Martes, 12 de diciembre de 2017

Vigilia de Oración
Aparición de la Virgen María durante la Vigilia de Oración por la Paz en las Naciones, el 12 de diciembre de 2017, en la ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina, al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Hoy vengo del Cielo trayendo sobre Mi Pecho, la Rosa de todos sus corazones. Esa Rosa que es construida por el amor de sus espíritus y la devoción de sus almas.

Hoy vengo como la Estrella del Mar, como la Madre que anuncia un nuevo tiempo, la que trae en Sus Brazos el mayor presente de Dios, por intermedio de Sus criaturas, que oran devotamente, a Mi Materno e Inmaculado Corazón.

Que esta Flor, esta Rosa, siempre florezca en estos tiempos, para que sientan, Mis queridos hijos, que no están solos y que nunca los olvidaré.

Vengo como la Estrella del Mar, para llevar al Cielo a los desaparecidos; Gracia que fue concedida por su más sincera oración durante estos últimos días, cuando Yo los convoqué, queridos hijos, a orar de corazón el Santo Rosario, por los que estaban desaparecidos.

Hoy finaliza Mi tarea aquí, al estar entre ustedes, compartiendo con sus corazones y vidas, la más preciosa Gracia de Dios que fortalece el alma y que enciende el espíritu en el Universo del Amor de Dios.

Quisiera que Argentina y todas las naciones del mundo oraran como hoy oraron, cumpliendo de esa forma, el Advenimiento de Cristo en esta natividad en su interior, en lo más íntimo de sus seres, en lo que verdaderamente es vivo y resplandece a través de los tiempos.

Vengo a buscar, queridos hijos, en esta noche, el universo de su amor, porque será ese amor vivo de sus corazones y almas lo que reconstruirá a este planeta y esta humanidad. Amor que abrirá las puertas para los que están perdidos y ciegos, amor que curará a los que están enfermos y tristes, que no encuentran consuelo ni salida.

Hoy vengo con el más maternal Amor de Mi Corazón, para derramarlo sobre el mundo y especialmente en toda la Argentina, dando continuidad en este momento a los designios del Creador, respondiendo a Su Voluntad y a Su Pedido, de la misma forma, queridos hijos, que hoy sus corazones responden a Mi Inmaculado Corazón.

Quisiera que estas Palabras hoy se sembraran en sus corazones, porque les aseguro, hijos Míos, que las necesitarán. Tiempos más difíciles llegarán al planeta. No puedo prometer, como Madre del Cielo, una grandiosa felicidad en esta Tierra.

Ustedes saben, hijos Míos, que Yo necesito de ustedes, como ustedes necesitan de Mí, para que juntos y en unidad, podamos estar en comunión con Dios por todos los que no escuchan, por todos los que niegan, por todos los que omiten la Presencia de la Madre de Dios. Por eso hoy no vengo solo por ustedes, vengo por todos Mis hijos, por los que no Me aceptan, por los que no Me llaman y también por los que no Me viven.

Hoy quisiera, queridos hijos, agradecerles porque han respondido a Mi llamado y así respondieron a Dios, para que Él, en Su Gracia infinita, derrame Su Misericordia en este lugar, así como en cada una de sus familias.

No teman, queridos hijos, por los que aún no despertaron; confíen en Mi convocatoria, y Yo Me comprometo a ayudarlos para que sus familias y amigos, en algún tiempo y bajo alguna oportunidad, reciban la Gracia del despertar.

Hoy no estoy sola aquí, sino con todos los ángeles que trabajan para el Padre incansablemente, trayendo al mundo lo que la humanidad necesita para poder convertirse y redimirse.

Hoy vengo a curar un dolor inextinguible por lo que ha sucedido con Mis 44 hijos desaparecidos. Vengo a traer el bálsamo del Cielo, por medio de la Fuente de la Creación, para que los corazones se pacifiquen y las almas se tranquilicen, sabiendo que todo forma parte de la Voluntad de Dios, en la cual debemos confiar plenamente, de una manera incondicional y absoluta. Porque será esa Voluntad del Padre, queridos hijos, y su unidad con ella, la que siempre los llevará al Reino de Dios, a comprender cosas incomprensibles, a vivir situaciones y experiencias que nunca han vivido.

Por eso vengo aquí, hijos amados, como una Estrella del Mar, como la Madre y Reina de Guadalupe, a traerles la Paz, para que esa Paz viva en sus corazones y ella se extienda a los corazones que más la necesitan.

Argentina es Mi Tierra Prometida, es la tierra de María que debe volver a florecer por intermedio de los corazones que responden al llamado de Dios y a la gran convocatoria del Cielo.

Hoy estoy feliz por estar aquí, porque el Padre Me haya concedido, en unión a Mi Amado Hijo, retornar tan pronto a la Argentina para aliviar, profundamente, todo lo que ha sucedido y lo que aún sucede.

Ustedes saben, hijos Míos, que las naciones del mundo vivirán sus pruebas, pero que todo pueda ser aliviado y evitado dependerá, en este tiempo, de todas las almas y de su respuesta en la oración. .

Cuando muchas cosas acontecen en las naciones del mundo, en donde se pierden el control y el poder, cuando se someten a las almas y a los pueblos, es señal, queridos hijos, que la oración es escasa y pobre. Por eso les pido, llevando sobre Mi Pecho esta Rosa de Amor de sus corazones, que continúen orando como lo han hecho hoy; que guarden memoria de esta experiencia que es tan simple, pero verdadera y que hace a todos iguales, bajo el espíritu de la hermandad y de una verdadera justicia.

Apelen a la Justicia Divina de Dios, apártense de los conflictos, de los comentarios, de todas las divisiones que ocasiona Mi adversario. Hagan triunfar a Mi Inmaculado Corazón en Argentina, porque a pesar de lo que sucede, Mi Corazón es invencible cuando cada corazón argentino está unido verdaderamente a Mí. Eso abre las puertas para que Yo pueda obrar en Gracia y en Misericordia y esto repercute, queridos hijos, en las naciones del mundo.

Que hoy se encienda en ustedes la Rosa del Amor, la Rosa de la Igualdad y de la Hermandad, para que ella siempre esté presente en sus vidas, para que esa Rosa de Luz que está en ustedes y que es su verdadera esencia, pueda prevalecer en estos tiempos, guiarlos por el Camino de la Luz, llevarlos por el Sendero de la Hermandad.

Hoy puedo estar aquí, pero al mismo tiempo, con todos los que ahora Me escuchan en las diferentes naciones del mundo. Y sé, queridos hijos, que muchos claman por Mi Presencia, por Mi auxilio, tanto en sus pueblos, en sus grandes ciudades, como en sus naciones, para que Yo pueda estar allí algún día.

Necesito fortalecer espiritualmente a América Latina, para que ella pueda ser la cuna de lo nuevo, de la Justicia de Dios y de la igualdad entre las sociedades. Cuando eso suceda, el mundo recibirá una gran ayuda, un infinito auxilio que vendrá directamente del Universo e ingresará de lleno en esta humanidad. Será el momento del gran y último despertar, y todos alcanzarán la felicidad que se vive en el Cielo, la cual después se espejará en la Tierra, momentos después de este tiempo de transición.

Mientras tanto, hijos Míos, no pierdan su confianza, no pierdan su fe, ni tampoco Mis Pasos, porque grandes podrán ser las pruebas, pero mayores serán todas las Gracias que Yo siempre les traeré del Universo, para colmar sus esencias y sus espíritus.

Coloquen sus manos en señal de recepción y reciban por intermedio de esta Rosa de Amor que han colocado sobre Mi Pecho esta nueva Gracia que hoy les entregaré, para que penetre espiritualmente en sus almas, así como muchas veces ingresó en las almas de los pastores de Fátima, llevándolos todo el tiempo a estar en Dios y en comunión con la verdadera Vida.

Lleven las manos sobre el corazón y vean cómo una Luz enciende sus internos, ilumina sus almas y libera sus espíritus. Esa es una parte de la Gracia del Cielo y deseo que comulguen con ella todos los días, en cada momento de comunión, en cada momento de confesión, como también en cada momento de oración.

Vean esta Luz celeste y blanca que los ilumina y los envuelve, que los pacifica, que los fortalece, que los une al Creador. Esta es la Gracia de una parte del Cielo que hoy derramo sobre Mar del Plata y sobre toda la Argentina, aspirando que algún día, existan aquí muchos más ejércitos de oración, como los que hoy hay aquí presentes a los Pies de la Señora y Estrella del Mar, de la Señora de Guadalupe.

Pidamos al Padre también por Su Gracia, por Su Misericordia infinita e incondicional, para que se propague por el mundo, bajo el espíritu renovador de la fe y de la absoluta confianza en el Divino Propósito.

Recemos, hijos, diciendo al Padre:


Padre Celestial, que a todos conduces,
acepta nuestra oferta de entrega a Ti.
Guíanos, por el Camino del Amor,
para que Tu Voluntad sea hecha.
Amén.


Que el Padre siempre los guíe por el Camino del Amor, porque en el Camino del Amor se encuentra la Verdad, la Justicia Divina y la Igualdad entre todos los seres de este mundo.

Que hoy se unan los pueblos y las razas. Que hoy los corazones se enciendan en el Amor y en la Verdad. Y que bajo la guía de su Señora y Madre de Guadalupe toda América Latina se una en un solo corazón y en una sola mente, para que Mi gran Manto de Luz espeje sobre el mundo la Misericordia de Dios. Amén.

Traigan aquí agua para bendecir, porque hoy también quiero, queridos hijos, que por intermedio de ustedes y de esta sagrada bendición, reciban el Espíritu Santo, que los ayudará a desenvolver sus virtudes en estos tiempos; virtudes del servicio, de caridad, de compasión, de amor, de cura, de unidad y especialmente, de fraternidad.

Eleven al Padre esta ofrenda por intermedio de Mi Inmaculado Corazón. Y aquellos que están en sus casas, también tomen un vaso con agua para que Yo lo pueda bendecir y comulguen, por intermedio de este elemento, con la Gracia del Espíritu Santo.

Que se derramen como una lluvia de amor, los Dones del Espíritu Santo, a fin de que despierten los apóstoles del fin de los tiempos, los curadores de la Nueva Era, los servidores incondicionales de Dios con la humanidad y con todos los Reinos de la Naturaleza.

De esa forma, su Madre Celeste vuelve a bendecir a todo el Océano Atlántico, para que él siga uniendo, bajo el espíritu de sus elementos y de sus ángeles, a los continentes y naciones del mundo, para que estos mares sigan bañando las costas y bañando de luz a los corazones y toda la Tierra.

Que sus cuerpos, que también están impregnados por el agua, sean bendecidos, abriendo así las puertas a las Gracias de Dios.

Bendigo este elemento en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Ahora, los que están en sus casas, pueden beber del agua. Y aquí queridos hijos, esparciremos esta lluvia de Amor para que llegue a más corazones y vidas que necesitan de consuelo, de cura y de liberación.

Yo les agradezco por responder a Mi llamado. Y recuerden que mañana estaré aquí siguiendo los Pasos del Padre y cumpliendo Su Divina Voluntad.

¡Les agradezco!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.