MENSAJE DIARIO DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO DURANTE EL VIAJE ENTRE LAS CIUDADES DE MONTEVIDEO, URUGUAY Y SAN PABLO, BRASIL, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Queridos compañeros:

Vengo a enseñarles sobre la esencia de la compasión para que, por medio del amor compasivo de sus corazones, puedan tran­sitar por los tiempos que vendrán.

La compasión, que proviene del Corazón de Dios, es el atributo espiritual que comprende el estado evolutivo de todos los seres; comprende la situación en que se encuentran las consciencias y, de esa manera, puede ayudar al prójimo, elevándolo, en el espíritu del amor, hasta donde debe llegar como consciencia.

La compasión, como esencia divina, es lo que les permitirá cola­borar con el rescate de las almas en los tiempos en que llegarán, a los Centros Marianos, almas de diferentes proveniencias en busca de auxilio y de paz. La compasión les aportará sabiduría para conducir a esas almas y auxiliarlas en aquello que verda­deramente necesitan.

Sin ojos compasivos, podrán caer en el error de dejar que las apariencias prevalezcan delante del espíritu y no podrán reco­nocer a un hijo de Dios con vestiduras no redimidas.

Hoy les digo que muchos de los que se comprometieron con Dios, en el principio, se perdieron en las ilusiones de la vida material y hoy están muy distantes del Propósito Divino. Pero un compromiso con Dios no se deshace solo por las distraccio­nes del alma y, en algún momento, esos compañeros de Cristo recordarán su compromiso y, así como están, tocarán a sus puertas. Si no despiertan la compasión en sus corazones, no podrán reconocerlos ni recibirlos tal como el hijo pródigo que regresa a casa.

De la misma manera, sin la sabiduría del mirar compasivo, podrán encaminar las almas hacia lugares que no les corres­ponden y colocar sobre alguien una responsabilidad que no podrá soportar ni sustentar por sí solo.

Por eso les digo que, en sus oraciones, clamen al Santo Espíritu de Dios para que los ayude a despertar el don de la compasión.

Para este propósito, los encaminaré siempre que sigan Mis pasos de padre e instructor.

Yo los amo y los bendigo bajo la protección del Espíritu de Dios.

San José, siervo compasivo de Dios