Viernes, 24 de julio de 2015

Vigilia de Oración
Aparición de la Virgen María durante la Vigilia de Oración por la Paz en las Naciones, el 24 de julio de 2015, en el Centro Mariano del Niño Rey, Río de Janeiro, Brasil a la vidente Hermana Lucía de Jesús

Yo Soy la Madre de la Divina Misericordia. Soy la que trae en Sus manos, la Sangre Divina de Cristo, que limpia toda mancha, disuelve todo dolor, perdona todos los pecados, porque es la propia Redención, la que se manifiesta en esta Sangre.

Traigo entre Mis manos un cáliz, para derramarlo sobre Mis hijos de este lugar y del mundo entero, porque así Me lo pidió el Señor.

Vengo a su encuentro para que descubran el poder de la Sangre de Mi Hijo, el poder de la unión con Su Cuerpo Eucarístico, que vino a instituir en el mundo. Porque la Comunión con Cristo, hijos Míos, redime todos los espíritus, hasta los más pecadores, aquellos que pecaron tanto en el Cielo como en la Tierra y que en este tiempo de salvación, reciben su última oportunidad.

Vengo a este mundo de forma extraordinaria, porque ya no hay más tiempo, no hay más tiempo para perder en las ilusiones.

Vengo a traer los sellos de Cristo para colocar en la frente de aquellos que respondieron a Mi llamado.

Ya llegó el tiempo, Mis amados, de que se cumpla el Apocalipsis de este mundo. Las Escrituras Sagradas no quedarán más guardadas en los libros. El tiempo que tanto esperaron, ya no será más un anuncio para la consciencia humana.

¡Despierten de este sueño que viven! ¡Despierten para la nueva Tierra, para la Nueva Humanidad! Porque será hecha de corazones redimidos, corazones que testimoniarán el Proyecto Perfecto de Dios.

¡Despierten de las ilusiones de este planeta! Entreguen en los altares del Creador, todas las aspiraciones, los falsos deseos, deseos mundanos que los atan a este mundo.

Vengo a mostrarles, Hijos Míos, que una verdad superior existe; que todo el Cosmos aguarda la respuesta de este planeta, la tan esperada Redención de la Tierra.

Las treinta y dos civilizaciones del Universo, aguardan que este planeta viva la Redención; y como Reina del Cielo vengo a mundo, para conducirlos a ese destino. Ya es hora Mis amados, de que un verdadero despertar suceda en la consciencia humana.

Por eso, Mi Rayo de Luz penetra la Tierra, redime a las consciencias y las llama definitivamente, a soltar las ataduras de este planeta, a tomar consigo las alas divinas y a seguir con el Ave del Sol rumbo al Corazón de Dios.

Mi Reino los aguarda; el Reino de Dios, el Reino del Padre, donde cada consciencia responde a Su Divina Voluntad.

Mis amados, este planeta existe para demostrar un verdadero milagro, para demostrarle al Cosmos, que es posible vivir la Redención; que no hay pecado que no pueda ser perdonado, cuando la consciencia dice “sí”.

Pero es necesario que se decidan, inclusive con sus mentes y corazones tan pequeños; que se decidan dar este “sí” a Dios, porque Él los aguarda. Aguarda que se definan como sus soldados, que se consagren como Sus hijos, que proclamen en este mundo Su Reino. Porque este siempre fue el Reino de Dios, aunque sus ojos no lo puedan ver y sus corazones muchas veces estén presos de las energías capitales que circulan por este mundo.

Este es el Reino de Dios, y como tal, se debe manifestar no solo en el interior de la Tierra, sino en los cuatro puntos de este planeta. Cielo, Tierra, superficie del planeta, deberán glorificar al Creador, porque así lo dicta la Ley.

Si solo un corazón Me abre la puerta, podré operar milagros celestiales en este planeta. Podré derramar sobre las almas la Sangre preciosa de Cristo.

Digan “sí” a Mi llamado. Clamen por la infinita Misericordia, porque el tiempo de la Justicia ya llegó a este mundo y necesito de corazones misericordiosos, corazones que acepten vivir la Voluntad de Dios, aunque no la comprendan.

Oren Conmigo. Clamen por la Redención de este mundo. Dios escucha nuestras oraciones.

Que el mal sea elevado y transmutado por el Poder de la Luz.

Que los pecados sean disipados, porque el Corazón de la Madre del Universo quedó impreso en el suelo de esta tierra.

Que Mi imagen sagrada redima y consagre esta tierra, que debe ser la cuna de la Nueva Humanidad. Esta es la Nueva Tierra, que representará para el mundo el poder del Amor y de la Redención, siempre y cuando Me digan “sí” y se venzan a sí mismos para responder a Mi llamado.

Yo los congregué bajo el espíritu de la salvación, porque lucharé hasta el final con más de siete espadas, para cortar el mal que los ata a la oscuridad de este mundo y llevarlos a la salvación, la redención, la eternidad, permeados por el Espíritu Sacratísimo de Dios.

Este Corazón, que Mi Voluntad imprimió en el suelo de la Nueva Tierra, deberá permanecer aquí perpetuamente. Cuando necesiten, se arrodillarán delante de él, porque aquí establecí Mi Puerta de Paz, Mi Puerta de Salvación para aquellos que más necesitan de redención.

En este Corazón Inmaculado encontrarán Mi Corazón Sacratísimo y Yo escucharé sus oraciones, en donde quiera que Yo esté.

Dentro de Mi Corazón los enfermos se curarán, los pecadores se redimirán y aquellos que nunca encontraron el perdón, serán perdonados por la fuerza de Mi Amor.

Consagro esta imagen, así como todas las otras que están en el suelo de la Nueva Tierra. Aquellos que recen verdaderamente delante de ellas, encontrarán Mi Divina Intercesión.

En el día de mañana, espero encontrarlos más puros de corazón, porque Yo los lavé de toda mancha, de toda pecado y de todo dolor. Esa fue la Voluntad de Dios para este día, porque en el día que seguirá, esta Misericordia deberá traspasar sus seres y sus consciencias y llegar al mundo entero.

También quiero, en este lugar, una fuente con el Sagrado Corazón de Jesús, con agua pura y cristalina, con la cual curaré a los enfermos y redimiré a los espíritus que por tanto tiempo aguardan la Redención. Aquellos que para el Universo, parecían irredimibles, se redimirán, bañados en el Agua de Vida de Mi Hijo.

Les pido que todos aquellos que escuchan Mi llamado, luchen para que Mi Casa de Oración esté ya aquí, en donde amparará las almas del mundo entero.

Quiero este Centro Mariano resplandeciendo, porque aquí llegarán los más pecadores buscando la Fuente del Amor, que Yo instituí y que será inagotable.

Ahora canten y alaben a Dios. Traigan para el mundo el arquetipo de la Nueva Tierra, la perfecta Redención que se esperaba en el Cosmos y que se manifiesta en la Tierra.

Yo los aguardo en oración y en perfecta entrega, para que sigan liberando sus vidas y esta humanidad del pasado.

Que la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo se perpetúe en todas las almas que responden al llamado de la Madre Universal.

Les agradezco por orar con fervor por la liberación de este mundo.

Fin de la Aparición


La Hermana Lucía de Jesús se dirige a los presentes.

Vamos a hacer un pequeño relato, sobre esta Presencia inesperada de Nuestra Madre Santísima.

Cuando estábamos orando el Ave María en idiomas, cuando íbamos diciendo a todos que imaginasen un ave con alas divinas, era porque Ella ya estaba presente aquí.

Desde el inicio de nuestra oración, los portales del Cielo se fueron abriendo y muchos ángeles se presentaron en este lugar. Iban realizando una gran tarea de liberación, hasta que un ave de fuego comenzó a sobrevolar los cielos de la Nueva Tierra y expandía una energía dorada, como ondas de luz por todo este lugar y más allá de él.

Y en cierto momento, esta ave se fue aproximando cada vez más, y los ángeles nos llamaron para que nos arrodillásemos aquí, frente al altar, hasta que esa ave paró en el Cielo, rodeada de ángeles. Y se fue diseñando la silueta de Nuestra Señora.

Ella tenía en Sus manos un gran cáliz dorado, con la Sangre de Cristo. Y esta Sangre, en cuanto hablaba, Ella la derramaba sobre nosotros y sobre la Tierra. Esa Sangre penetraba casi físicamente y se expandía por dentro de la Tierra, más allá de este Centro Mariano.

Nuestra Señora fue pronunciando Sus palabras, que pudimos escribir y nos pidió que nos preparásemos con fervor para recibirla en el día de mañana.