Sábado, 27 de febrero de 2016

Mensajes diarios
MENSAJE DIARIO DE MARÍA, ROSA DE LA PAZ Y MADRE DE LOS REFUGIADOS, TRANSMITIDO EN EL ÁGUILA DE LUZ DURANTE EL VIAJE DESDE LA CIUDAD DE SAN GABRIEL, RIO GRANDE DO SUL, HACIA LA CIUDAD DE BLUMENAU, SANTA CATARINA, BRASIL, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN​​​

Queridos hijos:

En este día en el que Mis misioneros retornan al Brasil después de una intensa experiencia de caridad fraterna, quisiera pedirles a todos que desde ahora preparen sus corazones y sus seres internos para recibir lo que ellos relatarán de toda esta última experiencia misionera.

Cada uno de los misioneros que fue a Turquía traerá grabado en su memoria una etapa de su vida; etapa que quedará imborrable y que les ayudará a fortalecer su entrega en los brazos del Padre Celestial.

Mis queridos hijos, en Medio Oriente quedó abierta una puerta de luz y de misericordia para que nuevos misioneros puedan llegar a servir en la principal crisis migratoria del siglo XXI.

Queridos hijos, más allá de todo lo que vivieron los misioneros en nombre de todos los que con sus oraciones y donativos apoyaron esta misión, quedará guardada como riqueza espiritual la posibilidad de aprender a amar la condición humana, y sobre todo de dar amor a los corazones que viven día y noche el terror de las guerras.

En esta hora en la que Mis misioneros ya dejaron Turquía para retornar a América con toda esa experiencia de vida, les pido nuevamente que preparen sus corazones para conocer la verdad de lo que hoy es una humanidad desmoralizada, perdida y ciega por las acciones del adversario. Pero no Me cansaré de decirles, queridos hijos, que Mi Corazón triunfó a través de cada pequeño sacrificio realizado por cada misionero cuando abrió su corazón para recibir el gran dolor del mundo.

Queridos hijos, en esta noche les traigo a la consciencia la importancia de percibir la realidad planetaria.

Vuestra Madre hoy está con todos los misioneros.

¡Les agradezco por responder a Mi llamado!

Los bendice y los ama,

Vuestra Madre María, Rosa de la Paz y Madre de los refugiados