Miércoles, 24 de mayo de 2017

Vigilia de Oración
Aparición de la Virgen María durante la Vigilia de Oración por la Paz en las Naciones, el 24 de mayo de 2017, en la ciudad de Lisboa, Portugal, al vidente Fray Elías del Sagrado Corazón

Vengo por un mundo herido por la indiferencia y ultrajado por sus errores.

Vengo por un mundo colmado de rencor y entristecido por su sufrimiento.

Vengo al auxilio de todos Mis hijos, porque así como es en el Cielo, así es en la Tierra. Nada está separado entre las almas y Dios.

Vengo, porque estamos en un tiempo de crisis y los corazones no saben hacia dónde ir, porque no se sienten guiados y no saben qué dirección tomar para poder llegar al Padre.

Vengo como esa nueva aurora, que puede amanecer en la vida de cada espíritu y de cada alma que se entrega a Dios.

Sus corazones y sus oraciones Me han traído hasta aquí. Pero hoy miro al mundo con ojos tristes y eso no lo puedo negar a Mis hijos, que están rodeados por el rencor, por la soberbia y el poder.

El poder lo tiene Dios, queridos hijos, y nadie más. A Él le debemos todas las cosas; a Él le debemos toda la gratitud.

Él merece todo nuestro amor. Así como Él nos ama desde el principio de nuestra existencia, desde antes de que fuéramos esferas de Luz, esencias divinas, en Sus Estanques de Amor y de Creación.

¿Ahora comprenden queridos hijos, cuán grande es el Amor de Dios e infinita Su Misericordia? Él envía a Su Mensajera en un tiempo de destrucción, en donde muy pocos buscan el verdadero amor y el beneficio común entre sus semejantes.

Hoy Mis Manos oran por el mundo. Yo las uno implorando al Padre, por una Gracia infinita e inexplicable.

Vengo en un tiempo de grandes pruebas y hoy Me tomo este tiempo con ustedes, para que escuchen una a una Mis Palabras y ellas vibren en sus corazones, para que no las puedan perder, ni siquiera en sus memorias y menos en sus consciencias.

Hoy vengo como la Señora del Rosario de la Paz. Y hoy sí les muestro Mi Corazón rodeado de espinas, sangrando por un profundo e inmaculado Amor, al ver al mundo tan alejado de su realidad.

Quiero que contemplen con su Madre Celeste, todo lo que Ella ve de esta humanidad, porque Mi intención es sacarlos de la indiferencia, del orgullo y de todo lo que los hace frágiles en esta vida material.

Por eso vengo en esta última instancia del planeta, a dar el ultimátum a la humanidad.

Hijos: ya no hay más tiempo para esperar. Si sus corazones no se resignan verdaderamente, Yo no podré acompañar al mundo por mucho tiempo. ¿Y Quién vendrá en su auxilio? ¿Nunca pensaron en esto?

Por eso hoy se los revelo; porque Mi Alma necesita que sus almas escuchen lo que brota de Mi Corazón, como sentimiento profundo de una Madre que los ama, más de lo que ustedes puedan imaginar.

Si Mis pilares en la Tierra no están fuertes, ¿cómo soportarán los temblores que habrá en este planeta?

Yo no vengo a dejarles aquí tristezas, sino el llanto de una Madre que clama por una humanidad adversa, ingrata y ciega.

Vengo a abrir sus corazones y así, abrir los corazones del mundo a través de la llama poderosa de Mi Amor. No quiero que sigan caminando sin darse cuenta de su verdad interna, de lo que mueve sus consciencias y de lo que ellas accionan, en cada paso de Mi Obra.

Ya no son niños. Ingresen en la escuela de la adultez espiritual, porque el mundo está herido por su ignorancia y por su parecer.

Vengo así a pedirles que Me lo den todo. Y Yo les daré todo, todo lo que se guarda en el Universo de Dios y lo que la humanidad conoce como Misterios.

No vengo a hablarles de fantasías, sino de realidades cósmicas, de Vida suprema, de la verdadera Unidad y Amor, de la existencia divina del Padre Celestial.

Dios está nuevamente en silencio. Y así mismo, Él extiende Sus Brazos y Sus Manos hacia el mundo, esperando poder abrazar a Sus hijos, llenos de rencor, de ignorancia y de falta de amor.

El Amor de Dios es invencible, y grande Su Misericordia. Su Consciencia es como un océano inagotable, en donde las almas se pueden sumergir para encontrar Su Paz.

Y en estos últimos tiempos, su Madre Celeste decreta las últimas Palabras para la Redención planetaria. Dichosos serán los que las escuchan y las hagan propias, en cada etapa de sus vidas.

No podré volver al mundo para desperdiciar la energía de Dios. El Padre es justo, bondadoso y misericordioso y Él necesita simplemente que todos sepan corresponderle y que no se olviden de lo que Él les dice, a través de Sus Mensajeros.

Hoy vengo a compartir con ustedes, hijos Míos, el dolor de su Madre Universal. ¿Quién asumirá eso Conmigo?

¿Quién, después de haber escuchado Mis Palabras, no será más el mismo y podrá dejar para atrás todo aquello que lo aparte de Dios y especialmente de Su Amor Infinito?

¿Quién hará algo por este planeta? ¿Quién se arriesgará a darlo todo, por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús?

¿Quién despertará mañana pensando diferente, actuando diferente, sin hacer siempre las mismas cosas? Les declaro que alguien deberá hacerlo, para que pueda surgir una Nueva Humanidad.

Yo intento construir a través de los tiempos, en sus vidas y en sus corazones, las bases de esa nueva raza, que deberá surgir del caos, venciendo el mal, la indiferencia y la soberbia humana, por encima de todo. Yo prometo estar con aquellos que se animen a hacerlo.

Rezaré por ustedes día y noche, y Mis Labios no se cansarán de aspirar y de ver realizado lo que Dios tanto necesita de este planeta y de esta humanidad.

Mis ángeles los socorrerán. Enviaré cientos de ellos en su auxilio, para que las almas que se arriesguen a vivir los nuevos patrones, den los pasos seguros, lejos de la indiferencia, hacia el Corazón del Señor, en donde tendrán morada y encontrarán después de esta vida, la vida eterna.

Hoy Me tomo este tiempo con ustedes, para que perciban definitivamente, que no hay nada más importante que escuchar a Dios, a través de Mi Inmaculado Corazón, flagelado y lastimado por los pecados del mundo, por la indiferencia y por la ingratitud.

Quiero que sus espíritus, sus verdaderas esencias, actúen en estos tiempos, para que finalmente se realice la Obra de Dios en todos los corazones, que en santa humildad, escuchen las Palabras de la Sierva de Dios.

Quiero compartir Mis Llagas con cada uno de Mis hijos.

Quiero que sientan el planeta en el corazón, porque en silencio él está agonizando y no encuentra la paz sobre esta superficie, ni en esta humanidad, que lo agrede, que lo lastima, a través de los Reinos de la Naturaleza y de todos sus ángeles.

Deseo ardientemente que salgan de lo superficial; que aspiren a alcanzar lo que Mi Hijo tanto necesita.

Jesús está en todo y Su Gracia reinará hasta los confines de la Tierra. Quien lo siga no estará perdido, porque Su Mano lo guiará y Su Corazón invencible lo hará sentir lo que Él tanto desea en Sus compañeros.

Y ahora, crucen el portal hacia la realidad planetaria. Son llamados por Dios, para dejar su propia cruz y cargar con la cruz del mundo, pues los ángeles los ayudarán. Dios no les dará un mayor sacrificio a aquel que en estos tiempos puedan superar. Él lo piensa todo y sabe lo que cada uno necesita, para poder crecer interiormente y así, formar parte de Su Plan.

Quiero que escuchen este mensaje, que hoy les he entregado, cuantas veces sea necesario, porque especialmente dejé para cada uno, lo que cada uno necesita en esta hora, en este momento y para este tiempo.

Me elevo al Cielo, en una eterna súplica y junto a los ángeles, oro a Dios, Nuestro Señor, para que las almas crezcan interna y espiritualmente, y salgan de la distracción, de la negación y especialmente, de la indiferencia.


Escucha, ¡Oh Padre!, la Voz de Tu Hija y Señora,
que emanada de Tu Espíritu, concebida por Tu Gracia
y gestada por Tu Pureza,
Me enviaste al mundo para humillarme ante la humanidad,
en la Pasión de Mi Hijo, en el dolor y en la agonía de Su Corazón,
para que Tu Misericordia, infinita e inagotable,
se hiciera carne y esencia en los hombres.

Hoy Te imploro, Padre Celestial,
por Tus hijos, que están ciegos en el camino del espíritu;
por Tus hijos que están perdidos en las manos del mal;
por las esencias que se apagan y pierden su luz interior.

Padre amado,
escucha la Voz de Tu Servidora incansable.
Escucha la voz de quien suplica de corazón,
bajo la poderosa Presencia de Tu Amor.
Y abriendo Mis Manos,
extiendo Mis Brazos hacia Mis hijos, los que Tú Me has confiado.

Entrega a Mi Corazón, pobre y semejante al Tuyo,
el dolor que sientes por el mundo y la falta de amor que vives
de los hijos de esta humanidad.
Sírvete Señor, de los que sí Te corresponden,
de los que oran Contigo y suplican a Tu Eterno Corazón,
todas las Gracias.

Ven, misericordioso Padre y hazte pequeño en Tus hijos,
como Te hiciste pequeño en Jesús
y entra en comunión con todo lo que existe,
con todo lo que Tú has creado, para finalmente salvarlo.
Y que todas Tus criaturas ingresen en el Reino de Tu Paz.
Amén.


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Y antes de elevarme al Cielo, quiero escuchar la súplica de Mi hija Piedad, con el cántico “Creador Supremo”, por todas las esencias que necesitan ser rescatas de los profundos abismos de la Tierra. Amén.

Los escucho.