que sus corazones hoy se pacifiquen, que sus espíritus se exalten porque el Todopoderoso, por intermedio de los Sagrados Corazones de Jesús, de María y de San José, ha traído para el mundo una Gracia inexplicable que fecundará en los próximos tiempos para la Argentina y el Cono Sur.

Que los que hoy se consagrarán como Hijos de María se aproximen a Mi Altar.

Y hoy honraremos a Cristo, Nuestro Señor, por la presencia de Su Sagrado Cáliz, porque allí se encuentra el verdadero motivo de conversión para sus corazones y vidas.

Para que el Santo Espíritu del Padre también esté presente en esta Comunión eterna, ustedes, Mis amados hijos que hoy se consagrarán, descubran en su interior el compromiso con el Sagrado Cáliz del Señor, lo que siempre los llevará a la vida eterna.


¡Oh, Mi Amado Hijo, Jesús!
Tú, que eres el Gran Sacerdote del Universo,
bendice este elemento para que las almas alcancen la Cristificación,
la Liberación y la Redención de sus vidas,
a fin de que se establezca, en esta pobre humanidad, el Reino de Dios y su cura eterna.
Amén.


Y honrando y alabando, en nombre de Jesús Cristo, hoy Me uniré a todos ustedes y a todos Mis Hijos del mundo para traer, hacia este planeta, Su Divino Espíritu Redentor, impulso divino y universal, que solo una vez sucedió, cuando Él estuvo presente en este planeta.

Hoy, por segunda vez, el mundo recibirá ese impulso espiritual; que el Divino Espíritu Redentor de Cristo pueda ingresar en esta Natividad en los corazones más simples y humildes, así como en los que más necesitan del Amor y de la Redención.

Cantaremos una canción, hijos, que ha abierto las Puertas del Corazón de Mi Amado Hijo durante los últimos encuentros de oración y que exalta a las almas en la vivencia interna del Reino de Dios invocando el Santo Nombre de Jesús.

Yo los bendigo, queridos hijos, en esta noche, en nombre de Jesús, dando gracias a cada uno de sus corazones por haberse autoconvocado para responder junto a su Madre Celeste, a esta Sagrada Misión de la Paz en el mundo.

Los bendigo y los consagro a Mi Inmaculado Corazón, al Sagrado Corazón de Jesús y al Castísimo Corazón de San José, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Les agradezco por haberme recibido.