Lunes, 13 de febrero de 2017

Aparición
Aparición de la Virgen María, en el Centro Mariano del Niño Rey, Teresópolis, Río de Janeiro, Brasil, al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Hoy quiero que entren en Mi Corazón.

Quiero que entren en Mi casa.

Vengan Conmigo.

Queridos hijos, todos pueden entrar: niños, jóvenes, adultos y ancianos; enfermos de cuerpo y de espíritu.

Esta es su casa, la casa de Dios.

He venido del Cielo para presentarles a San Rafael Arcángel. Él es quien cuidará de este lugar después de Mí.

No se preocupen, estoy aquí presente para recibirlos.

Vengo del Cielo como la Mensajera de la Paz.

Hoy están en Mi Corazón, como lo estuvieron en otros tiempos, con Mi hija Lucía de Jesús.

Ahora pueden ver, queridos hijos, como se construye la Obra de Dios, libre de poderes y de propiedades, Obra plena del Amor de Dios.

Me dirijo a ustedes, en este día, para que reencuentren el camino hacia la cura, la cura que Yo les ofrezco y que también les ofrece el Arcángel Rafael, para toda la humanidad, para todos aquellos que aspiran verdaderamente a curar su antiguo sufrimiento y a liberar sus amarras, para que reine el Amor de Dios por siempre. El Santo Arcángel los guiará en el proceso de cura.

Vengo a traerles aquí una pequeña parte de Aurora, para que todo el Brasil pueda encontrarla y para que este lugar sea la antesala de la liberación de las consciencias de Mi amado Centro Mariano de Aurora, en donde esa cura proseguirá hasta que el alma alcance la rehabilitación.

Por eso también quiero fundar un Centro Mariano en Europa, porque Lys-Fátima cumplirá un papel importante en el fin de los tiempos.

Lys-Fátima, junto con Monserrat, proporcionarán la cura planetaria, la liberación del mal y el avance en el proceso de evolución de la consciencia, para la consciencia europea y más allá de esa región.

Hoy vengo a hablarles, queridos hijos, en nombre de las Esferas Sublimes. Ayer los introduje en la Consciencia del Padre Celestial. Hoy los aproximo a la consciencia de la cura, que fluye como una preciosa corriente en el Universo. Es la cura de sus corazones y de sus almas, la que les permitirá alcanzar la redención.

Estos son los primeros pasos para que el alma se rehabilite. Los Centros Marianos son fuentes de cura. Y la fuente que aquí están construyendo, en nombre de Mi amado Hijo, podrá ser para las almas un manantial de cura y de rehabilitación.

Agua que será impregnada y suelo que será colmando por la Gracia de Dios, para todos los que lleguen aquí, buscando el arrepentimiento, el perdón y la reconciliación con Dios.

Vean así, queridos hijos, como Mi Consciencia les muestra las contrapartes internas de los Centros Marianos, pues la tarea de estos Centros Marianos aún debe ser realizada con la ayuda de todos.

Cuando se cumplan los veinticinco años de Mis Apariciones, los Centros Marianos serán conocidos, contemplados y visitados por las tres cuartas partes del mundo. De esta forma,Yo los preparo para los grandes tiempos de conversión, en donde todas las religiones, después de los tiempos de tribulación, Me reconocerán como la siempre Virgen Bienaventurada, Madre del planeta y de la humanidad, Madre del Universo, del Cosmos, del Universo Celestial. Ustedes, queridos hijos, son los precursores de esos acontecimientos.

Quisiera que a partir de hoy, Me acompañaran hasta el fin de los tiempos, escribiendo en los Libros de Dios esta nueva historia de amor y de perdón que Yo les ofrezco a través de los Centros Marianos. La Iglesia demorará para reconocer estos lugares, pero cuando todo termine, Mi Inmaculado Corazón triunfará.

Yo los contemplo, como a estos corazones y estrellas que han colocado sobre Mi altar, porque dentro de cada alma misionera, que vino a vivir un propósito en este planeta, hoy también trabajo con su parte espiritual, rehabilitándola de tiempo en tiempo, de época en época, por la donación de Mis Manos y por el servicio incondicional que, como Madre Celeste, cumplo ante el Creador.

En este momento, queridos hijos, les permito estar en comunión con el Padre, por medio del Verbo Divino y de Mi humilde Presencia delante de sus corazones.

Comulguen, comulguen y comulguen, para que sus almas alcancen la paz y la redención del planeta.

También espero que la escuela viva de la Nueva Tierra sea conocida en el mundo entero, porque los niños del mundo no están siendo bien educados, sino hipnotizados con las artimañas de Mi adversario, por lo que llaman de “modernidad”. Quiero que la escuela viva esté en los corazones simples; que los nuevos patrones de conducta sean experimentados por la humanidad con un profundo amor a los Reinos de la Naturaleza, para que la educación universal que viene del Cosmos, se instale en la consciencia humana definitivamente. Para que así, los hombres y mujeres, padres, jóvenes y adultos, aprendan a vivir en la Ley, sin salir tanto de ella todo el tiempo.

El Espíritu Santo ayudará a que esta educación se vivifique. Los Centros Marianos deben ser parte de esta escuela viva, para los niños y adolescentes que lleguen en estos tiempos de caos, para ayudar a la humanidad.

Por último, queridos hijos, Mi Corazón está agradecido por la fuerza de su donación y por la unión Conmigo en esta manifestación del Centro Mariano del Niño Rey.

Para que estas bases sean construidas en dirección al Cielo, deben haber Hijos de María verdaderamente consagrados, que asuman el compromiso de ser guardianes y celadores de esta obra de amor y de redención.

Por eso, los que hoy se consagrarán como Hijos de su Madre Celeste, asumirán este compromiso directamente con Mi Corazón Inmaculado, para que también triunfe Mi Obra, que es una obra unida a la de Mi Hijo, una obra crística.

Que se aproximen los hijos que hoy se consagrarán, para recibir la bendición de la Madre Celeste, que acoge a Sus hijos en el Corazón materno de Su casa de oración.

Muchos de ustedes tienen sufrimientos inextinguibles, que hoy Mis Manos vienen a curar, al imponerlas sobre sus cabezas en presencia del Arcángel Rafael, para que las heridas más profundas sean curadas y sus almas se liberen de la cadena involutiva de los errores.

Es así como les traigo el Amor, el Amor que Dios concibió en Mi Corazón maternal, para que sus almas se glorifiquen en la bienaventuranza de la Compasión de Dios, que hoy desciende en ustedes para renovarlos en espíritu, alma y materia.

Coloquen sus manos en señal de recepción y reciban de la Bienaventurada Madre de Dios, Madre de los enfermos y de la cura, Madre de los inocentes y de los humildes, Madre de la Gracia y de la Misericordia, Madre de la redención, Madre de la caridad, Madre del infinito Amor.

Abriendo Mi Manto, extendiendo Mis Brazos y les doy la fuerza de Mis Manos; manos que sostuvieron a Cristo después de Su muerte en la Cruz, para declarar al Universo, como Madre de la Piedad, el triunfo del Redentor.

Sientan el Agua de Vida que hoy derramo sobre ustedes, que es el Agua del Santo Espíritu de Dios, que los renueva en el Sacramento de la fe y del bautismo.

Hoy, ustedes se arrodillan aquí, queridos hijos, ante Mi Presencia, por todos los que fueron esclavos en el pasado, por todos sus descendientes, familiares y por todas las generaciones, hasta el día de hoy.

Así, libero al Brasil y especialmente a Río de Janeiro, por la derrota vivida durante la colonización de los hombres indiferentes a Dios.

Queridos hijos, Yo les pido perdón en nombre de todos ellos, por las secuelas generadas a través de los tiempos y hasta el presente.

En nombre de la Gracia de Dios, Mis muy queridos hijos, hoy ejércitos de Mi Luz y de Mi oración, que son consagrados a Mi Corazón, llevan las Gracias de Mi Espíritu a todos sus seres queridos, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Me voy aliviada de este Centro Mariano, porque tengo la total confianza de que podré llegar en el mes de septiembre para bendecir esta casa terminada, con la ayuda de cada una de sus manos y para que muchas, muchas más almas reciban los mismos beneficios de la Misericordia de Dios.

Que así sea.

Sepan que siempre que estén Conmigo, serán flores de Mi jardín, pilares de Mis Centros Marianos.

Agradezco a todos Mis hijos del mundo por la fraterna cooperación, en nombre del cumplimiento del Proyecto Redentor de Cristo en estos tiempos.

Me elevo al Cielo con el Arcángel Rafael y todas Sus huestes, escuchando a sus voces entonar el himno de su consagración.

Les agradezco, ahora y siempre. Amén.