Viernes, 15 de enero de 2016

El Sagrado Llamado
​​​​​​​APARICIÓN DE CRISTO JESÚS DURANTE EL SAGRADO LLAMADO, EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, PAYSANDÚ URUGUAY, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Dios en Su Silencio profundo y eterno, ya se ha decidido.

El mundo deberá comenzar de nuevo, pero esto aún no sucederá hasta que todos los bienaventurados despierten en los cuatro puntos de la Tierra y hasta que sea proclamada la venida del Hijo de Dios por segunda vez.

Ustedes y el mundo decidirán qué paso dar para este nuevo tiempo.

La hora ya pasó; el momento indicado terminó y la Fuente de Mi Misericordia preciosamente estará siendo derramada sobre aquellos que la busquen y en aquellos que la clamen por sus hermanos.

No habrá otra salida, compañeros, que recurrir a Mi Sagrado Corazón herido y lastimado, por los hechos del mundo que se precipitan en la consciencia humana día tras día.

Hoy Me encuentro en el lugar donde prediqué y proclamé la enseñanza del Padre Nuestro, en donde pronuncié las bienaventuranzas para todos ustedes, para todas las almas a través de los tiempos.

Al menos complazcan Mi Corazón viviendo una bienaventuranza; que ella sea verdadera, espiritual y profunda en sus vidas. Que ella se refleje en sus rostros y que manifieste la verdad que muchos necesitan.

Pero el mundo no entiende; está ciego, sordo y cerrado para poder escuchar.

Ustedes tienen las llaves para abrir las últimas puertas por donde Yo podré entrar para salvar a los que restan, en esta travesía sin fin del Armagedón.

Quisiera que hoy colocaran sus cabezas sobre el suelo para suplicarme por aquellos que no suplican, que nada piden y que se vanaglorian todo el tiempo.

Beban de la Fuente de Mi humildad y ábranse para reconocerla, pues será la base de la humildad que los hará libres y caminarán seguros hacia el Reino de Mi Padre.

No pierdan tiempo compañeros, la última barca está pasando y esto deben anunciarlo a la humanidad. Mi última barca de Misericordia está queriendo recibir a los que deben refugiarse en Mi Espíritu y en Mi Divinidad.

Al menos, cumplan con la petición de darme a conocer al mundo verdaderamente por medio de sus ejemplos y acciones de caridad, que alegran Mi Corazón lastimado.

Desde este monte Yo emito nuevamente Mi petición para el mundo, sean bienaventurados y vivan las bienaventuranzas.

Son las Leyes preciosas de la intercesión de Mi Divina Misericordia para los tiempos de hoy, que aún están vigentes para todos.

Construyan en sus corazones el verdadero templo que necesitan para poder recibirme en espíritu durante la hora más crucial, en donde los corazones se desesperarán por no haberme buscado a tiempo.

Ustedes deberán ser aquella luz para el mundo que muchos necesitarán, no una falsa luz, sino una luz verdadera que brille desde el corazón para las almas más carentes.

Así, Yo podré derramar Mis Rayos sobre aquellos que nunca Me han encontrado y realizaré prodigios en los corazones que Me acepten para vivir su redención.

El dolor de Dios es incalculable para el mundo y la humanidad.

El dolor de Dios no puede ser medido porque está dentro de Su Corazón, Corazón que ha creado todas las cosas para este mundo, para todo el Universo.

Se han preguntado ¿qué es lo que siente Dios por este mundo, que ha sido tan bendecido y dichoso por medio de la obra del Padre Eterno?

Ustedes saben compañeros que la humanidad se desvió de la Ley y cada vez más lo hace, sin consciencia, ni sabiduría.

Pero Yo vengo a buscar en los menos preparados, los frutos más preciosos que deben estar en oferta a los pies de Mi Altar ,para que Yo los pueda ofrendar al Padre Celestial como última promesa.

Si sus corazones no cambian, el mundo no cambiará, porque el mundo ya ha escuchado la Voz de los Mensajeros de Dios y pocos la entienden, en humildad.

No vengo a pedir lo imposible para nadie, ustedes ya lo saben y muchas veces se los he dicho.

Vengo a buscar algo que ustedes desconocen.

Vengo a buscar algo que está dentro de ustedes y que pertenece a la Creación, para la manifestación de Su Obra en todo el Cosmos.

Por eso les muestro Mi Sagrado Corazón como el Señor Misericordioso para que sigan Mis Pasos en dirección a la casa del Padre, en donde reinan todos Sus Proyectos para esta humanidad.

¿Quién querrá ser depositario de los verdaderos tesoros del Cielo, si aún los corazones están llenos de otras cosas?

Su vacío interior es imprescindible para los tiempos que vendrán.

Las formas y las experiencias deben estar en la base de Mi Misericordia, para que todo se pueda concretar, así como Yo lo tengo previsto desde el principio.

Yo Soy el Señor de la Misericordia , Soy vuestro Pastor.

Hoy vengo a dar Mi última palabra para el mundo, pues los corazones ya Me escucharon.

Necesito de su pureza e inocencia para realizar Mis Obras, así desterrarán el viejo ser y surgirá el verdadero espíritu que ha venido a este mundo para servirme dentro del Plan de Dios.

No puedo hacer esta oferta para todos, pues los corazones tienen sus grados de amor aún para ofertar al Cielo, pero ustedes que tienen la Gracia de recibirme y de escucharme, ¿qué están esperando?

Yo dije que vendría a buscar los talentos, no de sus destrezas, sino de sus espíritus inmateriales; los talentos de sus moradas, de su verdadera tarea ante el Padre Celestial.

Adonai Me sigue encomendando al mundo, más aún para estos tiempos más difíciles.

Pero los que no consiguen amar a sus hermanos que replanteen sus caminos pues no hay tiempo que perder; el mundo necesita de mucha ayuda y no de conflictos, ya son suficientes y eso también hiere el Corazón de Dios.

No pierdan la fuerza interior de la transformación y abran las puertas para la vida eterna en donde residen las verdaderas cosas que los harán libres para el próximo tiempo.

Hoy estoy sobre el Monte de las Bienaventuranzas, aún esperando que los ciento cuarenta y cuatro mil despierten y lleguen a Mí para ofertarme el fruto que han trabajado.

Maduren sus consciencias a través de la determinación y del sacrificio por los demás, eso los hará conquistar el Cielo y no se perderán en las cosas superficiales.

Sigan Mis pasos con cuidado y atención, no quiero que tropiecen o que caigan al suelo, eso aún sucederá hasta la próxima vida.

Pero Yo vengo a levantarlos de donde siempre se colocan por su propia decisión. Mis tesoros no pueden desperdiciarse, Mis perlas preciosas no pueden perderse entre las manos de los distraídos.

Las joyas que Yo les entrego son únicas, son las mismas que Yo recibí antes de venir y encarnar en la Tierra, son las mismas joyas que recibió Mi Madre y San José, para concretar el Proyecto de la Sagrada Familia.

Las joyas son las virtudes de la santidad, de la consagración y de la vida elevada; eso es lo que ha perdido el mundo completamente en este ciclo, ustedes tampoco pueden perderlas y si eso sucede, ¿qué será de Mi Proyecto?

No quiero dejar de ver al mundo con Mis Ojos de Misericordia, no tienten a Dios, no lo amedrenten, no quiero mirarlos con ojos de justicia.

Por eso vine al mundo y sufrí la agonía en el huerto Getsemaní, en absoluta soledad y abandono.

Por eso fui entregado como un ser divino por treinta y tres monedas.

Ustedes, ¿no Me entregarán?

Ustedes, ¿no querrán cambiarme por nada? Espero que no sea así.

Mi Espíritu los colma, pero también los corrige. Necesito de ustedes una vida y un ejemplo que nunca vivieron en ninguna etapa del mundo.

Por eso vengo en este momento para reunirlos en Mi Cenáculo de Amor y de Compasión.

Fui humillado y castigado por la humanidad, fui flagelado y martirizado por cada uno de ustedes, hoy presentes en el mundo.

Si Yo no Me hubiera ofrecido en confianza, ¿cómo hubieran podido conocer Mi Sagrado Corazón, que es la propia manifestación de Mi Divina Misericordia y de Mi Gloria?

Yo les di a conocer Mi Misericordia en el siglo pasado, pero muchos no la buscaron de verdad. Por eso en este año de la Misericordia les vuelvo a abrir la puerta para que muchos más se congreguen y sean rescatados por la Luz Misericordiosa de Mi Corazón, manso y pacífico.

Ahora les doy a conocer Mi Gloria para que puedan elevarse un poco más, pues la Gloria de Mi Corazón se alcanzó con Mi Muerte en la Cruz, cuando derramé agua y sangre, Rayos de Misericordia para salvar al mundo.

Mi Corazón se Glorificó cuando dejó de latir el corazón humano. Sientan y piensen por un instante en todo lo que vivió Mi Corazón durante la Pasión en tan poco tiempo; y a pesar de los ultrajes, de las indiferencias y de los castigos hechos directamente a Dios a través de Su Hijo amado, la Misericordia de Mi Corazón, la Gloria de Mi Espíritu, no los abandonó.

La Gloria fue lo que permitió Mi Ascensión a través de Mi Misericordia.

Yo tuve que ascender a la casa de Mi Padre porque ya era el tiempo y ustedes no podían acompañarme. Pero ahora, en Gloria, vuelvo de la casa de Mi Padre para recordarles el compromiso con el Proyecto que aún no ha terminado y no se ha cumplido.

No busquen entender Mis Misterios, guárdenlos en el corazón, en donde verdaderamente residen todas las cosas, en donde vive la Verdad de Dios y de Su Origen.

Por eso vengo para todos los que residen en Mis Núcleos de Amor y también para los que Me escuchan con el amor del corazón; para que no desvíen Mis Proyectos, sino para que los cumplan así como están escritos en el Corazón de Mi Padre, pues Yo vengo a ayudarlos para que esto se concrete y el mundo entero no se pierda en el abismo de su oscuridad que ya lo está abrazando.

Necesito de la igualdad de sus corazones, y no de la indiferencia ante las cosas que suceden en el mundo. Podrán sensibilizarse en este momento, pero saliendo de este encuentro, ¿donde resonarán Mis Palabras? ¿Harán preguntas referentes a lo que Yo les digo a todos ustedes? ¿Preguntarán a su interior, cuál será el próximo paso y camino?

Las leyes se demuestran en las Obras de la Luz, que es donde Mi adversario no puede actuar. Y si ustedes están en la Leyes de la Luz, estarán en el camino correcto.

Los vengo a preparar para ayudar a los que más los necesitarán, pues el mundo deberá ser abrigado en el corazón de los Centros Sagrados para el próximo tiempo.

Por eso, con la paciencia infinita de Mi Corazón y la Compasión de Mi Espíritu los espero para que se eleven, para que asciendan, para que suban hasta la cima del Monte de la Bienaventuranzas, en donde todo está escrito.