Sábado, 11 de febrero de 2012

Aparición Extraordinaria
Aparición de la Virgen María el 11 de febrero de 2012 en Carmo da Cachoeira, Minas Gerais, Brasil. al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

 

Hoy el grupo se reunió a las 19.30 para comenzar la tarea de oración a los pies del Cristo Redentor, esperando la llegada de la Madre Divina.

Después de orar alrededor de una hora, la energía de la Madre comenzó a aproximarse. En un determinado momento se escucha el cántico “Ave María” y Fray Elías se coloca de pie contemplando hacia un punto en el Cielo, del lado derecho de la escultura del Cristo.

Luego, se hace silencio por algunos minutos y se escuchan siete campanadas y la frase: “Momento de Aparición, contemplemos con el corazón”.

Luego Fray Elías nos transmite las palabras de la Madre, que en el día de hoy, al igual que en la última Aparición, fueron traducidas simultáneamente al portugués.

 

Fray Elías: La Madre Divina dice:

 

¡Salve, los Cielos sean en la Tierra! ¡Mi hora de la salvación de las almas ha llegado!

Queridos hijos, hoy con alegría les anuncio Mi Paz.

Saludo a todas las naciones que están coligadas Conmigo; Mi Inmaculada Concepción sea en sus corazones.

La luz se enciende en el interior de ustedes, alégrense por eso. Una Gracia especial les estoy trayendo, Mis queridos hijos, la Gracia de la Paz Eterna. Anhelen Mi Paz, busquen Mi Paz, sientan Mi Paz, para la conversión del corazón. Vivan en Mi Fe, sientan la fe de los Cielos, es la hora del Señor en sus corazones.

Queridos hijos: Yo estoy aquí para pedirles que sigan orando en este lugar todos los días. Las Gracias están llegando para todos, a cada corazón a su tiempo, dice el Señor.

Hoy vengo a derramar sobre ustedes Mis estrellas de la Paz, para que ellas se irradien al mundo, para que sean una luz en sus corazones, para que todos las puedan ver y sentir, porque es Mi luz celestial.

Hoy vengo aquí acompañada de los ángeles, de cada uno de sus ángeles de la guarda, para que puedan sentir Mi Paz y confortar sus corazones.

El Señor está alegre por la respuesta de todos ustedes, pero aún faltan más almas. Quiero que sigan por este camino, así la hora de la paz llegará a todos, y cuando esa hora llegue ustedes no se reconocerán porque el poder de la paz es el Poder de Dios y quien vive en Mi contemplación, quien vive en oración, encontrará rápido Mi Paz.

¡Esa es Mi promesa!

El mundo se convertirá poco a poco si todos escuchan Mi Voz; así las almas podrán salvarse, especialmente aquellas que no son devotas de Mi Inmaculado Corazón.

Yo los busco, queridos hijos, a cada hora de la vida, para que no se separen de Mí y encuentren siempre Mi camino, el que los llevará a Cristo.

Sepan, queridos hijos, que estoy preparando el retorno del Redentor; deben alegrar sus corazones por esto, así el mundo podrá cambiar.

Cuando sus corazones se abran, Mi compañía será eterna. No cansen sus corazones, vivan en Mi oración, así podrán conocer la Voluntad que Yo les traigo desde el Reino Mayor. Suban a Mi manto que Yo los llevaré lejos para encontrar la Paz. La primera paz la encontrarán en el corazón, la segunda paz, luego se manifestará en sus vidas.

Queridos hijos: así podrán conocer Mis obras, obras de almas, obras de salvación y de redención. Por eso deberán unirse en grupos para que la oración fluya hacia los Cielos y la paz llegue a todos.

Hoy les dono Mi Corazón, les dono la Gracia de poder estar en Mí y de encontrarme a cada momento. Esa será la hora de la confirmación para cada uno de ustedes.

Dejo aquí una intención, un pedido: la oración continua en este lugar, día a día. Salgan por esta ciudad con alegría a vivir la oración. Inviten cada día a todos sus hermanos a la conversión y a la fe en el corazón. Así, queridos hijos, sus oraciones responderán a Mis llamados desde los Cielos y esta nación se renovará en la devoción a Mi Inmaculado Corazón.

Esta es la misión que Dios me ha encomendado: aliviar el sufrimiento de las almas, así todos podrán despertar a la hora de su salvación. Este último tiempo será, para cada uno de sus corazones, un tiempo de fe y de persistencia en la oración para construir el camino hacia el paraíso, donde Yo esperaré a cada uno de ustedes para conducirlos a su nueva tarea.

Solo les pido, queridos hijos, que respondan a Mi oración y que se renueven en ella cada día, así el mundo vivirá un tiempo más de paz. Las almas necesitan de Mi consuelo, todas aquellas que no están aquí y que están dispersas en la vida, que caminan por el mundo y no conocen Mi fe.

Por eso Yo los llamo, misioneros, a la victoria de la oración, para que Mi Inmaculado Corazón y Mi manto de paz, puedan envolver e interceder por todos los corazones que en esta última fase necesitan de Dios.

Que sus corazones sonrían en Mi presencia. Yo los quiero, Yo los amo, Soy la Madre de la Paz, vengo a darles a conocer el Reino de Dios. Aquellos que lo busquen lo encontrarán en Mí, y delante de lo que acontecerá en el mundo estarán unidos a Mí y nada les sucederá, porque estarán en la Paz interior.

Lleven en sus corazones Mi llama de la consagración. Hoy les entrego el Espíritu Santo para que puedan encontrar el bien.

No teman, queridos hijos, la hora marcada ya ha llegado, si confían en Mis pasos estarán por encima de Mis pies, Yo los sostendré en Mis brazos y así caminaremos hacia El Señor.

Solo algo más les pido; busquen al niño que alguna vez fueron para que puedan llegar más cerca de Mí. Así, Mi Corazón se alegrará y más almas serán salvas.

Oremos por todos los que necesitan del perdón, para que puedan vivir la redención antes de que Mi Hijo llegue, y así Él los podrá encontrar en oración y en vigilia. En este ejercicio de simplicidad, ayudarán al mundo y estarán dentro de Mi Reino, aunque estén en la Tierra.

Todo pasará, pero Mi amor debe ser la fuerza para sus vidas, la luz que los ayude a caminar. Están encontrando en Mí la pureza. Yo los invito a imitarme para llegar más cerca de Dios, para que sus faltas puedan ser perdonadas. Aunque en verdad les digo, queridos hijos, que Yo, en este día, ya los perdoné.

Caminen en la oración para poder socorrer a las almas, y así me ayudarán de corazón.

En la bendición misericordiosa de Mi Hijo.

En el Nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

- Fin de la Aparición -

 

Para terminar se entona el cántico de “Ave, ave, María”.

En gratitud todos dicen: “Gracias Madre Divina por cuanto nos das”.

 

Madre Shimani: “Ahora, Fray Elías nos va a relatar algunas cosas que vio para que todos podamos comprender mejor.”

 

Fray Elías: “¿Todos comprendieron bien el mensaje, especialmente por la traducción al portugués?”

 

El grupo responde que sí.

 

Fray Elías: “Eso es algo bueno para Nuestra Señora.

La Aparición de hoy fue especial. Se preparó más de 40 minutos antes de Su llegada.

Al comienzo, detrás del Cristo Redentor, en el Cielo, se abrió un espacio como si se abriera otro Cielo; se veía como un Cielo dentro de un Cielo. Allí apareció una especie de esfera de fuego, como un sol, que tenía muchos tonos de color naranja. Luego ese sol se recogió y apareció una segunda imagen.

Desde las nubes comenzaron a proyectar rayos de luz potentes que comenzaron a permear e irradiar a toda la ciudad. Se percibía que dentro de esa manifestación estaba la Madre Divina. Luego esa imagen se desvaneció y apareció una tercera imagen.

En los Cielos apareció un ángel que tenía alas y en su mano derecha sostenía flechas. Él comenzó a lanzar las flechas hacia cada uno de nosotros. Esas flechas estaban cargadas, según lo que él decía, del amor de Dios. En algunos las flechas entraban con facilidad y en otros demoraban en entrar, pero a todos llegaban. Después esa imagen también se disipó y apareció una cuarta imagen.

Era un ejército de ángeles con caballos blancos que se aproximaba cabalgando; ellos comenzaron a irradiar a toda la ciudad. Entre ellos formaron un círculo alrededor de la ciudad y así trabajaron por un tiempo ayudando a la ciudad y su población. Después apareció una quinta imagen.

Se abrió un nuevo Cielo donde apareció un hombre. Tenía vestiduras muy parecidas a las de la primera época cristiana y tenía un libro en su mano izquierda. Él no había dado su nombre, hasta que hizo un movimiento para anunciar quién era. Tenía tres llaves en su mano y dijo que era San Pedro. Él, con mucha cordialidad, lanzó esas llaves hacia aquí, hacia la Tierra, pero no dijo ninguna palabra más.

Antes de la Aparición se manifestaron ángeles en el Cielo tocando trompetas y esas trompetas emitían un sonido bastante grave anunciando algo que venía detrás de ellos. Fue en ese momento que apareció Nuestra Señora, aproximadamente en el horario que Ella marcó.

La potencia de Su Aparición era contundente; estaba muy iluminada; la luz que irradiaba desde sus costados, iluminaban sus vestiduras. Ella descendió hacia aquí, con una cruz cristiana en su mano izquierda, una cruz dorada y desde el corazón de esa cruz salían dos rayos, uno azul y otro rosado, y dijo que mediante ese símbolo traía la Misericordia de Su Hijo.

Cuando llegó, se posó al lado del Cristo Redentor; allí sonrió y abrió sus brazos horizontalmente, colocando la palma de las manos hacia abajo. Así, de esta manera, quedó en forma de cruz y desde el Cielo descendió una luz y desde el centro de la Tierra también ascendió una luz muy potente que se unieron en Ella. La Madre Divina reunía toda esa luz y la proyectaba sobre la ciudad. En ese momento se sentía un movimiento interno, como si la tierra comenzara a temblar; esto sucedía mientras Ella ampliaba su irradiación de luz a toda la región.

Luego de este movimiento, Ella se aproximó para decir algunas cosas. Su rostro era muy nítido y muy claro, como en otras apariciones. Llevaba un cinturón dorado, un velo blanco, un manto celeste y una túnica rosa. Ví que en Su mano derecha tenía un escapulario.

Dijo que hoy estaba muy alegre por nuestra respuesta, por la oración, aunque también dijo que una parte de Ella estaba con congoja, porque había otros hijos que aún necesitaban del Padre.
Cuando nos llamó de misioneros, ella nos invitaba a trabajar de forma operativa y activa en la oración.

Hubo un momento en la Aparición en que se quedó en silencio, contemplando la ciudad.

Cuando terminó de decir sus palabras, de nuevo abrió sus brazos y mientras cantábamos, Ella se elevó sonriendo y manteniendo la forma con la que apareció, hasta desaparecer en los Cielos.”

 

***